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Curia Generalizia dei Carmelitani Scalzi - Corso d'Italia, 38 - 00198 ROMA - Italia
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Fr. Joseph Chalmers, O.Carm., Prior Generalr. Camilo Maccise, O.C.D., Prepósito General
 

PARA CRUZAR LA PUERTA SANTA

Vayamos como hermanos y hermanas al encuentro del nuevo milenio
 

 

 

 

 

 


Introducción

 

"Con la mirada puesta en el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, la Iglesia se prepara para cruzar el umbral del tercer milenio"[1], para ir al encuentro de su Señor con una renovada fidelidad generosa y sostenida por la esperanza del encuentro último y definitivo. "Es como una invitación a una fiesta nupcial" ha definido el Papa esta celebración jubilar[2]: son las bodas de Dios con la humanidad, a través de la encarnación de su Hijo en el tiempo. "Dios puso su tienda en medio de nosotros" (Jn. 1,14), para morar y dialogar con nosotros; para liberarnos de toda esclavitud, para enseñarnos el camino de la solidaridad y del servicio.

 

También para nosotros de la gran familia del Carmelo (religiosos/as-laicos) este evento debe ser vivido como un momento de gracia, un paso que nos renueva en la fidelidad creativa. Los grandes temas del Jubileo, como la peregrinación, la puerta santa, la purificación de la memoria, el testimonio de los mártires, la nueva solidaridad profética, tienen vivas resonancias en nuestro corazón y en nuestra fe.

 

Estamos invitados a volver a la sobriedad esencial de la Regla como hicieron nuestros santos y nuestras santas, promotores e inspiradores de refundaciones y renovaciones. Queremos invitaros a mirar al pasado y al presente, pero sobre todo al futuro hacia el cual nos guía el Espíritu a través de los desafíos de los signos de los tiempos y de los lugares.

 

I

 

MIREMOS A NUESTROS FUNDADORES[3]

 

1. Una historia dinámica

 

En los orígenes de nuestra Orden no ha habido una figura carismática solitaria. Ha habido un grupo de peregrinos, que después de haber dejado el Occidente para ponerse "al servicio del Señor", han querido compartir aspiraciones y experiencias, reagrupándose en las faldas del monte Carmelo. En un contexto de grandes fervores por una renovación radical de la Iglesia en el seguimiento de Cristo pobre y maestro de fraternidad, el itinerario hacia la Tierra santa y la permanencia en aquellos lugares era, en el siglo XII, la forma suprema de una recomposición de los ideales. 


 El colocarse acá y allá en uno de los lugares significativos para la historia de la salvación, comprometía a una relectura de los grandes eventos y de las grandes figuras conectadas a los diversos lugares. Así se entiende un testimonio histórico que habla de los Carmelitas:

"Otros vivían imitando el ejemplo del santo y solitario profeta Elías, como ermitaños, en el monte Carmelo que se eleva junto a la ciudad de Porfiria « y Haifa » cerca de la fuente llamada de Elías, no lejos del monasterio de la beata virgen Margarita. Vivían en soledad, cada uno por su propia cuenta, en grutas como celdillas, donde, como las abejas, melificaban la divina miel de la dulzura espiritual... este monte Carmelo, en el cual moró Elías, está situado en las proximidades del mar a cuatro millas de Acre"[4].

 

He ahí nuestro origen. Nuestros padres eran guiados por un propositum de seguimiento generoso de Jesús. Este es se concretizaba en una forma comunitaria inspirada en la meditación continua y orante de la Palabra, del diálogo y del discernimiento común, del trabajo manual y del servicio mutuo, de la comunión de bienes, de la sobriedad y sencillez de estructuras y de espacios, de la centralidad de la eucaristía en el lugar de oración. La tradición espiritual -ya presente también en aquel lugar, a través de los precedentes asentamientos de los monjes bizantinos - se mantenía viva con diversos medios: la oración de los salmos, la mortificación corporal, la purificación del corazón, la lucha espiritual, la soledad, la amplia flexibilidad en las prescripciones, y la espera vigilante de la vuelta del Señor.

