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EVANGELIO
El mensaje de Teresa de
Lisieux
Carta circular de los Superiores Generales
O. Carm. y O.C.D.
en ocasión del Centenario de la muerte de
SANTA TERESA DE LISIEUX
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Queridos hermanos y hermanas en el
Carmelo:
1. Estamos a unos meses del
comienzo de las celebraciones del
Centenario de la muerte de nuestra
hermana Teresa de Lisieux. Ese
aniversario ha hecho volver los ojos a
esta joven carmelita, miembro de un
Carmelo teresiano de Francia, que supo
expresar en sus escritos su visión
profunda de las relaciones entre Dios y
el ser humano, fruto de su experiencia
personal guiada por la acción del
Espíritu Santo.
2. Su misión ha sido la de
recordarnos lo esencial del
mensaje cristiano: que Dios es amor y
que se entrega gratuitamente a los
evangélicamente pobres; que la santidad
no es fruto de nuestros esfuerzos, sino
de la acción divina, que sólo nos pide
un abandono amoroso a su gracia
salvadora. Por ello sus enseñanzas no
han perdido actualidad y han tenido un
influjo tal, que más de treinta
Conferencias episcopales y
millares de cristianos han pedido que
sea declarada Doctora de la Iglesia.
Mujer evangélica y contemplativatc \l2 "Mujer
evangélica y contemplativa
3. Teresa de Lisieux pasó su vida
religiosa en la clausura de un Carmelo
y fue, sin embargo, declarada Patrona de
las Misiones, porque supo unir la
espiritualidad contemplativa con su
dimensión apostólica. Al mismo tiempo,
transmitió su experiencia evangélica con
un lenguaje sencillo y vital, capaz de
ser comprendido y asimilado por los
creyentes de todos los pueblos y de
todas las culturas. Se adelantó al
Vaticano II en la vuelta al Evangelio y
a la Palabra de Dios, al Jesús de la
historia y a su misterio pascual de
muerte y resurrección. Subrayó la
prioridad del amor en la Iglesia, Cuerpo
de Cristo. Testimonió la espiritualidad
de la vida ordinaria y la llamada
universal a la santidad.
4. La experiencia y la doctrina de
Teresa de Lisieux mujer, cobra especial
valor en nuestra época, en la que se van
abriendo nuevas perspectivas de
presencia y acción para ella en la
sociedad y en la Iglesia. La mujer está
llamada a ser "una señal de la ternura
de Dios con el género humano",
y a enriquecer la humanidad con su
"genio femenino". Y ambas cosas realizó
nuestra hermana en su vida y en sus
escritos.
Releer el mensaje teresiano-lexoviense
5. La lectura de las obras de
nuestra hermana Teresa, hecha en el
contexto social y eclesial de nuestro
tiempo y a partir de nuestra propia
cultura, nos ayudará a centrarnos en
lo esencial: la apertura confiada a Dios,
Padre amoroso, que nos ama y comprende;
el seguimiento de Jesús, nuestro hermano,
presente y cercano, camino, verdad y
vida; la docilidad al Espíritu Santo,
que guía la historia, la de nuestras
familias religiosas y nuestra pequeña
historia personal. Y todo ello en la
aceptación de nuestra pobreza y
debilidad, con la certeza de que nada ni
nadie nos puede separar del amor de Dios
en Cristo Jesús (cf. Rom 8,37-39).
6. Esperamos que nuestras
reflexiones os servirán para mantener
vivo el dinamismo de esa celebración,
que debe transformarse en un momento
de gracia para todo el Carmelo:
religiosos, religiosas, sacerdotes,
laicos.
Actualidad eclesial de Teresa de Lisieux
7. Durante el Sínodo sobre la vida
consagrada, nuestra hermana fue citada
en varias ocasiones por los sinodales,
como alguien que tiene un mensaje actual
para la Iglesia en el umbral del Tercer
Milenio. Entre las intervenciones que la
mencionaron, destaca la del Secretario
General, Cardenal Schotte, que concluyó
su informe trienal con estas palabras:
ADVANCE \d5 "Me
sea permitido concluir esta relación,
recordando a aquella mujer que es un
testimonio excelente de la vida
consagrada en la misión de la Iglesia:
Santa Teresa del Niño Jesús ... esta
monja del Carmelo de Lisieux se
distinguió por su humildad, su
simplicidad evangélica y por la
confianza en Dios ... En sus notas
autobiográficas recuerda, entre otras
cosas que: 'mientras deseaba
intensamente el martirio, busqué en las
cartas paulinas una respuesta. El
Apóstol explica que los más altos
carismas son nada sin la caridad y que
esa misma caridad es el mejor camino
para llegar seguramente a Dios. Entonces
encontré la paz ... seré el amor en el
corazón de la Iglesia, mi Madre'".
8. En la audiencia del 4 de enero
de 1995, Juan Pablo II, hablando del
compromiso de la vida consagrada con la
oración, hizo ver la importancia que
ésta tiene en la evangelización y
concluyó de esta manera:
"A este propósito, es bello concluir la
presente catequesis con el recuerdo de
Santa Teresa del Niño Jesús, que con su
oración y su sacrificio servía a la
evangelización como y más que si hubiese
estado dedicada a la acción
misionera, al grado de que fue
proclamada Patrona de las Misiones".
9. La Exhortación apostólica
postsinodal Vita consecrata,
menciona también a nuestra hermana,
subrayando su anhelo de ser el amor en
el corazón de la Iglesia
y su
ideal de verse implicada en una singular
colaboración con la actividad misionera,
repitiendo tantas veces su deseo de amar
y hacer amar a Jesús,a
partir de su comunión con El: «Ser tu
esposa, oh Jesús... ser, en mi
unión contigo, madre de las almas».
