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1 Recibimos con suma alegría la carta de Su
Santidad el Papa Juan Pablo II acerca del
lugar que ocupa Nuestra Señora en el
Carmelo. Inspirándonos en el mensaje del
Papa, nosotros también queremos compartir
con ustedes algunas reflexiones sobre la
importancia de María en la espiritualidad
carmelitana.
2. La
Virgen María, nuestra Madre, Patrona y
Hermana, es, sin lugar a duda, uno de los
mayores dones que hemos recibido de Dios y
que compartimos con la Iglesia. Ella es
parte esencial de nuestra herencia. Hay una
preocupación generalizada en todas las ramas
de nuestra familia carmelitana de renovar la
teología y la espiritualidad, la devoción y
el amor hacia María. Durante muchos siglos,
nuestra devoción y el amor para con ella se
ha centrado en el Escapulario marrón del
Carmelo. Nuestros frailes y hermanas mayores
recordarán la celebración, en 1951, del 700
aniversario del Escapulario, caracterizado
por una cálida recomendación del Papa Pío
XII en la carta que remitió a los Superiores
Generales de las Ordenes, Neminem
profecto latet. Es justo que, cincuenta
años más tarde, reflexionemos nuevamente
acerca de los dones de María al Carmelo y
examinemos lo que hoy significan para
nosotros y para la Iglesia.
3. Somos
muy conscientes de la difusión del Carmelo
en todo el mundo. Se encuentra establecido
firmemente en los cinco continentes, cada
uno con su historia y cultura propias. Por
supuesto, la manera en que se entiende a la
Madre de Dios varía según el país, así como,
en el pasado, ha sido diversa de un siglo a
otro. Reconocemos que sólo podemos
proporcionar algunas ideas centrales y
pautas, dejando a otros la tarea de
reflexionar sobre nuestra herencia en la
respectiva cultura y compartirlo en la
Iglesia local.
Una herencia en diálogo
4. "Las
distintas generaciones del Carmelo, desde
los orígenes hasta hoy, han tratado de
plasmar la propia vida sobre el ejemplo de
María".(1)
Cada generación tiene la responsabilidad no
sólo de vivir la herencia del Carmelo, sino
también de enriquecerla y comunicarla. Una
herencia es algo vivo que ha de exponerse al
mundo real y presentarse en la verdadera
experiencia de la Iglesia. La vida
carmelitana debe estar en constante diálogo
con el presente y con el pasado. De hecho,
se deben preservar las riquezas de nuestra
tradición, pero de tal manera que sean
relevantes y significativas para el
presente. Invitamos a todos los carmelitas a
aprovechar la oportunidad de volver a
visitar nuestro pasado, pero mediante
preguntas que dimanen de nuestra lectura de
los signos de los tiempos y de los lugares.
I.
TEMAS MARIANOS CENTRALES
5. El
Carmelo ve a María como Madre, Patrona,
Hermana y Modelo, esto último se asocia
particularmente con la consideración de
María como Virgen Purísima. Estos no son
meros títulos o temas devocionales. De
alguna manera, reflejan la experiencia de
las Ordenes Carmelitanas a lo largo de
muchos siglos. Invitamos a todos los
carmelitas a volver a considerar el
testimonio de quienes nos han precedido y a
examinar cómo podemos compartir estas
riquezas entre nosotros y con la comunidad
carmelitana en general.
Madre
6. Cuando
los primeros carmelitas llegaron por primera
vez a Europa, la idea de María como madre
espiritual había sido generalmente aceptada
según los sermones del cisterciense Guerric
d'Igny (+ 1157). Los carmelitas tomaron
inmediatamente este tema invocándola como su
Madre y la Virgen, como en Flos Carmeli:
Madre tiernísima, que no conoció varón.
(2) Ya en la
palabra "Madre" hay una idea esencial en
nuestra herencia, es decir, la relación con
María en este caso como sus hijos e hijas.
El título de Madre fue muy favorecido en la
Orden, con el título Madre y hermosura del
Carmelo, haciendo eco a Isaías 35:2,
empleándose en la liturgia del período
medieval tardío.
7. Todos
los santos carmelitas han tomado este tema
de María como madre.(3)
Sta. Teresa de Lisieux declaró
memorablemente: "Ella es más Madre que
Reina."(4)
Durante muchos siglos, la liturgia
carmelitana ha demostrado especial afecto
por la escena evangélica al pie de la cruz (Jn
19:25-27), donde María, se convierte en la
Madre asociada a su ofrecimiento, donándose
a todos los hombres en la entrega que el
mismo Jesús hace de Ella a su discípulo
predilecto. (5)
8. Viendo
a María como Madre, nos sentimos animados a
reflexionar acerca de nuestra relación con
ella: nos cuida como Madre, la amamos y
respetamos como hijos e hijas. Además, si
vemos a María como Madre, estamos
encaminados hacia su Divino Hijo y vivimos
en obsequio de Él.(6)
Desde los primeros tiempos, los Padres de la
Iglesia han comprobado que una Mariología
correcta sirve para garantizar una
Cristología correcta.