 

En la emigración forzada hacia Europa este propositum se conservó con la asociación en las nacientes familias de los frailes mendicantes. Esto permitió elaborar sabias adaptaciones del núcleo carismático inspirador sin comprometer las grandes intenciones orientadoras. El proceso de desenraizamiento de Palestina y de reinserción en Europa requirió opciones valerosas y una fidelidad dinámica.

 

2. Dinamismo para afrontar nuevos desafíos

 

LISTNUM ParaNumbers2 \l 18.       El Carmelo tuvo que enfrentar nuevos desafíos en los siglos XV-XVII, cuando se realiza el gran cambio de la modernidad, al imponerse la racionalidad y al aflorar de una nueva dignidad de la persona y de su autonomía. Surgieron en este tiempo numerosas "reformas" que desde el principio del 1400 propusieron una vuelta al ideal primitivo. Nacieron nuestras comunidades contemplativas femeninas y crecieron formas asociativas entre laicos atraídos por la vida de los Carmelitas. Pertenece también a este tiempo la progresiva extensión de la devoción Mariana en formas populares y el multiplicarse de iniciativas culturales y sociales a la sombra de nuestros conventos.

 

Entre todos los movimientos de renovación hay que subrayar el de Teresa de Jesús ayudada por Juan de la Cruz. Más que de una "reforma" ha sido una verdadera "refundación". Su magisterio espiritual y su actividad de fundadores de "conventos y monasterios reformados" han sido en estos siglos modelo e inspiración para toda la Orden carmelitana. Además, para el Carmelo de la rama antigua han sido muy fecundas tanto la reforma de Touraine, que ha dado místicos y renombrados escritores espirituales, como el rol desempeñado por María Magdalena de Pazzi, con su ardiente pasión por la Iglesia y su experiencia mística, provenientes de la escritura y de la liturgia.

 

3. Una nueva toma de conciencia

 

Este último siglo nos ha ayudado, con sus cambios rápidos y profundos, a tener una creciente conciencia de nuestro carisma y de nuestra espiritualidad. Al final de un siglo señalado por la secularización, por la búsqueda de la justicia y de la libertad y de la globalización, se está imponiendo también una irrupción planetaria de la necesidad de espiritualidad e incluso de experiencia mística.

 

Es precisamente en el horizonte de esta sensibilidad que aparece con extrema claridad en el ocaso del siglo, que podemos interpretar la recomprensión, por parte de la familia carmelitana, de su carisma y de su misión. Han contribuido a esta nueva visión numerosas grandes figuras de escritores e historiadores de la vida espiritual. Pero es sobre todo el ejemplo de vida y el magisterio doctrinal de la Santas Teresa del Niño Jesús, Doctora de le Iglesia y de Edith Stein, del beato Tito Brandsma y de la beata Isabel de la Trinidad, que nos ayudan a profundizar y a tratar de inculturar el carisma carmelitano.

 

Ellos, de hecho, han sentido los nuevos problemas emergentes y los han señalado. Recordamos algunos de ellos: la espiritualidad más ordinaria y la sed de fraternidad más universal, el misterio de la Trinidad y el desafío de la cultura, un nuevo rostro de Iglesia y la memoria de nuestra raíz hebrea, la nueva comunicación y la conciencia de la dignidad femenina, el diálogo con las religiones y una nueva teología de la cruz y del martirio, la centralidad del Salvador y la libertad del cristiano maduro. Nos han señalado nuevos enfoques y nuevo lenguaje, inspirados en nuestro gran patrimonio, elocuentes a las nuevas generaciones.

 

A lo largo de todo un siglo, tanto en una como en la otra tradición carmelitana de vida y de historia, se ha encontrado así de nuevo la riqueza de los orígenes, la Regla, la tradición Mariana, la eliana, la praxis pastoral. Felizmente se ha recuperado la originalidad de la "refundación teresiana", sin negar su continuidad con los elementos vitales de los cuatro siglos anteriores a ella. Hemos tenido también la gracia de la celebración de varios centenarios y la inscripción en el catálogo de los santos o de los beatos o de los doctores a hermanos y hermanas nuestras. Este largo camino nos coloca de frente a una gran empresa: la llamada a responder con fidelidad creativa al Señor que habla a nuestros corazones en los signos de los tiempos y de los lugares en el umbral del tercer milenio. 