Invitación a lo esencial
10. Teresa de
Lisieux supo expresar en su nombre
religioso "del Niño Jesús y de la Santa
Faz", todo el proceso de su vida que la
llevó a la madurez espiritual a través
del anonadamiento de la encarnación (kenosis)
y el sufrimiento de Jesús, que con su
misterio pascual nos libera de toda
esclavitud. Ella supo comprender y vivir
el proyecto de vida de Jesús, que
transforma toda nuestra esfera
relacional y da una nueva dimensión a
nuestras relaciones con Dios, con los
demás y con las cosas. Frente al
proyecto de muerte que nos domina y
esclaviza en todos esos ámbitos,
encontramos el proyecto de vida del
Evangelio que nos libera y nos
transforma. La misión de Teresa de
Lisieux fue precisamente la de
recordarnos esas verdades, centrarnos
nuevamente en lo esencial.
11. En la
perspectiva del proyecto de Jesús que
recordaremos brevemente, profundizaremos
en el mensaje teresiano-lexoviense: nos
invita a pasar del Dios juez al Dios
Padre-Madre, de la desconfianza a la
confianza y al abandono en El, de la
búsqueda de la perfección a la búsqueda
de la comunión con Dios, de la
complicación a la simplicidad, de las
leyes que esclavizan a la ley del amor
concreto y eficaz que libera, de la
inmadurez a la madurez, del ascetismo
exterior a la abnegación evangélica, de
los méritos a las manos vacías, de las
consideraciones puramente espirituales a
la palabra de Dios, de un oración
complicada a una simple mirada
contemplativa, de la María inalcanzable
a la María cercana del evangelio.
I. EL PROYECTO DE VIDA DE JESUS
12. El evangelio
de Jesús, la Buena Noticia que El
comunica, es la proclamación de la
vida y de la libertad. Una
libertad que es sinónimo de amor,
que se olvida de sí mismo y se entrega
por el bien de los demás.
13. Jesús, en su
existencia terrena y en su predicación,
realizó su compromiso con la vida, al
grado de aceptar un proceso de muerte,
que culminó en la cruz. Al encarnarse,
Jesús asume la condición humana y la
valora en toda su dignidad. Eso lo llevó
a respetar la vida de cada persona y a
luchar contra todo lo que la disminuye y
oprime. Nunca permanece insensible e
indiferente ante el sufrimiento y la
muerte. Con sus actitudes revela el
designio de Dios, que es un proyecto de
vida. Incluso el sufrimiento es, dentro
de él, un camino de vida y de
resurrección.
14. El Dios de
la vida se hizo presente en Jesús de
Nazareth. El, que era la Palabra de vida
(Jn 1,4), vino para comunicarnos la vida
en abundancia (cf. Jn 10,10) y para
transformarnos en hijos de Dios (Jn
1,12). En la sinagoga de Nazareth, al
comenzar el anuncio de la Buena Noticia
de vida, Jesús la presentó también como
liberación (Lc 4, 17-21). En ese
discurso programático, indicó algunas de
las esclavitudes y opresiones que
dominan al ser humano y lo mantienen en
una situación de muerte.
15. El proyecto
de vida que Jesús presenta e inicia,
afecta las tres esferas relacionales del
ser humano: Dios, los demás y las cosas.
1. Del fatalismo a la responsabilidad de
hijos e hijas de Dios
16. Al proyecto
de muerte, que consideraba a Dios como
creador poderoso y temible, Jesús opuso
su proyecto de vida revelando a Dios
como Padre-Madre, que lejos de
imponernos un destino, nos ayuda a
superar el fatalismo y a sentirnos
colaboradores libres y responsables. Las
relaciones con el Dios de la vida, según
Jesús, son relaciones de amor y
confianza.
17. La
revelación del rostro del Padre hecha
por Jesús es el eje de toda la vida del
creyente y se transforma en el centro de
su existencia. Este Dios de Jesús es un
Dios que respeta nuestra libertad. Un
Dios desconocido que se revela en su
Hijo encarnado y, por la acción del
Espíritu, destruye todos nuetros ídolos.
Un Dios siempre mayor y único fundamento
de nuestra existencia.
18. Es a partir
de esta imagen del Dios de N. S.
Jesucristo que puede hacerse realidad
el compromiso con la vida en todas sus
dimensiones.
2. De la división a la comunión en la
fraternidad
19. En el
proyecto de vida, presentado e iniciado
por Jesús, las relaciones con los demás
se resumen en el mandamiento del amor al
prójimo, basado en el del amor a Dios
con todo el corazón, con toda el alma y
todas las fuerzas (cf. Mt 22,37-40).
20. Guiado por
ese amor, Jesús se coloca del lado de
los marginados y excluidos, destinados a
morir de muchas maneras: pobres,
enfermos, mujeres, niños, pecadores,
extranjeros. A todos ellos les ofrece la
vida. Lucha contra todo lo que se opone
a ella, al igual que contra todo lo que
crea divisiones: entre prójimo y
no-prójimo; entre pagano y judío, entre
hombre y mujer.
21. La persona
humana es una síntesis de la creación,
realizada en y para la Palabra (cf. Col
1,15-16; Jn 1,3) y, por eso, posee una
sacralidad que le viene de Dios. El ser
humano, a la luz de Cristo, aparece en
el universo como aquel que oye la
palabra de Dios y responde a ella en
nombre de todas las cosas, como
interlocutor de Dios. Por su encarnación,
el Hijo de Dios "se ha unido en cierto
modo a todo hombre".
