Conferenza tenuta dal P. N. Generale, in occasione
dell’incontro degli studenti europei OCD, tenutosi a
Marco de Canaveses (Portogallo), dal 29 agosto al 6
settembre 2004
1.
Europa y el mundo.
Como se trata de un encuentro de estudiantes carmelitas
europeos, habéis limitado las reflexiones al hecho de
Europa. Esto es legítimo, e incluso lo apropiado, pues
hay que reflexionar preferentemente sobre la realidad
donde se está inserto. Sólo hay que recordar que “todos
las cosas son mías”, toda la humanidad. Además, Europa
misma no está sola: cada vez más está condicionada por
el resto del mundo.Precisamente la responsabilidad ante
el resto del mundo (que está cada vez más presente) es
una característica innegable de Europa y de los europeos.
La mirada al mundo entero, que pertenece ya
sociológicamente a Europa, es esencial en nuesta visión
de la vida religiosa y carmelitana.
2.
Nosotros dentro de la cultura actual.
Cuando hablamos de los retos de la sociedad a la vida
religiosa, se puede pensar que ellos son realidades
objetivas y externas a nosotros, y nosotros expectadores.
Pero en verdad esas realidades son nuestras, nos
conforman. Al darnos cuenta de ellas, nos damos cuenta
de lo que somos nosotros mismos, aunque esto hay que
entenderlo de modo matizado respecto a las diferentes
realidades. Porque ¿de dónde y de cuándo somos nosotros?
¿Estamos metidos tral vez en una campana de cristal que
nos protege de la realidad de la historia que corre hoy?
¿Se puede concebir hoy la vida religiosa como tal
campana que protege del mundo? Estas preguntas abordan
ya el tema de esta reflexión.
3. Los
retos de la cultura europea.
En documentos oficiales aparecen mencionados algunos, si
bien no restringidos a Europa, como en Novo Millennio
ineunte, o en el documento de Lisieux
Procuren ir comenzando siempre, y en el de Ávila
En Camino con Santa Teresa de Jesús y San Juan de la
Cruz. En el “Instrumentum laboris” para el
congreso sobre la vida religiosa organizada por la Unión
de Superires Generales para el noviembre próximo se
citan ocho:Globalización con sus ambigüedades, Movilidad
humana y sus fenómenos migratorios, El injusto sistema
económico y las nuevas formas de solidaridad, La vida
amenazada y defendida, Pluralismo y creciente
diferenciación, Mentalidad y actitudes postmodernas,
La sed de amor y la distorsión del amor, Sed de lo
Sagrado y el materialismo secularista.
Junto a
esto habría que tener en cuenta también tendencias
claramente positivas, aunque no siempre coherentemente
realizadas: el sentido cada vez mayor de la dignidad de
la persona humana, de sus derechos fundamentales, el
papel de la mujer en la vida pública, el sentido de la
ecología como responsabilidad acerca del hogar común de
la humanidad etc.
En el
análisis de lo que pueden ser los desafíos de la cultura
europea es posible acenturar unos u otros. Me parece que
como retos especiales para nosotros nos podemos fijar en
los siguientes: Secularización. Globalización.
Consumismo. Pluralismo cultural, sobre todo respecto a
los valores religiosos y morales. La globalización
implica también de hecho la presencia creciente de la
inmigración con sus aspectos sociales y culturales, y la
presencia de los países en vías de desarrollo en la
conciencia de la Europa desarrollada.
4. El
Carmelo ante los retos. El Carmelo no tiene la
solución eficaz de todos estos problemas humanos y
religiosos. No la tiene nadie. Pero puede y debe hacer
alguna oferta, tiene que ser una realidad positiva en
medio de estos desafíos, no puede ser insignicante en sí
mismo, por ser ajeno a la realidad o por no vivir una
positividad humana.
