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Queridos hermanos y hermanas en el Carmelo:
1.
El próximo 11 de octubre del presente año
será canonizada, en la Basílica de San Pedro,
en Roma, nuestra hermana la Beata Teresa
Benedicta de la Cruz (Edith Stein). Su
canonización señala el final de un
itinerario de búsqueda de la verdad
acompañado de sufrimiento y de abnegación
evangélica que la llevó a entrar en la doble
dimensión del misterio pascual: muerte y
resurrección; de perder la vida por Cristo
para encontrarla (cf. Mt 10,39). La frase
que pronunció al dejar el Carmelo de Echt,
en Holanda, cuando tomó por la mano a su
hermana Rosa, revela la entrega de su vida:
"Ven, vamos por nuestro pueblo". De hecho,
cuando los obispos de Holanda protestaron en
una carta pastoral contra las deportaciones
de los hebreos, que los nacionalsocialistas
hacían, éstos, que en un principio habían
dejado libres a los hebreos bautizados, se
vengaron exterminando también a los hebreos
de fe católica. Edith Stein murió como
seguidora de Jesús ofreciendo al mismo
tiempo su martirio por sus hermanos de raza.
La
canonización de Edith Stein es una nueva
interpelación que Dios dirige a la Iglesia
y, especialmente a nosotros miembros del
Carmelo en el umbral del Tercer Milenio. La
vida de esta grande mujer hebrea, buscadora
de la verdad, seguidora de Jesús ofrece un
mensaje actual para las relaciones entre la
fe y la ciencia, para el diálogo ecuménico,
para la vida consagrada, para la
espiritualidad, dentro y fuera de la Iglesia.
Abiertos a
la voz del Espíritu que nos llega a través
de la vida y del martirio de nuestra hermana
tratemos de penetrar en su experiencia y en
sus enseñanzas para renovar nuestra vida y
para hacer más dinámica y comprometida
nuestra vocación y misión.
I
EDITH STEIN, UNA MUJER DE NUESTRO TIEMPO
2.
Mujer de nuestro tiempo, Edith Stein, con su
vida y sus escritos, ofrece orientaciones
preciosas para ayudar a eliminar
ciertas visiones unilaterales, que no se
ajustan al pleno reconocimiento de la
dignidad de la mujer y de su aportación
específica a la sociedad y a la
Iglesia. En esta época es urgente "dar
algunos pasos concretos, comenzando por
abrir espacios de participación a las
mujeres en diversos sectores y a todos los
niveles, incluidos aquellos procesos en que
se elaboran las decisiones especialmente en
los asuntos que las conciernen más
directamente"(1).
Buscadora de la verdad
3.
En aras de la verdad buscada y encontrada,
Edith Stein fue entregando parte de su vida.
Abandona, en un primer momento, la fe judía
y se sumerge en la filosofía para tratar de
comprender el sentido de la existencia
humana. Del ateísmo pasará a la fe católica
y, en su seguimiento de Jesús, irá
adquiriendo experiencialmente la "ciencia de
la cruz". Esta le dará la capacidad de
entrar en el Carmelo y, más adelante, de
morir por la fe y por su pueblo.
Repensando
su camino de búsqueda de la verdad llegará a
la conclusión de que "Dios es la
verdad. Quien busca la verdad busca a Dios,
lo sepa o no"(2);
y también que "el buscador de la
verdad vive sobre todo en el corazón de la
actividad de su razón; si se trata para él
efectivamente de la verdad (no de un
puro recoger conocimientos particulares) él
está tal vez más cercano a Dios, que es la
verdad, y con eso a su propio interior más
de lo que él mismo piensa"(3)
4.
Su larga búsqueda de la verdad y de la
autenticidad hallará el último y definitivo
impulso en el encuentro con Teresa de Jesús.
Era el mes de agosto de 1921 cuando Edith,
huésped en casa de unos amigos, descubre en
su biblioteca la autobiografía de la Santa
de Avila: "Yo tomé por casualidad un
grueso libro cuyo título era: Vida de
santa Teresa de Jesús, escrita por ella
misma. Yo me puse a leerlo y de golpe
quedé cautivada y no me detuve sino hasta el
final. Cuando cerré el libro, me dije: 'esta
es la verdad'"
(4). Reflexionando posteriormente
sobre el libro de la Vida de Teresa
de Jesús explicará el porqué del impacto que
le causó y revelará así su sed ardiente de
la verdad: "A excepción de las
Confesiones de San Agustín, no existe en
la literatura universal ningún otro libro
que como éste lleve el sello de la
veracidad, que tan inexorablemente ilumina
hasta los rincones más escondidos de la
propia alma y que deposita un testimonio
estremecedor de la 'misericordia de Dios"(5).
Teresa de
Jesús influyó decisivamente en la conversión
de Edith y, por ello, desde un principio
ella percibió una llamada a entregarse al
servicio del Señor en el Carmelo para bien
de la humanidad. Un testigo en el proceso de
beatificación nos ha transmitido lo que la
santa le comunicó: "Yo supe, por boca de la
Sierva de Dios que apreciaba el Carmelo
porque allí tenía más tiempo para la
meditación personal. Desde el bautismo se
inclinaba al Carmelo. Un monasterio
benedictino de clausura no lo tomó ella en
consideración porque allí no se da todo el
tiempo que ella necesitaba para la
meditación"(6).
Conversión como hallazgo y pérdida
5.
Fue su encuentro con la cruz y con la fuerza
que ella comunica en la vida de una amiga
protestante, Anne Reinach, viuda del
filósofo Adolf Reinach, lo que la llevó a
romper el último obstáculo que surgía de su
incredulidad. Lo dirá expresamente más
tarde: "Fue mi primer encuentro con la
cruz y con la fuerza divina que ella
comunica a quien la carga. Vi, por vez
primera, tangible delante de mi la Iglesia,
nacida del dolor del Redentor en su victoria
sobre el aguijón de la muerte. Fue el
momento en el que se rompió a pedazos mi
incredulidad y resplandeció la luz de
Cristo, Cristo en el misterio de la cruz"(7).
