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P. Luis Aróstegui Gamboa
  P. N. Praepositus Generalis

A LOS CAPÍTULOS PROVINCIALES 2005

ocdgen@pcn.net


              

 

 

Queridos hermanos,

en ocasión del Capítulo Provincial queremos saludar a cada una de las circunscripciones de la Orden y hacernos presentes en vuestros afanes y esperanzas. 

1. Con exactitud y sabiduría nos prescribe la norma de nuestras Leyes: “El consejo provincial prepare cuidadosamente la celebración capitular, dando opción a todos los religiosos para presentar planes y sugerencias a su consideración. Dése mucha importancia a la preparación espiritual” (N 207).  

Se concibe aquí el Capítulo Provincial justamente como un proceso en que participa toda la Provincia, y que requiere una preparación espiritual. Esto último indica que el Capítulo, que ha de ocuparse de realidades concretas y materiales, es, en todo ello, un acontecimiento espiritual: tiene sentido como un acto de nuestra vocación religiosa. Nos invita a que personal y colectivamente escuchemos la voz de nuestra vocación a la vida religiosa y al Carmelo y la voz de la humanidad que nos rodea. 

“Es importante que lo que nos propongamos con la ayuda de Dios  esté fundado en la contemplación y en la oración” (Novo Millennio Ineunte 15). A la vez es necesario “escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del evangelio...Es necesario, por ello, conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza” (GS 4). 

2. El Capítulo General nos urge a “favorecer reuniones de sensibilización y verificación de los caminos  de renovación a nivel de Provincia o Circunscripción” (“En Camino con santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz”, 79, 1). La primera de estas reuniones es el Capítulo Provincial. De acuerdo con esto, en la preparación previa y durante el capítulo, es preciso tomar el tiempo suficiente para reflexionar sobre el camino que estamos haciendo y sobre la realidad eclesial y social en que nos encontramos. Os invito a mirar todo nuestro camino, de cada circunscripción, con sinceridad y lucidez. Se ha de hacer constructivamente, con realismo y con esperanza.  

3. Respecto a las determinaciones capitulares, tenemos que considerar, obviamente, las “Conclusiones Operativas” del Capítulo General ( Tercera parte), aplicándolas a la realidad de cada circunscripción. Es muy conveniente distinguir entre determinaciones que siempre hay que recordar y promover, y algunas pocas determinaciones especiales para el trienio, concretas y evaluables, que respondan a necesidades importantes constatadas, determinaciones que por tanto serán las prioridades del trienio.  

“Los caminos prácticos abren un camino de posibilidades que van desde la reestructuración interna de algunas presencias y actividades (reordenar las finalidades, atender a nuevos destinatarios, cambiar nuestro papel, reducirlo o ampliarlo según los casos, abrirnos a la colaboración del Carmelo Seglar y del laicado asociado) hasta la redistribución  de las fuerzas (reforzar algunas presencias, disminuir otras)” (Capítulo General, “En Camino...”, 78. Ahí mismo se continúa sugiriendo la oportunidad  de cerrar presencias y abrir nuevas). 

 4. En la determinación de estas ordenaciones capitulares, las Provincias que han recibido ya la visita pastoral general tomarán en cuenta, en su reflexión y en sus decisiones, las indicaciones o determinaciones del Visitador. 

5. En gran parte de las Provincias el discernimiento vocacional y la formación han de continuar siendo las prioridades, tanto en lo que respecta a la destinación de las personas responsables como en lo concerniente a los planes de promoción y formación. 

En la mayor parte de Europa y de América del Norte, en este tema, no se puede dejar de centrar una renovada atención en la promoción vocacional, sin desalentarse, reavivando la confianza  en nuestra vocación religiosa y carmelitana, estimulados también por signos positivos perceptibles, tal como mostró el Encuentro de Promotores de Europa y del Área Mediterránea de septiembre de 2004 (en Marco de Canaveses, Portugal). 

No olvidamos que toda la realidad de la promoción y de la formación de las nuevas vocaciones está en relación directa también con nuestra vida de personas y comunidades orantes, fraternas y consagradas fervientemente al servicio del evangelio de Jesús. 

“La formación y la renovación de la vida fraterna en comunidad continúa siendo una de las prioridades de la Orden si queremos ser fieles a nuestro carisma. En la línea del ideal teresiano nuestras comunidades deberán tender a ser orantes, fraternas, al servicio del Reino de Dios. Eso requiere la realización de auténticos proyectos comunitarios viables y que ayuden a superar el creciente individualismo” (Capítulo General 2003, n. 70,1). 

Aunque de ningún modo hay que renunciar a la audacia de tener que tomar decisiones grandes o radicales, en la vida normal no es menos importante la actitud del espíritu despierto que da pequeños pasos constructivos y renovadores mirando hacia la vida comunitaria y hacia el servicio a la Iglesia y a la sociedad. 

Deseamos de corazón y pedimos al Señor que la celebración del capítulo, llevado a cabo con actitudes de esperanza y de fraternidad, sea motivo de renovada fuerza y gozo para la Provincia y para cada uno de los religiosos.  

Roma, 14 noviembre 2004 

 

Luis Aróstegui
Prep. Gen.

 

     
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