Curia Generalizia dei Carmelitani Scalzi -
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Fr. Joseph Chalmers, O.Carm., Prior
Generalr. Camilo Maccise, O.C.D.,
Prepósito General
PARA CRUZAR
LA PUERTA SANTA
Vayamos como
hermanos y hermanas al encuentro del nuevo
milenio
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Introducción
"Con la mirada puesta en el misterio de
la encarnación del Hijo de Dios, la
Iglesia se prepara para cruzar el umbral
del tercer milenio",
para ir al encuentro de su Señor con una
renovada fidelidad generosa y sostenida
por la esperanza del encuentro último y
definitivo. "Es como una invitación a
una fiesta nupcial" ha definido el Papa
esta celebración jubilar:
son las bodas de Dios con la humanidad,
a través de la encarnación de su Hijo en
el tiempo. "Dios puso su tienda en medio
de nosotros" (Jn. 1,14), para morar y
dialogar con nosotros; para liberarnos
de toda esclavitud, para enseñarnos el
camino de la solidaridad y del servicio.
También para nosotros de la gran familia
del Carmelo (religiosos/as-laicos) este
evento debe ser vivido como un momento
de gracia, un paso que nos renueva en la
fidelidad creativa. Los grandes temas
del Jubileo, como la peregrinación, la
puerta santa, la purificación de la
memoria, el testimonio de los mártires,
la nueva solidaridad profética, tienen
vivas resonancias en nuestro corazón y
en nuestra fe.
Estamos invitados a volver a la
sobriedad esencial de la Regla
como hicieron nuestros santos y nuestras
santas, promotores e inspiradores de
refundaciones y renovaciones. Queremos
invitaros a mirar al pasado y al
presente, pero sobre todo al futuro
hacia el cual nos guía el Espíritu a
través de los desafíos de los signos de
los tiempos y de los lugares.
I
MIREMOS A NUESTROS FUNDADORES
1. Una historia dinámica
En los orígenes de nuestra Orden no ha
habido una figura carismática solitaria.
Ha habido un grupo de peregrinos, que
después de haber dejado el Occidente
para ponerse "al servicio del Señor",
han querido compartir aspiraciones y
experiencias, reagrupándose en las
faldas del monte Carmelo. En un contexto
de grandes fervores por una renovación
radical de la Iglesia en el seguimiento
de Cristo pobre y maestro de fraternidad,
el itinerario hacia la Tierra santa y la
permanencia en aquellos lugares era, en
el siglo XII, la forma suprema de una
recomposición de los ideales.
El
colocarse acá y allá en uno de los
lugares significativos para la historia
de la salvación, comprometía a una
relectura de los grandes eventos y de
las grandes figuras conectadas a los
diversos lugares. Así se entiende un
testimonio histórico que habla de los
Carmelitas:
"Otros vivían imitando el ejemplo del
santo y solitario profeta Elías, como
ermitaños, en el monte Carmelo que se
eleva junto a la ciudad de Porfiria « y
Haifa » cerca de la fuente llamada de
Elías, no lejos del monasterio de la
beata virgen Margarita. Vivían en
soledad, cada uno por su propia cuenta,
en grutas como celdillas, donde, como
las abejas, melificaban la divina miel
de la dulzura espiritual... este monte
Carmelo, en el cual moró Elías, está
situado en las proximidades del mar a
cuatro millas de Acre".
He ahí nuestro origen. Nuestros padres
eran guiados por un propositum de
seguimiento generoso de Jesús. Este es
se concretizaba en una forma comunitaria
inspirada en la meditación continua y
orante de la Palabra, del diálogo y del
discernimiento común, del trabajo manual
y del servicio mutuo, de la comunión de
bienes, de la sobriedad y sencillez de
estructuras y de espacios, de la
centralidad de la eucaristía en el lugar
de oración. La tradición espiritual -ya
presente también en aquel lugar, a
través de los precedentes asentamientos
de los monjes bizantinos - se mantenía
viva con diversos medios: la oración de
los salmos, la mortificación corporal,
la purificación del corazón, la lucha
espiritual, la soledad, la amplia
flexibilidad en las prescripciones, y la
espera vigilante de la vuelta del Señor.
