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A LOS RELIGIOSOS, MONJAS
Y LAICOS DEL CARMELO TERESIANO
Queridos hermanos y
hermanas:
Ya dentro de la Cuaresma de este año 2001, quiero enviaros ante todo un
saludo fraterno y desearos que el misterio pascual de Cristo ilumine
vuestra vida y la llene de paz y esperanza en medio de las dificultades
y desafíos que tenéis que enfrentar.
Por medio de esta carta quiero presentaros el Instrumentum
laboris (Documento de Trabajo) para nuestro próximo
Capítulo General, a celebrarse en Avila (España) en abril-mayo de
2003.
Este Instrumentum laboris es fruto de la reelaboración del Documento
de Consulta que os fue enviado el año pasado..El estudio del Documento
de Consulta fue realizado con interés por parte de la Orden. De
los frailes nos llegaron respuestas de 30 de las 34 Provincias, de 3 de
las 4 Semiprovincias, de 3 de los 4 Comisariados, de 3 de las 6
Delegaciones Generales, de 4 de los 6 Vicariatos Regionales, de 2
Delegaciones Provinciales, de 5 conventos y de 4 religiosos. De parte de
las monjas recibimos respuestas de 25 de las 48 Asociaciones o
Federaciones, de 2 Grupos provinciales de monasterios, de 60 monasterios
y de 3 monjas. El Carmelo Seglar participó enviando respuestas de 12
Fraternidades Provinciales o Regionales y de 31 Fraternidades locales.
Además 4 grupos y 5 personas ligados al Carmelo Teresiano participaron
en el estudio del documento y enviaron sus puntos de vista. Como podéis
ver la participación de la Orden fue muy buena. El estudio se
concentró especialmente en las preguntas que se proponían al final de
cada capítulo. No faltaron, sin embargo, valoraciones generales del
Documento. La grande mayoría lo juzgó positivo. El juicio de 3
Circunscripciones, de dos frailes y de unos pocos monasterios fue
decididamente negativo.
Estos aportes enviados nos ayudaron a revisar el Documento de
Consulta para preparar lo que llamamos texto provisional del Instrumentum
laboris. Este fue objeto de un estudio y análisis detallados
durante nuestro reciente Definitorio General Extraordinario, celebrado
en Nairobi (Kenia) del 28 de enero al 7 de febrero de este año. A la
luz de las observaciones hechas por los diversos grupos
geográfico-lingüísticos, hemos redactado el texto definitivo del Instrumentum
laboris, que ahora os enviamos.
Queremos poner de relieve que este Documento, como el anterior, está
destinado fundamentalmente a los frailes. Si lo enviamos a
nuestras hermanas de vida contemplativa y a los laicos del Carmelo
Teresiano es porque queremos enriquecernos con sus puntos de vista y
sus perspectivas para renovarnos... En modo alguno pretendemos
cuestionar su estilo de vida al que deben, como lo pide la Iglesia, una
fidelidad creativa.
Este Instrumentum laboris será estudiado en las Provincias y
demás Circunscripciones de la Orden en la perspectiva de los próximos
Capítulos Provinciales. La metodología para su estudio será la
siguiente:
1) Cada religioso tendrá una copia del Instrumentum laboris
para su estudio y reflexión personal.
2) La reflexión sobre el texto puede ser materia de algunas reuniones
comunitarias.
3) La discusión se concentrará en la segunda parte del texto:
Construyendo nuestro futuro a la luz de nuestra identidad
carmelitano-teresiana:
- se reflexionará sobre cada uno de los aspectos indicados
- se examinarán las conclusiones operativas propuestas y se
podrán proponer otras a nivel general de la Orden
- se propondrán también conclusiones operativas para las
deliberaciones del Capítulo de la propia circunscripción para aplicar
el Instrumentum laboris a sus particulares necesidades y
circunstancias
- podría ser oportuno nombrar una Comisión que hiciera las síntesis
de las respuestas de cada comunidad. Esta síntesis se podría presentar
en una Asamblea Plenaria de la Circunscripción antes de su Capítulo
- las conclusiones capitulares serán enviadas a Roma para tenerlas
presentes durante el Definitorio Extraordinario de septiembre 2002, que
se celebrará en Filipinas.
Las Asociaciones o Federaciones de monjas y los laicos carmelitas que
quieran contribuir con su reflexión y sus sugerencias, tengan presente
que el Instrumentum laboris se refiere a los frailes. No se
trata en modo alguno de interferir en su peculiar vocación dentro de la
familia del Carmelo.
La fecha límite para recibir las respuestas y sugerencias de las
Provincias y demás circunscripciones es el mes de mayo de 2002.
En comunión dentro del carisma carmelitano-teresiano:
Roma, 19 de marzo de 2001
Fr. Camilo Maccise, OCD, Prepósito General
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INSTRUMENTUM
LABORIS
DOCUMENTO DE TRABAJO
PARA EL
CAPITULO GENERAL 2003
EN CAMINO CON S. TERESA DE JESUS Y S. JUAN DE LA CRUZ
VOLVER A LO ESENCIAL
DEFINITORIO EXTRAORDINARIO CARMELITAS DESCALZOS
NAIROBI - 2001 |
PROLOGO
1. Hoy tenemos un conocimiento de nuestro carisma, o podemos tenerlo,
como posiblemente nunca en nuestra historia. Hoy más que nunca nuestros
santos, la espiritualidad que identifica a nuestra familia, son
reclamados dentro y fuera de la iglesia, por los más variados lectores,
que legítimamente nos exigen participarles esta riqueza. Nuestras Constituciones,
en especial el capítulo primero, nos describen en una síntesis
los elementos esenciales de nuestro carisma. Se trata de una
formulación que es fruto de una toma de conciencia renovada a partir
del Vaticano II. Con todo, tenemos que preguntarnos cómo podemos
responder desde él a las exigencias de los signos de los tiempos en la
iglesia y en el mundo y a las grandes y legítimas aspiraciones, humanas
y religiosas, de las nuevas generaciones, para que puedan cumplir de
manera más eficaz y actualizada la misión del Carmelo Teresiano en el
tercer milenio.
2. Las experiencias vividas por la Orden en el período posconciliar
"deben suscitar en nosotros un dinamismo nuevo,
empujándonos a emplear el entusiasmo experimentado en iniciativas
concretas ... En la causa del Reino no hay tiempo para mirar para
atrás, y menos para dejarse llevar por la pereza... Sin embargo, es
importante que lo que nos propongamos con la ayuda de Dios, esté
fundado en la contemplación y en la oración"(1).
Estas palabras de Juan Pablo II nos trazan un itinerario de
renovación que parte de la contemplación de Cristo doliente y
resucitado, para caminar desde El, alimentados por su palabra que
debemos escuchar y anunciar. De este modo podremos ser "testigos
del amor"y enfrentar los retos actuales: los problemas de la paz,
el vilipendio de los derechos fundamentales de tantas personas, el
desequilibrio ecológico, el respeto a la vida de cada ser humano, las
nuevas potencialidades de la ciencia. La caridad "se convertirá
entonces necesariamente en servicio a la cultura, a la política, a la
economía, a la familia, para que en todas partes se respeten los
principios fundamentales, de los que depende el destino del ser humano y
el futuro de la civilización ... Esta vertiente ético-social se
propone como una dimensión imprescindible del testimonio cristiano. Se
debe rechazar la tentación de una espiritualidad oculta e
individualista, que poco tiene que ver con las exigencias de la caridad,
ni con la lógica de la Encarnación y, en definitiva, con la misma
tensión escatológica del cristianismo. Si esta última nos hace
conscientes del carácter relativo de la historia, no nos exime en
ningún modo del deber de construirla"(2).
3. El tema de nuestro próximo Capítulo General será: En camino
con Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Volver a lo esencial. .
Esto implica reflexionar sobre el futuro del Carmelo al inicio del
tercer milenio y también sobre el futuro de la vida consagrada, ya
iniciada en el Capítulo General de Lisieux. Esta, como dice el
documento Vita consecrata, "es parte integrante de la vida de
la iglesia"(3) y, por tanto, no
podrá faltar en ella(4) . El
mismo documento, cuando mira hacia el futuro, presenta con realismo la
posibilidad de que haya Institutos que "corren incluso el riesgo de
desaparecer", mientras en otros "se plantea más bien el
problema de la reorganización de las obras"(5).
4 .Ciertamente es difícil vaticinar el futuro. Con todo, si somos
capaces de analizar los signos de los tiempos y de los lugares, podremos
descubrir en ellos la semilla que nos hace prever, en parte, algo de lo
que vendrá. ¿Cuál es, desde esta perspectiva, la situación del
Carmelo masculino y femenino y laical? La respuesta exige un
análisis de la situación del mundo, de la Iglesia y de la familia del
Carmelo. Esta valoración la haremos radicados en la fidelidad a las
líneas esenciales del Carisma teresiano-sanjuanista expresadas en
nuestras Constituciones, para así enfrentar los desafíos de
nuestra época. Es el Espíritu quien nos impulsa hacia el futuro para
seguir haciendo con nosotros cosas grandes(6).
5. Este Documento de Trabajo (Instrumentum laboris) está destinado
fundamentalmente a los frailes. Si se envía a nuestras hermanas de
vida contemplativa y a los laicos es porque queremos enriquecernos con
sus puntos de vista y sus perspectivas para renovar nuestra vida. En
modo alguno pretendemos cuestionar su estilo de vida al que deben, como
lo pide la Iglesia, una fidelidad creativa. A las monjas como a los
laicos de la familia del Carmelo Teresiano les corresponde directamente
la reflexión sobre su vida y sobre la renovación que el Espíritu les
pide a través del magisterio de la Iglesia, especialmente en los
Sínodos sobre la Vida Consagrada y sobre los laicos con sus respectivos
documentos postsinodales.
INTRODUCCION
UNA MIRADA HACIA LA REALIDAD
6. Guiados por el Magisterio de la Iglesia queremos con ella
"escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la
luz del evangelio ... Es necesario, por ello, conocer y comprender el
mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo
dramático que con frecuencia le caracteriza"(7).
Todo esto lo hacemos desde nuestra identidad
carmelitano-teresiana y con ojos de fe. Señalamos sólo algunos rasgos
fundamentales del mundo de hoy en el que se hacen presentes de una u
otra manera con las normales diferencias que se tienen en los diversos
contextos socio-culturales y eclesiales.
1. Una situación de exilio y de esperanza
7. Vivimos en una época que algunos han parangonado al exilio. Al igual
que Israel en ese período de su historia se encontró despojado de
todas sus seguridades: el templo, lugar de la presencia de Dios;
Jerusalén, capital del Reino y centro de unidad del pueblo; la
monarquía, punto de referencia de su identidad como nación. También
en la iglesia y en la vida consagrada, especialmente en occidente, hemos
perdido muchos puntos de seguridad que teníamos en un pasado cercano.
Se ha abierto paso a la búsqueda, la incertidumbre, la pluriformidad,
el desconcierto. Como el Pueblo de Israel, la vida consagrada se ha
encontrado de repente sin las certezas del pasado.