Más tarde, ya en Echt, escribió a su priora
del monasterio de Echt: "Una scientia
crucis [Ciencia de la Cruz] sólo se
puede adquirir si se llega a experimentar a
fondo la cruz. De esto estuve convencida
desde el primer momento, y de corazón he
dicho: ¡Ave Crux, spes unica! [Salve
cruz,nuestra única esperanza](8).
6.
Edith Stein se convirtió al catolicismo en
1922, a la edad de 31 años. El sentido
profundo de su conversión está precisamente
en el hecho de descubrir en la cruz el
camino de la resurrección, en el transformar
en experiencia profunda la paradoja
evangélica de perder para ganar. De hecho su
conversión al catolicismo le causó problemas
familiares. Los miembros de su familia no
comprendían el porqué de su decisión. En su
libro La Ciencia de la Cruz, ella
explica esta conexión que existe entre
sufrimiento y gloria. La pasión y la muerte
de Cristo consuman nuestros pecados en el
fuego. Por eso, en la medida en que nosotros
aceptamos por la fe esta verdad y buscamos
seguir a Jesús, El nos conducirá a través de
su pasión y de su cruz a la gloria de la
resurrección. Edith unirá esta convicción
con la experiencia de la contemplación que,
pasando por la purificación, lleva a la
unión de amor con Dios: "a la luz de esta
realidad se entiende también su carácter
contradictorio. Es muerte y resurrección.
Después de la 'noche oscura' resplandece la
'llama de amor viva"(9).
De este modo se llega a poseer la "ciencia
de la cruz".
No fue
fácil ciertamente para Edith el proceso de
su conversión. Fueron años de búsqueda que
recibieron el último impulso de su encuentro
con la autobiografía de Teresa de Jesús.
Como en ésta, Cristo fue ocupando el lugar
central de su existencia. En El encuentra a
la Verdad con mayúscula y al amigo cercano
con el cual puede dialogar siempre. La
radicalidad acompañó su conversión. Pensaba,
en un principio, que le exigía abandonar
todo lo terrestre para vivir únicamente
concentrada en las cosas divinas. Sólo
progresivamente fue comprendiendo que
"cuanto más profunda es la atracción que nos
conduce a Dios, mayor es el deber de 'salir
de sí', en este sentido también, es decir en
dirección al mundo para llevar allí la vida
divina"(10).
7.
El itinerario humano y espiritual de Edith
Stein es el itinerario de una mujer de
nuestro tiempo. Desde su experiencia
personal como mujer y desde su reflexión
filosófico-antropológica sobre el ser y la
misión de la persona humana, ella aparece
preocupada por el papel de la mujer en la
sociedad y en la Iglesia. Su capacidad
intelectual, su preparación universitaria y
profesional, su dedicación a la enseñanza
hicieron de ella una mujer que vivió, desde
una consciente identidad femenina, los
desafíos de una misión. Edith supo enfrentar
con lucidez y equilibrio esos desafíos que
las circunstancias sociales y eclesiales
presentaban en ese momento.
Profesora
en Espira de 1923 a 1931 supo afrontar los
problemas de la formación de la mujer y
acompañó a sus discípulas en la
profundización de sus características como
mujeres, creadas a imagen de Dios como el
hombre. Puso de relieve también la vocación
sobrenatural de la mujer y la ética de las
profesiones femeninas. Base de su reflexión
fue el análisis detallado de las
particularidades de la psicología femenina.
Supo de
este modo testimoniar la riqueza de una vida
cristiana femenina entregada al cumplimiento
de una misión inserta en la realidad del
mundo. Esto explica la dedicación con la que
se entregó al apostolado de la enseñanza a
pesar de que después de su conversión ya no
se esforzó, como anteriormente, en conseguir
una cátedra universitaria en su calidad de
mujer. En su trabajo como profesora supo
unir a la competencia profesional la
relación directa y personal con sus alumnas.
Ellas la recordarán siempre como una mujer
abierta y comprensiva que se adelantó a su
tiempo en la valoración de la mujer y en su
entrega generosa a su promoción en todos los
aspectos. Para ello se incorporó a la
Unión católica de Profesoras de Baviera
y a la de Jóvenes Profesoras. Eso
amplía el horizonte de su influencia y
multiplica su magisterio orientador para la
mujer de su tiempo y del nuestro.
Peculiaridad vocacional de la mujer
8.
La reflexión filosófico-antropológica de
Edith Stein tiene, como punto de partida, su
propia experiencia iluminada por la
Escritura, de manera especial sus primeras
páginas, donde, hablando de la creación del
ser humano, presenta al hombre y a la mujer
como imagen de Dios en su igualdad y en su
diversidad: "en el origen les fue
encomendado a los dos la función de
conservar la semejanza con Dios, de dominar
la tierra y de propagar el género humano"(11).
Desde este
análisis filosófico-antropológico, no
sociológico, Edith subraya dos
características peculiares de la psicología
femenina: la entrega personal en su
colaboración con el hombre y la maternidad.
Su vocación de compañera del hombre la
conduce a participar de todo lo que le
afecta sea grande o pequeño. Ella acompaña
al hombre, va a su lado, toma parte con amor
en su vida. Por ello la mujer posee "más
desarrolladas en su naturaleza la capacidad
de empatía hacia el otro y sus necesidades,
y la capacidad y docilidad de adaptación"(12).
Tiene una exigencia profunda de compartir la
vida con otro y, por eso, la capacidad de un
amor desinteresado, de entrega y olvido de
sí. Por otro lado, su tendencia a la
maternidad la lleva hacia todo lo que es
vivo y personal y a un tipo de conocimiento
más concreto y contemplativo. Su ser de
madre y compañera la orienta a todo lo que
dice relación con la persona. Tiene la
misión de engendrar hijos y, como
continuadora de Eva, llamada "madre de los
vivientes" tiene también como tarea la de
preparar a la "reintegración de la vida"(13).