 

II

CRUZAR EL UMBRAL DEL NUEVO MILENIO CON IDENTIDAD RENOVADA

 

Uno de los grandes símbolos más evocativos del Jubileo es el atravesar la puerta santa. El primero que la cruzará será el Papa en la noche de la próxima Navidad, "mostrando a la Iglesia y al mundo el Santo Evangelio, fuente de vida y de esperanza para el próximo tercer milenio"[5]. Todos llegaremos a la "puerta santa" como peregrinos, y cruzándola cumpliremos un ulterior paso con toda la humanidad hacia el encuentro definitivo con Cristo Señor.

 

Son gestos y símbolos que nos evocan valores vitales que han señalado nuestra identidad, y la deben todavía animar y orientar. Expresiones como: peregrinación, noche, encuentro con Cristo, puerta de la vida, y también purificación de la memoria, martirio, reconciliación con Dios y con la comunidad, gozosa fraternidad, cántico de liberación, y otras, han caracterizado las épocas más vivas de nuestra espiritualidad, y que todavía permanecen como fuente de inspiración. Cruzando aquel umbral, llevamos nuestra memoria histórica y recorremos algunas direcciones para entrar, con identidad bien definida, en este nuevo milenio. Las señalamos para orientarnos en este camino.

 

1. Vivir en peregrinación. La experiencia de la peregrinación está sin duda enraizada en nuestra historia. Debemos volver continuamente a ella: ponernos en camino hacia la periferia, hacia otra situaciones socio-culturales para explorar nuevas posibilidades de encuentros, de testimonio y de servicio. La sabiduría orientadora de nuestra espiritualidad nos señala metas precisas y adecuados métodos, para vivir la libertad cristiana y ponernos al servicio de nuestros hermanos y de nuestras hermanas.

 

2. Fieles a la gran tradición. Un aspecto muy evidente desde nuestros orígenes, ha sido el enraizamiento en la gran tradición espiritual del monaquismo. Esto ha dado origen a la búsqueda de relaciones vitales con el profeta Elías, presentado en el documento post sinodal Vida consagrada como "modelo de vida religiosa monástica" y como "profeta audaz y amigo de Dios"[6]. La Regla asume fielmente la sabiduría espiritual, ascética y orante del monaquismo clásico. La intensa devoción a Santa María del Monte Carmelo tiene una sensibilidad partrística y monástica: se piense en los títulos de Madre, Patrona, hermana, virgen purísima. La nueva interpretación de la Regla, que tratamos de releer a partir de los diversos contextos geográfico-culturales, puede ser un modelo para aplicar también a otros sectores de nuestra vida y espiritualidad.

 

3. Centrados en Cristo. El Cristocentrismo esencial de la Regla, que se ha expresado siempre a partir de la frase "in obsequio Jesu Cristi", connota toda la Regla y sus perspectivas, como movimiento estructural interno, y como prospectiva escatológica en el texto que concluye después aludiendo a la vuelta del Señor juez y salvador[7].

 

Esta impostación ha tenido en estos ocho siglos, notables ampliaciones, y también preciosos enriquecimientos. Todos nuestros grandes maestros, desde Teresa de Jesús a Juan de la Cruz, desde María Magdalena de Pazzi a Teresa de Lisieux, de Edith Stein a Tito Brandsma, han tenido una pasión particular por la búsqueda del rostro del Señor para el diálogo de corazón a corazón con El, para la elaboración de un lenguaje nuevo, necesario para describir el recorrido de la plena transformación en Dios. Según las sensibilidades lingüísticas, éticas y espirituales de los lugares y de los tiempos, las diferentes generaciones de frailes y monjas carmelitas han contribuido a mantener como central el misterio de Cristo en los modelos de santidad y a explorar las insondables riquezas de su encarnación. También nosotros estamos invitados a continuar estas experiencias y a vivirlas en diálogo con nuestra tradición espiritual y con la religiosidad popular.