El exilio no es sólo un acontecimiento externo. Es una experiencia
espiritual. El omnipresente sanjuanista "salí de...", la
"noche oscura" que definen todo nuestro camino espiritual, el
inevitable adentrarnos "por nuevos caminos no sabidos ni
experimentados" para "ir a tierras no sabidas"(8),
nos abocan a esta misma realidad. Quienes se encuentran en situación de
exilio son personas que, aunque han tenido que cruzar
las fronteras, continúan teniendo en su corazón vínculos espirituales
y nostalgia de lo que han dejado del otro lado. Sufren por lo que han
perdido y que sigue formando parte de su identidad. La vida consagrada,
como nuestra Orden, ha tenido que marcar nuevamente los confines a
partir de una situación de exilio. Se necesita tener una profunda
espiritualidad para afrontar los nuevos confines y fronteras.
Las experiencias nuevas hechas con discernimiento orante, lejos de hacer
perder la identidad, nos llevarán a conservarla en forma renovada. El
exilio es ocasión para retomar el camino con esperanza,
para enfrentar el desafío constante de volver a lo
esencial, para crecer y madurar en la fe y en el conocimiento de
Dios, a la vez que para descubrir los condicionamientos históricos y el
diseño salvífico del Señor que pasa también a través de ellos..
2. Un mundo en cambio y transformación permanentes
8. Los cambios en el mundo, como nos recuerda la Gaudium et
Spes en la introducción, son rápidos: hoy se dan en poco
tiempo mutaciones que antes requerían siglos; universales:
afectan a todo y a todos; profundos: alcanzan todo el ser
humano y su realidad personal, familiar y social. Se puede hablar más
que de cambios de un cambio de época caracterizado por la modernidad y
la postmodernidad, por el subjetivismo y las ideologías en crisis.
Aparecen también otras tendencias positivas como la
conciencia del valor de la persona y de sus derechos fundamentales, la
búsqueda de una nueva armonía entre el ser humano y la naturaleza,
protección y defensa de la misma, la sensibilidad
frente al problema de la vida, de la justicia y de la paz, la conciencia
del valor de las propias culturas, la búsqueda de un nuevo orden
económico internacional, el sentido creciente de la responsabilidad del
ser humano frente al futuro, una nueva situación de la mujer en la
sociedad, una mayor sensibilidad de las experiencias religiosas y
místicas como medio para un proceso de liberación y de crecimiento
personal, y al mismo tiempo un deseo auténtico de espiritualidad .
En particular, y queremos señalarlo con un poco de detenimiento, se
dan algunos fenómenos como la secularización, la liberación,
la globalización y la nueva ética.
9. La secularización trae consigo una transformación de la
relación del ser humano con la naturaleza, con los otros y con Dios. Es
el fenómeno de la desacralización que afirma la legítima autonomía
de la persona, de la cultura y de la técnica. Esto puede originar
algunos desequilibrios entre la autonomía del ser humano y la pérdida
del sentido de la trascendencia (lo que conduce al
secularismo), entre los valores religiosos y los nuevos
mitos e ídolos. Por otra parte, y como reacción opuesta, se constata
con frecuencia en diversas partes del mundo el fundamentalismo religioso
que lleva consigo la negación de la libertad y la autonomía de la
persona, de la cultura y de la técnica, así como la persecución de
las minorías religiosas.
10. Otro fenómeno que no puede ignorarse es el de la liberación.
Personas, grupos, pueblos y culturas no quieren ser objetos en mano de
aquellos que detentan el poder. Desean ser protagonistas en una
situación de igualdad, responsabilidad, participación y comunión. La
toma de conciencia de la dignidad de la persona humana impulsa a buscar
caminos de realización de la misma a través del ejercicio de sus
derechos fundamentales eficazmente reconocidos, tutelados y promovidos.
En este campo hay que insertar también el movimiento feminista que
busca reconocer a la mujer el espacio que le corresponde en la sociedad
y en la Iglesia. Y esto se vive cuando surgen nuevas formas de
opresión, marginación y explotación de los más débiles, que
frecuentemente se ven forzados a abandonar sus tierras aumentando el
número de refugiados.
11. También caracteriza el momento actual el fenómeno
de la globalización, tecnológica, económica, política,
cultural. El mundo vive hoy un proceso de unificación a causa de la
creciente interdependencia en todos los ámbitos. Aspectos positivos
de la globalización son: la posibilidad de una gran interconexión
mundial, el acceso a la información y la disminución de las distancias
que puede mejorar la calidad de la vida humana. Aspectos negativos
son: la búsqueda desmedida de la ganancia económica que reduce la
persona a consumidor, que fuerza a los pobres a emigrar
en busca de una vida digna, la creciente brecha entre
ricos y pobres, la fractura de las culturas y de los modos de vida que
la mundialización trata de uniformar. Frente a esto, la Iglesia,
especialmente en sus documentos sociales, ha subrayado la dignidad de la
persona humana y la dimensión familiar de la humanidad. Esta, "a
pesar de estar desfigurada por el pecado, el odio y la violencia, está
llamada por Dios para ser una sola familia"(9).
Por ello el concepto de la individualidad de la persona debe ser
completado con los de solidaridad y responsabilidad común,
especialmente en relación a los pobres. De ahí que los bienes tengan
una hipoteca social, es decir una intrínseca función social,
"basada y justificada precisamente por el principio de la
destinación universal de los bienes"(10).La
globalización actual es una nueva manifestación del encuentro de los
pueblos, que trae consigo esperanzas y temores, posibilidades y
peligros. Puede ser un instrumento de diálogo o un instrumento de
dominación.
12. A la base de los cambios está la crisis de la ética del
pasado y la búsqueda de una nueva ética al margen de las
instituciones religiosas. Una ética que relega Dios y la religión al
ámbito privado. Asistimos al desarrollo de la bioética con las grandes
posibilidades de la ingeniería genética. Se hace urgente una ética
fundada en la dignidad de la persona humana creada por Dios, el único
absoluto. Esta ética, partiendo de los principios fundamentales de la
fe cristiana debe ser una moral en actitud de búsqueda y reflexión
desde el diálogo para acompañar a las personas en la toma de
decisiones; una moral que escuche el clamor de los pobres y que sea
profética, capaz de denunciar lo que se opone al proyecto de Dios y, al
mismo tiempo de anunciar valores alternativos de la fe cristiana como
fuente de amor y libertad auténtica.
3. Una situación nueva en la iglesia y en la vida consagrada
13. La Iglesia, si exceptuamos los tres primeros siglos de
florecimiento en el Medio Oriente, ha tenido rostro europeo hasta
principios del siglo XX. Ahora, en cambio, casi tres cuartas partes de
los cristianos viven en los países en vía de desarrollo. Esto trae
consigo la exigencia de un paso de una actitud monocéntrica religiosa,
cultural y teológica, a un pluricentrismo en estos campos; un paso de
la unidad como uniformidad, a la unidad en la pluriformidad. Los mismos
evangelios testimonian este pluralismo y abren a la continua
inculturación. Otro tanto acontece con la vida consagrada: hay que
inculturarla. De esto hemos hablado ampliamente en los números 85-87
del Documento del último Capítulo General "Procuren
ir comenzando siempre"(1997).
14. La vida consagrada, "don divino, que la Iglesia ha recibido de
su Señor", "pertenece... a su vida y santidad"(11)
existe en la Iglesia y para la Iglesia. Por eso, el
modo de entenderla y de vivirla depende en parte del modelo de iglesia
que prevalece en una época. El Vaticano II nos enseñó a considerarla
como parte del Pueblo de Dios, que vive en comunión, teniendo presente
la revalorización de los laicos y el papel de la mujer en ella(12).
15. Nuestra Orden, como parte de la Iglesia misma, vive
también inmersa en un mundo pluralista, que pide la apertura a una
unidad en la pluriformidad: - "Una pluriformidad -como dice el
documento capitular "Procuren ir comenzando siempre"-
fiel a lo esencial de nuestro carisma y que se enriquece con la
diversidad en todo lo que es secundario y cultural"(13).
Al mismo tiempo la Orden hoy más que nunca se comprende como un
movimiento espiritual dentro de la Iglesia por los numerosos testimonios
y doctrina de nuestros beatos, santos y doctores. Formamos así una
familia universal integrada por religiosos, monjas y laicos, todos en
camino hacia la nueva humanidad.
16. Teniendo en cuenta los desafíos culturales dados por una situación
de exilio y esperanza, por un mundo en cambio y en permanente
transformación, por una nueva situación en la Iglesia y en la vida
consagrada, que afecta nuestro carisma, nos proponemos reflexionar sobre
los aspectos fundamentales de nuestra vida. Para ello, partiendo de los
valores esenciales del evangelio y de la vida consagrada, queremos
ahondar en nuestro carisma teresiano-sanjuanista, en búsqueda de nuevos
caminos para su actualización y para la reestructuración de nuestras
presencias.
PRIMERA PARTE
VOLVER A LO ESENCIAL DEL CARMELO
TERESIANO
17. La expresión "volver a lo esencial" quiere indicar
simplemente el movimiento constante de retomar el camino del evangelio
que nos invita a una conversión continua. Volver, en efecto, significa,
entre otras cosas, repetir o acentuar los valores esenciales de nuestro
carisma en el aquí y ahora. No se trata, por tanto, de negar lo que se
ha realizado en un pasado remoto o reciente, sino de inyectarle un
dinamismo creciente que permita tender siempre al ideal que nos trazan
Jesús y el Espíritu Santo, que guían la vida de los individuos, de
los grupos, de la Iglesia y del mundo. Volver es un esfuerzo por poner
en práctica lo que decía nuestra Santa Madre, Teresa de Jesús:
"siempre habían de mirar que son cimientos de los que están por
venir"(14)
En esta primera parte del Instrumentum laboris iremos
recordando sucesivamente los puntos centrales del evangelio, de
la vida consagrada, de la Regla, de la experiencia
y doctrina de nuestros Santos Padres, Teresa de Jesús y Juan de la
Cruz y de lo que nuestras Constituciones renovadas nos
presentan, especialmente en el capítulo primero.
I. VOLVER A LO ESENCIAL DEL EVANGELIO
18 Cristo es el centro de la vida y de la experiencia cristianas (Col
1.15-29; Ef 2,20). El, Hijo de Dios, se encarna para revelarnos el
designio del Padre y para comunicarnos una nueva vida (Jn 1,18), la
verdad de Dios y la nuestra, Dios que se nos comunica, nosotros que
somos hijos, llamados a la unión con él. Volver a los valores
esenciales del evangelio significa, ante todo, acercarnos a Cristo a
través del Nuevo Testamento y abrirnos a la acción del Espíritu.
Cristo, movido siempre y en todo por el Espíritu, realiza la obra que
el Padre le ha encomendado, con autoridad y libertad, se mantiene fiel a
su única respuesta a la voluntad del Padre: "He aquí que vengo...
para hacer tu voluntad (Hb 10,7). San Juan de la Cruz
"resumirá" así la vida entera de Jesús: "en esta vida
no tuvo otro gusto, ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre"(15).
