Al Carmelo
de Colonia.
En 1933, con la toma del poder por parte del nacionalsocialismo en Alemania, entraron
en vigor las medidas antihebreas, pro-arianas. Tampoco Edith iba a poder continuar su
magisterio en el Instituto Pedagógico de Münster. Tuvo conocimiento de la persecución a
los hebreos, de las victimas del fanático racismo, a través de las noticias comunicadas
por un noticiero americano. Sufría terriblememente. Pero rechazaba cualquier posibilidad
de emigrar a Sudámerica, donde le fue of recida una cátedra. Intuyó misteriosamente que
su destino era el de todo su pueblo.
La última clase de la doctora Stein tuvo lugar en el Marianum el 25 de febrero de
1933. Un mes más tarde partía para Beuron, para transcurrir allí la Semana Santa y
hablar de su renovada opción por el Carmelo con el archiabad Waltzer. En Münster, en la
iglesía de San Ludgeri suplicó ante un gran Crucifijo una última claridad "No me
iré, se decía a si misma, sin obtener antes una respuesta clara sobre mi entrada al
Carmelo". Ella misma es quien lo refiere en su relación acerca de su itinerario al
Carmelo, escrita el 18 de diciembre de 1938 y entregada a su Priora pocos días después
como regalo de Navidad. " A1 recibir la bendición final, ya había conseguido yo el
consentimiento del Buen Pastor", celebrado litúrgicamente en ese domingo 30 de
abril.
Ahora también obtenía el permiso de su director espiritual, el padre Rafael Waltzer.
Este comprendió la imposibilidad para Edith de pensar en una carrera pública,
universitaria. En la carta de recomendación, dirigida al Carmelo de Colonia, el padre
manifiesta, no obstante, alguna reserva: la anciana madre de la postulante y sus preciosas
actividades en pro de la vida cató1ica de Alemania. Pero no podía dejar de hacer
resaltar "su madurez religiosa y su profundidad, que son de tal suerte que hay que
añadir una palabra...Desde hace mucho tiempo el Carmelo es su ideal".
A pesar de sus 42 años, de su procedencia hebrea y de su conversión a los 32 años de
edad, la doctora Stein es aceptada por la Comunidad. Antes de entrar, pasa un mes en la
hospedería del Carmelo de Colonía y participa desde la capilla externa en el rezo de las
horas litúrgicas. Sacaba tiempo para hablar, en el locutorio, con la Priora o con la
Maestra de Novicias. La impresión que dejó correspondía sin duda a la carta de
recomendación de su párroco y confesor en Münster, el decano de la catedral, doctor
Adolfo Donders.
"La señorita doctora Edith Stein...es un alma privilegiada, rica en amor de
Dios y del prójimo, llena de espíritu de la Sagrada Escritura y de la Liturgia...Será
para todas un modelo de profundísima piedad y de fervor en la oración, de alegría para
la comunidad, llena de bondad y amor al prójimo... Ha hecho mucho bien con su pluma y su
palabra, especialmente en la Asociación de estudiantes cató1icos y en la Unión de
Mujeres Cató1icas. Sin embargo, desea renunciar a la actividad externa para encontrar en
el Carmelo, siguiendo el ejemplo de santa Teresa, la ,'perla preciosa', Jesucristo".
También las monjas, al ver a Edith sumergida en la oración, pudieron constatara el
grado de vida interior alcanzado por la postulante. Edith misma recuerda el significado
para su vida interior de su formación en la oración litúrgica recibida en Beuron, pero
también afirma que no acarició el pensamiento de hacerse benedictina. "Siempre
he tenido la impresión de que el Señor me reservaba algo que solamente podía conseguir
en el Carmelo". Así escribiría en 1938, añadiendo: "Esto ha causado
impresión".
Para atravesar el umbral del Carmelo estaba previsto el día 14 de octubre. Ya desde
antes Edith había escrito a su casa avisando que había sido recibida en las hermanas de
Colonia. Los familiares, pensando que había simplemente conseguido un nuevo empleo, le
enviaron felicitaciones. A mediados de agosto se dirigió a Breslavia, para dar su último
adiós a la madre, a los hermanos, de los que solamente volvería a ver a Rosa,
y eso durante una hora, cuando se encontraron en Colonia, camino de América. En la
relación de Edith a la Madre Teresa Renata, está escrito con detalles el último
encuentro con la madre. Quizás sea la página más conmovedora de toda la aventura
terrena de Edith Stein, la que manifiesta en ella más sentimiento y emotividad . "
Lo que he pasado, ha sido terrible", confiesa. A1 encontrarse sola en el tren hacia
Colonia, "ninguna alegría fuerte" era capaz de llenar su corazón.