 

4. La meditación constante de la Palabra del Señor. La meditación de la Palabra es otra estructura vital del proyecto carmelitano de una vida en el seguimiento de Cristo. Las expresiones "meditantes" y "vigilantes" expresan el movimiento del leer y meditar, del orar y del reconocer con los ojos del corazón la presencia del Señor en su Palabra y en todos los acontecimientos.

Este "meditar la Palabra del Señor", en la escuela de la Regla retomada por Teresa de Jesús y por otros místicos del Carmelo, prepara a la oración como diálogo de amistad con Dios y a la contemplación como unión con El, Palabra de Dios encarnada. Nuestro carisma contemplativo y la renovada praxis de la "lectio divina", tienen por conseguirlo todo desde un diálogo serio con las nuevas hermenéuticas y las nuevas lecturas. La Palabra de Dios en la Escritura se convierte, en el encuentro contemplativo, en Palabra de Dios en nosotros para ser unida con la Palabra de Dios en la vida. Debemos vivir esta lectura de la Palabra no solamente para nosotros, sino también para expresarla en las escuelas de espiritualidad, en encuentros de "lectio divina", en una metodología pastoral que enseñe al pueblo de Dios un enfoque existencial, contemplativo y orante de las riquezas de la Palabra.

 

5. La interpelación de la sed de espiritualidad. Nuestra tradición espiritual está provocada  de modo saludable por el fenómeno de una sed de espiritualidad, tantas veces encarnado en un espiritualismo. A  la luz de la experiencia y de la doctrina de nuestros santos, estamos invitados a dar indicaciones y propuestas prácticas, a ofrecer pistas de solución, a actuar un discernimiento evangélico, para superar el riesgo de experiencias superficiales de lo sagrado. Estamos llamados a vivir una espiritualidad vital y encarnada, inculturada en las diversas realidades y que sea no sólo teoría sino experiencia de vida hecha de solidaridad con toda las personas y con sus gozos y esperanzas, tristezas y angustias.

 

6. La vida fraterna en comunidad y el compromiso apostólico. El proyecto de una fraternidad acogedora y respetuosa, orante y solidaria, pobre y flexible, aparece evidente en la Regla así como en la refundación teresiana. Hoy estamos en condición de entender mejor el valor de aquel modelo original y de apreciarlo. Percibimos al mismo tiempo también nuevos retos para una fraternidad auténtica, abierta a dimensiones más globales de solidaridad, de hacer crecer una "espiritualidad de comunión"[8] que se dilata en los horizontes de la evangelización de los pueblos, pasión de nuestros santos. Teresa de Jesús consagra toda su vida y su obra a esta dimensión apostólica de la oración. Teresa del Niño Jesús desea evangelizar en toda las épocas y más allá de su existencia terrena. Tito Brandsma defiende la dignidad y la libertad de las personas contra toda idolatría racista o ideología. Edith Stein vive la disponibilidad a compartir el destino trágico del pueblo hebreo amenazado por la violencia de la Shoah ("Holocausto").

 

III

ORIENTACIONES PRACTICAS PARA CRUZAR EL UMBRAL DEL NUEVO MILENIO

 

La evocación simbólica del "cruzar el umbral" abre delante de nosotros nuevos desafíos y nuevos horizontes. Os invitamos a considerar algunos.

 

1. Fidelidad creativa: peregrinos hacia la autenticidad. Somos herederos de una larga y rica tradición que ha nutrido muchos santos. Al atravesar el umbral de un nuevo milenio estamos llamados a permanecer fieles a esta tradición espiritual y al mismo tiempo a reinterpretarla de un modo creativo para las generaciones futuras para que puedan continuar dando vida y conducir a muchos a través de la noche donde el amante se transforma en el Amado[9].