Cristo, cercano a nosotros, presente en
todo ser humano, "ha querido
identificarse con los más débiles y
pobres",
como lo indica el texto de Mateo
25,31-46, manifestándoles una ternura
especial.
22. Se trata de
una presencia sacramental que, al mismo
tiempo, revela y oculta. En el rostro de
cada ser humano podemos encontrar algo
del rostro de Jesús, Verbo de vida. En
primer lugar, se intuye el misterio de
Dios en la experiencia irrepetible de
cada persona. También en la realidad
autónoma y recíproca del hombre y de la
mujer. Juan Pablo II ha puesto de
relieve la dignidad de la mujer y
"su aportación específica a la vida y a
la acción pastoral y misionera de la
Iglesia ... que espera (de ellas) una
aportación original, para promover ...
especialmente lo que se refiere a la
dignidad de la mujer y al respeto de la
vida humana ... y la promoción de los
bienes fundamentales de la vida y de la
paz".
23. El
descubrimiento de Dios presente en los
demás trae consigo un cambio en las
relaciones humanas y lleva a vivir el
compromiso de una caridad concreta y
eficaz; exige abrirse a la fraternidad
universal en la Iglesia y en la sociedad;
y pide comprometerse en todo lo que
implique vida, comunión y participación,
a partir de una opción preferencial por
los pobres, en quienes la imagen de
Dios "está ensombrecida y aun
escarnecida".
3. De un uso egoísta a un uso compartido
de los bienes
24. En el
proyecto de vida de Jesús, las
relaciones con las cosas se transforman.
Somos invitados a pasar de un uso de las
mismas (que nos aliena y esclaviza, y
lleva a oprimir a los demás y a
colocarlos en situaciones de muerte), a
utilizarlas con libertad y, sobre todo,
a compartirlas con los demás, en una
sociedad justa y humana para todos. Para
Jesús las cosas deberían ser un lugar de
encuentro con Dios y con los hermanos y
hermanas, y medio de comuicación y
comunión entre las personas.
25. El mensaje
religioso de Jesús tiene consecuencias
sociales, que desembocan en un
compromiso con la justicia, como fuente
de vida. Ahí está expresada la dimensión
comunitaria y social del mandamiento del
amor. Jesús anunció el Reino de Dios, su
proyecto de vida, y eso tiene
repercusiones en las estructuras de
convivencia humana. Cuando se basan en
la injusticia y en la opresión, se
convierten en medios de muerte. Las
enseñanzas de Cristo cuestionan e
interpelan fuertemente en este punto, e
invitan a un compromiso con la
justicia-vida.
II. TERESA DE LISIEUX VIVE Y
TESTIMONIA EL PROYECTO DE JESUS
26. La
celebración del Centenario de nuestra
hermana es una ocasión para
releer su vida y sus escritos desde la
perspectiva del proyecto de vida de
Jesús y desde nuestro entorno
socio-cultural y eclesial. Pero,
sobre todo, la consideración de su
experiencia espiritual exige de todos
una renovación en profundidad de nuestra
vida carmelitana. Teresita nos
recuerda los valores fundamentales del
evangelio y nos invita a centrarnos en
ellos. A partir de la lectura y
meditación de la palabra de Dios,
descubre lo esencial en las relaciones
con El, con los demás y con las cosas;
lo vive con simplicidad, naturalmente y
en profundidad, y lo transmite con su
vida y escritos.
1. Un Dios cercano y que nos ama
Beber en la fuente viva de la Palabra de
Dios
27. Teresa de Lisieux alimentó su vida
y su espiritualidad en las fuentes
purísimas de la palabra de Dios. En una
época poco abierta a la lectura de la
Biblia, ella realizó lo que el Concilio
pediría más tarde a todos los cristianos,
en especial a las personas consagradas:
aprender "el sublime conocimiento de
Jesucristo con la lectura frecuente de
las divinas Escrituras. 'Porque el
desconocimiento de las Escrituras es
desconocimiento de Cristo'".
28. Fiel al mandato de la Regla,
meditó día y noche la ley del Señor y
veló en oración.
Como Teresa de Jesús, su madre, encontró
en Jesús el libro vivo
y, a imitación de San Juan de la Cruz,
supo "poner los ojos en Cristo".
Ella misma nos dice cómo, poco a poco,
fue pasando de la lectura de libros
espirituales, que le ayudaron mucho en
su camino, en especial S. Juan de la
Cruz, a centrarse en la Escritura,
particularmente en los evangelios:
"más tarde, todos los libros me dejaron
en la aridez ... si abro un libro
compuesto por un autor espiritual ...
siento inmediatamente que mi corazón se
cierra y leo sin entender o, si entiendo,
mi espíritu se detiene sin poder meditar
... En esta impotencia la Escritura
Santa y la Imitación vienen en mi
ayuda; en ellas encuentro un alimento
sólido y completamente puro. Pero, por
encima de todo, el Evangelio me
sostiene durante mis oraciones; en él
encuentro todo lo que es necesario para
mi pobre pequeña alma. Descubro siempre
en él nuevas luces, sentidos ocultos y
misteriosos ... Comprendo y sé por
experiencia 'Que el Reino de Dios está
dentro de nosotros'".
29. La lectura y meditación de la
Palabra de Dios la llevó a descubrir lo
esencial del mensaje de Jesús en la vida
de cada día. Esta relación entre Palabra
de Dios y existencia concreta la
lleva a "descubrir precisamente en el
momento en el que tengo necesidad de
luces que no había visto todavía ... en
medio de las ocupaciones de mi jornada".