9. Nuestra
visión de María como Madre y Hermosura del
Carmelo puede ser un don importante a toda
la Iglesia. Hace más de un cuarto de siglo,
el Papa Pablo VI invitó a los teólogos a ver
el camino de belleza como un auténtico
enfoque de María.(7)
En un mundo donde hay tanta aflicción y
fealdad estamos invitados a mirar hacia
arriba y reposar en la contemplación de la
belleza de María, pues ella es el "signo de
Dios en favor de la Iglesia en sus comienzos,
y la promesa de su perfección como esposa de
Cristo, radiante de belleza.(8)
Alentamos a nuestros teólogos a que
reflexionen más sobre este ámbito un tanto
descuidado de la Mariología carmelitana.
Patrona
10. El
título de Patrona del Carmelo tiene una
larga historia en la Orden. La dedicación a
María de la primera capilla en el Monte
Carmelo, en el medio de las celdas, es
ciertamente una indicación de su patronazgo,
que en la época feudal señalaba relaciones y
servicios recíprocos. Desde su llegada a
Europa, que comenzó aproximadamente en 1230
y durante los siguientes 150 años, el
Carmelo tuvo un existencia un tanto
precaria. En ese período, los frailes
aprendieron a confiar en el auxilio y
protección de María. Se encomendó a Ella la
supervivencia misma de la Orden, y los
hermanos tenían confianza en su protección y
cuidado. En los últimos decenios del siglo
XIII, hallamos la idea de que la Orden
carmelita fue especialmente fundada para la
honra y gloria de María.(9)
11. Aunque
el lenguaje del patronazgo no halle ecos
inmediatos en algunas de las culturas donde
está ahora implantado el Carmelo, la
realidad forma parte de nuestra rica vida
mariana. El patronazgo implica una relación
recíproca. Sabemos de la premura de María
para con la Iglesia, con el Carmelo y con
nosotros. Tales verdades son para nosotros
fuente de confianza y de esperanza. Pero el
patronazgo nos recuerda nuestra respuesta:
estamos para venerar, servir y amar a
nuestra Madre y Patrona. Las Constituciones
primitivas de las cuales existen copias
(10) y los
ordinales(11)
son muy específicos en mostrar maneras para
venerar a María mediante gestos, oraciones y
celebraciones. (12)
Desde el siglo XIII tenemos la recitación
frecuente de las antífonas Salve Regina
y Ave Maris Stella.
(13)
Pronto, la Estación del sábado ocuparía
un lugar preeminente entre las devociones
marianas de la Orden. En la época medieval,
también existía la práctica de celebrar
muchas misas votivas en su honor. Todo ello
son indicaciones de las maneras en que los
Carmelitas veneraban a su Patrona.
12. Será
un reto para las comunidades locales dar con
expresiones apropiadas de su relación con
María para ellos y los demás en la Iglesia.
De esta manera, se destacará en nuestra
época la realidad del patronazgo, si no la
palabra misma.
Hermana
13. Cuando
los hermanos ermitaños llegaron a Europa del
Monte Carmelo, fueron llamados por el pueblo
y los papas se refirieron a ellos como los
Hermanos de la Bienaventurada Virgen María
del Monte Carmelo. Aunque ello, en el
comienzo, habría significado su origen, y
otras órdenes de esa época también se
consideraban hermanos de María, los
Carmelitas de entonces trataron de sacar del
título la conclusión de que si ellos son
hermanos de María, ella es con seguridad su
Hermana. Arnoldo Bostio (+ 1499), que
sintetizó nuestra tradición temprana
escribió: El humilde hermano del Carmelo
puede exultar y cantar con gozo: Ved! La
Reina de los cielos [es] mi hermana; Puedo
actuar con confianza y sin miedo.
(14)
14. Aunque
el título de Hermana nunca se usó tan
ampliamente como los títulos de Madre y
Patrona, es importante observar que el Papa
Pablo VI lo empleó cuando habló de todos
nosotros como hijos de Adán que teníamos a
María como Hermana.(15)
A primera vista, el título parecería tener
tres grandes ventajas para la reflexión
carmelitana contemporánea. Asume la idea,
que también existe en Patrona, del tierno
cuidado de María y de las fáciles e íntimas
relaciones entabladas entre los Carmelitas y
la Madre de Dios. Presenta a María como
nuestra hermana mayor, que nos precede en el
viaje hacia la madurez en la fe. Además, en
algunas culturas, la idea de María como
Madre espiritual es difícil para algunos
pueblos; el título de María como Hermana
puede ser más atractivo para ellos. La
condición de hermana de María es una idea
que se puede compartir con una gran parte
dela Iglesia.