En la emigración forzada hacia Europa
este propositum se conservó con
la asociación en las nacientes familias
de los frailes mendicantes. Esto
permitió elaborar sabias adaptaciones
del núcleo carismático inspirador sin
comprometer las grandes intenciones
orientadoras. El proceso de
desenraizamiento de Palestina y de
reinserción en Europa requirió opciones
valerosas y una fidelidad dinámica.
2. Dinamismo para afrontar nuevos
desafíos
LISTNUM ParaNumbers2 \l 18.
El Carmelo tuvo que enfrentar nuevos
desafíos en los siglos XV-XVII, cuando
se realiza el gran cambio de la
modernidad, al imponerse la racionalidad
y al aflorar de una nueva dignidad de la
persona y de su autonomía. Surgieron en
este tiempo numerosas "reformas" que
desde el principio del 1400 propusieron
una vuelta al ideal primitivo. Nacieron
nuestras comunidades contemplativas
femeninas y crecieron formas asociativas
entre laicos atraídos por la vida de los
Carmelitas. Pertenece también a este
tiempo la progresiva extensión de la
devoción Mariana en formas populares y
el multiplicarse de iniciativas
culturales y sociales a la sombra de
nuestros conventos.
Entre todos los movimientos de
renovación hay que subrayar el de Teresa
de Jesús ayudada por Juan de la Cruz.
Más que de una "reforma" ha sido una
verdadera "refundación". Su magisterio
espiritual y su actividad de fundadores
de "conventos y monasterios reformados"
han sido en estos siglos modelo e
inspiración para toda la Orden
carmelitana. Además, para el Carmelo de
la rama antigua han sido muy fecundas
tanto la reforma de Touraine, que ha
dado místicos y renombrados escritores
espirituales, como el rol desempeñado
por María Magdalena de Pazzi, con su
ardiente pasión por la Iglesia y su
experiencia mística, provenientes de la
escritura y de la liturgia.
3. Una nueva toma de conciencia
Este último siglo nos ha ayudado, con
sus cambios rápidos y profundos, a tener
una creciente conciencia de nuestro
carisma y de nuestra espiritualidad. Al
final de un siglo señalado por la
secularización, por la búsqueda de la
justicia y de la libertad y de la
globalización, se está imponiendo
también una irrupción planetaria de la
necesidad de espiritualidad e incluso de
experiencia mística.
Es precisamente en el horizonte de esta
sensibilidad que aparece con extrema
claridad en el ocaso del siglo, que
podemos interpretar la recomprensión,
por parte de la familia carmelitana, de
su carisma y de su misión. Han
contribuido a esta nueva visión
numerosas grandes figuras de escritores
e historiadores de la vida espiritual.
Pero es sobre todo el ejemplo de vida y
el magisterio doctrinal de la Santas
Teresa del Niño Jesús, Doctora de le
Iglesia y de Edith Stein, del beato Tito
Brandsma y de la beata Isabel de la
Trinidad, que nos ayudan a profundizar y
a tratar de inculturar el carisma
carmelitano.
Ellos, de hecho, han sentido los nuevos
problemas emergentes y los han señalado.
Recordamos algunos de ellos: la
espiritualidad más ordinaria y la sed de
fraternidad más universal, el misterio
de la Trinidad y el desafío de la
cultura, un nuevo rostro de Iglesia y la
memoria de nuestra raíz hebrea, la nueva
comunicación y la conciencia de la
dignidad femenina, el diálogo con las
religiones y una nueva teología de la
cruz y del martirio, la centralidad del
Salvador y la libertad del cristiano
maduro. Nos han señalado nuevos enfoques
y nuevo lenguaje, inspirados en nuestro
gran patrimonio, elocuentes a las nuevas
generaciones.
A lo largo de todo un siglo, tanto en
una como en la otra tradición
carmelitana de vida y de historia, se ha
encontrado así de nuevo la riqueza de
los orígenes, la Regla, la tradición
Mariana, la eliana, la praxis pastoral.
Felizmente se ha recuperado la
originalidad de la "refundación
teresiana", sin negar su continuidad con
los elementos vitales de los cuatro
siglos anteriores a ella. Hemos tenido
también la gracia de la celebración de
varios centenarios y la inscripción en
el catálogo de los santos o de los
beatos o de los doctores a hermanos y
hermanas nuestras. Este largo camino nos
coloca de frente a una gran empresa: la
llamada a responder con fidelidad
creativa al Señor que habla a nuestros
corazones en los signos de los tiempos y
de los lugares en el umbral del tercer
milenio.