Más todavía, a través de su Palabra
liberadora, Jesús se hace presente en
Teresa de Lisieux: "nunca lo he
escuchado hablar, pero siento que está
en mí. Cada momento El me guía y me
inspira lo que debo decir o hacer".
30. En su misión de recordarnos lo
esencial, nuestra hermana Teresa nos
coloca frente a la palabra de Dios como
lámpara que ilumina nuestros pasos (cf.
Sal 119, 105)
y nos recuerda que la condición para
comprender el mensaje de Dios es tener
un corazón de niño, abierto y disponible
a lo que el Espíritu nos va descubriendo
como exigencia de nuestra vocación y
misión en la Iglesia.
31. Hay que vivir a la escucha de
la palabra de Dios. Ella es "fuente de
toda espiritualidad cristiana".
La Iglesia recomienda la meditación
comunitaria de la Biblia no sólo para
las personas consagradas, sino también
para todos los miembros del Pueblo de
Dios."Del contacto asiduo con la Palabra
de Dios, han obtenido la luz necesaria
para el discernimiento personal y
comunitario, que les ha servido para
buscar los caminos del Señor en los
signos de los tiempos".
32. A Teresa de Lisieux, que deseó
conocer las lenguas bíblicas para mejor
gustar la palabra de Dios, no le tocó
vivir el nuevo acercamiento eclesial a
la Escritura. Tampoco tuvo a su alcance
las posibilidades que hoy tenemos para
un mejor conocimiento y asimilación del
mensaje bíblico. Sin embargo, hizo
realidad la prescripción de la Regla del
Carmelo de tener abundantemente en la
boca y en el corazón la Palabra de Dios
para hacer todo de acuerdo con
ella.
Como nuestra hermana, leamos y
meditemos la palabra de Dios y pongamos
en práctica sus exigencias, con los
nuevos medios que Dios nos ofrece en
este momento de la historia de la
Iglesia para la profundización y mejor
comprensión de su palabra.
Redescubrir el rostro paterno-materno de
Dios
33. Teresa vivió en una época
caracterizada por una espiritualidad
jansenista que deformaba el rostro de
Dios, presentándolo unilateralmente como
juez severo, que podía pedir incluso el
ofrecimiento como víctima para calmar su
justicia.
34. La lectura y meditación de la
Escritura colocó a Teresa de Lisieux a
la escucha de Jesús, que le reveló el
verdadero rostro de Dios: padre-madre
misericordioso, que nos invita a vivir
con una actitud de hijos e hijas en el
abandono y la confianza, entregados al
amor divino, asumiendo responsablemente,
como Cristo, la misión de proclamar el
proyecto de Dios sobre la humanidad.
Comprendió "cómo Jesús desea ser amado"
y se ofreció como víctima al Amor
misericordioso, que desea comunicarse a
todos.
La oración como diálogo sencillo y
filial
35. En consonancia con su madre
Teresa de Avila,
Teresa de Lisieux vive la oración como
diálogo confiado y amoroso con un Dios
Padre-Madre.
Transforma en experiencia vital la
fuerza que comunica y se abre a la
necesidad de la abnegación evangélica,
para que la oración sea auténtica: "es
la oración, es el sacrificio, los que
constituyen toda mi fuerza, son las
armas invencibles que Jesús me ha dado,
ellas pueden, más que las palabras,
tocar a las almas".
Ella vivió un tipo de oración cada vez
más sencillo, que la colocaba en la
fuente de agua viva o junto al fuego
divino que purifica y transforma: "para
mí la oración es un impulso del corazón,
una simple mirada al cielo, un grito de
reconocimiento y de amor, en medio de la
prueba como en medio del gozo: en fin,
es algo grande, sobrenatural que dilata
mi alma y me une a Jesús".
De la santidad como "perfección" a la
santidad como comunión
36. Redescubrir
el rostro paterno-materno de Dios fue el
punto de arranque del camino nuevo hacia
la santidad, que ella vivió sobre todo a
partir de 1894, en la experiencia de su
debilidad. Jesús le mostró, como ella
dice, que el camino es el del abandono y
la confianza de un niño, que se duerme
en los brazos de su Padre sin temor:
"'si
alguno es pequeño, que venga a mi', dice
el Espíritu Santo por boca de Salomón, y
ese mismo Espíritu de Amor dice también
que 'la misericordia se concede a los
pequeños'. En su nombre, el profeta
Isaías nos revela que en el último día
... 'como una madre acaricia a su hijo,
así yo os consolaré, os llevaré sobre mi
seno y os acariciaré sobre mis rodillas'...
Jesús no pide grandes acciones, sólo
abandono y reconocimiento".
37. Aquí se encuentra el paso del
temor a la confianza. Estamos frente a
Dios como hijos e hijas frente a un
padre y a una madre. Dios hace colaborar
todo para nuestro bien, aun nuestras
deficiencias y fallas:
"Es la confianza y sólo la confianza la
que me nos debe conducir al Amor"; "lo
que le agrada, es el ver amar mi
pequeñez y mi pobreza, es la esperanza
ciega que tengo en sus misericordia" ...
"para amar a Jesús, ser su pequeña
víctima de amor, mientras uno es más
débil, sin deseos, ni virtudes, es más
apto para la acción de este amor que
consuma y transforma".
38. En la raíz de nuestra vocación
a la vida consagrada en el Carmelo
está la iniciativa del Señor. Las
personas llamadas respondiendo a la
invitación de Dios, se confían a su amor
y realizan la entrega incondicional de
su vida, "consagrando todo, presente y
futuro, en sus manos".