El modo
de abordar esta cuestión puede ser el siguiente: ¿Cómo
podemos ser y actuar, cómo podemos vivir como carmelitas
en esta Europa? De modo que esta vida sea significativa
para nosotros y para otros. Lo primero es que sea
significativa para nosotros, en este mundo de hoy que
somos nosotros mismos.
Hay dos
cosas que, aunque no desarrolladas aquí, se presuponen,
y que se refieren a la vida religiosa en general : Una
es que debemos partir siempre del evangelio de Jesús y
del “hoy”. Es decir, que el discernimiento de lo que el
evangelio de Jesús nos inspira hoy es la norma
permanente de nuestra vida. Y juntamente con ello, que
siendo personas de hoy, sin añorar siglos pasados, el
evangelio puede ser plenitud de nuestra vida. El aceptar
el “hoy” es reconocer lo que somos. No significa aceptar
todos los modos de las realidades actuales. Al
contrario, el modo de ser en verdad contracultural, o
signo profético, es ser personas de hoy no menos
que los demás.
La
segunda cosa que hay que presuponer es la excelencia
humana de la vida religiosa. La significatividad de la
vida religiosa (y del Carmelo) no puede consistir en una
especie de heroísmo negativo, en la negación del mundo,
del rechazo continuo de sus valores. Nuestra reflexión y
vivencia tiene que ser capaz de comprenderse dentro de
una comprensión positiva de la creación como creación de
Dios y asumida en Cristo. En la vida religiosa hay una
belleza, un atractivo espiritual, que implica también
una plenitud de la persona humana, no obstante la
abnegación evangélica.
5.
Nuestra oferta. Pues bien: los carmelitas de santa
Teresa queremos ser pequeñas comunidades orantes y
fraternas al servicio del Reino. Es una formulación que
se puede enjuiciar con razón como genérica, y que puede
valer casi para todos. Pero en principio es verdadera
para nosotros. Tenemos que ver cómo se concreta, o se
vive o se llena esa formulación genérica.
En medio
de la secularización, del alejamiento de Dios, del
consumismo y materialismo, pero también de la sed del
sagrado, de cierta trascendencia, de la búsqueda del
significado y esperanza ( a veces no confesada),
queremos ser personas y comunidades que viven en la
presencia gozosa del Padre, de Jesús, en el Espíritu de
hijos.
La
experiencia de los testigos del Carmelo nos acercan, nos
abren al evangelio de Jesús. Nos muestran la cercanía y
la profundidad del Evangelio, de la Buena Noticia.
a) En
particular, es la humanidad de Dios en el rostro de
Cristo. Es la intimidad de confianza con quien
sabemos nos ama. Tan humano que comprende nuestras
debilidades (Santa Teresa de Jesús).
b) Esta
intimidad divina en el Carmelo Teresino se vive en
comunidad: es una intimidad que crea fraternidad. Es
una comunidad cuyo centro está constituido por Jesús y
su Reino (Santa Teresa).
c) Una
fraternidad abierta: El Carmelo Teresiano no es
refugio individual, ni es grupo sólo que se autocomplace
en sí mismo, sino que existe para crear comunión y
fratenidad en el mundo (Santa Teresa).
d) Todo
ello se vive en estilo de la igualdad, de la libertad,
sencillez y naturalidad, de alegría, de sentido
común y cristiano. Es un estilo de familia que tiene la
raíz teológica en la humanidad de Dios en Cristo, en la
amistad y cecanía del Señor. No afecta sólo a las
relaciones fraternas, sino a la concepción de la vida
teologal misma. Es todo lo contrario de lo rígido, del
espiritualismo, de lo falso. La humildad-verdad es el
alma de este modo de ser y relacionarse (Santa Teresa).
e)
Pertenece a la experiencia evangélica del Carmelo la
sentida necesidad de la purificación, de la
transformación. La experiencia de la trascendencia de
Dios y su cercanía; y, a la vez, la belleza del mundo
como transparencia o vestigio divino (San Juan de la
Cruz).
f) En el
Carmelo se ha dado la plena experiencia de la propia
nada, y a la vez, del amor misericordioso, y, de
este modo, de la esperanza invencible en el poder de ese
amor misericordioso (Teresa de Lisieux).
g) La
experiencia de la nada se ha vivido como
identificación con los alejados e increyentes
(Teresa de Lisieux) y con las víctimas de la
injusticia: el Carmelo en el campo de concentración,
es decir, en el lugar del “Holocausto” (Edith Stein).