II
CRUZAR EL UMBRAL DEL NUEVO MILENIO CON
IDENTIDAD RENOVADA
Uno de los grandes símbolos más
evocativos del Jubileo es el atravesar
la puerta santa. El primero que
la cruzará será el Papa en la noche de
la próxima Navidad, "mostrando a la
Iglesia y al mundo el Santo Evangelio,
fuente de vida y de esperanza para el
próximo tercer milenio".
Todos llegaremos a la "puerta santa"
como peregrinos, y cruzándola
cumpliremos un ulterior paso con toda la
humanidad hacia el encuentro definitivo
con Cristo Señor.
Son gestos y símbolos que nos evocan
valores vitales que han señalado nuestra
identidad, y la deben todavía animar y
orientar. Expresiones como:
peregrinación, noche, encuentro con
Cristo, puerta de la vida, y también
purificación de la memoria, martirio,
reconciliación con Dios y con la
comunidad, gozosa fraternidad, cántico
de liberación, y otras, han
caracterizado las épocas más vivas de
nuestra espiritualidad, y que todavía
permanecen como fuente de inspiración.
Cruzando aquel umbral, llevamos nuestra
memoria histórica y recorremos algunas
direcciones para entrar, con identidad
bien definida, en este nuevo milenio.
Las señalamos para orientarnos en este
camino.
1. Vivir en peregrinación. La
experiencia de la peregrinación está sin
duda enraizada en nuestra historia.
Debemos volver continuamente a ella:
ponernos en camino hacia la periferia,
hacia otra situaciones socio-culturales
para explorar nuevas posibilidades de
encuentros, de testimonio y de servicio.
La sabiduría orientadora de nuestra
espiritualidad nos señala metas precisas
y adecuados métodos, para vivir la
libertad cristiana y ponernos al
servicio de nuestros hermanos y de
nuestras hermanas.
2. Fieles a la gran tradición. Un
aspecto muy evidente desde nuestros
orígenes, ha sido el enraizamiento en la
gran tradición espiritual del
monaquismo. Esto ha dado origen a la
búsqueda de relaciones vitales con el
profeta Elías, presentado en el
documento post sinodal Vida
consagrada como "modelo de vida
religiosa monástica" y como "profeta
audaz y amigo de Dios".
La Regla asume fielmente la
sabiduría espiritual, ascética y orante
del monaquismo clásico. La intensa
devoción a Santa María del Monte Carmelo
tiene una sensibilidad partrística y
monástica: se piense en los títulos de
Madre, Patrona, hermana, virgen
purísima. La nueva interpretación de
la Regla, que tratamos de releer
a partir de los diversos contextos
geográfico-culturales, puede ser un
modelo para aplicar también a otros
sectores de nuestra vida y
espiritualidad.
3. Centrados en Cristo. El
Cristocentrismo esencial de la Regla,
que se ha expresado siempre a partir de
la frase "in obsequio Jesu Cristi",
connota toda la Regla y sus
perspectivas, como movimiento
estructural interno, y como prospectiva
escatológica en el texto que concluye
después aludiendo a la vuelta del Señor
juez y salvador.
Esta impostación ha tenido en estos ocho
siglos, notables ampliaciones, y también
preciosos enriquecimientos. Todos
nuestros grandes maestros, desde Teresa
de Jesús a Juan de la Cruz, desde María
Magdalena de Pazzi a Teresa de Lisieux,
de Edith Stein a Tito Brandsma, han
tenido una pasión particular por la
búsqueda del rostro del Señor para el
diálogo de corazón a corazón con El,
para la elaboración de un lenguaje nuevo,
necesario para describir el recorrido de
la plena transformación en Dios. Según
las sensibilidades lingüísticas, éticas
y espirituales de los lugares y de los
tiempos, las diferentes generaciones de
frailes y monjas carmelitas han
contribuido a mantener como central el
misterio de Cristo en los modelos de
santidad y a explorar las insondables
riquezas de su encarnación. También
nosotros estamos invitados a continuar
estas experiencias y a vivirlas en
diálogo con nuestra tradición espiritual
y con la religiosidad popular.