Esto la lleva a poner de relieve el sentido
y la grandeza de una maternidad espiritual
en la vida religiosa que realiza el deseo de
totalidad de la mujer porque está de acuerdo
con las características de la feminidad:
"Darse a Dios en un amor que se olvida de
sí, no tener en cuenta la propia vida para
crear un espacio para Dios, es el motivo,
principio y meta de la vida religiosa"(14)
Un
mensaje para la mujer de hoy
9.
La reflexión experiencial y filosófica de
Edith Stein sobre el ser y el quehacer de la
mujer tienen una grande actualidad en el
mundo y en la Iglesia de hoy cada vez más
sensibilizados sobre la importancia de la
promoción de la mujer y de la necesidad de
abrirle espacios en el campo de la vida
social, económica, política y religiosa. Un
feminismo auténtico encuentra en las
enseñanzas de la vida y de los escritos de
Edith orientaciones preciosas para vivir y
promover la dignidad y la misión de la mujer
a partir de su identidad y de su misión
enraizadas en lo más profundo de su ser.
Otro tanto podemos decir en relación al
sentido de la vida consagrada que, entendida
como don de sí a Dios y a los demás es una
realización plena de las aspiraciones de la
mujer: entrega, maternidad, servicio.
Modelo
ideal de estos valores femeninos es, para
Edith Stein, la Virgen María. En ella "el
sexo femenino fue ennoblecido por el hecho
de que el Redentor nació de una mujer: una
mujer fue la puerta a través de la cual Dios
entró en la humanidad"(15).
Ella se entrega a la misión con el don de sí
misma aceptado con confianza silenciosa
colocando todo su ser al servicio del Señor
para la fundación del Reino de Dios(16).
Este compromiso de María la hace modelo de
la mujer en todos los campos de la vida
humana: familiar, social y eclesial ya que
ella aparece interesada por los problemas
sociales y políticos en la estrofa central
del Magníficat derribando del trono a
los poderosos. Por ello, tanto el hombre
como la mujer no pueden permanecer alejados
de las situaciones reales o responder con
indiferencia a los desafíos que presentan(17).
II
DEL JUDAISMO A LA INCREDULIDAD
Y A LA FE CRISTIANA
10.
En el proceso de perder para ganar que
caracteriza la vida de Edith Stein,
encontramos la pérdida de su fe judía a los
14 años para entrar en el camino del ateísmo
y ganar finalmente, después de 17 años, el
de la fe cristiana.
Sus
raíces judías y el camino de su conversión
Nació en
el seno de una familia de estricta
observancia judía. Fue la última de once
hermanos. Cuando tenía apenas dos años de
edad quedó huérfana de padre. Su madre,
mujer de carácter y energía tomó en sus
manos la educación de sus hijos y la
dirección del negocio establecido por su
esposo. Desde el principio de sus estudios
Edith manifestó una gran capacidad
intelectual. En 1911 se inscribió en la
Facultad de Estudios germánicos, de historia
y de sicología de la Universidad de Breslau.
En 1913, se traslada a la Universidad de
Göttingen para seguir los cursos del famoso
filósofo Edmund Husserl, el principal
exponente de la fenomenología. Siguiéndolo
como asistente pasa a Friburgo, en 1916.
Allí le otorgan el título de Doctora en
Filosofía con la máxima nota.
Ya desde
antes de llegar a Göttingen, Edith se
consideraba incrédula. Su formación
religiosa, basada principalmente en
prácticas pero carente de una apertura a la
plenitud y la educación escolar, basada en
el idealismo pos-kantiano, desembocaron en
la pérdida de su fe judía. En efecto, el
idealismo filosófico ponía de relieve una
cierta imposibilidad de las cosas y de los
hechos que constituían el objeto de la fe.
Edith no aceptaba nada que no pudiese ser
probado, así se tratara de la fe de sus
padres. Concentró así todos sus esfuerzos en
la reflexión filosófica hasta que, a través
de ella y sobre todo a través de testimonios
de otras personas, encontró a Cristo.
En un primer momento el desmoronamiento de
su incredulidad no implicó una conversión al
cristianismo y menos aún recuperar la fe
judía de su niñez. Se trató de una
maduración lenta que garantizó la
profundidad de su encuentro personal con
Cristo.
En su
búsqueda del sentido de la vida humana y de
la razón de ser del hombre, el encuentro con
Max Scheler y con Edmund Husserl fue
decisivo. La ayudaron a abrirse al campo de
"fenómenos", ante los cuales, como ella
dice, ya no le fue nunca posible cerrar los
ojos. "No en vano nos habían inculcado que
debíamos mirar a las cosas sin prejuicios,
quitándonos antes todas las lentes de los
ojos"(18).
El método fenomenológico la fue llevando
como de la mano al mundo de los valores y de
la fe pasando por la experiencia de la
finitud del ser humano. Eso la abrió al Ser
eterno.
Identificada con su pueblo
11.
Su conversión al cristianismo llevó a
Edith Stein a un redescubrimiento de sus
raíces judías y de su pertenencia al pueblo
de Israel. Además de los vínculos familiares
que volvieron a reforzarse, ella comenzó a
asumir en su vida de fe cristiana la
convicción de haber sido llamada también
para ofrecer sus sufrimientos y su vida por
su pueblo.
No fue un
camino fácil. Tuvo que aceptar el dolor que
la noticia de su conversión iba a causar a
su madre, fuertemente identificada con la fe
judía. Temía incluso ser rechazada por su
familia. Su madre no dejó de manifestarle su
extrañeza ante ese cambio. Otro tanto
hicieron sus hermanos, pero tuvieron que
respetar una decisión madurada en la
búsqueda lenta y consciente de la verdad.
Edith trató de estar cerca de su madre. Para
ello se detuvo en Breslau varios meses
.Durante ese tiempo acompañaba a su madre a
la sinagoga e incluso, el día de la
expiación observó el ayuno junto con ella.
Por otro lado, ésta quedó impresionada de la
manera de rezar de su hija.