"Demasiado terrible lo que había dejado! Pero me encontraba en una calma profunda
-en el puerto de la voluntad divina" Así escribe
L a p o s t u l a n t e.
Después de las primeras Vísperas de la solemnidad de Santa Teresa de Jesús, se
abría la puerta de la clausura. Edith "atravesaba en profunda paz este umbral para
entrar en la casa del Señor". Un gran ramillete de crisantemos, llevado por algunas
profesoras que habían venido a despedirla, acompañó casi simbólicamente su entrada.
Fue acogida con cordialidad y con verdadero afecto fraterno, como todas las postulantes,
sin distinción. Para las religiosas, que quizás nunca habían oído su nombre, tan
conocido en círculos intelectuales cató1icos, Edith era simplemente una postulante,
destinada desde ahora a la fundación de Breslavia. La consideraban igual a las otras tres
hermanas del noviciado que serían sus compañeras. Tenía que vestir un modesto traje
negro con un velito, y cubrirse su abundante cabellera con una cofia de tela negra. Se le
asigna su celda, sencilla y desprovista de adornos, como lo prescribe la Regla, con una
gran cruz en la pared, un jergón, algunas mantas, una mesita, una silla, y, en el suelo,
la palangana y la jarra pare asearse. Sus libros, expedidos en 6 cajas y bien clasificados
en filosofía, teología, psicología, fueron a parar a la biblioteca. Para usarlos,
tendría que pedir licencia a su Madre Maestra.
Pero Edith no pensaba por el momento en continuar sus trabajos intelectuales. Tenía
que aprender el horario de la casa, las ceremonias, las costumbres, y sobre todo las
labores femeninas de las que entendía bien poco. Ir a la cocina suponía a menudo
esfuerzos considerables, ya que nunca había tenido que prepararse sus alimentos. Alguna
religiosa mayor estaba interesada en saber si la nueva postulante sabía cocinar bien.
Pues bien, alguna cosa sí la sabia. Pero estaba muy lejos de la perfección en el cocido
a la que habían llegado otras hermanas. Y había poca esperanza de que llegara! No
faltaron las humillaciones, asumidas por Edith con serenidad, sin desanimarse, convencida
de que eran pare ella una "buena escuela de humildad", como diría en una carta,
necesarias "al cabo de tantos honores recibidos en la vida".
Externamente, Edith se manifestaba a todas siempre serena, equilibrada, humilde,
caritativa, capaz de adaptarse a cualquier situación, comprensiva con las alegrías y los
dolores de sus compañeras veinte años más jovenes que ella (dos profesas simples y una
postulante de velo blanco). En la recreación, era vivaz, sabía contar muchas cosas y
hacer atractivo e interesante cualquier acontecimiento, dispuesta siempre a encontrar las
palabras espirituales que caen bien a todas, que enriquecen , que den gusto. Con
particular alegría, casi infantil, festejó su primera Navidad en el Carmelo. Acerca de
la Navidad había dicho en una conferencia pronunciada en 1930 en Ludwgshafen:
"Pongamos nuestras manos en las del Divino Niño, digamos nuestro sí a su
sígueme, y seremos suyos. Quedará libre nuestro camino para que se encarne en nosotros
su vida divina... Esta es precisamente la luz, venida a iluminar las tinieblas, el milagro
de la Noche Santa, que se enciende en el alma".
También había dicho que "sobre la misma luz, tan resplandeciente en el pesebre,
desciende la sombra de la cruz. . . El camino conduce irresistiblemente de Belén al
Gólgota, del pesebre a la cruz". Ciertamente, en su primera Navidad en el Carmelo
Edith experimentaba profunda paz, por la que rendía gracias al Senor considerándola como
una "gracia totalmente inmerecida". Pero en su corazón tenía el pensamiento de
la madre que no había podido aceptar la opción de la hija. Todas las semanas,
puntualmente los viernes, tenía lista una cartica para la señora Stein. Así lo había
hecho siempre. Pero ahora no le llegaba la respuesta. Tal vez, en las largas noches de
invierno en el silencio de la celda, revuelve los pensamientos torturadores del último
día, ese 12 de octubre, fecha de su cumpleanos pasado con su madre. Después de haberla
acompañado a la función de la sinagoga en la escuela de rabinos, de regreso en el
tranvía le había dicho que el primer período de la vida religiosa era solamente una prueba.