Se dan
al mismo tiempo la razón inquisitiva moderna y, a la
vez, la paz y el gozo de la fe (Teresa de Lisieux y
Edith Stein).
6.
Dios en la realidad histórica. Esta es,
sintéticamente, la espiritualidad del Carmelo, su alma.
La atmósfera interior natural. El espíritu de familia.
Desde
esa alma podemos decir con el documento de Ávila, en el
contexto del mundo de hoy (de la comprensión teológica
de hoy): “La dimensión oracional y contemplativa del
Carmelo deberá ser vivida y presentada como apetura a la
trascendencia, como fuente de compromiso y esperanza
en los caminos de transformación del mundo, como camino
para un diálogo ecuménico e interreligioso según las
diversas situaciones socio-culturales” (n 61).
“Los
anhelos de libertad
y liberación, fruto de la conciencia de la dignidad
humana, exigen un compromiso de todas las personas de
buena voluntad en la defensa y promoción de los derechos
humanos. El Carmelo del futuro no podrá permanecer ajeno
a estos desafíos sabiendo cómo Teresa de Jesús, Juan de
la Cruz y los demás santos carmelitas, maestros de vida
espiritual, hablaron de la diignidad de las personas,
creadas a imagen de Dios y llamadas a la transformación
en él” (n.62).
“Los
Carmelitas teresianos queremos enfrentar los desafíos
presentes en las realidades socio-culturales y
eclesiales. Queremos promover un conocimiento de la
sociología que ayude a nuestros religiosos a leer esas
relidades y a hacer una reflexión teológica realista y
encarnada. Es necesario por tanto que desde el tiempo de
la formación inicial se ayude a ‘conocer y comprender el
mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y
el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza’
(GS 4). Nuestros religiosos deben aprender también a
sentirse corresponsables de los problemas sociales y
a buscar soluciones, aunque sean pequeñas, a los
problemas que nos rodean, como actualización de la
conciencia profética que nos debe caracterizar, lejos de
todo absentismo y pasividad” (n.63).
Ya hemos
visto que la idea de la contemplación (no la
psicológica, o la estética) incluye el “amor a Dios y al
prójimo”, y comprende la realidad humana histórica y
material. Es la contemplación integrada, evangélica. En
esta línea, se dice todavía:
Los
auténticos orantes, contemplativos son los
“Capaces de descubrir a Dios presente y cercano en las
personas, en los acontecimientos, en lo positivo y en
lo negativo de la historia. Un Dios que nos
cuestiona e interpela.
Esta
contemplación comprometida será capaz de revelar el
rostro del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo a
las personas que lo buscan a tientas”... “La vivencia y
el testimonio de la experiencia de Dios tendrán lugar en
medio de los retos de cada ambiente socio-cultural y
eclesial. Hay que ayudar a descubrir a Dios como
fuente de plenitud, como liberador, como el Dios de
la esperanza, como Padre-Madre, como alguien siempre
cercano” (n.65).
Hay aquí
mucha materia de reflexión: la contemplación evangélica
descubre al Dios plenitud y liberador, al Dios fuente de
esperanza.
Para
ello, el documento de Ávila señala algunas pistas
preferentes: señala el estudio y la lectura orante de la
biblia, escuchando su voz, en cuanto experiencia modelo
en que, desde la fe, se descubre la presencia de Dios y
sus interpelaciones en la historia (n. 66).