El amor
por su pueblo y la conciencia de la misión
que el Señor le daba crecieron más cuando
comenzó a arreciar la persecución contra los
judíos. Sentía que su pertenencia al pueblo
escogido la unía a Cristo no sólo
espiritualmente sino también por los
vínculos de la sangre. Experimentó que el
destino de su pueblo perseguido era suyo
también. Hizo lo que pudo para ayudarlo.
Llegó hasta escribir al Papa pidiéndole un
documento sobre el problema del
antisemitismo. Y, ya desde 1933, comprendió
que la cruz de Cristo sería puesta sobre los
hombros del pueblo judío aunque éste no lo
comprendiese. Fue entonces cuando ella
manifestó al Señor su deseo de aceptarla en
nombre de todos los que no la percibían como
tal. Estaba convencida de su misión de
acoger en su corazón los sufrimientos de su
pueblo para ofrecerlos a Dios como
expiación: "Confío que el Señor habrá
aceptado mi vida a favor de todos. Pienso
siempre en la reina Ester que precisamente
por eso salió de su nación: para estar
delante del rey en favor de su pueblo. Yo
soy una Ester muy pobre e impotente, pero el
Rey que me ha escogido es infinitamente
grande y misericordioso"(19).
Un
puente para el diálogo judeo-cristiano
12
Nuestra hermana Edith Stein por su vida y
por su muerte tiene la misión de ser un
puente para el diálogo judeo-cristiano. El
Concilio Vaticano II reconoció el grande
patrimonio espiritual común a cristianos y
judíos y, por eso, recomendó a ambas partes
"mutuo conocimiento y aprecio, que podrá
alcanzarse principalmente por los estudios
bíblicos y teológicos y a través de diálogos
fraternales"(20).
La cruz de
Cristo, "señal del amor universal de Dios y
fuente de toda gracia",(21)
fue la experiencia espiritual que selló la
vida cristiana y religiosa de Edith Stein.
Ella dio sentido a su existencia, por eso la
incluyó en su nombre religioso: Teresa
Benedicta de la Cruz. Juan Pablo II
en su homilía del día de su beatificación la
presentó como "síntesis dramática de nuestro
siglo, síntesis rica de heridas profundas
que todavía sangran, pero para cuya
curación, hasta nuestros días, continúan
empeñándose hombres y mujeres conscientes de
su responsabilidad ...; ella fue mujer de
espíritu y de ciencia, que en la ciencia de
la cruz conoció la culminación de toda
sabiduría: una grande hija del pueblo hebreo
y una grande cristiana entre millares de
hermanos martirizados"(22).
Precisamente este modo de vivir y asumir la
cruz convierte a Edith Stein en una
interlocutora para sus hermanos y hermanas
de raza, al mostrarles que es en el amor y
en la esperanza donde el sufrimiento cobra
sentido a la luz del misterio de la fe en la
resurrección de Cristo muerto por todos.
III
EDITH STEIN, UNA MUJER SEGUIDORA DE
JESUS
13.
La conversión de Edith Stein está
profundamente ligada a la experiencia de la
cruz. Su encuentro con Cristo se realiza
precisamente a partir de ella, aunque se
orienta a todo su misterio, al grado de que
ella puede afirmar "Cristo es el punto
central de mi vida"(23).
Su pensamiento cristológico se halla
expresado en diversos escritos. Es
importante tener en cuenta que, detrás de
esas reflexiones teológicas, está una
experiencia espiritual que les da sentido.
El
descubrimiento de la persona de Jesús supone
una experiencia personal que cambia por
completo la visión de las cosas, de las
personas, de los acontecimientos. El es la
Verdad y fue desde esa perspectiva que Edith
tuvo un acercamiento a Cristo. A partir de
este contacto descubre que Jesús es el
Camino y la Vida, y se abandona en sus manos
para seguirlo cargando con la cruz de la
vida cotidiana en un abandono a la voluntad
del Padre.
Seguir
a Jesús prosiguiendo su obra
14.
La esencia de la vida cristiana es el
seguimiento de Jesús que implica renovar en
nuestra vida la experiencia de Jesús en sus
relaciones con Dios, con los demás y con la
realidad del mundo. Implica, por tanto, una
actitud de abandono confiado en el Padre,
una comunión fraterna con los demás y una
capacidad de encontrarnos con Dios y con
nuestros hermanos y hermanas en la
transformación de la creación y en
compartirla. Eso nos compromete a trabajar
por lo que trabajó Jesús y a estar
dispuestos a pasar por lo que El pasó:
incomprensión, persecución, muerte y
resurrección. Edith Stein vivió todos
estos aspectos del seguimiento de Jesús y
nos transmitió en sus escritos lo que pudo
profundizar también experiencialmente..
Edith
vivió ante todo con una actitud de abandono
y confianza en el Padre. Siguiendo a Jesús
en su relación con el "Abba" aun en medio de
la humillación, el sufrimiento y el abandono
de la cruz, ella vivió su presencia y su
amor que la sostenían en la oscuridad de la
noche de la prueba: "Yo me he sostenido y
este sostén me da calma y seguridad.
Ciertamente no es la confianza segura de sí
misma del hombre que, con su propia fuerza
se mantiene de pie sobre un suelo firme,
sino la seguridad suave y alegre del niño
que reposa sobre un brazo fuerte, es decir,
una seguridad que, vista objetivamente, no
es menos razonable. En efecto, el niño que
viviera constantemente en la angustia de que
su madre le dejara caer, ¿sería razonable?"(24).
Esta certeza del amor de un Dios Padre
la condujo también a imitar a Jesús en el
cumplimiento de su voluntad con confianza y
abandono: "Ser hijo de Dios significa:
caminar siempre de la mano de Dios, hacer su
voluntad y no la propia, poner todas
nuestras esperanzas y preocupaciones en las
manos de Dios y confiarle también nuestro
futuro. Sobre estas bases descansan la
libertad y la alegría de ser hijos de Dios"(25)
Siguiendo
a Jesús no pudo menos que experimentar las
exigencias de la fraternidad: "Si Dios es
amor y vive en cada uno de nosotros, no
puede suceder de otra manera, sino que nos
amemos con amor de hermanos. Por eso
precisamente es nuestro amor al prójimo la
medida de nuestro amor a Dios"(26).