4. La meditación constante de la
Palabra del Señor. La meditación de
la Palabra es otra estructura vital del
proyecto carmelitano de una vida en el
seguimiento de Cristo. Las expresiones "meditantes"
y "vigilantes" expresan el movimiento
del leer y meditar, del orar y del
reconocer con los ojos del corazón la
presencia del Señor en su Palabra y en
todos los acontecimientos.
Este "meditar la Palabra del Señor", en
la escuela de la Regla retomada
por Teresa de Jesús y por otros místicos
del Carmelo, prepara a la oración como
diálogo de amistad con Dios y a la
contemplación como unión con El, Palabra
de Dios encarnada. Nuestro carisma
contemplativo y la renovada praxis de la
"lectio divina", tienen por conseguirlo
todo desde un diálogo serio con las
nuevas hermenéuticas y las nuevas
lecturas. La Palabra de Dios en la
Escritura se convierte, en el encuentro
contemplativo, en Palabra de Dios en
nosotros para ser unida con la Palabra
de Dios en la vida. Debemos vivir esta
lectura de la Palabra no solamente para
nosotros, sino también para expresarla
en las escuelas de espiritualidad, en
encuentros de "lectio divina", en una
metodología pastoral que enseñe al
pueblo de Dios un enfoque existencial,
contemplativo y orante de las riquezas
de la Palabra.
5. La interpelación de la sed de
espiritualidad. Nuestra tradición
espiritual está provocada de modo
saludable por el fenómeno de una sed de
espiritualidad, tantas veces encarnado
en un espiritualismo. A la luz de
la experiencia y de la doctrina de
nuestros santos, estamos invitados a dar
indicaciones y propuestas prácticas, a
ofrecer pistas de solución, a actuar un
discernimiento evangélico, para superar
el riesgo de experiencias superficiales
de lo sagrado. Estamos llamados a vivir
una espiritualidad vital y encarnada,
inculturada en las diversas realidades y
que sea no sólo teoría sino experiencia
de vida hecha de solidaridad con toda
las personas y con sus gozos y
esperanzas, tristezas y angustias.
6. La vida fraterna en comunidad y el
compromiso apostólico. El proyecto
de una fraternidad acogedora y
respetuosa, orante y solidaria, pobre y
flexible, aparece evidente en la
Regla así como en la refundación
teresiana. Hoy estamos en condición de
entender mejor el valor de aquel modelo
original y de apreciarlo. Percibimos al
mismo tiempo también nuevos retos para
una fraternidad auténtica, abierta a
dimensiones más globales de solidaridad,
de hacer crecer una "espiritualidad de
comunión"
que se dilata en los horizontes de la
evangelización de los pueblos, pasión de
nuestros santos. Teresa de Jesús
consagra toda su vida y su obra a esta
dimensión apostólica de la oración.
Teresa del Niño Jesús desea evangelizar
en toda las épocas y más allá de su
existencia terrena. Tito Brandsma
defiende la dignidad y la libertad de
las personas contra toda idolatría
racista o ideología. Edith Stein vive la
disponibilidad a compartir el destino
trágico del pueblo hebreo amenazado por
la violencia de la Shoah ("Holocausto").
III
ORIENTACIONES PRACTICAS PARA CRUZAR EL
UMBRAL DEL NUEVO MILENIO
La evocación simbólica del "cruzar el
umbral" abre delante de nosotros nuevos
desafíos y nuevos horizontes. Os
invitamos a considerar algunos.
1. Fidelidad creativa: peregrinos
hacia la autenticidad. Somos
herederos de una larga y rica tradición
que ha nutrido muchos santos. Al
atravesar el umbral de un nuevo milenio
estamos llamados a permanecer fieles a
esta tradición espiritual y al mismo
tiempo a reinterpretarla de un modo
creativo para las generaciones futuras
para que puedan continuar dando vida y
conducir a muchos a través de la noche
donde el amante se transforma en el
Amado.