Modelo y Virgen Purísima
15. La
noción de María como modelo en su condición
de discípulo es muy antigua en la Iglesia.
Se encuentra en todas las épocas de la
historia del Carmelo. Nuestros autores
antiguos y modernos procuran demostrar que
María es modelo precisamente para nuestra
vida de carmelitas. Así pues, John
Baconthorpe (+ ca. 1348) escribió un
comentario sobre la Regla
carmelitana, de la que sacó la similitud
entre la vida de María y la del carmelita .(16)
En una época, esta conciencia del lazo entre
María y el Carmelo se desarrolló en
representaciones artísticas, por lo que se
representa a María vestida con un hábito
carmelita.
16. María
es el ejemplo para el Carmelita,
especialmente como Virgen Purísima:
Virgo Purissima. Disponemos de
abundante reflexión sobre este título. La
capa blanca es un signo de nuestra imitación
de María. La bien conocida dedicación de los
Carmelitas a la Inmaculada Concepción y la
defensa de esta verdad integran también el
amor del Carmelo hacia la Virgen. Pero su
pureza no se limita estrechamente a la
castidad o al celibato. María es la pura, de
un corazón indiviso, total apertura a Dios
(el modelo supremo de vacare Deo).
De hecho, la doble meta del Carmelo, como se
expresa en el antiguo documento de El
Instituto de los Primeros Monjes, puede
hallar en María su más completa realización.
(17)
17. Hay
innumerables textos carmelitanos en los que
se muestra a María como el espejo perfecto
de su ideal contemplativo y como modelo de
docilidad al Espíritu Santo.
(18)
18. Para
el B. Tito Brandsma: María es el dechado de
todas las virtudes y, por lo tanto, dos
veces nuestra Madre. Su vida es un espejo en
el que podemos ver cómo debemos estar unidos
con Dios.(19)
19. Desde
el los tiempos del Vaticano II se nos ha
incentivado para buscar una devoción a María
que esté sólidamente basada en la Sagrada
Escritura.(20)
Si, en el pasado, escritores y predicadores
carmelitas tendían a centrarse en lo
milagroso y lo extraordinario, nosotros
también tenemos en nuestra tradición viva
una sobriedad mediante la cual podemos dar a
nuestros contemporáneos una imagen vital y,
sobre todo, bíblica de María. A Sta. Teresa
de Lisieux no le atraían en modo alguno
pensamientos de María que no se basaran en
la verdad. Afirma que si hubiese podido
predicar un sermón sobre María, Ante todo,
hubiera hecho ver qué poco se conoce su vida.(21)
Poco antes de ello, había entregado sus
profundos pensamientos sobre María en su
poema Por qué te amo, María(22)
, en el que considera con amor su vida como
nos la describen las Escrituras.
20. Los
temas carmelitanos centrales que estamos
considerando son muy importantes para un
correcto entendimiento del Escapulario
carmelitano, que ahora abordamos.
II.
EL ESCAPULARIO DEL CARMEN
21. Toda
revitalización del Escapulario carmelitano
exige que lo consideremos en el contexto más
extenso de la relación del Carmelo con María.
Según nuestros santos, es importante una
intimidad personal con la Madre de Dios y un
compromiso de tomarla como modelo del
discipulado cristiano. Los temas principales
de Madre, Patrona, Hermana y Ejemplar nos
pueden llevar a un conocimiento más profundo
de María y a una relación más entrañable con
ella. Sólo desde esta perspectiva se puede
considerar el Escapulario como un signo que
favorece el crecimiento espiritual en la
vida cristiana.
Orígenes del Escapulario
22. Debe
continuar en nuestras Órdenes la erudición
histórica de cada aspecto del Escapulario.
Sin embargo, independientemente de
cualesquiera conclusiones futuras que se
hagan, podemos y, de hecho, debemos tener
confianza en el valor de este antiguo
símbolo, que se basa en una tradición
venerable.(23)
Lo que los Carmelitas han de hacer es dar
con una manera de presentar el Escapulario
tanto para quienes están convencidos de la
historicidad de la visión como para quienes
no consideran que haya una prueba histórica
irrefutable. La verdad central de la
historia de la visión es la experiencia
vivida del Carmelo: María, su Patrona, la ha
protegido y garantizado su perseverancia; la
oración de María es poderosa para asegurar
la vida eterna.