 

2. Caminando con María, Madre y hermana. María es una constante presencia en el Carmelo. Ella nos guía y nos acompaña para seguir las huellas de Cristo su Hijo. Nos enseña a reflexionar en nuestros corazones todo lo que acontece, a alabar a Dios por lo que se realiza en nosotros y a través de nosotros. Entrando en el nuevo milenio, afrontamos el desafío de presentar a María a las nuevas generaciones de un modo que pueda ser proclamada todavía bendita. Esto requiere de nosotros meditar profundamente los valores centrales de nuestras devociones marianas tradicionales , para ser capaces de ofrecer modos de relacionarnos con la Madre de Dios que habla a los corazones de la gente en medio a la cual vivimos.

 

3. Lectio divina: caminar con la Palabra. Toda la Iglesia ha redescubierto en los últimos años los antiguos tesoros de la lectio divina que guía a muchos a las alturas de la contemplación. La Palabra de Dios, reflexionada y orada, debe ser el acompañamiento de todo lo que nosotros hagamos[10]. Muchos Carmelitas del medioevo eran conocidos como "maestros de la Sagrada Página". Es la Palabra de Dios la queda vida. Sumerjámonos en esta Palabra para poder convertirnos en una palabra de vida para los demás. "Una Palabra habló el Padre que fue su Hijo, y esta habla siempre en eterno silencio, y en silencio debe ser oída del alma"[11].

 

4. Vocaciones: entrar en otros contextos. Al igual que la mayoría de las Ordenes, nosotros testimoniamos un cambio radical a partir de lugar de proveniencia de nuestras vocaciones. La actual disminución de vocaciones en algunas áreas en relación al pasado y la abundancia en otras áreas del mundo están cambiando la faz del Carmelo. Los que nos precedieron respondieron con todo el corazón a lo que entendían que Dios les decía. Del mismo modo nosotros también debemos tratar de leer los signos de los tiempos y de los lugares para seguir a Dios allá donde El nos está conduciendo.

 

5. Formación: ayudar a los otros en el camino. Tenemos una tarea: ofrecer la mejor formación posible a los que Dios nos manda. Hay una gran sed de Dios en nuestro mundo y la espiritualidad carmelitana tiene inmensas posibilidades para responder a esta sed y conducir la gente de modo más profundo en su relación con Dios. Hemos subrayado en los últimos años la importancia de la formación y hemos creado un programa formativo para nuestros hermanos, hermanas y laicos carmelitas. Un nuevo paso vital es el de concentrar la atención en la formación de nuestros formadores. Cada uno da aquello que tiene. Cuanto más estén enraizados nuestros formadores en nuestra tradición espiritual, tanto más tendrán para ofrecer a los formandos.         

 

6. Vida comunitaria: caminar juntos. Nos damos cuenta de que vivimos en una época de creciente individualismo que debemos afrontar con realismo. La vida comunitaria es esencial a nuestro carisma y misión en la Iglesia a pesar del individualismo de nuestra sociedad, la gente está a la busca de verdaderas comunidades. De este modo el testimonio de nuestra vida tiene la posibilidad de hacerse más importante y eficaz en el futuro. Por esto es urgente para nosotros favorecer la fraternidad y formar nuestros candidatos en ella.

 

7. Misión: guiar a los otros en el camino. Nosotros miramos hacia el futuro con esperanza y una fe convencida de que el Carmelo tendrá mucho que ofrecer a las próximas generaciones. La gente espera precisamente de los Carmelitas y de las Carmelitas que sean capaces de ofrecer una guía segura a partir de su experiencia de Dios. La meta del viaje espiritual es el de convertirse uno con Cristo y vivir ya una nueva creación. Muchos desean crecer en su relación con Dios pero frecuentemente no tienen quién les instruya sobre cómo caminar con seguridad a través de la noche oscura hacia la montaña que es Cristo Señor. En toda las formas apostólicas asumidas por nosotros es importante que respondamos a las necesidades que la gente tiene de guías espirituales y, al mismo tiempo, permanecer abiertos a los testimonios que nos evangelizan.