A Jesús lo experimentamos también presente y cercano en nuestra vida,
caminante con nosotros por la fuerza de su Espíritu.
19. En Cristo Dios nos ha revelado todo. Nunca podemos decir que lo
conocemos perfectamente: "hay mucho que ahondar en Cristo; porque
es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que, por más
que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van en cada seno
hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá"(16).Hay
que partir siempre de Cristo: "lo primero, traiga un ordinario
apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su
vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las
cosas como se hubiera él"(17). El
es el centro de nuestra vida y en él todo lo tenemos: "míos son
los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes, los justos son
míos y míos los pecadores; los ángeles son míos y la Madre de Dios y
todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mi, porque
Cristo es mío y todo para mi"(18).
Para cada generación, Jesús aparece como el que revela el designio
último de Dios sobre el ser humano y sobre el mundo. A cada persona
dirige su llamada de seguimiento para ser, como él, libre de toda
esclavitud.
20. Jesús es el evangelio viviente. "El mensajero y los
mensajes"(19). Aquel a quien la
santa Madre Teresa de Jesús experimentó como "libro vivo":
"Su Majestad ha sido el libro verdadero adonde he visto las
verdades. ¡Bendito sea tal libro que deja imprimido lo que se ha de
leer y hacer de manera que no se puede olvidar!(20).
Toda la existencia de Jesús, todo acto humano de Jesús es
revelador-liberador, proclamación de la Buena Noticia
de Dios. No sólo cuando proclama con su palabra la Buena Nueva, sino
también cuando actúa en favor de los que sufren, de los pobres, de los
pecadores; cuando denuncia todo aquello que se opone al plan de Dios en
la historia humana. "Ungido con el Espíritu", "pasó
haciendo el bien" (Hch 10,18). De este modo El es el libro abierto
en el que todos podemos inspirarnos para orientar nuestra existencia
humana, cristiana y de vida consagrada.
21. La lectura atenta de los evangelios y su
meditación en la oración nos permite recoger los
rasgos fundamentales de Jesús. El aparece como una persona libre frente
a todo y frente a todos los que pueden obstaculizar su misión de
anunciar la Buena Nueva del Padre: presión social y religiosa,
familiares y amigos, poder político y religioso, legalismo. Es libre
porque ama a todos y vive para servirlos, especialmente a los más
pobres y necesitados, para liberarlos de toda esclavitud. El encuentra
la fuerza en la comunión con el Padre -Abbá y enseña a sus
discípulos a orar al Padre con la confianza de los hijos. La
oración es la marca de la vida de Jesús. El aparece orando en todos
los momentos importantes
de su vida: en el bautismo (Lc.3,21), en el desierto (Lc.4,1-13),
antes del gran milagro de Lázaro (Jn.11,41-42), en una gran alegría
"Padre, yo te agradezco" (Mt.11,25), antes de escoger a los
apóstoles
(Lc.6,12-13). Ora por Pedro (Lc.22,32), pasa noches en oración
(Lc.5,16; 5,12), bendice el pan (Mc.6,41), participa en las romerías
(Lc.2,41-42). Mientras ora se transfigura (Lc.9,28). Suscita la voluntad
de orar, que lleva a los apóstoles a pedirle "enséñanos a
orar" (Lc.11,1). Ora incesantemente en la agonía (Mc.14, 32-39),
en el sufrimiento de la cruz (Lc.23,34), en la hora de morir (Lc.23,46;
Mc.15,34).
22. Jesús es una persona que vive para los demás. Se coloca siempre
del lado de los excluidos de la sociedad. Jesús se acerca a aquellos
que no tenían lugar dentro del sistema social existente: publicanos
(Lc.18,9-14; 19,1-10); leprosos -son acogidos y sanados (Mt. 8,2-3;
11,5; Lc. 17, 12), enfermos -son curados en día sábado (Mc.3,1-5;
Lc.14,1-6; 13,10-13); mujeres -forman parte del grupo que acompaña a
Jesús (Lc.8,1-3; 23, 49-55) niños -son presentados como profesores de
los adultos (Mt.18,1-4; 13-15; Lc.9,47-48). Jesús tiene predilección
por el pueblo humilde y afirma que éste entiende el misterio del Reino
mejor que los sabios y entendidos (Mt.11,25-26). Los samaritanos son
presentados como modelo a los judíos (Lc. 10,33; 17,16). Los
hambrientos son acogidos como rebaño sin pastor (Mc. 6, 34; Mt.9,36;
15, 32) les da de comer (Jn.6,5-11) e incentiva en ellos la solidaridad
de compartir (Jn.6,9). Devuelve la vista a los ciegos (Mc.8,22-26;
10,46-52; Jn.8,6-7), mientras que los fariseos son declarados ciegos
(Mt.23,16). La curación de los cojos es señal de que Jesús puede
perdonar pecados sin blasfemar (Mc.2,1-12). Atiende a los poseídos como
señal de que llegó el Reino de Dios (Lc.11, 14-20).La mujer adúltera
es acogida y defendida contra la ley y contra la tradición (Jn. 8,
2-11) y las prostitutas invitadas a la conversión (Mt.21,31-32;
Lc.7,37-50). Los extranjeros -son acogidos y atendidos (Lc.7, 2-10) y la
cananea consigue cambiar los planes de Jesús (Mt.15,22). Los pecadores
son llamados para ser discípulos de Jesús (Mc.1,16-20), mientras tanto
no hay ningún doctor ni escriba en el grupo de los doce. Algunos
zelotas están el grupo de Jesús (Mt.10,4; Mc.3,18 junto con Leví, el
publicano (Mc.2,14).
Estas actitudes concretas de Jesús representan un peligro muy grande
para el sistema de los Judíos, pues Jesús acoge a los
"inmorales" (prostitutas y pecadores), los
"marginados" (leprosos y enfermos), los "herejes"
(samaritanos y paganos), los "colaboradores" (publicanos y
soldados), los "débiles" y los "pobres" (que no
tienen poder ni saber).
23. Jesús denuncia todas las divisiones y las combate a través de
actitudes concretas. Las divisiones y oposiciones existentes en aquel
tiempo venían de las relaciones de producción, de la raza y de la
religión. Todo mezclado. Todas ellas contradecían la voluntad del
Padre, ya que por medio de ellas mucha gente era marginada, dejada de
lado, sin esperanza de poder obtener una vida mejor. Y muchas veces esto
era mal comprendido y legitimado en nombre de Dios, a través de una
interpretación errada de la Biblia. La división entre el prójimo y el
no-prójimo desaparece con Jesús. El afirma que el ser prójimo ya no
depende sólo de la raza ni de observancias exteriores, sino de la
disposición que tiene cada uno de aproximarse al otro, quien quiera que
sea (Lc.10,29-37) Otra división era la que se establecía entre pagano
y judío. Jesús la destruye pues estaba dispuesto a entrar en la casa
del centurión (Lc.7,6) y atiende al pedido de la cananea (Mt.15,28). La
división entre obras santas y profanas (oración, Mt.6,5-8, ayuno,
Mt.6, 16-18, Mt.6,1-14 y las demás actividades es redimensionada. La
división entre puro e impuro suprimida cuando Jesús cuestiona toda la
legislación de la pureza legal (Mt.23,23; Mc.7,13-23), y llega a
ridiculizarla (Mt.23,24). La división entre tiempo sagrado y tiempo
profano no tiene sentido para Jesús. El colocó el sábado al servicio
del hombre (Mt.12,1-12; Mc.2,27; Jn, 7, 23-24. Por último, la división
entre sitios sagrados y profanos pierde su significado pues Jesús
enseña que Dios puede ser adorado en cualquier lugar, mientras sea en
espíritu y verdad (Jn.4,21-24; Mc.11, 15-17; Jn.2,19) y no sólo en el
templo.
24. Actuando así, Jesús sacude y relativiza los pilares del sistema
judaico: observancia del sábado, el templo, las obras santas como
ayuno, oración y limosna, la ley de la pureza legal (Mt.23,25-28), la
práctica de la justicia hecha por los fariseos (Mt.5,20), la propia ley
de Moisés (Mt.5,17.21.23.31.33.338). Jesús denuncia la tentativa de
llegar a Dios a través del propio esfuerzo y del propio mérito:
"¡somos siervos inútiles!" (Lc. 17,10). De este modo, él
libera al pueblo de la tiranía de la ley, de la tiranía de los
intérpretes de la ley, de la tiranía que, en nombre de su mayor saber,
imponían pesadas cargas al pueblo ignorante (Mt.23,4). Él propone un
nuevo orden: revela a Dios como Padre de todos, que pide la fraternidad
entre los seres humanos. Une el amor a Dios con el amor al prójimo y
pide que el poder sea ejercido como servicio. Jesús permanece fiel en
el cumplimiento de la voluntad del Padre, a quien se abre confiado en la
oración, hasta la muerte.
25 .Las cartas apostólicas Tertio Millennio Adveniente y Novo
Millennio Ineunte nos invitan a "contemplar el rostro de
Cristo"(21) y a vivir en forma
particular la dimensión cristológica de la vida cristiana(22).
El Concilio Vaticano II, al hablar de la vida consagrada, insistió en
varios lugares en el aspecto fundamental de su compromiso de seguir a
Jesús, diciendo "que la norma última de la vida religiosa es el
seguimiento de Jesús"(23).
26. Volviendo a lo esencial del evangelio nos encontramos con la
presencia y la acción del Espíritu Santo que está siempre cerca, con
y en la comunidad cristiana para guiarla a la verdad plena (cf Jn
14,16-17; 16,3). El es quien mueve la Iglesia en todos los tiempos para
que dé testimonio de Cristo y vaya haciendo realidad el proyecto de
Dios sobre la humanidad (cf Hch 1,4-8). En la perspectiva de los Sinópticos,
el Espíritu es quien orienta a Cristo y a los creyentes (Mt 14,1; Lc
4,14; 2,26) y ayuda a los discípulos en los momentos de persecución
(Mt 10,20). En el libro de los Hechos de los Apóstoles, el
Espíritu guía continuamente la Iglesia. Con su acción crea la
comunidad (Hch 2,42-47) y la impulsa a evangelizar con audacia (Hch
2,29; 4,13.29.31). Al mismo tiempo defiende la libertad ayudando a que
se supere el apego al legalismo que amenaza y oprime (Hch 15,1-5.28).
Para Pablo, el Espíritu es la nueva ley (Rom 8,1-17); es un
Espíritu de comunión en la diversidad de carismas que comunica (1 Cor
12,1-13); habita en nosotros (1 Cor 3,16), nos transforma en hijos de
Dios (Rom 8,14-15) y produce frutos (Gal 5,22). En el evangelio de Juan
se subraya sobre todo la cercanía del Espíritu en la comunidad
cristiana (Jn 14,16-17) como Maestro que ayuda a reconocer y penetrar
las enseñanzas de Jesús (Jn 14,25-26; l6,12-15) y como Abogado que
defiende a Cristo y convence al mundo de pecado por no haber creído en
Jesús, de justicia porque prueba que El ha triunfado y de juicio porque
el mal ha sido vencido por Cristo (Jn 16,5-10).