Un
sacramental de la Iglesia y un signo sagrado
23. El
acto principal de la Iglesia institucional
con respecto al Escupalario es su aprobación
a lo largo de los siglos, incluido el más
reciente Rito de la Bendición e imposición
del Escapulario de la Bienaventurada Virgen
María del Monte Carmelo.(24)
Con el significado espiritual de las gracias
anexas al Escapulario existen también las
obligaciones asumidas a través de este signo
de devoción a la santa Virgen.(25)
"La devoción a nuestra Señora no puede
limitarse a oraciones y obsequios en su
honor en algunas circunstancias, sino que
debe constituir un 'hábito', es decir, una
orientación permanente de la propia conducta
cristiana, entretejida de oración y vida
interior, mediante la frecuente práctica de
los Sacramentos y el concreto ejercicio de
las obras de misericordia espirituales y
corporales".(26)
24. Se
describen los sacramentales como signos
sacros; por lo tanto, pertenecen al mundo
del símbolo y del significado. En nuestra
sociedad contemporánea se suele decir que
hay una crisis del simbolismo religioso; al
mismo tiempo, nuestras sociedades pueden ser
movidas por un simbolismo secular. Las
banderas nacionales, por ejemplo, tienen un
profundo sentido para muchas personas. Los
símbolos son cosas materiales o imágenes que
nos indican un significado que los
trasciende. Muy a menudo, su significado o
lo que nos sugiere residen en su poder de
interpelarnos a varios niveles: no sólo
comunican alguna información, sino que nos
tocan a nivel de los sentimientos. En los
símbolos podemos hallar tanto el crecimiento
como el declive. Los símbolos religiosos
pueden degenerar en lo mágico, si ya no se
transmite su significado espiritual o
teológico; así pues, se reducen a algo como
un amuleto que puede traer buena suerte.
25. Los
símbolos vivos necesitan una continua
revitalización. Para nosotros hay cuatro
etapas en la vida de un símbolo. Hay una
experiencia causal, que da lugar al símbolo.
Para nosotros esto implicaba el sentido de
la protección de María para los Carmelitas y
el poder de su intercesión para nuestra
salvación. En segundo lugar, hay una fase de
dogma o reflexión sobre el símbolo. El
Carmelo consideró mayormente el Escapulario
en términos de su entendimiento de María
como Patrona, la que cuidaba de sus
Hermanos, que, a su vez, la servían. En este
período de reflexión, se consideró que la
premura de María iba más allá de la muerte y
que tenía que verse especialmente en su
solicitud por nuestra salvación y por
nuestra rápida liberación del Purgatorio.
Una tercera etapa en la vida de los símbolos
se encuentra cuando se pierde el contacto
con la experiencia original. En este tiempo,
o se ignora el símbolo, o se ve con
escepticismo, mientras otras personas se
aferran ciegamente al símbolo con una suerte
de fideismo, que no tiene en cuenta su
origen o significado. Esta última etapa
puede ser muy cercana a la magia. Así pues,
en tiempo de escepticismo es menester una
reconstrucción reflexiva del símbolo. Esta
cuarta etapa es una tarea para toda
generación. Necesitamos ver el Escapulario
dentro de toda la espiritualidad
carmelitana, y especialmente en relación con
los principales temas marianos.
26. En
particular, tal reflexión y reconstrucción
del símbolo del Escapulario supone que
reflexionemos y hagamos nuestro el hecho de
que María es nuestra Patrona, que cuida de
nosotros como Madre y Hermana. Nuestra Madre
nutre la vida divina en nostoros y nos
enseña el camino hacia Dios. Nuestra Hermana
camina con nosotros en el viaje de
transformación, invitándonos a hacer nuestra
su propia respuesta Hágase en mí según tu
palabra (Lucas 1:38). Sin embargo, el
Patronazgo es una relación en dos sentidos.
Recibimos el cuidado de María; en respuesta
estámos llamados a imitarla y a venerarla
mediante nuestra fidelidad a su Hijo.
El
hábito de María
27. El
Escapulario es esencialmente un "hábito".
Los que lo reciben están agregados o
asociados en varios grados respecto al
Carmelo que está dedicado al servicio de
nuestra Señora para el bien de toda la
Iglesia. (27)
Podemos profundizar nuestra apreciación de
este don mediante la reflexión acerca del
significado de las prendas y ropa en la
Biblia. Necesitamos ropa para protegernos
contra los elementos (véase Eclo. 29:28); es
una bendición de Dios (véase Deut. 10:18;
Mat. 6:28-30); simboliza todas las promesas
divinas de restauración (véase Bar. 5:1-4).