 

8. Justicia y paz: entrar para salir. La autenticidad de cualquier experiencia de Dios se prueba en la vida cotidiana. Una verdadera experiencia de Dios desemboca en un deseo para que el reino de Dios pueda llegar y en un compromiso más profundo para los valores del reino. Los Carmelitas y las Carmelitas tratarán naturalmente de difundir el amor y el conocimiento de Aquél que han encontrado en su oración. Cuando vemos que mucha gente no puede satisfacer las necesidades humanas más elementales, nuestro amor a Dios nos impide aceptar tranquilamente esta situación. La contemplación, que es el núcleo del carisma carmelitano, se expresa espontáneamente en un genuino amor por el prójimo. Esto comporta la pregunta del por qué existen tantas injusticias en nuestro mundo. Un compromiso por la justicia y la paz van muy bien con una vocación contemplativa. Sin este compromiso toda experiencia contemplativa es sospechosa.

 

9. Cruzar la puerta de nuestra historia. Hay puertas que no conseguimos atravesarlas con toda libertad y sinceridad: se trata de nuestra misma historia, de las relaciones pasadas y presentes entre los Carmelitas del antiguo observancia y los Carmelitas teresianos. Se trata del influjo que susceptibilidades culturales y nacionales arrojan también en las relaciones entre nuestras provincias, grupos de monasterios con motivo de diferentes tradiciones espirituales y sensibilidades ascéticas, o aún simplemente de prejuicios y cerrazones entre personas individuales. Debemos hacer una relectura liberadora de ciertos episodios o documentos históricos menos auténticos o dominados por tensiones o poca comunión. Estamos llamados a dar testimonio de un diálogo de paz y de perdón recíproco humilde y sincero, de una nueva época de fraternidad y convivencia de las diferencias. Las múltiples formas de diálogo, de comunión y de programación que se han realizado en este último decenio, deben continuar y hacerse más fecundas e involucrar a toda las personas y las instituciones. El nivel de la vida fraterna en comunidad será siempre el punto de arranque para un diálogo y para una comunión más amplia que puede y debe comprometer también a los laicos que desean participar de un modo más intenso en la espiritualidad y en la misión del Carmelo[12].

 

                                                     Conclusión

 

Bajo la tutela de María, contemplada y experimentada como madre y hermana afectuosa en la tradición espiritual carmelitana, cruzamos el umbral del tercer milenio. Ella continúa acompañándonos con su fidelidad en el  " seguimiento de Cristo", con el ejemplo de la reflexión orante del corazón, con la invitación a hacer aquello que el Maestro nos dice, con el cántico de gratitud y de liberación, con la presencia junto a la cruz del Hijo humillado, con la maternidad espiritual en medio de los discípulos.

 

Cruzamos la puerta de una nueva época en compañía del gran profeta Elías y de nuestros santos y nuestra santas que muchas veces han debido atravesar el umbral de nuevas tierras y de muchas fronteras. Cruzamos el umbral de nuestra interioridad para reconocer allí, a la luz de Cristo, las huellas de la gracia y de la misericordia. Atravesamos el umbral cerrado de toda las puertas que separan, bloquean la comunicación, dividen y contradicen la fraternidad y la comunión. Cruzamos la puerta de este nuevo milenio, con fe viva y una esperanza activa para servir al Señor de los siglos con corazón puro y una generosidad total.

 

Roma, 14 de noviembre de 1999

Festividad de todos los Santos del Carmelo

 

Fr. Joseph Chalmers, O.Carm., Prior Generalr. Camilo Maccise, O.C.D., Prepósito General


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[1]Incarnationis mysterium (IM), Bula de convocación del gran Jubileo, n. 1.

[2]IM 4.

[3]TERESA DE JESUS, Fundaciones 14,4.

[4]JACOBUS DE VIDRIADO, Historia Orientalis sive hierosolymitana, en J. BONGARS (ed. Gesta Dei per Francos, Hannover 1611,

 vol. 1, 1074s.

[5]IM 8.

[6]Vida consagrada (VC) 84.

[7]Cfr. Regla, cc.9, 14, 24.

[8]Cfr. VC 46, 51.

[9]S. JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura, v.5.

[10]Regla c.19

[11]S. JUAN DE LA CRUZ, Puntos de amor, 21.

[12]Cfr. Vida consagrada, 54.

 

     
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Updated 18 mar 2006 by OCD General House
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