En un
principio, después de su conversión, pensó
que debería abandonar todo para entregarse
sólo a Dios dejando de lado cualquier otra
actividad. Pronto reaccionó con la ayuda de
sus directores espirituales y comprendió que
el seguimiento de Jesús la comprometía a
colaborar con El en el advenimiento de su
Reino. En una carta escrita en 1928, ella
nos comunica este proceso de cambio que la
llevó a aceptar como parte de las exigencias
evangélicas el compromiso apostólico:
"Durante el tiempo que precedió a mi
conversión, e incluso un buen tiempo
después, tenía la convicción de que llevar
una vida espiritual significaba el abandono
de todo lo terrestre para vivir sólo en el
pensamiento de las cosas divinas.
Progresivamente aprendí a reconocer que algo
más se nos pide en este mundo y que incluso
en la vida contemplativa, el vínculo con el
mundo no se debe romper. Creo incluso, que
cuanto más profunda es la atracción que nos
conduce a Dios, mayor es el deber de 'salir
de sí', en este sentido también, es decir en
dirección al mundo para llevar allí la vida
divina"(27).
Acompañar a Cristo en el camino de la cruz
15.
Una característica del seguimiento de Jesús,
fuertemente acentuada en la experiencia
cristológica de Edith Stein, fue, sin duda,
el hecho de la presencia de la cruz y del
sufrimiento como consecuencia de ese
seguimiento. Tuvo presente, desde un
principio, a "Cristo: pobre, humillado,
crucificado y en la misma cruz abandonado
por su Padre"(28).
No podía ser de otra manera puesto que
Cristo ofreció su vida para abrir a la
humanidad las puertas de la vida eterna. Por
ello hay que morir con Cristo y con El
resucitar; "morir con la muerte del
sufrimiento que dura toda la vida, con la
negación diaria de sí mismo y, si se tercia,
con la muerte sangrienta del martirio por el
Evangelio"(29).
Esta
vivencia de la cruz en la cotidianidad la
llevó lentamente a adquirir la "ciencia de
la cruz" y a escribir su última obra
teológica con ese título; una obra que no
terminó de escribir materialmente. La
concluyó asumiendo, no en teoría, sino como
verdad viva y eficaz la cruz del martirio.
Este fue preparado a través de las cruces
que impone la existencia pobre y limitada
del ser humano con sus altibajos, con las
renuncias y la aceptación de la enfermedad,
la sequedad, la monotonía, el vacío
existencial, la convivencia, las pruebas y
tentaciones. "La cruz es el símbolo
de todo lo difícil y pesado, y que resulta
tan opuesto a la naturaleza que, cuando uno
toma esta carga sobre sí, tiene la sensación
de caminar hacia la muerte. Y ésta es la
carga que ha de llevar diariamente el
discípulo de Cristo"(30).
El sentido
de la cruz lo encuentra Edith en el amor y
en la expiación unida a la de Cristo. El
murió en la cruz por amor y por ello esta
realidad, que es escándalo para los judíos y
absurdo para los griegos (cf. 1 Cor 1,23),
se transforma en signo del amor de Dios
hacia la humanidad. De allí proviene la
fuerza para vivir el mandamiento del amor al
prójimo hasta sus últimas consecuencias(31).
Lo que da valor a nuestras cruces y
sufrimientos es el asumirlos en comunión con
Cristo crucificado que nos va llevando a
través de su pasión y de su cruz a la gloria
de la resurrección(32).
16.
La cruz de Cristo, vivida en solidaridad con
todos los que sufren, es también un camino
para participar de los gozos y esperanzas,
de las tristezas y angustias de la humanidad
con la certeza de la vida y de la
resurrección. Sufrir con Cristo es entrar en
comunión con todos los que sufren en el
camino arduo y difícil de la vida para
aliviar sus sufrimientos y para darles la
esperanza segura del triunfo definitivo del
bien y del amor: "Cada uno de los que a lo
largo de la historia han cargado con un
destino difícil en memoria del Redentor
sufriente, o bien voluntariamente tomaron
sobre sí la expiación del pecado, han
ayudado con ello al Señor a cargar con su
yugo y han disminuido, en parte, el peso
brutal del pecado de la humanidad"(33).
Tenemos en
Edith Stein un modelo de compromiso en el
seguimiento de Jesús aceptando las cruces de
la vida: la cruz de nuestra limitación
humana, la cruz de luchar contra el
sufrimiento, la cruz de la solidaridad con
los que sufren, la cruz de trabajar por un
mundo de justicia y de paz. Edith concretizó
en su vida la experiencia paulina de perder
todo para ganar a Jesús y de considerar todo
basura en comparación con El y de anunciar
la cruz de Cristo como único camino de
salvación: "pues el lenguaje de la cruz es
locura para aquellos que se pierden, pero
para aquellos que se salvan, para nosotros,
es poder de Dios" (1 Cor 1,18), y "por causa
de Cristo todo lo que consideraba ganancia
lo considero ahora pérdida. Más todavía,
considero todo pérdida delante del bien
supremo que es el conocimiento de mi Señor
Jesucristo. Por su causa perdí todo y
considero todo como basura, a fin de ganar a
Cristo y estar con El" (Flp 3,7-8).
IV
EDITH STEIN, HIJA DE TERESA DE JESUS
Y DE JUAN DE LA CRUZ
17.
Desde el momento de su conversión a
Cristo, Edith Stein pensó en la posibilidad
de consagrarse a El en el Carmelo. Por
obediencia a sus confesores retrasó su
ingreso en un monasterio teresiano. Estos le
hicieron ver la importancia apostólica que
podía tener su trabajo magisterial. Sólo
después de más de once años vio con claridad,
en un discernimiento orante, que había
llegado el momento esperado de consagrarse a
Dios en la vida contemplativa del Carmelo.