Por último, hemos de estar revestidos de
inmortalidad (véase 2 Cor 5:3-4). Pero,
entre tanto, hemos de estar revestidos de lo
nuevo (véase Col. 3:10); de hecho, hemos de
estar vestidos de Cristo (véase Rom. 13:14).
Por nuestra Regla recordamos que
hemos de estar revestidos de la armadura de
Dios.(28)
Esta armadura es casi totalmente defensiva,
la única arma ofensiva es la espada de la
Palabra de Dios (véase Ef. 6:17). Así pues,
el Escapulario visto como prenda nos
recuerda nuestra vestimenta bautismal en
Cristo, nuestra dignidad como miembros del
Carmelo de María y nuestra invulnerabilidad
cuando llevamos la armadura de Dios.
28. A fin
de apreciar el Escapulario, es menester
volver la mirada hacia nuestra tradición y
mirar alrededor de nosotros y considerar las
sensibilidades contemporáneas y componentes
culturales. La prenda de María es un tema
rico en la espiritualidad de las Iglesias
tanto oriental como occidental. En Oriente,
el velo o manto de María es un signo de su
protección; en Occidente, el hábito de María
es un signo de pertenencia a ella. Ambos
aspectos se combinan en la reflexión de Sta.
Teresa Benedicta de la Cruz: Edith Stein.
Ella habla del santo hábito de la Madre de
Dios, el escapulario marrón y dice que el 16
de julio damos gracias a nuestra querida
Señora por habernos vestido con la prenda de
salvación, un signo visible de su protección
maternal.(29)
S. Teresa de Jesús se refiere varias veces
al "hábito de María."(30)
Se deleita relatando la trampa que la Virgen
le tendió al P. Gracián para darle su
hábito,(31)
y observa Es su costumbre favorecer a los
que de ella se quieren amparar."(32)
29. De su
profundo conocimiento de que el hábito del
Carmelo es el de María, Sta. Teresa de Jesús
deduce las implicaciones concretas para la
vida de sus miembros, e.g. Todas las que
traemos este hábito sagrado del Carmen somos
llamadas a la oración y contemplación,(33)
y a la humildad.(34)
Resultaría fácil multiplicar tales
referencias de los santos y escritores
espirituales del Carmelo en cuanto al hábito
carmelitano.(35)
30.
Nuestra tradición demuestra la más firme
convicción de que el hábito y el Escapulario
no tienen efecto salvífico a no ser que
veamos su significado como el hábito de
María que nos afilia a la Familia
carmelitana, y vivamos en conformidad con su
ejemplo. Las verdades centrales que han de
ponderarse incluyen la protección de María,
su intercesión a la hora de nuestra muerte y
después de ésta. De nuestra parte se
requiere una relación filial, o una que
exprese que somos sus hermanos y hermanas y
que estemos entregados a su servicio para la
la gloria de su Hijo. El Escapulario es un
signo que nos lleva hacia tales relaciones.
31. En el
contexto moderno, María nos muestra cómo
escuchar la Palabra de Dios en las
Escrituras y en la vida misma, cómo estar
abiertos a Dios y cercanos a las necesidades
de nuestros hermanos y hermanas en un mundo
donde la pobreza en sus muchas formas les
arrebata su dignidad. María también nos
muestra el sendero de la mujer hacia Dios y
nos acompaña como mujer que es el icono de
la ternura de Dios, una mujer que tuvo que
afrontar muchas pruebas, a fin de cumplir la
vocación que Dios le dio.(36)
Es el signo de libertad y de liberación para
cuantos en su opresión claman a Dios.(37)
De nuestra parte, el Escapulario es una
expresión de nuestra confianza en el cuidado
de María. Muestra nuestra voluntad de ser
testigos de nuestra adopción bautismal y de
ser sus hijos e hijas, hermanos y hermanas,
así como nuestro deseo de estar revestidos
de sus virtudes, de su espíritu
contemplativo y de su pureza de corazón.
Así, revestidos por ella, nosotros, como
ella, reflexionamos la Palabra y demostramos
que somos discípulos de su Hijo en nuestra
dedicación a las obras del Reino de Dios:
verdad y vida, santidad y gracia, justicia,
amor y paz. (38)
32. Si en
nuestra tradición un significado esencial
del Escapulario es el de estar revestidos
por María con su hábito, necesitamos
garantizar que el alistamiento se considere
verdaderamente una investidura. Se ha de
reflexionar más acerca de este ámbito.