Pero la madre había replicado: "Si tú haces una prueba, seguramente seguramente la
vas a superar". Y después, en la noche, el largo llanto de la anciana señora. La
había abrazado, estrechando su blanca cabeza contra su seno, y permaneciendo así por
largo rato, hasta muy tarde. Luego, al ayudarla a desvestirse, se había sentado en su
lecho, para estar más cerca de ella, hasta que le mandó a dormir. Recuerdos indelebles
en el alma de Edith, y quizás no desprovistos del todo de algún conflicto interior en el
campo de la conciencia, particularmente a causa de la incipiente persecución a los
hebreos, que ya se sentía en la familia. Ella podía vivir todavía en paz. Pero
su madre? Hasta cuándo?...
L a N o v i c i a
E1 15 de febrero de 1934 se hizo la votación pare admitir a Edith en el noviciado.
Pocos días antes había venido también el médico. La salud era excelente. Alguna
objeción? El hecho de que Edith no tuviera dote, no creaba problemas. Por lo demás,
Edith iría a la fundación de Breslavia. Se veria.
La vestición fue fijada pare el 15 de abril, fiesta del Buen Pastor, precisamente un
año después de la claridad recibida ante el Crucifijo de San Ludgeri en Münster. A la
ceremonia acudieron algunas personalidades de alta cultura y de las organizaciones
católicas más cercanas a ella. Un público selecto en la capilla del Carmelo de Colonia,
cual nunca se había visto. Edith llevaba su vestido blanco de esposa. La seda se la
había regalado su hermana Rosa. No vino ninguno de su familia, la que participó
solamente por carta en su vestición. Pero estaba presente el archiabad Rafael Walzer pare
presidir la Eucaristía. Husserl le envió un telegrama. Entre los invitados
estaban su amiga Edwige Conrad Martius, Peter Wust, quien escribiría un artículo para la
Kölner Voldszeitung acerca del itinerario de Edith hacia la verdad, la que
comprende la filosofía de la ratio y de la mystica, un itinerario
simbólicamente expresado en el nuevo nombre "sor Benedicta, la que ha sido
"bendecida" por la verdad, con toda la plenitud de la Verdad".
Edith escogió este nombre porque se sentía "bendecida" por Cristo que es
vencedor en la cruz, "bendecida" después de un largo camino y de una lucha
nocturna, parecida a la que libró Jacob con Dios a orillas del rio Jabboth;
"bendecida" por haber sido elegida por Dios para vivir la "esponsalidad
eclesial" en el signo de la cruz, en el sacrificio, en la expiación.
Poco se sabe del año de noviciado. En la primera biografía de Edith, escrita por su
Maestra, más tarde Priora, M. Teresa Renata, y publicada en 1948, cuando no se pensaba en
lo más minimo en una futura santificación, quedó bien puesta a la luz su absoluta
fidelidad y su puntualidad en el horario, en los actos comunes, cosa no muy fácil en
quien se dedica a trabajos intelectuales. Efectivamente, el provincial había dado orden
de dispensar a Edith de todas las demás labores para darle tiempo suficiente para
continuar su obra "Poder de lo alto", que Edith no había logrado terminar antes
de su entrada en el Carmelo; había traido consigo el manuscrito. Además hizo alguna
traducción del latín, trabajaba para terminar el índice de su traducción de las Quaestiones
disputatae de veritate de santo Tomás, y escribió algunas páginas de la
"Historia de su familia", iniciada ya desde su casa. Este trabajo no excluía en
ella una intensa lectura de los Santos de la Orden. Fruto de ello fueron sin duda sus
opúsculos Teresa de Avila, impreso en 1934, Santa Teresa Margarita Redi
(con ocasión de su canonización ), publicado en 1934 y un un artículo sobre la
historia y espíritu del Carmelo, publicado con el fin de dar a conocer la Orden
(en Ausburger Postzeitung, 1935).