2. Caminando con María, Madre y
hermana. María es una constante
presencia en el Carmelo. Ella nos guía y
nos acompaña para seguir las huellas de
Cristo su Hijo. Nos enseña a reflexionar
en nuestros corazones todo lo que
acontece, a alabar a Dios por lo que se
realiza en nosotros y a través de
nosotros. Entrando en el nuevo milenio,
afrontamos el desafío de presentar a
María a las nuevas generaciones de un
modo que pueda ser proclamada todavía
bendita. Esto requiere de nosotros
meditar profundamente los valores
centrales de nuestras devociones
marianas tradicionales , para ser
capaces de ofrecer modos de
relacionarnos con la Madre de Dios que
habla a los corazones de la gente en
medio a la cual vivimos.
3. Lectio divina: caminar con la
Palabra. Toda la Iglesia ha
redescubierto en los últimos años los
antiguos tesoros de la lectio divina que
guía a muchos a las alturas de la
contemplación. La Palabra de Dios,
reflexionada y orada, debe ser el
acompañamiento de todo lo que nosotros
hagamos.
Muchos Carmelitas del medioevo eran
conocidos como "maestros de la Sagrada
Página". Es la Palabra de Dios la queda
vida. Sumerjámonos en esta Palabra para
poder convertirnos en una palabra de
vida para los demás. "Una Palabra habló
el Padre que fue su Hijo, y esta habla
siempre en eterno silencio, y en
silencio debe ser oída del alma".
4. Vocaciones: entrar en otros
contextos. Al igual que la mayoría
de las Ordenes, nosotros testimoniamos
un cambio radical a partir de lugar de
proveniencia de nuestras vocaciones. La
actual disminución de vocaciones en
algunas áreas en relación al pasado y la
abundancia en otras áreas del mundo
están cambiando la faz del Carmelo. Los
que nos precedieron respondieron con
todo el corazón a lo que entendían que
Dios les decía. Del mismo modo nosotros
también debemos tratar de leer los
signos de los tiempos y de los lugares
para seguir a Dios allá donde El nos
está conduciendo.
5. Formación: ayudar a los otros en
el camino. Tenemos una tarea:
ofrecer la mejor formación posible a los
que Dios nos manda. Hay una gran sed de
Dios en nuestro mundo y la
espiritualidad carmelitana tiene
inmensas posibilidades para responder a
esta sed y conducir la gente de modo más
profundo en su relación con Dios. Hemos
subrayado en los últimos años la
importancia de la formación y hemos
creado un programa formativo para
nuestros hermanos, hermanas y laicos
carmelitas. Un nuevo paso vital es el de
concentrar la atención en la formación
de nuestros formadores. Cada uno da
aquello que tiene. Cuanto más estén
enraizados nuestros formadores en
nuestra tradición espiritual, tanto más
tendrán para ofrecer a los formandos.
6. Vida comunitaria: caminar juntos.
Nos damos cuenta de que vivimos en una
época de creciente individualismo que
debemos afrontar con realismo. La vida
comunitaria es esencial a nuestro
carisma y misión en la Iglesia a pesar
del individualismo de nuestra sociedad,
la gente está a la busca de verdaderas
comunidades. De este modo el testimonio
de nuestra vida tiene la posibilidad de
hacerse más importante y eficaz en el
futuro. Por esto es urgente para
nosotros favorecer la fraternidad y
formar nuestros candidatos en ella.
7. Misión: guiar a los otros en el
camino. Nosotros miramos hacia el
futuro con esperanza y una fe convencida
de que el Carmelo tendrá mucho que
ofrecer a las próximas generaciones. La
gente espera precisamente de los
Carmelitas y de las Carmelitas que sean
capaces de ofrecer una guía segura a
partir de su experiencia de Dios. La
meta del viaje espiritual es el de
convertirse uno con Cristo y vivir ya
una nueva creación. Muchos desean crecer
en su relación con Dios pero
frecuentemente no tienen quién les
instruya sobre cómo caminar con
seguridad a través de la noche oscura
hacia la montaña que es Cristo Señor. En
toda las formas apostólicas asumidas por
nosotros es importante que respondamos a
las necesidades que la gente tiene de
guías espirituales y, al mismo tiempo,
permanecer abiertos a los testimonios
que nos evangelizan.
8. Justicia y paz: entrar para salir.
La autenticidad de cualquier experiencia
de Dios se prueba en la vida cotidiana.