27. El análisis del fundamento bíblico de la vida religiosa ayudó a
redescubrirla como una forma de seguir a Jesús(24)
Mostró que, mientras vivía, diversos grupos le seguían. Esto mismo
continuó después en la vida de la iglesia, concretizando en formas
diversas el seguimiento de Jesús. Una de estas formas es la vida
consagrada, que, a semejanza del grupo de los apóstoles, pero con una
propia interpretación, trata de vivir como Jesús y de testimoniar que
en él se halla la plenitud.
La vida consagrada es un modo de seguir a Jesús. Así
escribía San Juan de la Cruz cuando decía a la comunidad de carmelitas
de Córdoba: "Den a entender lo que profesan, que
es a Cristo desnudamente, para que las que se movieren sepan con qué
espíritu han de venir"(25). La
entrega total a Dios que expresamos por los votos, representa una nueva
forma de realizar la vocación personal y comunitaria.
28. Una relectura del seguimiento de Cristo, guiada por la acción
del Espíritu, es la que hizo brotar en el Pueblo de Dios la vida
consagrada. Esta relectura se hace en la reflexión sobre la doctrina de
Cristo con sus exigencias de totalidad y en la contemplación de su
ejemplo: nace y vive pobremente y dedica toda su existencia y energías
al servicio de los demás en una vida célibe y obediente a la voluntad
del Padre. Todos los seguidores de Jesús deben colocar el Reino de Dios
por encima de la familia y de los bienes y son invitados a tomar la cruz
del cumplimiento de la propia misión discernida a la luz de la fe (Lc
14,25-35). En la vida consagrada estas tres exigencias se interpretaron
de una manera particular que llevó a asumir la total entrega a Dios y
al servicio de los demás por medio de la castidad consagrada, la
pobreza y la obediencia.
II. VOLVER A LO ESENCIAL DE LA VIDA CONSAGRADA
29 .El seguimiento de Cristo nos lleva a vivir lo esencial de la vida
consagrada, a través de los consejos evangélicos, reproduciendo el
estilo de vida de Jesús bajo el dinamismo del Espíritu. "El
Espíritu Santo renueva incesantemente la iglesia y la conduce a la
unión consumada con su Esposo"(26).La
vida religiosa presidida por el mismo dinamismo surgió como don del
Espíritu a la Iglesia, para vivir y expresar con radicalidad algunos
valores evangélicos y para dar respuesta a situaciones de crisis, y
para salir al encuentro de las necesidades de las personas. Por eso se
insertaron admirablemente en las circunstancias de la época y hablaron
un lenguaje vital e inteligible para los contemporáneos. El Espíritu
suscita a lo largo de la historia diversas formas de vida consagrada.
Las nuevas no destruyen las anteriores pero las ayudan a renovarse y a
volver a lo esencial.
30. El carisma tiende continuamente a convertirse en experiencia, a ser
comprendido más íntimamente, a cristalizarse en formas múltiples
según el momento histórico, empujado también por los signos de los
tiempos que lo provocan, como tantas acciones de Dios en la historia.
Esta evolución interna del carisma y las formas y estructuras en las
que debe manifestarse para ser leíble, es lo que constituye la
vitalidad del carisma, en cada momento de su desarrollo. Las
encarnaciones del carisma en la historia son obra de Dios y de los
hombres. Como obras de Dios son perfectas; como obras de los hombres son
frágiles, imperfectas y transitorias. Con sentido de la historia y de
la evolución hay que permanecer abiertos a lo nuevo en un
discernimiento de fe (cf 1 Tes 5,19-21). Los años posconciliares han
estado marcados por tensiones debidas a este
esfuerzo por asimilar los cambios y enfrentar los desafíos que traen
consigo.
31. La Exhortación apostólica posconciliar Vita consecrata ha
puesto de relieve los aspectos esenciales de toda vida consagrada:
consagración, comunión y misión. Estos elementos esenciales de
la vida consagrada se comprenden mejor cuando las contemplamos desde la
perspectiva humana y cristiana. Cristo, con su vida,
nos conduce al encuentro con Dios (Fe), con los demás (Amor), con la
realidad creada (Esperanza). Esto nos conduce al encuentro con Dios, a
la apertura a los otros y al trabajo creador y comprometido en la
transformación del mundo a la luz del proyecto de Dios (la Esperanza).
La consagración es, en el fondo, una expresión de fe en un Dios
personal, único absoluto a quien debemos obediencia amorosa; la
comunión es un medio apoyado en la caridad que nos lleva a formar una
familia reunida en el nombre del Señor; la misión de anunciar y
testimoniar el evangelio con sus consecuencias y exigencias sociales, y
que es vocación de todo cristiano, el consagrado quiere subrayarlo en
un compromiso de esperanza activa al dedicarse completamente al servicio
de los demás.
32. Estos tres elementos claves de la vida humana y de la vida
consagrada: encuentro con Cristo , fraternidad y misión no se pueden
separar. Hay entre ellos una interdependencia y causalidad recíproca.
El encuentro con Cristo se manifiesta en el amor al prójimo, y ambos
impulsan a un compromiso en la transformación de la persona y de la
sociedad con el testimonio, oración y trabajo. Si Dios se
reserva personas y las consagra, es para reenviarlas con más libertad
en misión al mundo. Así la persona consagrada se entrega a
Dios por Cristo para estar abierta al servicio a los otros, a la luz de
las exigencias del Reino de Dios. Nuestra Santa Madre Teresa de Jesús
quiso dar esa dimensión apostólica a toda la vida carmelitana de
oración y fraternidad(27).
33. La forma concreta de consagración se hacía con un sólo voto (voto
de vida monástica; conversio morum) hasta el siglo XII. Este
voto único implicaba la totalidad de la consagración religiosa. A
partir del siglo XII, la forma concreta de consagración de los
religiosos se comenzó a hacer con la mención explícita de los tres
votos: castidad, pobreza y obediencia. Ellos impulsan a la
entrega a Dios y a la misión al servicio de los demás. En cuanto son reserva
de la persona a Dios, implican una donación total y generosa al amor
divino. Significan el impulso del ser humano que busca el absoluto
y por él se siente libre frente a todo. La renuncia al mundo
no es huida, sino una manera más radical de relacionarse con él. Por
los votos no se rompen las relaciones con los bienes de este mundo
(pobreza), ni con la sociedad (obediencia), ni con la mujer o varón
(castidad). Más bien, por los votos estas relaciones adquieren una
dimensión diferente a causa de su dedicación total a Dios. Los votos
consagran, dedican, hacen libres y disponibles a las personas para la
causa del Padre y de Cristo en el mundo, bajo la acción del Espíritu.
Hay en los votos religiosos una dimensión trinitaria, puesta de
relieve por la Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata(28)
34. La vida consagrada asumió casi desde los principios un ideal
comunitario: la imitación del grupo de los Doce y de la comunidad
cristiana de Jerusalén. A partir del Vaticano II se
redescubrió esta dimensión fraterna de la vida consagrada. Esta se
presenta como una vivencia fraternal del evangelio en una iglesia de
comunión. Este es precisamente uno de sus principales testimonios. Una
forma de hacer presente la salvación de Jesucristo que hizo posible la
comunión entre los seres humanos. En 1994, la CIVCSVA
publicó un documento con el título Vida fraterna en comunidad.
"Congregavit nos in unum Christi amor". En él recuerda los
cambios operados en la eclesiología y en el derecho canónico en
relación a la vida en común, que llevaron a poner el acento más que
en la vida en común, en la vida fraterna en comunidad dentro de la vida
consagrada. También subraya la evolución de algunos
aspectos de la vida humana en la sociedad que han influido decididamente
en la comunidad de personas consagradas: los movimientos de
emancipación política y social en los países en vía de desarrollo,
la reivindicación de la libertad personal y de los derechos humanos, la
promoción de la mujer, la explosión de los medios de comunicación, el
consumismo y hedonismo. "Todo esto, concluye el documento, se ha
convertido en un desafío y en una llamada a vivir con más vigor los
consejos evangélicos, incluso en apoyo del testimonio de la comunidad
cristiana"(29).
35. Al igual que en la vida cristiana, en la llamada a la vida
consagrada "está incluida la tarea de dedicarse totalmente a la
misión; más aún, la vida consagrada, bajo la acción del Espíritu
Santo, que es la fuente de toda vocación y de todo carisma, se hace
misión, como lo ha sido la vida entera de Jesús. La profesión de los
consejos evangélicos, al hacer a la persona totalmente libre para la
causa del evangelio, muestra también la trascendencia que tiene para la
misión. Se debe pues afirmar que la misión es
esencial para cada Instituto, no solamente en los de vida apostólica
activa, sino también en los de vida contemplativa"(30).
La misión no es otra cosa que la dimensión apostólica de la vida
cristiana que se vive tanto en la oración como el servicio
evangelizador. Eso explica por qué Santa Teresa de Lisieux, doctora de
la iglesia, monja contemplativa fue declarada Patrona de las misiones.
III. VOLVER A LO ESENCIAL DE NUESTRO CARISMA Y ESPIRITUALIDAD
36. El carisma de la vida carmelitano teresiano se inserta en el gran
movimiento del seguimiento de Cristo de la vida religiosa. Tres momentos
son fundamentales para la vida carmelitana teresiana: la Regla, texto
inspirador, la experiencia y la doctrina de santa Teresa y de san Juan
de la Cruz, la expresión constitucional posconciliar del carisma y la
espiritualidad en nuestras Constituciones.
La vuelta a lo esencial implica una renovada toma de conciencia de
aquellos elementos que constituyen el núcleo central de nuestro carisma
en la Iglesia. Eso nos permitirá enfrentar los retos de los signos de
los tiempos en la Iglesia y en el mundo.
1. Lo esencial en la Regla de San Alberto
37. Nuestras Constituciones sintetizan claramente los elementos
fundamentales de la Regla de San Alberto cuando hablan de la "forma
de vida" originaria del Carmelo. Esta síntesis aparece en la
enumeración de las prescripciones principales que se proponen como
norma de conducta y que son las siguientes:
"a) Vivir 'en obsequio' de Jesucristo y servirle con corazón puro
y buena conciencia, esperando de él solo la salvación; prestar
obediencia al Superior con espíritu de fe, fijándonos más que en su
persona en la de Cristo;
b) meditar continuamente la ley del Señor, cultivando la lectura divina
y fortaleciendo el alma con pensamientos santos, a fin de que la Palabra
de Dios nos llene los labios y el corazón con toda su riqueza y todo se
realice por la misma Palabra del Señor;
c) celebrar a diario en común la sagrada liturgia;
d) ponernos las armas que Dios nos da, vivir con mayor hondura la fe, la
esperanza y la caridad y seguir, por el camino de la ascesis
evangélica, el ejemplo de gozosa entrega al trabajo que nos ofrece el
Apóstol;
e) renovar la comunión de vida con la fraterna solicitud por la
observancia comunitaria y la salvación de las almas, con la mutua
corrección caritativa, con la comunicación de todos los bienes bajo la
autoridad del Superior, puesto al frente de los religiosos a título de
servicio;
f) cultivar sobre todo la oración asidua en un ambiente de soledad,
silencio y vigilancia evangélica;
g) proceder en todo, pero especialmente en las obras supererogatorias,
con discreción, ya que ella regula la práctica de la virtud"(31)
38. Estos puntos de la Regla continúan siendo válidos, pero hay que
encarnarlos y vivirlos con los matices de los tiempos y de los lugares.