Como Teresa de Lisieux, estamos llamados
a vivir en profundidad la experiencia
del rostro paterno-materno de Dios; a
vivir una oración como diálogo amoroso
con Dios y como mirada contemplativa de
la realidad, escucha de Dios para
comprometernos con nuestros hermanos y
hermanas; a enfocar la santidad no como
"perfección", sino como comunión con
Dios por medio de la fe, la esperanza y
el amor. Una santidad teologal, como la
presentan la Regla y San Juan de la Cruz,
padre y maestro espiritual de Teresa de
Lisieux por medio de sus escritos.
Fidelidad a la misión y purificación de
la fe
39. La experiencia gratuita del
rostro paterno-materno de Dios, revelado
en Jesús, y la fidelidad a la propia
vocación y misión asumidas
responsablemente, como hijos e hijas de
Dios, entran dentro de la dinámica del
misterio pascual de muerte y
resurrección; están abiertas a la
purificación y a la prueba de la fe.
Teresa de Lisieux supo expresar esto, al
añadir a su nombre, en unidad
inseparable, al Niño Jesús y a la Santa
Faz. El Verbo encarnado que, en el
misterio de su infancia, invita a la
confianza, al amor, al abandono, es el
mismo siervo sufriente que nos
introduce en el misterio del
sufrimiento que El recorrió antes que
nosotros. Un sufrimiento que parte de la
fidelidad a la misión del Abba.
40. Es en el proceso de purificación de
su fe, en el que descubre y comprende
su vocación. Sus anhelos apostólicos de
proclamar la Buena Noticia de salvación
se transforman en un martirio de amor,
al no ver cómo podrá compaginar todo lo
que desea y cómo podrá realizarlo. Es en
ese momento, cuando Dios le hace
comprender, a la luz de los capítulos 12
y 13 de la primera carta a los
Corintios, que la Iglesia es como un
cuerpo, y que en él, el amor es el
corazón, que pone en movimiento los
demás miembros y que, por ello, encierra
todas las vocaciones y abarca todos los
tiempos y todos los lugares, y exclama:
"por fin, he hallado mi vocación, ¡mi
vocación es el amor! ... Sí, he hallado
mi puesto en la Iglesia, y ese puesto,
¡oh Dios mío!, vos mismo me lo habéis
dado ...; ¡en el corazón de la Iglesia,
mi Madre, yo seré el amor! ... ¡¡¡Así lo
seré todo ..., así mi sueño se verá
realizado!!!".
41. En sus Ultimas
conversaciones aparece con fuerza lo
que ha sido llamado "la pasión de Teresa
de Lisieux".
Se trata de las noches purificadoras,
hechas de enfermedad, oscuridad, dudas,
angustias de muerte. En el esfuerzo de
fidelidad a su vocación contemplativa
recorrió el camino del calvario: "Yo
tenía entonces grandes pruebas
interiores de todas clases (hasta
preguntarme a veces si había un cielo)".
De manera particular, la noche
purificadora se hace más densa en los
últimos meses de su vida. En ellos bebe
el cáliz del dolor hasta las heces. Como
Jesús, entrega su vida por los demás.
42. La dimensión pascual de la vida
consagrada incluye también la cruz y el
sufrimiento en la fidelidad al
cumplimiento del compromiso con la
misión de la Iglesia,
ya que "la misión es esencial para cada
Instituto, no solamente en los de vida
apostólica activa, sino también en los
de vida contemplativa. En efecto, antes
que en las obras exteriores, la misión
se lleva a cabo en el hacer presente a
Cristo en el mundo mediante el
testimonio personal".
En el cumplimiento de nuestra misión
estamos llamados, como Teresa de
Lisieux, a vivir la purificación de la
fe, que es el escudo que nos defiende de
las tentaciones del mal,
asumiendo la cruz como "sobreabundancia
del amor de Dios que se derrama sobre
este mundo, el gran signo de la
presencia salvífica de Cristo. Y esto
especialmente en las dificultades y
pruebas",
en situaciones difíciles, incluso de
persecución y martirio.
2. Un Dios que crea nuestra fraternidad
Las dimensiones evangélicas del amor
fraterno
43. El segundo aspecto del
proyecto de Jesús es el de la superación
del odio y la división, para lograr el
encuentro de amor y comunión con todos
al que El nos convoca. Esta exigencia
está íntimamente ligada al
descubrimiento del rostro
paterno-materno de Dios, que en Cristo
nos ha transformado en hermanos y
hermanas. Se trata de la segunda parte
del único mandamiento del amor: amar al
prójimo como a nosotros mismos.
44. En la experiencia y en la doctrina
de Teresa de Lisieux encontramos la
convicción de que la autenticidad de
nuestro amor a Dios se manifiesta en la
calidad de nuestro amor a los demás.
Como en círculos concéntricos, la
dimensión del amor fraterno se va
abriendo a horizontes cada vez más
amplios, todos ellos como una expansión
que parte del amor a Dios. El primer
círculo es el de los más cercanos, el
más amplio es el de la humanidad entera.
La confianza y el abandono en Dios
Padre-Madre y el sentirse amada por El,
son en Teresa de Lisieux la fuente de la
caridad fraterna y del apostolado,
expresión de amor a todos, al querer
comunicarles la buena noticia de
salvación.
Amor fraterno y vida en comunidad
45. Las dimensiones evangélicas
del amor fraterno se viven en las
realidades concretas en las que se
desarrolla nuestra existencia humana:
familia, comunidad religiosa,
comunidades cristianas, iglesia, grupos
humanos, sociedad. En ellas encontramos
luces y sombras, aspectos positivos y
negativos. Nuestra hermana Teresa nos
enseña a vivir encarnados en la realidad
y a comenzar a vivir el amor evangélico,
allí donde Dios nos ha colocado.