El
escapulario y el ofrecimiento
33. Cuando
renovó la consagración del mundo a María, en
la fiesta de la Anunciación, el año 1984, el
Papa Juan Pablo II empleó la palabra
ofrecimiento. En otras oportunidades , ha
hablado de pertenecer a María, entrega,
recomendación, servicio y ponerse en sus
manos. En el Carmelo de María, podemos ver
que esta entrega confiada es algo muy
particular y que hay una llamada a la
contemplación y la oración. Aunque la
consagración o entrega a María puede ser muy
útil cuando se presenta el Escapulario, se
han hallado muchas otras maneras en todo el
Carmelo. Muchos hablan del Escapulario en el
contexto de la evangelización. La aceptación
del Escapulario puede ser un punto crucial
en la historia de la conversión de
individuos y de comunidades. El Escapulario
también puede verse en el rico contexto de
piedad popular, que aprobó el Papa Paulo VI
en su exhortación apostólica sobre la
evangelización, Evangelii nuntiandi,(39)
y que recomendó la Conferencia
Latinoamericana de Obispos (CELAM) en Puebla
(1979).(40)
Quienes llevan el Escapulario expresan que
no son autosuficientes, y que necesitan la
ayuda divina, que, en este caso, la buscan
mediante la intercesión de María. Mediante
el Escapulario llegan a ella, que ocupa en
la santa Iglesia el lugar más alto, después
de Cristo, y a la vez el más próximo a
nosotros. (41)
Un
tesoro
familiar
34. Por lo
que hemos considerado, es obvio que el
Escapulario es uno de los tesoros de la
Familia Carmelitana. Cuando hablamos del
Escapulario debemos poner de relieve la
pertenencia a la gran Familia del Carmelo.
No sería apropiado enrolar gente con el
Escapulario sin una explicación detallada de
lo que están recibiendo. Habida cuenta de
que el Escapulario es un símbolo, su
significado ha de señalarse cuidadosamente.
En particular se debe destacar que quien lo
lleva debe tener una relación con María,
además de esperar favores de ella. Si
estamos revestidos del hábito de María,
hemos de esforzarnos también para estar
revestidos de sus virtudes. El Escapulario
es uno de nuestros medios para dirigir a las
personas hacia María y, por lo tanto, a su
Hijo.
III.
CONCLUSIÓN
35. Dado
que el Carmelo celebra este año el
Escapulario, es una oportunidad para que
todos nosotros reflexionemos nuevamente
acerca de este don y de su significado. Hay
un rico pluralismo en el Carmelo, que
permite diferentes expresiones de nuestra
herencia mariana. Todos los Carmelitas han
de afrontar el reto -y tendrán, con
seguridad, el don del Espíritu Santo- de
inculturar el carisma y la herencia del
Carmelo. Sólo podemos pedir a nuestros
frailes, a las comunidades de nuestras
monjas y hermanas y a los laicos que piensen
orantemente y con creatividad sobre el don
del Escapulario. Ante todo, debemos intentar
vincular el Escapulario a la herencia
mariana que hemos recibido y al servicio
contemplativo y activo de la Iglesia.
36. Que
María, nuestra Patrona, Madre y Hermana, nos
cubra con el manto de su especial protección
, a fin de que, vestidos con su hábito,
seamos llevados a la montaña sagrada, Cristo
nuestros Señor, en cuyo obsequio vivimos.
16 de
mayo de 2001
Fiesta de San Simon Stock, Aylesford,
Inglaterra
Joseph
Chalmers O.Carm,
Prior General / Camilo Maccise
OCD, Superior General
-----
1.
Carta del Papa Juan Pablo II, 25
Marzo 2001, No. 2
2. "Madre amable,
mujer sin mancilla." Este himno es conocido
en el Carmelo por lo menos desde finales del
siglo XIV.
3. S. Teresa de
Avila eligió a María para ser su madre,
cuando a la edad de doce años perdió a su
madre natural: "Como yo comencé a entender
lo que había perdido, afligida fuime a una
imagen de nuestra Señora y supliquéla fuese
mi madre, con muchas lágrimas. Paréceme, que
aunque se hizo con simpleza, que me ha
valido; porque conocidamente he hallado a
esta Virgen soberana en cuanto me he
encomendado a ella y, en fin, me ha tornado
a sí." (Vida 1,7). Ed. Monte Carmelo.
El Ven. Miguel de S. Agustín escribió: "el
que ama a María con un constante ejercicio
adquiere el hábito o práctica de tenerla
como amorosa Madre presente en la mente,
para que todos sus pensamientos y afectos
terminen en ella y en Dios, y la persona no
olvide ni a la amorosa Madre ni a Dios. (De
vita mariae-formi et mariana in Maria et
propter Mariam, ch. 2.)
4. Derniers
entretiens/Ultimas Conversaciones
21.8.3.
5. Carta del Papa
Juan Pablo II, 25 Marzo 2001, No.