Estos elementos fundamentales de la Regla de san Alberto deben ser
vistos hoy desde diversas perspectivas socio-culturales y eclesiales,
que son como ventanas diferentes que nos hacen descubrir su riqueza
integral y actualidad para responder a los desafíos nuevos para nuestra
vida carmelitano-teresiana, encarnada en las diversas culturas. De este
modo, en medio de la búsqueda, hecha con fidelidad dinámica,
descubrimos el valor y la actualidad de la experiencia de quienes nos
han precedido(32). Una relectura de la
Regla del Carmelo, como ya la Orden lo ha venido haciendo y ha
cristalizado en las Constituciones, hecha con esta actitud, hará
posible unir nuestra experiencia como carmelitas de hoy con la de
nuestros antepasados que, guiados por el Espíritu, vivieron y nos
transmitieron un carisma y una espiritualidad: "Tengamos delante
nuestros fundadores verdaderos, que son aquellos santos padres de donde
descendimos, que sabemos que por aquel camino de pobreza y humildad
gozan de Dios"(33).
39 Debemos asumir la relectura que hicieron de la Regla nuestros Santos
Padres, y a partir de nuestra experiencia vocacional, permanecer
abiertos a lo que mejor revele su riqueza y estructura para las nuevas
generaciones. La Regla nos orienta a lo esencial de nuestra vocación:
la pureza del corazón, la formación de un mundo interior que debe
purificarse y ser receptivo del Dios vivo. La Regla
ofrece un proyecto de vida evangélico, sencillo y unificado, centrado
en Jesucristo y en la comunión eclesial, situado en la historia de la
salvación. Ofrece también un proyecto estructurador para la persona.
Sitúa clara y sobriamente las tres relaciones de la persona humana: con
Dios (oración), con los demás (actos comunitarios) y consigo mismo
(interioridad y meditación personal). . La Regla ofrece un proyecto de
vida comunitaria en el cual la comunidad tiene su puesto y existe en
diálogo con la autoridad de la Iglesia entre los que conviven juntos y
las personas de fuera (huéspedes o personas que ayudaban a los frailes)
y con las otras comunidades. En una sociedad en que todo tiene un
precio, la Regla señala la importancia de la gratuidad del amor.
En la actualidad la Orden se encuentra extendida en todos los
continentes y en las más diversas culturas. Eso nos pide asumir los
elementos fundamentales de la misma para tratar de inculturarlos.
También es importante tener en cuenta una lectura femenina de la Regla.
40. Nuestros Santos Padres configuran de este modo la refundación que
hicieron: el primado absoluto de Dios (vivir en obsequio de Jesucristo),
la dimensión contemplativa de oyentes ávidos de la Palabra, la vida
personal y comunitaria, marcada y revestida por las armas de Dios, por
la "penitencia de la razón y discreción"(34),
por el ideal teresiano de amor, desasimiento y humildad(35)
41. Teresa se encuentra con la Regla bien avanzada su vida espiritual,
cuando está perfilando un nuevo proyecto para vivir su vocación, y
muestra interés por señalar el entronque de la nueva vida con el
Carmelo en sus orígenes. La adopta como ley básica de la casa, se
sitúa ante ella con libertad espiritual y la recrea con su vivencia
vocacional. San Juan de la Cruz no tiene ninguna alusión explícita a
la Regla, más bien con su doctrina nos desvela y profundiza los valores
fundamentales de la misma: el seguimiento de Cristo, el absoluto de
Dios, la abnegación, la escucha de la Palabra, y la respuesta en la fe,
esperanza y caridad.
42. Nuestros Santos Padres hicieron una verdadera
"refundación". Habiendo alcanzado las raíces del Carmelo lo
abrieron a horizontes nuevos respondiendo así a los desafíos de su
época. Partieron de una experiencia y la expresaron en sus escritos que
iluminan nuestro camino. A esta experiencia y a esta doctrina debemos
volver si queremos responder al desafío de lo esencial del carisma y de
la espiritualidad del Carmelo teresiano-sanjuanista.
2. Lo esencial de la experiencia y doctrina teresianas
43. Desde siempre muy dotada para las relaciones interpersonales, para
la amistad, nuestra santa Madre, cuya experiencia está en el origen de
nuestra identidad vocacional en la iglesia, es centrada por Dios,
"recogida" por y en él, misterio trinitario. Las Personas
divinas (Dios) llenan totalmente el espacio de su conciencia lanzándola
fuerte y vivamente a una relación interpersonal, hasta sumergirla en la
vida de relación intratrinitaria. Experimenta la presencia y cercanía
del Padre. Basta "ponerse en soledad y mirarle dentro de sí"(36).
En sus Relaciones nos habla de su experiencia de la persona del Padre
que se acercaba a ella y le decía palabras muy agradables. "Entre
ellas me dijo, mostrándome lo que quería: 'Yo te di a mi Hijo y al
Espíritu Santo"(37).
44. Asumiendo nuestra naturaleza humana, por la acción del Espíritu
Santo, el Verbo de Dios, nos dice la Santa Madre, no sólo asume
nuestras flaquezas, trabajo y limitaciones y así entiende nuestras
flaquezas, sino también muestra la dirección y el ámbito de nuestra
filiación divina: nuestra condición humana, y por eso es compañía y
amigo verdadero: "no somos ángeles, sino tenemos cuerpo. Querernos
hacer ángeles estando en la tierra ... es desatino ... y en tiempo de
sequedades, es muy buen amigo Cristo, porque le miramos Hombre y
vémosle con flaquezas y trabajos y es compañía"(38).
Por eso Santa Teresa se opone al parecer de muchos teólogos que
exigían abandonar la humanidad de Cristo para poder subir a los grados
superiores de contemplación. Afirma con fuerza que no hay que apartarse
de la humanidad de Cristo(39). El
seguimiento de Jesús bajo la acción del Espíritu, implica también en
la doctrina teresiana el asumir nuestra naturaleza y vivirla como
gracia, como vehículo de gracia. También en la experiencia de las
limitaciones y achaques. Cristificar es también humanizar, o si se
quiere personalizar, hacer persona.
45. Por supuesto que Santa Teresa nos enseña igualmente que junto con
este proceso de humanización se da un proceso de divinización.
También a nosotros nos define lo divino y lo humano junto. Toda la
ascética teresiana busca la liberación y el potenciamiento de lo
humano, el embellecimiento de la persona a fin de que podamos ser
transformados en signos e instrumentos del Hombre-Dios y el Dios-Hombre:
"mientras más santas, más conversables con sus hermanas ... Ser
afables y agradar y contentar a las personas que tratemos"(40).Teresa
nos comunica su gozoso descubrimiento de Dios y de sus exigencias que
llegan al nudo de nuestras relaciones humanas. Según ella, la
humanización de Dios nos abre el camino y hace posible la nuestra que
se continúa en la humanización de todas las estructuras, siempre al
servicio de la persona, como nos recuerda el Vaticano II: "el
principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y
debe ser la persona humana"(41). En
este aligeramiento de las estructuras se comprometió a fondo Teresa en
su proyecto renovador del Carmelo. Procuró pasar de un rígido
hieratismo a un humanismo evangélico: "entienda, mi padre, que yo
soy amiga de apretar en las virtudes, mas no en el rigor, como lo verán
por nuestras casas"(42). Santa
Teresa siempre defendió la comprensión y el humanismo en las
estructuras y en la aplicación de las leyes, porque "un alma
apretada no puede servir bien a Dios"(43).
46. Junto con la experiencia del Padre y del Hijo, Santa Teresa
experimentó la presencia y la acción del Espíritu en su vida.
"Paréceme a mí que el Espíritu Santo debe ser medianero entre el
alma y Dios"(44).El es quien guía
la vida de las personas y les comunica la fe, como a los Apóstoles. El
acompaña en la oración y hace experimentar al Padre y al Hijo
presentes.
47. El camino y expresión vivencial -más tarde también doctrinal- de
estas experiencias divinas fue la oración, trato de amistad(45).
Es el "medio" y "lugar" por excelencia de su
experiencia de Dios. Santa Teresa subraya la importancia del encuentro
con el Señor en el silencio y en la soledad, aunque, ya en la plenitud
de su unión con Dios, escribe "que entre los pucheros anda
Dios"(46) y que se comunica por
muchos caminos(47). No sólo en los
"rincones"(48).
Las oración será el centro y eje de su mensaje espiritual.
Entendida como amistad se extiende a toda la existencia y lleva a ser
amigos de Dios. Por eso, cuando presenta su pedagogía de la oración
insistirá en el ser: "qué tales habremos de ser"(49).
Y habla de la recreación del ser (amor fraterno, desasimiento, humildad
= verdad) como "cosas necesarias para los que pretenden llevar
camino de oración"(50).
48. Este planteamiento le servirá para educar a la vida de comunidad,
que es un elemento esencialísimo en la experiencia y palabra
teresianas. Compara sus comunidades con el grupo de los Doce alrededor
del Señor y las llama "colegio de Cristo"(51).
Él "nos juntó aquí", "nos trajo aquí"(52).
La comunidad surge, porque el Señor llama y congrega para una donación
colectiva a él: "darnos todas al Todo sin hacernos partes"(53).
El nos hace deudos los unos de los otros. Somos de este modo una nueva
familia: "No hallaremos mejores deudos que los que su Majestad nos
enviare(54). Esta oración-amistad está
centrada desde el principio en Jesucristo(55).En
El, "libro vivo," aprende "las verdades"(56)
del ser de Dios y de nosotros mismos, de nuestra llamada a "ser
conformes" a él(57). Hay que
destacar que el humanismo teresiano tiene aquí su verdadera raíz.
49. La persona consagrada se transforma en Amiga-Esposa de Jesús y
tiene que ser don para los otros: en la Iglesia y en el mundo. La
oración , para Santa Teresa no se reduce a unos momentos ni tampoco
puede cerrarnos sobre nosotros mismos(58)
. Así educó a su monjas: "Que se aficionasen al bien de las almas
y al aumento de su iglesia"(59) .
"Quienes conocen la condición de Dios" se hacen don de sí(60).
No se santifican para darse, sino que, dándose, se santifican. Y así
"pelean por Cristo"(61).
María es la expresión suprema de la vocación carmelitana:
"tenéis tan buena madre"(62)
, debemos "hacer la vida como verdaderas/os hijas/os de
María"(63) , pues la reforma es
"la causa de la Virgen María"(64)
. Somos "su Orden"(65).