Había vivido la convicción profunda de que
toda su vida, hasta los más mínimos detalles,
estaba inserta en un plan de Dios y que sólo
El conocía su significado más completo(34),
y ahora se le manifestaba una parte del
mismo a través de las mediaciones humanas: "El
cambio político fue para mí una señal de que
ya podía seguir el camino que desde hacía
tiempo veía como el mío... Entré en el
convento de las carmelitas, convirtiéndome
en una hija de Santa Teresa. Ella fue la que
me condujo a la conversión"(35).
Era el 14 de octubre de 1933 cuando
ingresaba en el Carmelo de Colonia que
contaba entonces con 21 monjas.
Un
cambio profundo de vida: perder para ganar
18.
De repente, para Edith, que tenía entonces
42 años de edad, la estructura de vida
cambió. Dejaba detrás de sí un mundo de
actividades académicas e intelectuales,
grandes amistades y su familia y entraba en
el pequeño espacio de un monasterio
contemplativo con todas las limitaciones que
necesariamente impone. Debió abrirse a un
mundo de ritos, costumbres y ceremonias que,
herencia del pasado, complicaban la vida de
las monjas. A pesar de que en el Carmelo de
Colonia había un buen nivel cultural, el que
ella había adquirido en sus largos años de
estudio y de magisterio era muy superior.
Edith tuvo que esforzarse mucho para
asimilar ese cambio radical de vida: de una
organización personal a una organización
comunitaria marcada por la observancia
regular; del magisterio al trabajo manual;
de la experiencia de concentrarse en lo
esencial a la necesidad de tomar en cuenta
los detalles.
En sus
cartas y otros escritos ella manifiesta lo
que significó para ella este nuevo esquema
de vida y de actividades. Con esfuerzos de
adaptación y aceptando perder muchas cosas
de valor ganó la riqueza de una vida
centrada en la oración y en la experiencia
de Dios en el silencio y en la soledad de
una comunidad orante al servicio del Reino
de Dios: "Nuestro horario nos asegura horas
de diálogo en soledad con el Señor, y en
ello se fundamenta nuestra vida ... Lo que
Dios realiza en nuestras almas en las horas
de oración, permanece escondido a la mirada
de los hombres. Es gracia sobre gracia. Y
todas las demás horas de la vida son una
acción de gracias por ello"(36).
19.
El P. Provincial de los Carmelitas Descalzos
de Alemania, Fr. Theodor Rauch, estuvo
presente el día de la toma de hábito de
Edith, el 15 de abril de 1934.
Inmediatamente después de esa ceremonia
realizó la visita pastoral del monasterio y
decidió que la hermana Teresa Benedicta de
la Cruz (ese fue el nombre que ella escogió
como carmelita) volviera a dedicarse al
trabajo científico en la medida en que sus
deberes como carmelita se lo permitiesen.
Fue así como el Señor la condujo a retomar
sus trabajos filosóficos y a escribir muchos
otros estudios y reflexiones, tanto en
Colonia como más tarde en el monasterio de
Echt. Revisó y terminó un libro publicado en
estos días(37):
Akt und Potenz (Acto y Potencia).
También concluyó el libro Endliches und
ewiges Sein (Ser finito y ser eterno).
Más tarde, en Echt, escribirá su obra
inconclusa Kreuzeswissenschaft (La
ciencia de la cruz).
Este tipo
de trabajo, que constituía una cierta
excepción, no dejó de causarle algunos
problemas en la comunidad, y significó para
ella un doble esfuerzo para conservarse fiel
a lo fundamental de su vida contemplativa
aun en los pequeños detalles de la
organización comunitaria. Ella, que podría
considerarse una mujer moderna y abierta a
horizontes más amplios que los de un pequeño
grupo de mujeres consagradas viviendo al
interior del espacio reducido de una
clausura, no dejó, sin embargo, de ser fiel
a los compromisos asumidos aunque eso
significara para ella un grande sacrificio.
A este propósito escribe: "Para las
carmelitas, en sus condiciones de vida
cotidiana, no existe otra posibilidad de
responder al amor de Dios sino es cumpliendo
sus obligaciones diarias, hasta las más
pequeñas, con fidelidad; como un pequeño
sacrificio, que exige de un espíritu vital
la estructuración de los días y de toda la
vida, hasta en sus detalles más pequeños, y
esto llevado con alegría en el día a día y
año a año; presentando al Señor todas las
renuncias que exige la convivencia constante
con personas totalmente distintas, con una
sonrisa de amor; no dejando escapar ninguna
ocasión de servir a los demás con amor. A
todo ello hay que añadir, finalmente, lo que
el Señor pide a cada alma como sacrificio
personal"(38).
A unos cuantos meses de su profesión
definitiva escribe a una amiga: "Puedo estar
contenta de mi profesión en abril. Pero es
bueno que no sea necesario que ya esté todo
a punto, porque tengo la sensación de que el
noviciado propiamente hablando ha empezado
sólo hace poco, desde que la adaptación a
las circunstancias externas - ceremonias,
costumbres y cosas parecidas - ya no consume
tanta energías"(39)
Un nuevo
esfuerzo de adaptación a la vida comunitaria
tuvo que vivir Teresa Benedicta de la Cruz
cuando, el 31 de diciembre de 1938, se
transfiere al convento holandés de Echt,
fundación que había salido del Carmelo de
Colonia y que contaba entonces con 14
hermanas de coro y 4 de las entonces
llamadas conversas o de velo blanco. También
aquí sabrá combinar su trabajo intelectual -
en gran parte en favor de la formación de
sus hermanas - con el de los oficios comunes
en un monasterio de clausura. En Echt
terminará ofreciendo su vida por la paz:
"Querida Madre, permítame ... el ofrecerme
en holocausto al Corazón de Jesús para pedir
por la verdadera paz ... Sé que soy nada,
pero Jesús lo quiere, y El llamará aún a
muchos más en estos días"(40).
De Echt saldrá el 2 de agosto de 1942 para
morir en una cámara de gas, en
Auschwitz-Birkenau, siete días después, el 9
de agosto.