3
6. Regla 2.
7. Acta
Apostolicae Sedis 67(1975) 338.
8. Misal
Romano, Prefacio de la Inmaculada
Concepción.
9. Carta del Prior
General Pierre de Millau al Rey Eduardo I de
Inglaterra en A. Staring, ed., Medieval
Carmelite Heritage (Rome: Carmelite
Institute, 1989) 47 with 45. Este volumen
está en MCH.
10. London 1281—AOC
15(1950) 203-245; Bordeaux 1291—18 1953
123-185; Barcelona 1324, MHC 20-112.
11. Antiquum
ordinis carmelitarum ordinale, saec. XIII.
Ed. Patrick de St. Joseph—Études
carmélitaines (1912-1913) y Ordinale
de l’Ordre de N.-D du Mont Carmel por
Sibert de Beka. Ed. B. Zimmerman (Paris
1910).
12. Había también
algunas antiguas oraciones frecuentemente
usadas en nuestras comunidades,
especialmente en nuestra liturgia, que se
refieren a la intercesión de María y a la
ayuda para la salvación: Ruega por nosotros,
oh Santa Madre de Dios, para que seamos
dignos de las promesas de Cristo. Ver
Constituciones de 1294, rúbrica
40; Te rogamos, Señor, concedas a tus hijos
perfecta salud de alma y cuerpo, y por la
intercesión de la gloriosa y bienaventurada
siempre Virgen María nos veamos libres de
las tristezas presentes y gocemos de las
alegrías eternas. Ver Constituciones
de 1281 ; La oración, Protege,con
su alusión al patronazgo, se cambió
enseguida: Protege, Oh Señor, a tus siervos
con el auxilio de la paz, y confiando en la
protección de la BienaventuradaVirgen María,
líbrales de todos los enemigos.
13. Ver Patricio
de S. José, Antiquum ordinis carmelitarum
ordinale saec. XIII (Tamines:
Ducolot-Roulin, 1912) = Études
carmélitaines (1912-1913), rúbrica 13;
Constituciones de 1324 rúbrica
3/6; Ordinaire de l’Ordre de Notre-Dame
du Mont Carmel por Sibert de Beka,
editado por B. Zimmerman (Paris: Picard,
1910) 5.
14. De
patronatu # 1533
15. cf.. Pablo
VI, Exhortación, Marialis cultus n.37
16. MCH 193-199.
17. "En cuanto a
esa vida, podemos distinguir dos metas, una
de las cuales la podemos conseguir, con la
ayuda de la gracia de Dios, a través de
nuestros propios esfuerzos y una vida
virtuosa. Esto es el ofrecer a Dios un
corazón santo y puro de toda mancha actual
de pecado. Esto lo conseguiremos cuando
seamos perfectos y nos escondamos junto al
torrente de Querit (ver 1 Re 17:2-4) - esto
es en la caridad... El otro propósito de
esta vida es algo que sólo la bondad de Dios
puede derramar sobre nosotros: es decir,
gustar en nuestros corazones y experimentar
en nuestras mentes, no sólo después de la
muerte sino también durante esta vida mortal,
algo del poder de la divina presencia, y la
felicidad de la gloria celeste".
Institutio primorum monachorum 1:2 Texto
inglés en B. Edwards, trad. y ed., The
Institute of the First Monks
(publicación privada de Carmelite Friars,
Boars Hill, Oxford, 1969) 3-4
18. "Tales eran
la oración y las obras de la gloriosísima
Virgen nuestra Señora, la cual, estando
desde el principio levantada a este alto
estado, nunca tuvo en su alma impresa forma
de alguna criatura, ni por ella se movió,
sino siempre su moción fue por el Espíritu
Santo". S. Juan de la Cruz, Subida del
Monte Carmelo 3:2,10. Una de las más
elocuentes celebraciones de la pureza de la
Virgen la encontramos en S. María Magdalena
de Pazzi, como por ejemplo su desarrollo de
María como el Templo de Jesús: su pavimento
fue su humildad, sus paredes las virtudes
cardinales que brillaron en ella: "Entonces
me parecía que la plataforma de este templo
fue su elevada mente y su iluminado
entendimiento, quiero decir de la Virgen
María. Había también un altar; y éste yo
entendí, era la voluntad de la Virgen. Y el
mantel del mismo altar era su purísima
virginidad. Y el ciborio, donde Jesús está,
era el corazón de la Virgen. Y ante el mismo
altar ví siete lámparas encendidas, que yo
entendía eran los siete dones del Espíritu
Santo, todos los cuales estaban en ella
perfectamente. Y en el dicho altar había
doce hermosísimos candelabros, que yo
entendía eran los doce frutos del Espíritu
Santo que estaban en estaVirgen.", Cuarenta
Días 14.