50. Esta experiencia entrañable de las tres Personas divinas y de su
acción en nosotros y en la historia, se vive y se alimenta en la
oración como trato de amistad con la Trinidad. El humanismo está
enraizado en la encarnación del Verbo. La comunión fruto de la
presencia y de la acción del Espíritu que impulsa a la misión para
proclamar la Buena noticia de salvación y para vivir la fe
(humildad-verdad), la esperanza (desapego) y el amo, es anuncio
evangélico(66). Estos son los elementos
fundamentales de la experiencia y doctrina teresianas.
3. Lo esencial de la experiencia y doctrina sanjuanistas
51. San Juan de la Cruz está también fuertemente impactado
-experiencia y palabra- por el misterio tripersonal de Dios que se
autocomunica. Esta experiencia le hace "salir", empeñar
personalmente su vida, dar la res-puesta a la pro-puesta de Dios:
"Si el alma busca a Dios, mucho más le busca su Amado a ella"(67).
"Dios es el centro del alma"(68).
El Santo, explicando nuestra condición de hijos de Dios, habla del
deseo de entender las profundas vías y misterios de la Encarnación que
tiene la persona transformada en Cristo por la acción del Espíritu:
"Una de las causas que más mueven al alma a desear entrar en esta
espesura de sabiduría de Dios y conocer muy adentro la hermosura de su
Sabiduría divina es ... por venir a unir su entendimiento en Dios,
según la noticia de los misterios de la Encarnación, como más alta y
sabrosa sabiduría de todas sus obras"(69).
En estas "cavernas" de Cristo desea adentrarse el creyente
para absorberse y transformarse y embriagarse, es decir vivir la
participación real y total en la modalidad filial de ser compañeros de
la divina naturaleza, "iguales y compañeros de Dios"(70).
Este proceso de ser transformados en hijos en el Hijo se realiza por la
acción del Espíritu Santo que purifica al creyente de todo lo que no
es Dios y le da la posibilidad de amar a Dios con el mismo amor de Dios
y lleva a plenitud la imagen de Dios que somos desde el momento de
nuestro nacimiento(71). San Juan de la
Cruz pone de relieve que en esta participación de la vida
intratrinitaria por la acción del Espíritu Santo es semejante el alma
a Dios, y para que pudiese venir a esto la crió a su imagen y
semejanza. "Y cómo eso sea no hay más saber ni poder para
decirlo, sino dar a a entender cómo el Hijo de Dios nos alcanzó este
alto estado y nos mereció este subido puesto de poder ser hijos de
Dios"(72).
52. El encuentro con Dios se da siempre en las virtudes teologales:
acciones de Dios en las que él mismo es, a la vez, comunicante y
comunicado(73), capacitadoras y camino
para el hombre, en su aspecto purificativo y unitivo(74).
En ellas el Santo expresa todo el movimiento de donación de Dios y de
respuesta humana: "el único medio próximo de la unión". La
vida cristiana es sólo, sustancialmente, vida teologal.
También este enfoque se profundiza en la oración-contemplación:
en ellas no "hay que llevar otro arrimo sino la fe y la esperanza y
el amor"(75). El Espíritu Santo,
agente de la contemplación, "no le alumbrará [al alma] más que
en fe"(76). Él es la "llama
viva" que purifica (verdadera y profunda "ascesis") y
une, "diviniza". Todo el camino espiritual se hace bajo la
moción del Espíritu.
53. El camino espiritual, de purificación y de unión,
simultáneamente, está marcado en la realidad y en la enseñanza del
Santo, por la Noche, "momentos" de más intensa experiencia de
purificación, "momentos" decisivos del camino de la unión,
que merecen un particular tratamiento del doctor místico. La unión
es la vocación del hombre, realidad envolvente, dinámica, en devenir,
que preside todo el camino del creyente, "condiciona" e
ilumina toda la exposición sanjuanista(77).
La unión, que en su máxima realización, es la inmersión profunda en
el misterio de vida trinitaria(78),
realiza de forma eficaz nuestra condición filial(79).
54. Jesucristo, el Hijo, modalidad de nuestra participación en el
misterio trinitario(80), es también, en
su pasión y muerte, camino nuestro, quien justifica y verifica nuestra
"pasión y muerte", nuestra "ascética":
"sígale hasta el calvario y el sepulcro"(81).
Es el sentido de 2S 7, en el que el Santo nos ofrece su comprensión
"del misterio de la puerta y del camino de Cristo"(82)
, nuestro camino(83). Así encabeza el
pequeño manojo de "avisos" en 1S 13,3; así sintetiza la
Noche: "entremos más adentro en la espesura"(84).
Morir "siguiendo sus pisadas" [de Cristo] a cuanto
"estorbe la resurrección interior del espíritu"(85).
San Juan de la Cruz presenta a Jesús como Palabra del Padre, en la que
nos ha dicho y dado todo y ha quedado mudo. El Padre nos ha dado a su
Hijo por hermano, compañero, precio y prenda. Eso debe alimentar en
nosotros una actitud de base: poner los ojos en Cristo porque en El el
Padre nos ha revelado todo, "pues, acabando de hablar toda la fe en
Cristo, no hay más fe que revelar ni la habrá jamás"(86).
55. Lo esencial de la experiencia y de la doctrina sanjuanista se
encuentra, como en Santa Teresa, en el campo trinitario: las tres
Personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, son las que hacen la
obra de la unión del ser humano con Dios(87).
Esta se realiza a través de un camino iluminado por el Verbo, Palabra
del Padre y guiado por el Espíritu Santo. Se pasa a través de las
noches de purificación que van llevando a la maduración en la fe, la
esperanza y la caridad. Estas tres actitudes fundamentales son el medio
y disposición para la unión con Dios(88)
y guían el camino de la auténtica oración cristiana. El humanismo de
San Juan de la Cruz complementa el de Santa Teresa. Este humanismo se
encuentra en su sensibilidad ante la belleza de la naturaleza, su amor
por la música, su preocupación por los enfermos y por los pobres y
especialmente en sus escritos poéticos.
4. Lo esencial del carisma y la espiritualidad del Carmelo Teresiano
56. Vita consecrata nos invita a "reproducir con valor la
audacia, la creatividad y la santidad de los fundadores y
fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el
mundo de hoy"(89). En el Carmelo
Teresiano-Sanjuanista este dinamismo histórico del carisma se ha
encarnado y enriquecido con la santidad de tantos hermanos y hermanas
nuestros que, en diversas épocas y lugares fueron testimonio viviente
de ese don comunicado a nuestra Orden en la Iglesia y se convirtieron en
fundamento silencioso y elocuente de una auténtica fidelidad creativa.
Entre otros, destacan Teresa de Lisieux, Isabel de la Trinidad, Edith
Stein, Rafael Kalinoswki, Teresa de los Andes y otros muchos
oficialmente reconocidos como beatos o santos o sin ese reconocimiento
oficial.
Es urgente, por tanto que la vida espiritual ocupe el primer lugar en
el programa de renovación de nuestra familia religiosa, de modo que
aparezca como escuela de espiritualidad evangélica"(90),
. Esta experiencia carismática, caracteriza peculiarmente nuestra Orden
que, a través de sus Constituciones, aprobadas por la Iglesia, ha
obtenido la garantía de que "en su carisma espiritual y
apostólico se dan todos los requisitos objetivos para alcanzar la
perfección evangélica personal y comunitaria"(91)..
57. El número 15 de nuestras Constituciones presenta
sintéticamente lo esencial de nuestro carisma y espiritualidad.
Reflexionar sobre ello nos ayudará a retomar lo que realmente es
básico en nuestra vocación y misión.
"Teniendo en cuenta los orígenes de nuestra vocación y el carisma
teresiano, cabe enumerar aquí los siguientes elementos primordiales de
nuestra profesión:
a) Abrazamos la vida religiosa 'en obsequio de Jesucristo'
apoyándonos en el común destino, la imitación y el patrocinio de la
santísima Virgen, cuya forma de vida constituye para nosotros un modelo
de configuración con Cristo.
b) Nuestra vocación es fundamentalmente una gracia, que nos impulsa, en
una comunión fraterna de vida, a la 'misteriosa unión con Dios' por el
camino de la contemplación y de la actividad apostólica
indisolublemente hermanadas al servicio de la iglesia.
c) Estamos llamados a la oración, que, alimentada con la escucha de la
Palabra de Dios y la liturgia, nos conduce al trato de amistad con Dios,
no sólo cuando oramos, sino cuando vivimos. Nos comprometemos en esta
vida de oración, que se ha de nutrir de la fe, la esperanza y sobre
todo de la caridad divina, a fin de poder, una vez purificados los
corazones, profundizar en nuestra vocación cristiana y disponernos a
una efusión más copiosa de los dones del Espíritu Santo. Así
participamos del carisma teresiano y llevamos adelante la inspiración
originaria del Carmelo, envueltos por la presencia y el misterio del
Dios vivo.
d) Pertenece al mismo ser de nuestro carisma penetrar de celo
apostólico la oración y toda la vida consagrada, trabajar de distintas
maneras en servicio de la Iglesia y de los hombres, para que de verdad
'la acción apostólica dimane de la íntima unión con Cristo', más
aún, aspirar también a la sublime forma de apostolado que fluye de la
plenitud del 'estado de unión con Dios'.
e) Pretendemos realizar ambos servicios, el contemplativo y el
apostólico, formando una comunidad fraterna. De este modo, fieles a la
idea primitiva de santa Teresa de fundar una minúscula familia a imagen
y semejanza del pequeño 'colegio de Cristo', gracias a nuestra
comunión de vida basada en la caridad, nos convertimos en testigos de
la unidad de la iglesia.
f) Por último nos esforzamos en edificar nuestra vida sobre el cimiento
de la abnegación evangélica, conforme a la Regla y las enseñanzas de
nuestros Santos Padres.
58. Santa Teresa trazó también el estilo concreto de
vivir estas realidades del carisma y de la espiritualidad. Ella "quiso
marcar su Obra con una forma y estilo peculiares de vida: fomentando las
virtudes sociales y demás valores humanos, cultivando la alegría y
suavidad de la vida fraterna en un cordial ambiente de familia,
inculcando la dignidad de la persona humana y la nobleza de alma,
elogiando y promoviendo la formación de los religiosos jóvenes, el
estudio y cultivo de las 'letras', ordenando la mortificación y los
ejercicios ascéticos de la comunidad a una más profunda vida teologal
y acomodando estas prácticas al ministerio apostólico, alentando la
comunión entre las distintas casas y la amistad evangélica entre las
personas"(92).
SEGUNDA PARTE
CONSTRUYENDO NUESTRO FUTURO
A LA LUZ DE NUESTRA IDENTIDAD CARMELITANO TERESIANA
59. Hemos hablado en la primera parte de los principales desafíos
que se presentan hoy en la realidad socio-cultural y eclesial y que nos
interpelan. El Carmelo Teresiano del futuro deberá tratar de responder
a ellos desde su propia identidad en los diversos campos:
socio-cultural, religioso, eclesial y carmelitano. Señalamos en todos
esos ámbitos algunos retos y, al mismo tiempo, indicamos algunas
conclusiones operativas que nos permitan emprender caminos prácticos de
renovación desde la fidelidad creativa.