A partir
de una experiencia espiritual evangélica profunda, sea
en el compartir, sea en el acoger ofrecuendo espacios y
medios para esa experiencia los demás, sea en la
creación de centros e institutos de espiritualidad, el
Carmelo del futuro podrá prestar un servicio cualificado
en la Iglesia (n. 67).
Se
sugiere que se organicen, cursillos, retiros etc. donde
se introduzca a la palabra y se ore desde la vida
(68,1).
Del
mismo modo, se urge la promoción del conocimiento y
profundización de nuestros santos, haciendo una
relectura como interlocutores del mundo religioso. Para
ello la necesidad de especialistas cualificados en el
campo de la espiritualidad (n. Ib, 2).
Todo
esto tiene que estar integrado en la realidad humana e
histórica. Por ello, no se ha omitido el recordar la
necesidad del conocimiento de la realidad
sociológica en la formación. Y de urgir el
comprometimiento en la búsqueda de soluciones a los
problemas, aunque sean pequeñas.
7.
Nuestro sentido e identificación. En el documento
del Capítulo General de Ávila, se insiste bastante en la
pastoral de la espiritualidad. Cietamente, como
promotora de paz y justicia, como inequívocamente se ha
expresado. También tiene en cuenta la amplitud de
nuestras Constituciones, que abren a un amplio
campo de apostolado: “Siendo esencialmente enviados a la
evangelización estaremos abiertos a los diferentes
ámbitos de servicio evangelizador y comprometidos con la
Iglesia en el campo de la evangelización, sobre todo
ofreciendo nuestro servicio peculiar de la pastoral de
la espiritualidad” (70,4).
a)
Primeramente, tal vez tenemos que preguntarnos: ¿Cómo
tiene que ser esta pastoral de la espiritualidad?
Bastará que consista en cursos académicos, en retiros,
en introducciones a la oración, como ya se viene
haciendo y será necesario hacerlo? ¿Cómo será ello algo
nuevo, de modo que promueva por sí mismo la paz y
la justicia, y el comprometimiento en la transformación
del mundo? ¿Cómo será ella esperanza para los
inmigrantes, o para los encarcelados, por ejemplo, y
para todos los que son víctimas de la injusta
distribución de los bienes de la tierra? Tenemos que
asimilar esa espiritualidad de modo que seamos capacer
de repartir el pan del evangelio.
b)
Sinceramente, creo que nuestra identificación y oferta,
tanto por lo que respecta a nosotros mismos, como
hombres de esta cultura, como respecto a la pastoral,
tenemos que ponerla en la vida. La primera cuestión
frente a los desafíos que tenemos delante, siendo
nosotros parte de esa cultura, no es la dedicación a una
pastoral o a la otra. Nuestra propia identificación, el
sentirnos con sentido, depende de la vida, no de una
dedicación particular como carmelitas.
Vuelvo a
recalcar, por tanto, lo de la comunidad orante,
fraterna, al servicio del Reino.
Esta
vida tiene siempre presentes en su vivencia los desafíos
de la cultura y del mundo: ausencia de Dios en muchos, y
también su sed, como dicho, y la ausencia de la dignidad
del hombre (todo el mundo de la guerra y de la
miseria).
Están
presentes como oración , y como compromiso. Esto es ser
contemplativos de veras, contemplación teológica y
cristiana que abraza a Dios y a la humanidad al mismo
tiempo. Es la contemplación de Santa Teresa nuestra
madre, cuando era ya fundadora, y la de Teresa de
Lisieux. Y también la de Jerórimno Gracián, quien
durante la oración a veces veía los mapas de entonces, y
así pensó en la misión de Méjico, por ejemplo, también
como punto de escala para llegar al oriente, a China y
Filipinas.
c) La
pastoral de la espiritualidad específica es necesaria, y
se espera de los carmelitas como algo especialmente
propio, por la gran tradición espiritual del Carmelo y
por la necesidad objetiva hoy sentida del aliento
animador del espíritu de Jesús.