Una verdadera experiencia de Dios
desemboca en un deseo para que el reino
de Dios pueda llegar y en un compromiso
más profundo para los valores del reino.
Los Carmelitas y las Carmelitas tratarán
naturalmente de difundir el amor y el
conocimiento de Aquél que han encontrado
en su oración. Cuando vemos que mucha
gente no puede satisfacer las
necesidades humanas más elementales,
nuestro amor a Dios nos impide aceptar
tranquilamente esta situación. La
contemplación, que es el núcleo del
carisma carmelitano, se expresa
espontáneamente en un genuino amor por
el prójimo. Esto comporta la pregunta
del por qué existen tantas injusticias
en nuestro mundo. Un compromiso por la
justicia y la paz van muy bien con una
vocación contemplativa. Sin este
compromiso toda experiencia
contemplativa es sospechosa.
9. Cruzar la puerta de nuestra
historia. Hay puertas que no
conseguimos atravesarlas con toda
libertad y sinceridad: se trata de
nuestra misma historia, de las
relaciones pasadas y presentes entre los
Carmelitas del antiguo observancia y los
Carmelitas teresianos. Se trata del
influjo que susceptibilidades culturales
y nacionales arrojan también en las
relaciones entre nuestras provincias,
grupos de monasterios con motivo de
diferentes tradiciones espirituales y
sensibilidades ascéticas, o aún
simplemente de prejuicios y cerrazones
entre personas individuales. Debemos
hacer una relectura liberadora de
ciertos episodios o documentos
históricos menos auténticos o dominados
por tensiones o poca comunión. Estamos
llamados a dar testimonio de un diálogo
de paz y de perdón recíproco humilde y
sincero, de una nueva época de
fraternidad y convivencia de las
diferencias. Las múltiples formas de
diálogo, de comunión y de programación
que se han realizado en este último
decenio, deben continuar y hacerse más
fecundas e involucrar a toda las
personas y las instituciones. El nivel
de la vida fraterna en comunidad será
siempre el punto de arranque para un
diálogo y para una comunión más amplia
que puede y debe comprometer también a
los laicos que desean participar de un
modo más intenso en la espiritualidad y
en la misión del Carmelo.
Conclusión
Bajo la tutela de María, contemplada y
experimentada como madre y hermana
afectuosa en la tradición espiritual
carmelitana, cruzamos el umbral del
tercer milenio. Ella continúa
acompañándonos con su fidelidad en el
" seguimiento de Cristo", con el ejemplo
de la reflexión orante del corazón, con
la invitación a hacer aquello que el
Maestro nos dice, con el cántico de
gratitud y de liberación, con la
presencia junto a la cruz del Hijo
humillado, con la maternidad espiritual
en medio de los discípulos.
Cruzamos la puerta de una nueva época en
compañía del gran profeta Elías y de
nuestros santos y nuestra santas que
muchas veces han debido atravesar el
umbral de nuevas tierras y de muchas
fronteras. Cruzamos el umbral de nuestra
interioridad para reconocer allí, a la
luz de Cristo, las huellas de la gracia
y de la misericordia. Atravesamos el
umbral cerrado de toda las puertas que
separan, bloquean la comunicación,
dividen y contradicen la fraternidad y
la comunión. Cruzamos la puerta de este
nuevo milenio, con fe viva y una
esperanza activa para servir al Señor de
los siglos con corazón puro y una
generosidad total.
Roma, 14 de noviembre de 1999
Festividad de todos los Santos del
Carmelo
Fr. Joseph Chalmers, O.Carm., Prior
Generalr. Camilo Maccise, O.C.D.,
Prepósito General
Incarnationis
mysterium
(IM), Bula de convocación del gran
Jubileo, n. 1.
TERESA
DE JESUS, Fundaciones 14,4.
JACOBUS
DE VIDRIADO, Historia Orientalis
sive hierosolymitana, en J.
BONGARS (ed. Gesta Dei per
Francos, Hannover 1611,
vol. 1, 1074s.
Cfr.
Regla, cc.9, 14, 24.
S.
JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura,
v.5.
S.
JUAN DE LA CRUZ, Puntos de amor,
21.
Cfr.
Vida consagrada, 54.
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