Queridos hermanos,
en
ocasión del Capítulo Provincial queremos saludar a cada
una de las circunscripciones de la Orden y hacernos
presentes en vuestros afanes y esperanzas.
1. Con
exactitud y sabiduría nos prescribe la norma de nuestras
Leyes: “El consejo provincial prepare cuidadosamente
la celebración capitular, dando opción a todos los
religiosos para presentar planes y sugerencias a su
consideración. Dése mucha importancia a la preparación
espiritual” (N 207).
Se
concibe aquí el Capítulo Provincial justamente como un
proceso en que participa toda la Provincia, y
que requiere una preparación espiritual. Esto último
indica que el Capítulo, que ha de ocuparse de realidades
concretas y materiales, es, en todo ello, un
acontecimiento espiritual: tiene sentido como un acto de
nuestra vocación religiosa. Nos invita a que personal y
colectivamente escuchemos la voz de nuestra vocación a
la vida religiosa y al Carmelo y la voz de la humanidad
que nos rodea.
“Es
importante que lo que nos propongamos con la ayuda de
Dios esté fundado en la
contemplación y en la oración” (Novo Millennio
Ineunte 15). A la vez es necesario “escrutar a fondo
los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del
evangelio...Es necesario, por ello, conocer y comprender
el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus
aspiraciones y el sesgo dramático que con
frecuencia le caracteriza” (GS 4).
2. El
Capítulo General nos urge a “favorecer reuniones de
sensibilización y verificación de los caminos
de renovación a nivel de Provincia o Circunscripción”
(“En Camino con santa Teresa de Jesús y san Juan de la
Cruz”, 79, 1). La primera de estas reuniones es el
Capítulo Provincial. De acuerdo con esto, en la
preparación previa y durante el capítulo, es preciso
tomar el tiempo suficiente para reflexionar sobre el
camino que estamos haciendo y sobre la realidad eclesial
y social en que nos encontramos. Os invito a mirar
todo nuestro camino, de cada circunscripción, con
sinceridad y lucidez. Se ha de hacer constructivamente,
con realismo y con esperanza.
3.
Respecto a las determinaciones capitulares, tenemos que
considerar, obviamente, las “Conclusiones Operativas”
del Capítulo General ( Tercera parte), aplicándolas a la
realidad de cada circunscripción. Es muy conveniente
distinguir entre determinaciones que siempre hay que
recordar y promover, y algunas pocas determinaciones
especiales para el trienio, concretas y evaluables,
que respondan a necesidades importantes constatadas,
determinaciones que por tanto serán las prioridades del
trienio.
“Los
caminos prácticos abren un camino de posibilidades que
van desde la reestructuración interna de algunas
presencias y actividades (reordenar las finalidades,
atender a nuevos destinatarios, cambiar nuestro papel,
reducirlo o ampliarlo según los casos, abrirnos a la
colaboración del Carmelo Seglar y del laicado asociado)
hasta la redistribución de las fuerzas (reforzar
algunas presencias, disminuir otras)”
(Capítulo General, “En Camino...”, 78. Ahí mismo se
continúa sugiriendo la oportunidad de cerrar
presencias y abrir nuevas).
4. En
la determinación de estas ordenaciones capitulares, las
Provincias que han recibido ya la visita pastoral
general tomarán en cuenta, en su reflexión y en sus
decisiones, las indicaciones o determinaciones del
Visitador.
5. En
gran parte de las Provincias el discernimiento
vocacional y la formación han de continuar siendo
las prioridades, tanto en lo que respecta a la
destinación de las personas responsables como en lo
concerniente a los planes de promoción y formación.
En la
mayor parte de Europa y de América del Norte, en este
tema, no se puede dejar de centrar una renovada atención
en la promoción vocacional, sin desalentarse,
reavivando la confianza en nuestra vocación
religiosa y carmelitana, estimulados también por signos
positivos perceptibles, tal como mostró el Encuentro de
Promotores de Europa y del Área Mediterránea de
septiembre de 2004 (en Marco de Canaveses, Portugal).
No
olvidamos que toda la realidad de la promoción y de la
formación de las nuevas vocaciones está en relación
directa también con nuestra vida de personas y
comunidades orantes, fraternas y consagradas
fervientemente al servicio del evangelio de Jesús.
“La
formación y la renovación de la vida fraterna en
comunidad continúa siendo una de las prioridades de la
Orden si queremos ser fieles a nuestro carisma. En la
línea del ideal teresiano nuestras comunidades deberán
tender a ser orantes, fraternas, al servicio del Reino
de Dios. Eso requiere la realización de auténticos
proyectos comunitarios viables y que ayuden a superar el
creciente individualismo”
(Capítulo
General 2003, n. 70,1).
Aunque
de ningún modo hay que renunciar a la audacia de tener
que tomar decisiones grandes o radicales, en la vida
normal no es menos importante la actitud del espíritu
despierto que da pequeños pasos constructivos y
renovadores mirando hacia la vida comunitaria y hacia el
servicio a la Iglesia y a la sociedad.
Deseamos
de corazón y pedimos al Señor que la celebración del
capítulo, llevado a cabo con actitudes de esperanza y de
fraternidad, sea motivo de renovada fuerza y gozo para
la Provincia y para cada uno de los religiosos.
Roma, 14
noviembre 2004

Luis
Aróstegui
Prep. Gen.