Pero la
pastoral de la espiritualidad específica no es la única
forma de comunicar el espíritu de Jesús, en la forma en
que se ha vivido en el Carmelo. Lo decisivo es que
seamos carmelitas, que estemos imbuidos de la
espiritulidad del Carmelo, que la vivamos personal y
comunitariamente, dentro de la fragilidad humana.
Entonces, del todo naturalmente, en los diferentes
campos en que nos encontremos, participaremos también
esa espiritualidad según las necesidades y capacidades
de los hermanos y hermanas.
8.
Signos de la presencia de Dios.
Aunque quizá es pretender demasiado, de alguna forma,
debemos y queremos ser signos de la presencia de Dios en
el corazón del mundo. Nos puede parecer que es demasiado,
dada la fragilidad de nuestro testimonio. Pero así lo
quiere el Señor.
Este
signo se constituye por la oración, la contemplación.
Esto es así desde luego teológicamente: Jesús lleno del
Espíritu, lleno de su relación con el Padre en toda su
vida, y que se expresaba en la oración. Pero podemos
decir que en cierto modo hoy mismo es lo que se espera y
busca en una comundad religiosa. Si no hay un presencia
del Señor en su vida comunitaria, no es el signo. Esto,
sin embargo, con aquella verdad y por tanto aquella
naturalidad de los santos del Carmelo. No hay unos
medios con los que se pueda posesionar de Dios. Ni la
oración es algo edificante y devoto que debemos exhibir.
Es una necesidad, es una búsqueda, es algo natural,
sabiendo que nuestra dedicación a ella no es la oración
pura del puro amor, sino un medio.
Pero
igualmente hoy se busca el signo de la fraternidad:
en el tiempo del individualismo, se siente la necesidad
de la comunidad fraterna. Se pide sobre todo de los
demás. Cierto, no se puede creer en la autenticidad de
la oración si no hay al menos búsqueda de la
autenticidad de la vida fraterna. Como se sabe, en el
carisma teresiano este elemento es esencial. Es una
novedad en la historia espiritual del Carmelo.
9.
Lugares de compasión y de esperanza.
La espiritualidad del Carmelo debe configurar nuestras
comunidades como lugares de compasión y de esperanza.
Son dos palabras que definen profundamente la
espiritualidad del Carmelo. Nuestras comunidades deben
exprimir este modo de comprenderse y de ser, esta
mentalidad espiritual. Y debe expresarse del todo
naturalmente en nuestra actividad apostólica. No quiero
decir, obviamente, que esto pertenezca como propiedad al
Carmelo. Nada pertenece exclusivamente. Pero hay un modo
particular de acentuar esas actitudes en la
espiritualidad carmelitana. Por tanto, ellas deben
marcar y conformar de modo particular nuestra pastoral.
Ciertamente son actitudes que ponen de relieve el ser
signos de la presencia de Dios en el mundo.
Ello
implica un modo de ser y de actuar, una sensibilidad
constante y un compromiso connatural en nuestra
concepción de la vida religiosa y del carisma.
Nuestra vida de sobriedad, nuestra generosidad, nuestros
criterios sociales y políticos, nuestra vivencia toda de
la fe cristiana, deben decir constanmente que estamos a
favor de la profunda transformación del mundo, que
denunciamos la injusticia y la crueldad, que es
intolerable la miseria de los hermanos en el mundo.
10.
Tenemos que asumir con decisión y claridad una
actitud carismática positiva. No negativa, o
restrictiva. No pasiva y repetitiva. Tenemos que tener
amplitud de miras para aceptar y discernir en los
diferentes campos la manera sincera y generosa de
realizarnos como carmelitas y de dar el evangelio de
Jesús desde la vivencia carmelitana.