A. Aspecto socio-cultural
60. El fenómeno de la secularización encuentra en la experiencia del
Carmelo una valoración y unas líneas orientadoras. El valor de las
realidades temporales ha sido cantado por nuestros místicos que
descubrieron en todas ellas la huella de Dios. Al mismo tiempo, ellos
las vieron como medios para subir más allá y abrirse a la
trascendencia de Dios, presente y cercano, pero siempre mayor. La
dimensión oracional y contemplativa del Carmelo deberá ser vivida y
presentada como apertura a la trascendencia, como fuente de compromiso y
esperanza en los caminos de transformación del mundo, como camino para
un diálogo ecuménico e interreligioso según las diversas situaciones
socio-culturales.
61. Los anhelos de libertad y liberación fruto de la conciencia de la
dignidad humana exigen un compromiso eficaz de todas las personas de
buena voluntad en la defensa y promoción de los derechos humanos. El
Carmelo del futuro no podrá permanecer ajeno a estos desafíos sabiendo
cómo Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y los demás santos, maestros de
vida espiritual, hablaron de la dignidad de las personas, creadas a
imagen de Dios y llamadas a la transformación en El. San Juan de la
Cruz invita a considerar la grandeza del ser humano que tiene esta
vocación de vivir la vida divina, por eso, "un solo pensamiento
del hombre vale más que todo el mundo; por tanto, sólo Dios es digno
de él"(93).
62. La globalización, que pone en comunicación el mundo y lo
transforma, ocasiona también la pobreza y la marginación de las
personas. La oración carmelitana, entendida como diálogo de amistad
con Dios y camino de comunión con él, permitirá al Carmelo en el
futuro ser signo e instrumento de diálogo y comunión. La experiencia
contemplativa de Dios, por otra parte, pondrá de relieve la necesidad
de contar con El en la elaboración de los valores éticos. Dios está a
la base de ellos y sin El no se puede crear nada de auténtico.
63. Conclusiones operativas
1. Como carmelitas teresianos necesitamos encarnar nuestro carisma en el
mundo de hoy y, desde nuestra identidad, enfrentar los desafíos que
presenta. Es necesario por tanto que desde el tiempo de la formación
inicial se ayude a "conocer y comprender el mundo en que vivimos,
sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático, que con
frecuencia le caracteriza"(94).
2. En la formación permanente se tendrá presente la profundización en
la realidad del mundo de hoy, en general, y de los diversos contextos
socio-culturales en particular.
3. Como carmelitas teresianos debemos vivir y transmitir nuestra
espiritualidad como camino de auténtica libertad y compromiso con la
justicia y la paz.
B. Aspecto religioso
64. En el mundo de hoy existe una gran sed de espiritualidad que muchas
veces degenera en espiritualismo. La vocación y misión del Carmelo
está precisamente en ayudar, a la luz de la experiencia y de las
enseñanzas de sus santos, a ir a las raíces de una auténtica
espiritualidad que supere las experiencias superficiales de lo sagrado.
Nuestras comunidades, centradas en el absoluto de Dios, deberán ser
escuelas de oración que vayan transformando a sus miembros en
verdaderos contemplativos, capaces de descubrir a Dios presente y
cercano en los acontecimientos, en las personas, en lo positivo y en lo
negativo de la historia. Un Dios que nos cuestiona e interpela.
Esa contemplación comprometida será capaz de revelar el rostro del
Dios de nuestro Señor Jesucristo a las personas que lo buscan a
tientas. Los miembros del Carmelo teresiano debemos tratar de difundir
el amor y el conocimiento de ese Dios encontrado en la oración y que
conduce a un compromiso con la justicia y la paz.
La vivencia y el testimonio de la experiencia de Dios tendrán lugar
en medio de los retos de cada ambiente socio-cultural y eclesial. Hay
que ayudar a descubrir a Dios como fuente de plenitud, como liberador,
como el Dios de la esperanza, como Padre-Madre, como alguien siempre
cercano.
65. En los esfuerzos de búsqueda del sentido de la vida y de la
verdad que caracterizan el camino de la humanidad de todos los tiempos,
la Palabra de Dios es luz que ilumina y orienta a los creyentes en
Cristo, Palabra del Padre. El Carmelo que, desde sus orígenes, ha
tenido como ideal la meditación, día y noche, de la Palabra del
Señor, tiene delante de sí una exigencia y una tarea. La exigencia de
vivir a la escucha de la Palabra y la tarea de educar a otros para ello.
Se trata de una lectura vital con la convicción de que la Escritura
surge de la vida y de la experiencia de un pueblo guiado por Dios, que
desde la fe descubre sus presencia y sus interpelaciones en la historia
y se esfuerza por responder a ellas. La Biblia es la experiencia modelo
con la que debemos confrontar nuestras experiencias. La misión de las
comunidades carmelitanas será la de ser centros de acompañamiento
espiritual en la lectura de la Biblia para transformarlo en un
acercamiento orante, contemplativo y comprometedor, ya que "a Dios
hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus
palabras"(95). De este modo se
evitará una lectura espiritualista y reductiva a la Escritura y se
ayudará a descubrir las llamadas de Dios dentro de la realidad de cada
día y de la propia vocación y misión. Aquí tiene el Carmelo del
futuro un desafío para renovar su vida y cumplir su misión.
66. El Carmelo del futuro está llamado a ofrecer medios que
respondan a la sed de Dios que hay en el mundo actual. La espiritualidad
carmelitana tiene inmensas posibilidades para responder a esta sed de
Dios y para conducir las personas de modo más profundo en su relación
con Dios. Todas nuestras comunidades de vida apostólica y
contemplativa, los religiosos/as y laicos deberían empeñarse en la
tarea de vivir una experiencia espiritual evangélica y profunda. A
partir de ella, sea en el compartir, sea en el acoger para ofrecer
espacios y medios para esa experiencia a los demás, sea en la creación
de Centros e Institutos de Espiritualidad, el Carmelo Teresiano del
futuro podrá prestar un servicio cualificado en la Iglesia.
67. Conclusiones operativas
1. Hay que redescubrir la importancia de la lectura y meditación de la
Palabra de Dios en conexión con la vida para poder educar al Pueblo de
Dios en una lectura orante de la Escritura como punto de partida del
empeño evangelizador. María, la Virgen orante, que escucha la Palabra
de Dios y la pone en práctica es el modelo a seguir.
2. Es necesario crear Institutos nacionales o regionales de
espiritualidad carmelitano-teresiana al servicio interno de la Orden,
que promuevan un contacto vital de nuestros frailes con la doctrina de
nuestros santos releída en los diversos contextos socio-culturales y
eclesiales.
3. Se debe continuar adelante en la apertura de estructuras que
faciliten nuestro servicio en el campo de la espiritualidad a todos los
niveles. En particular hay que procurar la creación de Institutos de
Espiritualidad inculturados en los diversos ambientes. Igualmente hay
que capacitar a nuestros religiosos en el uso de los medios de
comunicación al servicio de la pastoral de la espiritualidad.
4. Es preciso favorecer una fidelidad renovada a los tiempos fuertes de
oración personal y litúrgica para ir creciendo en la actitud
contemplativa que nos permita experimentar a Dios en todas las
circunstancias, personas y acontecimientos y nos lleve a una
contemplación comprometida que testimonie y proclame la presencia de
Dios en nuestra historia.
5. Debemos hacer un esfuerzo de relectura de nuestros Santos Padres para
que pueden ser presentados como interlocutores del mundo religioso en el
campo ecuménico, interreligioso y de las diversas culturas.
C. Aspecto eclesial
68. La fidelidad creativa y las exigencias de nuestra época han puesto
de relieve la actualidad del ideal teresiano de ser pequeñas
comunidades orantes, fraternas y comprometidas con el anuncio del
evangelio. Este tipo de comunidades pequeñas y
cercanas a la realidad están llamadas a ser signos de la presencia de
Dios en el corazón de la historia y del mundo. La cercanía a la
realidad de la vida de las personas creará necesariamente una
diversidad de fraternidades carmelitanas inculturadas. Esto exigirá un
cambio de estructuras.
Estas comunidades deberán estar abiertas a compartir el carisma y la
espiritualidad con los laicos. Estos les darán la necesaria cercanía a
la realidad para asumir los grandes desafíos que se presentan y para
encarnarse en ella. Se requiere una revisión en profundidad de los
modelos de vida, de la organización, de los canales a través de los
cuales se ofrece el testimonio de la fraternidad orante y apostólica.
Deberán ser comunidades que puedan vivir la vida carmelitana en forma
sencilla, humilde, más espontánea en las condiciones ordinarias para
transformarse en verdaderos lugares de encuentro para quienes buscan la
oración contemplativa.
69. Conclusiones operativas
1. La formación y la renovación a la vida fraterna en comunidad
deberá ser una de las prioridades de la Orden si queremos ser fieles al
carisma carmelitano-teresiano. En la línea del ideal teresiano deberán
tender a ser comunidades orantes, fraternas al servicio del Reino de
Dios. Eso requiere la realización de auténticos proyectos comunitarios
viables y que ayude a superar el creciente individualismo. Las formas
concretas de organización comunitaria tendrán en cuenta las exigencias
establecidas en nuestras Constituciones y los diversos entornos
socio-culturales que piden estilos diversos de organización y de vida.
2. En la línea establecida por el documento postsinodal Vita Consecrata(96),
nuestras comunidades deberán estar más abiertas a compartir la vida,
el carisma y la espiritualidad con los laicos. Experiencias nuevas en
ese campo, acompañadas por evaluaciones periódicas, son necesarias. En
diálogo comunitario, con los responsables de las circunscripciones y
con los laicos, se procurará establecer alguna experiencia en este
sentido.
3. Debemos estar abiertos a colaborar con la Iglesia en el campo de
la evangelización, sobre todo ofreciendo nuestro servicio peculiar de
la espiritualidad incluso en los territorios misionales.
D. Aspecto carmelitano
70. El punto de partida es y será siempre la formación de nuestras
comunidades al carisma teresiano-sanjuanista en el estilo de fraternidad
y en los valores esenciales de nuestra vocación en la Iglesia. Es
evidente la necesidad de una formación carismática, capaz de crear
personas conscientes de su carisma personal y comunitario y abiertas a
testimoniarlo y a compartirlo en la participación de los diversos
carismas. Eso requiere una eclesiología de comunión que no disminuye
las peculiaridades propias de cada carisma y no hace desaparecer las
diferencias, pero que hace de la diversidad una fuente de
enriquecimiento. Es decisiva una formación en la relación entre los
miembros de la Orden y con los laicos y en contacto con los diversos
contextos de comunión y colaboración, no sólo en el campo apostólico
sino también en el de la vivencia de las fuentes inspiradoras del
carisma y de la espiritualidad.