46. El Carmelo de Lisieux, cuando
ella ingresó era, en palabras de su
hermana María, pequeño y pobre. Contaba
con 26 religiosas. La media de edad de
la comunidad era de 47 años. Humanamente
era una comunidad pobre, y
espiritualmente estaba influenciada por
el rigorismo de la época, el miedo a un
Dios justiciero inculcado por el
jansenismo. Todo esto no dejaba de
obstaculizar el dinamismo del amor y el
equilibrio que Santa Teresa de Jesús
había procurado proteger con realismo
humano y espiritual. En este ambiente,
con personas concretas, con nombre y
apellido, con cualidades y defectos,
Teresa de Lisieux vive el amor fraterno
y sus exigencias.
47. En un buen número de páginas
del manuscrito C, dirigido a la M. María
de Gonzaga, Priora del monasterio,
Teresa describe cómo fue comprendiendo y
viviendo el mandamiento de Jesús de amar
a los demás como El nos amó. Eso la
llevó a soportar los defectos de las
otras, a no extrañarse de sus
debilidades, a edificarse de los
pequeños actos de virtud, a juzgar con
comprensión y benignidad a todas.
Describe también pequeños hechos
concretos que desafiaron su ejercicio de
amor al prójimo y dificultaron el
crecimiento en la comunión.
En los pequeños esfuerzos, servicios y
sacrificios de la vida fraterna en
comunidad, nuestra hermana vivió el
precepto del amor.
48. La dimensión de comunión que tiene
en sí la vocación a la vida consagrada,
señalada también en nuestra Regla, ha
sido puesta de relieve nuevamente por el
documento Vita consecrata en su
segunda parte, que tiene como título
"Signum fraternitatis. La vida
consagrada signo de comunión en la
Iglesia".
El misterio pascual ayuda a comprender
que sin renuncia, sin cruz, sin entrega
generosa, apertura y perdón, no es
posible vivir el amor al prójimo al
estilo de Jesús. Teresa de Lisieux es
para nosotros un estímulo y una maestra,
para vivir en las circunstancias
concretas de nuestras comunidades, con
realismo espiritual, la nueva comunión y
fraternidad en Cristo, en medio de las
dificultades.
3. Un Dios que nos pide anunciar la
Buena Noticia
Dimensión misionera: amar a Jesús y
hacerlo amar
El compromiso de la evangelización es
una expresión de amor universal.
Testimoniar y anunciar a otros la nueva
vida en Cristo y su mensaje de esperanza
es amarlos. Teresa, monja
contemplativa, no dejó de vivir el
dinamismo misionero y apostólico de la
vocación cristiana. Ella quiso, desde su
particular vocación en el Carmelo,
colaborar con Cristo en la redención del
mundo, no sólo hasta el final de su vida,
sino hasta el final del mundo.
En su correspondencia epistolar con sus
hermanos misioneros, repite de muchas
maneras la dimensión apostólica y
misionera de la carmelita contemplativa.
Entre otras cosas afirma: "Usted lo sabe,
una carmelita que no fuera apóstol se
alejaría de la meta de su vocación y
dejaría de ser hija de la seráfica Santa
Teresa que deseaba dar mil vidas para
salvar una sola alma".
Por eso quiere vivir todas las
vocaciones
La eficacia de la evangelización la
colocó en el amor. Ella pide a los
santos que le den su amor duplicado.
50. Llamados al Carmelo hemos sido
consagrados para la misión. Tenemos, "la
misión profética de recordar y servir el
designio de Dios sobre los hombres, tal
como ha sido anunciado por las
Escrituras y como se desprende de una
atenta lectura de los signos de la
acción providencial de Dios en la
historia. Es el proyecto de una
humanidad salvada y reconciliada".
De nuestra hermana Teresa debemos
aprender la orientación apostólica de
nuestro amor cristiano; la convicción de
la fuerza evangelizadora de la oración,
y la necesidad de una espiritualidad
encarnada en la realidad de cada día. La
evangelización no es simple información.
Es la manifestación de nuestra filiación
divina que nos hace crecer en el amor y
en la solidaridad. Se requiere vivir la
experiencia de los sufrimientos y
angustias de nuestros hermanos y
hermanas, y asumirlos desde esa
perspectiva. Así lo hizo Teresa,
aceptando la prueba de las dudas de los
incrédulos, para alcanzarles la gracia
de superarlas. Se sienta a la mesa de
los pecadores y de los que rechazan la
fe, y sufre con ellos el vacío y la
oscuridad: vuestra hija "os pide perdón
por sus hermanos, ella acepta comer por
todo el tiempo que queráis el pan del
dolor y no quiere levantarse de esta
mesa llena de amargura, donde comen los
pobres pecadores, antes del día que
hayáis marcado".
Este es un modo también de ofrecer una
respuesta de espiritualidad a la
búsqueda de lo sagrado y a la nostalgia
de Dios, que aletea siempre en el
corazón de las personas.
51. Este amor
tiene también una dimensión social que
nos empeña, con los matices peculiares
de cada vocación en el Carmelo, a un
servicio de promoción integral para
favorecer la justicia y la paz en el
mundo a través de una verdadera
humanización de las personas. El amor al
prójimo, para ser eficaz debe expresarse
de acuerdo con las exigencias del mundo
contemporáneo. En él se nos pide tener
una perspectiva social del amor, porque
los medios del amor individual son cada
día más limitados. El prójimo necesitado
no son individuos aislados, sino masas
oprimidas por estructuras humanas
injustas y deshumanizantes.