Hija y
discípula de Teresa de Jesús y de Juan de la
Cruz
20.
En Teresa de Jesús, Edith Stein encontró el
mismo amor que ella tenía por la verdad, y
de ella aprendió sobre todo el sentido de la
oración como diálogo de amistad con Dios, su
dimensión cristocéntrica y apostólica. Para
Edith las horas de oración eran el punto
central de la vida de la carmelita. Todo lo
que ella puede hacer o construir tiene que
partir de allí: "aquí encuentra descanso,
claridad y paz; aquí se solucionan todas las
dudas y problemas; aquí se conoce a sí misma
y lo que Dios espera de ella; aquí puede
presentar sus peticiones y alcanzar los
tesoros de la gracia que generosamente puede
compartir con los otros"(41).
Edith
Stein profundiza la dimensión cristocéntrica
de la oración teresiana. Sobre todo presenta
la vida de oración de Jesús como la clave
para comprender la oración de la Iglesia. El
nos enseña una oración de alabanza al Padre
y a vivir la oración como entrega a su amor.
Cristo nos une a su entrega por la salvación
del mundo haciéndonos participar de su cruz.
Es de esa comunión con la pasión, muerte y
resurrección de Cristo de donde brota la
fuerza apostólica de la oración
contemplativa: "Esto es lo que se propone
fundamentalmente toda vida religiosa pero
sobre todo la vida carmelitana: interceder
con el sufrimiento voluntario y alegre en
favor de los pecadores y así colaborar en la
salvación de la humanidad"(42).
El influjo
de San Juan de la Cruz es también evidente
en la vida y en algunos escritos de Teresa
Benedicta de la Cruz. Ella quedó impactada
por la experiencia que de la noche tuvo el
santo en la cárcel de Toledo. A partir de
ella interpreta las "noches" sanjuanistas en
clave de abandono: Dios hace experimentar su
abandono al ser humano para que éste se
abandone a El en la oscuridad de la fe, como
único camino para llegar a la unión con el
Dios incomprensible(43).
Edith
Stein utiliza igualmente la imagen de la
"noche oscura" para interpretar la realidad
histórica de su tiempo. Lo que hoy se suele
llamar pecado estructural, ella lo llama
"noche de pecado". Expresa con ello la
oscuridad de una época sellada por la guerra
mundial y todas sus secuelas. También aquí
hay que abandonarse en Dios; dejar que Dios
sea un Dios incomprensible y confiar
ciegamente en su bondad y misericordia que
nos acompaña en medio de la oscuridad: "...
cuanto más profundamente esté sumergida una
época en la noche del pecado y en la lejanía
de Dios, tanto más necesita de almas que
estén íntimamente unidas a El. Pero aún en
esas situaciones Dios no nos abandona. Desde
la noche más oscura surgen las grandes
figuras de los profetas y los santos, aún
cuando, en gran parte, la corriente
vivificante de la vida mística permanece
invisible"(44).
Con la
mano en la mano del Señor
21.
Al iniciar la homilía de la beatificación de
Edith Stein en Colonia, en 1987, Juan Pablo
II la saludó como "hija del pueblo hebreo,
llena de sabiduría y fuerza. Crecida en la
dura escuela de la tradición del pueblo de
Israel, se distinguió por una vida en la
virtud y en la abnegación de su propia Orden
y demostró su ánimo heroico en el camino
hacia el campo de concentración"(45).
En estas frases encontramos la síntesis de
la vida apasionante de una mujer de nuestro
tiempo, buscadora incansable de la verdad,
que supo perder varias veces para ganar
evangélicamente: perdió sus convicciones
ateas para ganar la luz de la fe; perdió su
familia y su pueblo para encontrarlos en su
seguimiento de Jesús entregando su vida
también por ellos; en su vida de carmelita
contemplativa, llegó a la meta de ese camino
evangélico centrándose en el único absoluto
guiada por la lógica evangélica de perder
para ganar. Y, al final, supo hacer realidad
en el martirio la advertencia de Jesús:
"quien quisiere salvar su vida la perderá,
pero quien pierde su vida por mi causa y la
del Evangelio la salvará" (Mc 8,35).
En todo
ese largo itinerario detrás de las huellas
de Jesús, camino, verdad y vida, vivió en un
abandono confiado en el Señor colocando,
como ella decía, su mano en la de El para
dejarse guiar por su amor a través de los
vericuetos difíciles y desconocidos de su
vida y de la historia. Y esto con una
colaboración activa, libre y responsable,
iluminada por la ciencia de la cruz que
lleva a la comunión con El: "de esta forma
se encuentran indisolublemente unidos la
propia perfección, la unión con Dios, el
trabajo para que el prójimo alcance la unión
con Dios y la perfección. Y el camino para
todo ello, la cruz. Y la predicación de la
cruz sería vana si no fuera la expresión de
una vida unida a Cristo crucificado"(46).
El hombre
y la mujer de hoy que con una grande
nostalgia de Dios buscan ansiosamente la
verdad en un mundo de corrientes ideológicas
y religiosas pueden encontrar en la
experiencia y en las enseñanzas de Teresa
Benedicta de la Cruz una respuesta
iluminadora: la de una mujer de nuestro
tiempo, que caminó en la noche del drama de
nuestro siglo, inquieta y sedienta siempre
de la verdad hasta que finalmente encontró a
Cristo y con El, el sentido de la vida y la
paz tanto tiempo anhelada.
Roma, 9
de agosto de 1998
Memoria de la B. Teresa Benedicta de la Cruz
Fr. Camilo Maccise, OCD,
Prepósito General
Fr. Joseph Chalmers, O. Carm., Prior General
-----
PARA LA
REFLEXION PERSONAL Y COMUNITARIA
1. ¿Cuál
consideras que es la principal enseñanza de
la vida de Edith Stein?
2. ¿Cuál
de los aspectos de la vida de Edith Stein te
parece más actual ante los desafíos de la
nueva evangelización? ¿Por qué?