71. Uno de los medios para dinamizar y hacer más eficaz el servicio que
el carisma y la espiritualidad del Carmelo pueden prestar a las personas
es el del diálogo y la colaboración entre los diversos componentes de
la familia carmelitano-teresiana. También la apertura a la diversidad
cultural.
En el campo espiritual y apostólico el Carmelo cuenta con un grupo
numeroso de Congregaciones religiosas y de Institutos seculares
afiliados. La raíz espiritual y los varios matices del carisma
carmelitano contribuyen a hacer presente la riqueza del carisma y de la
espiritualidad carmelitana en los diversos campos de la pastoral, de la
formación y de la nueva evangelización. En el futuro hay que
incrementar este trabajo en común. Al mismo tiempo, una nueva relación
con el Carmelo Seglar y con otros grupos que han nacido y seguirán
naciendo en el seno de la familia de Teresa de Jesús y de Juan de la
Cruz dará una mayor eficacia al testimonio y a la misión del Carmelo.
72. Conclusiones operativas
1. Hay que promover el diálogo y la reflexión conjunta con los
miembros del Carmelo Seglar, con los Institutos afiliados y con otros
grupos carmelitano-teresianos para descubrir nuevas perspectivas de
vivir y poner al servicio de la Iglesia nuestro carisma y
espiritualidad. Temas particulares de diálogo y reflexión podrían
ser, entre otros: la experiencia del absoluto y la centralidad de Dios
en nuestra vida; la vida fraterna en comunidad; la oración como lugar
de la experiencia de Dios y como nota distintiva de la familia del
Carmelo teresiano.
2. Es necesario favorecer un diálogo especial con nuestras hermanas
carmelitas contemplativas para enriquecer la percepción que tenemos del
carisma y de la espiritualidad con la perspectiva femenina que completa
y equilibra la masculina con la dimensión intuitiva-afectiva, realista,
nupcial y materna, mariana y que orienta a la acogida, intimidad y
compasión.
E. Odres nuevos para vino nuevo
73. Todas estas consideraciones que hemos hecho en la perspectiva de
volver a lo esencial de la mano de nuestros Santos Padres no podrán
transformarse en una realidad sin un cambio profundo de vida, como hemos
señalado anteriormente y también sin una reestructuración adecuada
que ayude a vivir mejor nuestra vida fraterna en comunidades orantes y,
al mismo tiempo, a servir a la Iglesia desde nuestro peculiar carisma y
espiritualidad.
74. Se trata, ante todo de estar abiertos a una organización de
nuestras comunidades desde la pluriformidad y la adaptación a las
diferentes culturas y situaciones. Habrá lugares en los que
prevalecerá una estructura monástica, con comunidades numerosas; en
otros contextos, en cambio, la solución será contar con comunidades
más pequeñas y más insertas en la realidad de la gente. En unos
lugares el acento se pondrá en unos aspectos, en otros deberán pasar a
un segundo plano, pero siempre existirá el compromiso de conservar los
valores esenciales.
75. El desafío de lo esencial es como la llave que nos puede abrir la
puerta hacia respuestas nuevas a situaciones nuevas. Estamos
llamados a correr el riesgo de la fe para caminar por los caminos
inéditos del Espíritu. Ello nos exige actualizar nuestro carisma y, a
veces, el rediseñar nuestras presencias teniendo
presentes algunos criterios, diversas perspectivas y
caminos concretos.
76. Necesitamos, ante todo, vivir nuestra identidad
carismática y saberla transmitir de manera
inteligible, fieles a la Iglesia, en diálogo con la
realidad. Una auténtica reestructuración debe estar guiada por
estos criterios. Las perspectivas deberán ser
los signos de los tiempos y de los lugares, de manera especial el de la
inculturación que lleva a la unidad en la diversidad.
77. Los caminos prácticos abren un abanico de posibilidades que van
desde la reestructuración interna de algunas presencias y actividades
(reordenar las finalidades, atender a nuevos destinatarios, cambiar
nuestro papel, reducirlo o ampliarlo según los casos, abrirnos a la
colaboración del Carmelo Seglar y del laicado asociado) hasta
la redistribución de las fuerzas (reforzar algunas
presencias, disminuir otras). En otras ocasiones habrá que cerrar
algunas presencias cuando no respondan a las condiciones actuales de
nuestra vida carmelitano-teresiana, del personal, de las exigencias.
Finalmente, y este es el camino de la fidelidad creativa, se tendrán
que abrir nuevas presencias más de acuerdo con nuestro carisma y con
los desafíos de hoy en los diversos contextos socio-culturales y
eclesiales.
78. Conclusiones operativas
1. Las Provincias y Circunscripciones harán un estudio de las
circunstancias en que se encuentran y de los cuestionamientos que los
signos de los tiempos y de los lugares les presentan para ver seriamente
si es el caso de organizar un plano de reestructuración que permita
vivir mejor la vida fraterna en comunidad y prestar un servicio más
cualificado carmelitanamente en las iglesias locales.
2. Se organizará en las Provincias y demás circunscripciones un
programa de formación permanente que ayude a profundizar en la
teología actual de la vida consagrada y en la espiritualidad de nuestra
Orden, como base y fundamento para una renovación auténtica.
3. A nivel de naciones o regiones se estudiará la manera de crecer en
colaboración para vivir mejor nuestra vida carmelitano teresiana, para
la formación y para llevar adelante iniciativas comunes que
caractericen nuestra presencia y nuestro servicio en la Iglesia.
CONCLUSIÓN
79. No podemos renegar un glorioso y fecundo pasado, que ha tenido,
junto a las luces, también zonas de sombra. Debemos sin duda afrontar
nuevos y grandes desafíos en la sociedad y en la Iglesia, y por esto
tenemos necesidad de una clara identidad cristiana, religiosa, y
carmelitano-teresiana. La vuelta a lo esencial es el camino para
mantener vivo este don del Espíritu a la Iglesia: una Iglesia universal
y pluricultural, signo e instrumento del proyecto de Dios en esta
transición epocal.
80. El Carmelo en el tercer milenio tendrá mucho que vivir y
testimoniar si es capaz de volver a lo esencial y de despojarse de
aquellas adherencias socio-culturales y eclesiales que sean fruto
exclusivo de una época, de una mentalidad o de un contexto
socio-cultural. La abnegación evangélica, la contemplación, la
fraternidad teresiana seguirán teniendo vigencia, pero en un renovado
compromiso con los valores dinámicos de la fidelidad creativa, la
aceptación del riesgo con decisión y confianza, la conversión, la
justicia, el amor, la responsabilidad personal. Obviamente, hace falta
fundamentarse en el Espíritu para moverse en la noche oscura de la fe
guiados por el amor. De otro modo, el largo y difícil camino que
tenemos por delante nos desalentará. No cabe duda de que debemos partir
siempre, como Santa Teresa y San Juan de la Cruz, de la oración, a fin
de que la vida "en Cristo" y "según el Espíritu"
pueda inundar nuestra existencia. Pero, al mismo tiempo, hay que
manifestar el fruto de la oración en el servicio a los demás. Como
decía Santa Teresa : "De esto sirve este matrimonio espiritual; de
que nazcan siempre obras, obras"(97).
81. Que María, Virgen de la Visitación, como la
llama Vita consecrata, nos enseñe a "acudir a las necesidades
humanas con el fin de socorrerlas", pero, sobre todo, para que
llevemos a Jesús, proclamando sus maravillas. Que ella, que supo
siempre hacer la voluntad del Padre, "disponible en la obediencia,
intrépida en la pobreza y acogedora en la virginidad fecunda"(98),
nos alcance del Señor lo que necesitamos para vivir como hijos de
Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz y ser testigos proféticos de Dios
en el nuevo milenio.
1. Novo Millenio Ineunte (NMI) 15.
2. Id. 51-52.
3. VC 3.
4. Cf.. Id. 63.
5. Ib.
6. Cf VC 110.
7. GS 4.
8. 2N 16, 8
9. JUAN PABLO II, Mensaje para el día mundial de la paz (2000), n.
2.
10. Sollicitudo Rei Socialis, 42.
11. LG, 43-44.
12. Cf. VC 57-58.
13. Procuren ir comenzando siempre, 14.
14. Fundaciones, 4,6.
15. 1S 13, 4
16. S. JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual 37,4.
17. Id. Subida I, 13,3,
18. Id. Oración del alma enamorada
19. CB 6, 7
20. TERESA DE JESUS, Vida, 26,6.
21. NMI 16.
22. Cf. Tertio Millennio Adveniente, (TMA) 40.
23. Cf. PC 2.
24. Ib.
25. Carta a la M. María de Jesús, 18.7.1589; 16
26. LG 4
27. Cf. Camino de Perfección (CV) 3,10.
28. Cf. VC 17-21.
29. CIVCSVA, Vida fraterna en comunidad (VFC) 4.
30. VC 72.
31. Constituciones OCD, n. 3
32. Cf. Documento del Capítulo General 1997, Procuren ir
comenzando siempre y las conferencias del Definitorio General
Extraordinario celebrado en el Monte Carmelo (1998): La Regla del
Carmelo. Nuevos horizontes.
33. S. TERESA DE JESUS, Fundaciones 14,4.
34. 1N 6, 2
35. Cf CB 4,4.
36. CV 28,2.
37. R 25,2
38. V 22,10
39. Cf M VI,7,9.
40. CB 41,7.
41. GS 25.
42. Carta al P. Ambrosio Mariano, 12.12.1576.
43. Carta al P. Jerónimo Gracián, 21.2.1581.
44. Conceptos del amor de Dios, 5,5.
45. V 8,5.
46. F 5, 8
47. Ib. 5.
48. Ib. 16.
49. CV 4, 1.
50. Ib. 3.
51. CV 27, 6.
52. Ib. 8, 1-3.
53. Ib. 1.
54. CV 9, 4
55. V 4, 8; 9, 4.
56. Ib. 26, 6.
57. CV 22, 7
58. CV 3, 10; CC 52, 1.
59. F 1,6.
60. Ib. 5, 5.
61. CV 3, 5.
62. 3M 1, 3
63. F 16, 7; 27, 10
64. F 28, 7
65. F 28, 37; 29, 31
66. F 3,18
67. Ll 3,2 8.
68. Ll 1, 12.
69. CB 37, 2.
70. CB 39,6.
71. Cf Ll 3,79.
72. CB 39,5.
73. CB 1, 10; 12, 1-2.4.
74. 2N 21, 11-12; 2S 6.
75. D 118.
76. 2S 29, 6.
77. 2S 5.
78. CB 39, 3-6; Ll 2, 77-79.
79. Ll 1, 27; 3, 10.78.
80. CB 39, 5-6.
81. D 176.
82. 2S 7, 11.
83. Ib. 12.
84. CB 36, 10-13.
85. Carta 7.
86. 2S 22,7.
87. Cf Ll 2,1.
88. Cf 2S 6,6.
89. VC 37.
90. Cf Ib. 93.
91. Ib.
92. Constituciones, 10.
93. Dichos 34.
94. GS 4.
95. DV 25.
96. VC 54-56.
97. M VII, 4,6.
98. Ib n. 112 |