La presencia del amor cristiano se
percibe urgente y necesaria en el
trabajo de cambio y de transformación de
estructuras. La caridad es más fuerte
que las divisiones y ayuda a superar, en
la lucha por un mundo más justo, el
odio, que terminaría haciendo del
oprimido un opresor. Sólo el amor a
Jesús y el testimonio de su vida y de su
doctrina permiten la verdadera
reconciliación fraterna. La doctrina del
camino de infancia espiritual es una
fuerza increíble de cambio social,
frente a los abusos de poder en la
sociedad.
Cercanos a María de Nazareth
52. La Virgen María es para nosotros
modelo de consagración y seguimiento,
que nos recuerda la primacía de la
iniciativa de Dios y nos enseña a acoger
su gracia. Ella es "maestra de
seguimiento incondicional y de servicio
asiduo".
En la más pura tradición del Carmelo,
Teresa de Lisieux vivió la presencia y
cercanía de la Madre de Jesús.
Adelantándose al Vaticano II, descubrió
a la mujer sencilla de Nazareth,
peregrina de la fe y de la esperanza,
Madre y modelo. Se puede decir que vive
cercana a ella.
53. Teresa rechaza las presentaciones de
María que se dedican a exaltar su
grandeza, sin tener en cuenta su vida
terrena: "para que un sermón sobre la
Virgen me agrade y me haga bien, es
necesario que yo vea su vida real, no su
vida imaginada; y yo estoy segura que su
vida real debió ser completamente
sencilla. Nos la presentan inabordable,
habría que presentarla imitable, poner
de relieve sus virtudes, decir que ella
vivía de fe como nosotros ... Ella es
más madre que reina".
Su última poesía, dedicada a la Virgen,
tiene como título: "Por qué te amo, oh
María". Ella es un recorrido de las
páginas del Evangelio, donde se va
descubriendo su amor a Dios y a los
demás, su pobreza, su silencio
contemplativo, su sencillez, su fe, su
esperanza, su disponibilidad y
obediencia, para aceptar la voluntad de
Dios. El evangelio le descubre quién es
María y su corazón le revela, en la
experiencia de cada día, en comunión con
la Virgen, su verdadera personalidad.
54. En las enseñanzas de Teresa de
Lisieux encontramos un camino para
profundizar y renovar nuestra vida
mariana, a la luz del evangelio y de la
intimidad con María. Nuestra devoción,
testimonio y predicación encontrarán
una base sólida en el redescubrimiento
de ella dentro del misterio de Cristo y
de la Iglesia. La Virgen María llena con
su presencia toda la historia de la
Orden, desde sus orígenes en el Monte
Carmelo.
Ella es, sobre todo, modelo de
seguimiento de Jesús en la fe y en la
contemplación. Nos enseña, especialmente,
y esta fue también la vivencia de Teresa
de Lisieux, las actitudes del orante:
discernimiento, disponibilidad (Anunciación),
alabanza y acción de gracias por lo que
Dios hace en la historia en favor de los
pobres y sencillos (Magnificat),
confianza (Caná de Galilea), mirada
contemplativa y paciente hasta que se
hace luz, guardando todo en el corazón,
sin comprender muchas cosas (hallazgo de
Jesús en el Templo), fidelidad en la
prueba (al pie de la cruz), comunión y
eclesialidad (orando con los discípulos).
Testimonio profético ante los grandes
retos
55. La vida cristiana y, en particular,
la vida consagrada están llamadas a dar
el testimonio profético del anuncio de
los valores del evangelio y de la
denuncia de todo lo que se opone a ellos.
Juan Pablo II ha destacado el carácter
profético de las personas consagradas, "como
una forma de especial participación en
la función profética de Cristo,
comunicada por el Espíritu Santo a todo
el pueblo de Dios"; y ha recordado la
figura de Elías, "profeta audaz y amigo
de Dios", como modelo del auténtico
profetismo. En la descripción que hace
de él, dice que vivía en la presencia
del Señor "y contemplaba en silencio su
paso, intercedía por el pueblo y
proclamaba con valentía su voluntad, y
se erguía en defensa de los pobres
contra los poderosos del mundo".
56. Desde esta perspectiva, Teresa de
Lisieux puede ser llamada profeta de los
tiempos nuevos. Ha sido, con razón,
calificada como "profeta de la juventud",
como "signo de esperanza", "profeta de
la santidad" que propone como vocación
de todos, "profeta de la actualidad de
la Redención", al subrayar la fuerza
invisible del amor.
Ella, mujer de grandes deseos que marcan
su camino pascual, tiene mucho que decir
a una humanidad que busca y vive
insatisfecha.
En la línea más pura de la tradición del
Carmelo, Teresa de Lisieux contempla a
Elías profeta como modelo de vida. Se
siente atraída por la experiencia de
Dios que tiene el profeta en la "brisa
suave",
pero también por su lucha contra los
profetas de Baal: "después de habernos
mostrado los ilustres orígenes de
nuestra santa Orden, después de habernos
comparado al profeta Elías luchando
contra los sacerdotes de Baal, él
declaró 'que tiempos semejantes a los de
la persecución de Acab iban a
recomenzar'. Nos parecía ya volar al
martirio".
57. En fidelidad a nuestra
vocación carmelitana, estamos llamados a
vivir la dimensión profética, en el
testimonio de una vida que subraye la
primacía de Dios con una experiencia de
su presencia en el corazón del mundo, en
una apertura para descubrir su presencia
de un modo siempre nuevo y sorprendente,
como el que tuvo Elías en la brisa suave,
que nos lleve después a entregarnos al
servicio de los hermanos y hermanas,
para ayudarlos en su liberación integral.