Esto
favorecerá en nosotros un espíritu creativo,
tanto personalmente como comunitariamente, sin dejarse
anular por esquemas y prejuicios .
Hemos de
desarrollar serenamente un espíritu integrador.
Es decir, también el Carmelo es un cuerpo con muchos
miembros, diferentes modos concretos de vida y
diferentes campos de apostolado. Unidos en la
espiritualidad y en el conocimiento amoroso de los
mismos padres, tratando de encarnar los profundos
valores que vivieron ellos.
11.
Los laicos. La unión con las hermanas
carmelitas se supone. Pero para ellas y para nosotros,
en la vivencia del carisma y en la evangelización, en el
futuro los laicos de la familia carmelitana (la Orden
del Carmelo Seglar y otros grupos) han de ser
colaboradores y corresponsables. El documento de Ávila
insiste sobre esto en varios lugares, como ya la
exhortación apostólica Vita Consecrata. No es una moda,
sino una visión teológica sobre la comunión eclesial,
donde todos se pueden enriquecer con los dones de todos.
Se trata de los seglares que viven su vida cristiana a
la luz y al calor de la espiritualidad del Carmelo, y
que deciden, en modos y grados diferentes, colaborar en
la evangelización. No deben imitar a los frailes, sino
que deben asumir su secularidad. Esto tiene ya lugar,
tal como he podido constatar en varias partes. Ellos
pueden llegar a donde no podemos llegar nosotros,
viviendo la espiritualidad carmelitana y evangelizando
allí donde viven y trabajan.
No deben
imitar la vida propia de la vida consagrada en cuanto
tal. E, igualmente, de ningún modo disminuyen el valor
propio de la vida consagrada. No sustituyen la vida
consagrada o religiosa. Nos enriquecen ciertamente con
su propia experiencia espiritual y humana, cuando su
vida es auténtica. Del mismo modo, nosotros les
enriquecemos y animamos con muestra vida, cuando es
realizada.
Por ello,
los grupos seculares carmelitanos, si la relación es la
debida, respetan, promueven y refuerzan la vida
consagrada y la vida fraterna de las comunidades, lejos
de erosionar su cohesión espiritual y fraterna.
12.
Colaboración entre las circunscripciones. “A nivel
de naciones o regiones se estudiará la manera de crecer
en colaboración para vivir mejor nuestra vida
carmelitana teresiana, para la formación y para llevar
adelante iniciativas comunes que caractericen nuestra
presencia y nuestro servicio en la Iglesia” (Documento
de Ávila 79,3).
Lo que
nos debe caracterizar realmente es nuestro estilo de
vida, nuestro ser. Supuesto esto, ciertamente,
necesitamos aún enriquecernos con personas
preparadas y con estructuras adecuadas para la pastoral
de la espiritualidad. Entendida esta preparación con la
amplitud a que nos hemos referido antes.
Sin
embargo, aquí se habla en primer lugar de la
colaboración entre las naciones. Por ejemplo, entre las
naciones europeas. Creo que tenemos que caminar aún
bastante. No sería algo nuevo. Ya en el pasado ha habido
ejemplos de colaboración, aunque de modo común y
generalizado. Hoy los jóvenes se van acostumbrando a
moverse por Europa y a familiarizarse con otros países,
tanto para la formación como para el trabajo. Los
jóvenes carmelitas deben asumir esto con naturalidad. Ya
hay algunas realidades de esta colaboración, en algunas
iniciativas pastorales, en la formación. A veces
impelidos por la necesidad. Pero aun en este caso es ya
positivo que se busque la colaboración. Necesitamos
avanzar en este camino, por ejemplo, con personal para
nuevas fundaciones, o para apoyar circunscripciones
débiles.
Los
encuentros como el presente, como también las casas de
formación comunes, o el aprendizaje de las lenguas
en otros países, han de formar la mentalidad de los
jóvenes a esta colaboración interregional e
internacional.
Luis Aróstegui
Prepósito General
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