19. Cf. B. Tito
Brandsma, Conferencia en el Congreso Mariano
de Tangerloo, Agosto, 1936: Carmelite
Mysticism, Historical Sketches, Chicago,
1936, Conferencia IV, 52-53. "No deberíamos
pensar en imitación sin pensar en unión, ni
en unión sin el pensamiento de imitación.
Cada uno fluye hacia el otro, aunque uno u
otro puedan estar más marcados en un
particular momento. Necesitamos mantener
ambos unidos en una unidad armónica. Si
queremos conformarmos a María para gozar
plenamente una relación con Dios según su
ejemplo, debemos ser otras Marías. Debemos
permitir que María viva en nosotros. María
no debe estar fuera del Carmelita, que
debería vivir una vida como la de María,
viviendo con, en, por y para María." Aquí,
B. Tito está aludiendo a la vida mariana y
mariforme enseñada particularmente por los
místicos de los Países bajos, el Ven. Miguel
de S. Agustín (+ 1684) y la Ven. María de S.
Teresa Petijt/Petyt (+ 1677).
20. Ver Pablo VI,
Exhortación Marialis cultus (1974) #
30.
21. Derniers
entretiens/Ultimas Conversaciones
21.8.3.
22. PN 54, "Por
qué te amo, María."
23. Cf. Carta del
Papa Juan Pablo II, 25 Marzo
2001, No. 1
24. Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos, 5 Enero 1996.
25. Rito n.
5.
26. Carta del Papa
Juan Pablo II, 25 Marzo 2001, No.
5
27. Cf. Ibid No.5
28. Regla 18 y 19.
29. "Sobre la
Historia y el Espíritu del Carmelo" en
Collected Works (Washington: ICS, 1992)
vol. 4, pp. 1 y 3.
30. E.g.
Fundaciones 28:30 y 38; Vida 36:6 y
28. Ver también S. Teresa de Lisieux,
Historia de un Alma, Ms A 30v "el hábito
de la Virgen."
31. Fundaciones
23:1-8
32. Fundaciones
23:4. En otros lugares retoma el mismo tema,
que nuestras vidas deben corresponder a
nuestro hábito: "No tengo otro remedio, sino
llegarme a ella y confiar en los méritos de
su Hijo y de la Virgen, madre suya, cuyo
hábito indignamente traigo y traéis
vosotras... Imitadla y considerad qué tal
debe ser la grandeza de esta Señora y el
bien de tenerla por patrona…"Moradas 3:1,3
en Ed. Monte Carmelo: ver Fundaciones
29:31 "… una cosa tan importante a la honra
y gloria de su gloriosa Madre, pues es de su
Orden, como Señora y Patrona que es
nuestra."
33. Moradas
5:1,2
34.
"Parezcámonos, hijas mías, en algo a la gran
humildad de la Virgen Sacratísima, cuyo
hábito traemos." Camino de Perfección
13:3, (Ed. Monte Carmelo)
35. Así el B.
Tito Brandsma, quien como la mayor parte de
los Carmelitas antes de él desconocía los
problemas históricos asociados con la
visión, habló del hábito como una "señal de
devoción a María" convirtiéndose en "una
prenda de su especial protección" para que
"la gente compitiese entre sí al pedir el
hábito de la Orden, para vivir o morir con
él. Al recibir el hábito de la Orden, se
aseguraban la ayuda maternal de nuestra
Señora". También se hace eco del tema de S.
Teresa de Jesús de que deberíamos imitar a
María, en verdad ella debería vivir a través
de nosotros, para que el Carmelita se
convierta en otra María: "Dios debería ser
concebido también dentro de nosotros mismos
y dado a luz por nosotros." Carmelite
Mysticism: Historical Sketches. Edición
del 50 Aniversario (Darien: Carmelite Press,
1986), Conferencia 4, "Los Hermanos de
nuestra Señora," pp. 32 y 34.
36. Cf. Pablo VI
Exhortación, Marialis cultus, n.37
37. Cf. Juan Pablo
II, Redemptoris Mater, n.37
38. Ver Misal
Romano, Prefacio de la Fiesta de Cristo
Rey y Vaticano II, Constitución sobre la
Iglesia, LG 36.
39. N. 48 - AAS
68(1976) 37-38
40. Puebla.
Evangelización en el Presente y en el Futuro
de Latinoamérica. Conclusiones.
(Washington DC: Conferencia de los Obispos
Católicos, 1979 - Slough UK: St Paul 1980)
nn. 444-469, 910-915, 959-963.
41. Vaticano II,
Constitución sobre la Iglesia, LG 54
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