La vida fraterna, en efecto, "es un acto
profético en una sociedad en la que se
esconde, a veces sin darse cuenta, un
profundo anhelo de fraternidad sin
fronteras". Además, "una especial fuerza
persuasiva de la profecía deriva de la
coherencia entre el anuncio y la vida".
Presencia viva y orientadora
58. El carácter
evangélico de la experiencia y doctrina
de Teresa de Lisieux le da una
permanente actualidad. La sencillez, la
confianza y el abandono en Dios,
experimentados y proclamados por Teresa
de Lisieux, son capaces de inspirar un
compromiso por la justicia y la paz en
el mundo.
59. El influjo
de nuestra hermana Teresa de Lisieux en
la Iglesia y en el mundo de hoy es
indiscutible. Ella lo intuyó cuando,
antes de morir, afirmó: "Yo siento,
sobre todo, que mi misión va a comenzar,
mi misión de hacer amar a Dios como yo
lo amo, de ofrecer mi pequeño camino a
las almas. Si Dios escucha mis deseos,
mi cielo se pasará sobre la tierra hasta
el fin del mundo. Sí, yo quiero pasar mi
cielo haciendo bien sobre la tierra".
Conclusión
Con nuestra hermana Teresa renovar
nuestra vida contemplativa y apostólica
60. El Centenario de la muerte de Teresa
de Lisieux, nuestra hermana, es una
invitación de Dios a renovarnos a la luz
de su experiencia y de su doctrina. Como
ha dicho Juan Pablo II a los consagrados
y consagradas, no tenemos sólo "una
historia gloriosa para recordar y
contar, sino una gran historia que
construir".
Hay que poner los ojos en el futuro, "hacia
el que el Espíritu nos impulsa para
seguir haciendo con nosotros grandes
cosas".
Nuestra hermana Teresa nos señala el
camino de la vuelta al evangelio, como
el único modo de hacer realidad la
fidelidad creativa a nuestro carisma.
61. Ella nos enseña la centralidad
del amor, que simplifica y comunica la
verdadera libertad y liberación, que
conducen a la madurez de una identidad
cristiana, religiosa y carmelitana. En
un mundo de angustias y temores, nos
orienta a la confianza y el abandono en
el Señor, que supera todos los miedos.
Frente a nuestros idealismos
desencarnados nos ofrece un realismo
espiritual y evangélico, para ser
profetas de un Dios presente, cercano y
liberador.
Su mensaje es un desafío para la
espiritualidad de hoy en la Iglesia,
como lo han percibido no sólo las
personas consagradas a la contemplación,
sino también quienes trabajan en el
campo de una evangelización comprometida
con la promoción humana, el desarrollo y
la liberación.
La infancia espiritual es un concepto
evangélico, que implica la conciencia
del don que hemos recibido de ser hijos
e hijas de Dios y la respuesta que nos
orienta a la fraternidad.
62. Hermanos y hermanas en el
Carmelo: demos gracias al Señor por el
don de nuestra hermana Teresa de Lisieux
a la Iglesia, al mundo y al Carmelo.
Experimentemos su presencia y cercanía
en la celebración del Centenario de su
muerte, y continuemos, con nuestra vida
de oración, fraternidad y compromiso
apostólico, testimoniando al Dios de
nuestro Señor Jesucristo, con la fuerza
de su Espíritu.
Roma, 16 de julio 1996
Solemnidad de Santa María del Monte
Carmelo
Fr. Joseph Chalmers O. Carm.
Fr. Camilo Maccise O.C.D
VC 57. Las siglas que
utilizaremos son las siguientes: VC
= Vita Consecrata; GS = Gaudium et
Spes; DV = Dei Verbum; R = Regla
carmelitana, citando en primer lugar
la numeración O.Carm. y entre
paréntesis la numeración OCD.
"L'Osservatore Romano, 5
enero 1995, p.4.
Documento de Puebla, 196.
Historia de un alma VIII (Manuscrito
A, 83); cf. Catecismo de la
Iglesia Católica, n. 127.
Cf. Historia de un alma X (Manuscrito
C 4r).
Historia de un alma VIII
(Manuscrito A 83v).
Cf. Vida 8,5: "que no es otra
cosa oración mental, a mi parecer,
sino tratar de amistad estando
muchas veces tratando a solas con
quien sabemos nos ama".
Cf.
Santa Teresa, Vida
8,5; Camino 31,9.
Historia de un alma XI
(Manuscrito C 24v).
Historia de un alma XI
(Manuscrito C 25r-v). Con esta
definición de la oración comienza la
sección dedicada a la Oración en
la vida cristiana en el
Catecismo de la Iglesia Católica,
n. 2559.
Historia de un alma IX
(Manuscrito B 1r-v).
Carta 197, a Sor María del
Sgdo. Corazón, 17.09.1896.
Historia de un alma IX
(Manuscrito B 3v).
Título de un libro de
Guy Gaucher.
Historia de un alma VIII
(Manuscrito A 80v).
Cf. Historia de un alma X-XI
(Manuscrito C 11v-22v).
Ya antes, en febrero de 1994, la
Congregación para los Institutos de
Vida consagrada y las Sociedades de
vida apostólica, publicó un
documento La vida fraterna en
comunidad, con orientaciones
concretas y realistas para ir
creciendo como familias reunidas en
el nombre del Señor.
Cf. Historia de un alma IX
(Manuscrito B 3r).
Carta 198, a l'abbé Maurice
Bellière, 21.10.1896.
Cf. Historia de un alma IX (Manuscrito
B 2v).
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