3. ¿Qué
nos enseña Edith Stein para nuestra vida
carmelitana religiosa y apostólica en la
dinámica evangélica de perder para ganar?
4. ¿Cuál
es el principal mensaje de Edith Stein para
la mujer consagrada hoy en la Iglesia y en
la sociedad?
5. ¿Qué
pueden aportar la experiencia y la doctrina
de Edith Stein para el diálogo
judeo-cristiano y para el diálogo ecuménico
en general?
6. ¿Cómo
vivir hoy en nuestra vida personal y
comunitaria la "ciencia de la cruz" a la luz
del testimonio existencial de Edith Stein?
--------
NOTAS
1. Vita
consecrata, 58. Cf. 57.
2. Brief 23.3.1938, en Edith Stein
Werke IX (Freiburg, 1977), p. 102.
3. Edith Stein, Kreuzeswissenschaft.
Studie über Joannes a Cruce, en Edith
Stein Werke I (Freiburg - Basel - Wien)
p. 145.
4. Así lo relata, en forma autobiográfica,
su primera biógrafa Teresia Renata de
Spiritu Sancto Posselt, in Edith Stein.
Lebensbild einer Philosophin und Karmelitin,
Nürnberg, 1948, p. 28.
5. Neue Bücher über die hl. Teresia von
Jesus, en Edith Stein Werke, XII,
p. 191.
6. Positio, p. 191.
7. Así lo relata Teresia Renata a Spiritu
Sancto Posselt, poniendo estas palabras en
la boca de Edith, en la 7ª edición de su
biografia, ya citada en la nota 4. (Nürnberg,
1954, p. 68)
8. Brief, diciembre 1941 en Edith Stein
Werke IX, Druten-Freiburg, 1977, p.
167.
9. E. Stein, Kreuzeswissenschaft. Studie
über Joannes a Cruce (Louvain-Freiburg
1954) p. 165.
10. Brief 12.2.1928, en Edith
Stein Werke VIII, (Druten-Freiburg 1976)
p. 54.
11. E. Stein, Beruf des Mannes und der
Frau nach Natur- und Gnadenordnung, en
Edith SteinWerke, vol. V (Louvain-Freiburg,
1959) p. 28.
12. E. Stein, Die Bestimmung der Frau,
en Edith Stein Werke XII (Freiburg,
1990) p. 116.
13. E.Stein, Beruf ... p. 23.
14. E.Stein, Das Ethos der Frauenberufe,
en Edith Stein Werke V (Louvain-Freiburg,
1959) p. 11.
15. E. Stein, Beruf... p. 29.
16. Cf. Ib.
17. Cf. E. Stein, Aufgaben der
katholischen Akademikerinnen der Schweiz,
en Edith Stein Werke V (Louvain-Freiburg,
1959) p. 225.
18. E. Stein, Aus dem Leben einer
jüdischen Familie, en Edith Stein
Werke VII (Louvain-Freiburg, 1987) pp.
229-230.
19. Brief 31.10.1938, en Edith
Stein Werke IX (Freiburg, 1977) p. 121.
20. Nostra aetate, 4.
21. Ib.
22. Juan Pablo II, Homilía, Colonia,
1 mayo 1987, en Verlautbarungen des
Apostolischen Stuhles nº 77, Bonn,
25-32, nn. 9.8.
23. Brief 13.12.1925, en Edith
Stein Werke XIV (Freiburg, 1991) p.
168.
24. E. Stein, Endliches und ewiges Sein,
en Edith Stein Werke II (Louvain-Freiburg,
1986) p. 57.
25. E. Stein, Das Weihnachtsgeheimnis,
en Edith Stein Werke XII (Freiburg,
1990) p. 202.
26. E. Stein, Das Weihnachtsgeheimnis,
p. 201.
27. Brief 12.2.1928, en Edith
Stein Werke VIII (Louvain-Freiburg,
1976) p. 54.
28. E. Stein, Kreuzeswissenschaft, en
Edith Stein Werke I (Louvain-Freiburg,
1983) pp. 106-107.
29. Id. p. 12.
30. Id. p. 11
31. Cf. Id. p. 264.
32. Cf. Id. p. 165.
33. E. Stein, Kreuzesliebe, en
Edith Stein Werke XI (Freiburg, 1987) p.
122.
34. Cf. Endliches und Ewiges Sein,
pp. 109-110
35. Brief 17.10.1933, en Edith
Stein Werke IX (Freiburg, 1977) p. 189.
36. E. Stein, Über Geschichte und Geist
des Karmel, en Edith Stein
Werke XI (Freiburg, 1987) p. 8.
37. Edith Stein Werke XVIII (Freiburg,
1998). Este libro fue ideado como
Habilitationsschrift (para conseguir una
cátedra de filosofía).
38. E. Stein, Über Geschichte und Geist
des Karmel, en Edith Stein Werke
XI (Freiburg, 1987) p. 8-9.
39. Brief 15.12.1934, en Edith Stein
Werke IX (Freiburg, 1977) p. 26.
40. Brief 26.3.1939, en Edith
Stein Werke IX (Freiburg, 1977) p. 133.
41. E. Stein, Eine Meisterin der
Erziehungs- und Bildungsarbeit: Teresia von
Jesus, en Edith Stein Werke XII (Freiburg,
1990) p. 180.
42. Brief 2. Weihnachtstage 1932, en
Edith Stein Werke VIII (Louvain-Freiburg,
1976) p. 125.
43. E. Stein, Kreuzeswissenschaft, en
Edith Stein Werke I (Druten-Freiburg,
31983) p. 107.
44. E. Stein, Verborgenes Leben und
Epiphanie, en Edith Stein Werke
XI (Freiburg, 1987) p. 145.
45. Juan Pablo II, Homilía, Colonia 1
mayo 1987, en Verlautbarungen des
Apostolischen Stuhles nº 77, Bonn,
25-32, nº 1.
46. E. Stein, Kreuzeswissenschaft, en
Edith Stein Werke I (Druten-Freiburg,
31983) pp. 252-253
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