Todos estos trabajos y otros escritos espirituales y pedagógicos crearon
indudablemente una situación particular a la novicía sor Teresa Benedicta. Había que
preguntarse si la Maestra, M. Teresa Renata, que tenía aproximadamente la misma edad que
ella (le llevaba apenas 6 meses a Edith), y que la estimaba por sus dotes intelectuales y
la posición que había tenido en el mundo de la ciencia, habría aplicado
indiscriminadamente a Edith los métodos y los principios de educación y de formación
usados en ese tiempo, como se lee en su primera biografía. Por otra parte, Edith, que
vivio independiente durante tantos años, y sobre todo, acostumbrada naturalmente a
hacerlo todo ella sola, a organizar todo según sus propios criterios, a administrar su
propía sensibilidad, tuvo no poca dificultad para insertarse en el ambiente y para acoger
las sugerencias y los estímulos que le podían venir de el. Esto explica que le hubiera
respondido al Provincial, quien le había preguntado si había experimentado alguna
desilusión, con una sola palabra: "E1 Carmelo", incluyendo aquí la realidad de
la vida común con las obligaciones de obediencia, de dependencia, de de renuncia . El
impacto del ambiente, recibido en varios aspectos, debió haber sido para Edith el
problema más emergente de su vida carmelitana, y no solamente durante el año de
noviciado. Algunos años más tarde escribiría en la biografía de Catalina Esser, la
fundadora del "segundo" Carmelo de Colonia:
"A la edad de cuarenta y seis anos, no era pequeño sacrificio para ella (
Catalina Esser ) que había sido durante tanto tiempo la dueña de sí, hacerse nuevamente
niña, obedecer y someter su propio juicio al de los superiores. Confesó ella más tarde
que el asunto le había costado muchas amarguras"
Edith era consciente de esta dificultad. Sabía que tenía que hacer esfuerzos
considerables para superarse, para llegar a la liberación interior, esfuerzos que eran
también advertidos por las hermanas, pero rodeados de un esfuerzo por disimularlos. La
compañera de noviciado, sor Teresa Margarita, diría veinte años más adelante acerca de
estos esfuerzos escondidos:
"Como vivía un continuo espiritu de fe, (Edith) tuvo una gran predilección
por la virtud de la obediencia. Sin embargo, no era posible notar ningun detalle ni
siquiera para los que podían observarla cada día en sus esfuerzos. Supo someterse y
adaptarse tan perfectamente que nunca sobresalió" . (E.Stein. Eine Heilige?, 8-9).
Más aún, esta situación pudo servir a la novicía para madurar, para permanecer
firme en la decisión tomada. Nada influyó en su serenidad. Los testigos de su tiempo
repiten unánimes que vieron a Edith contenta y feliz. Ella misma lo subraya en sus cartas
y en sus conversaciones del locutorio.
L a P r o f e s a
Sor Teresa Benedicta pronunció sus votos simples por tres años el 21 de abril de
1935, domingo de Pascua. Se había preparado con 10 días de ejercicios, recordando las
Semanas Santas pasadas en el silencio de la gran abadía de Beuron. Una joven postulante
le preguntó cómo se sentía. Edith le respondió: "como la esposa del
Cordero", evidentemente una alusión al Apocalipsis, al Cordero que será matado, a
su participación en los sufrimientos de Cristo. No se hace ilusiones sobre su destino.
"También vendrán a llevarme de aquí", decía a una amiga que vino para
saludarla en el locutorio pocos días despues de su profesión. "No puedo pensar que
me dejarán en paz" Era consciente de que tenía otra misión "No es la
actividad humana la que puede salvar sino solamente la pasión de Cristo. Esa es mi
aspiración " .
Por entonces algo nuevo empezaba a suceder en sus relaciones con la anciana madre. Rosa
le comunicó que la señora Augusta había ido un día. sin decir nada a nadie, a ver el
nuevo Carmelo de Brelau. ¿No sería, acaso, una señal de amor materno que deseaba
conocer el estilo de vida de la hija? En las cartas de Rosa aparecía también, a veces,
un breve saludo. Luego llegó la carta dirigida a "Schwester Teresia". Este
consuelo no duró mucho tiempo. En 1936 le llegaba la noticía de la grave enfermedad de
la señora Courant. Edith padeció mucho en silencio. El 14 de septiembre, durante la
renovación de los votos, la madre pasaba a mejor vida, confortada por la fe de los
profetas. Hay que dar gracias al Señor porque le ahorró el tormento de ver las sinagogas
incendiadas y a los amigos deportados a los campos de exterminio! Poco después de la
muerte de su madre, pudo volver a ver a su hermana Rosa, llegada a Colonia pare recibir el
bautismo el 24 de diciembre en la capilla del monasterio. Desde el coro, con el corazón
pleno de gratitud, tomó parte en la ceremonia.
La neoprofesa continuaba con los mismos trabajos intelectuales de antes. Ante la
solicitud de algunos sacerdotes, escribió el artículo La oración de la Iglesia
(publicado en 1936). Pero sobre todo reorganizó para la edición su estudio sobre
Potencia y Acto que llevaría el titulo de ser finito y ser eterno. Luego vinieron
la biografía de Catalina Esser y la breve meditación Sancta discretio(1938)
que Edith presentó a la Madre Teresa Renata, priora desde 1936. Esta acababa de terminar
su libro sobre los Dones y frutos del Espíritu Santo. La discreción. le dice
Edith, "es parte esencial de todo don, hasta el punto que los siete dones constituyen
diversas manifestaciones de ella. De esta afirmación, tomada como punto de enlace,
aprovechó Edith para aconsejar a su Priora la " sabía prudencia" ( weise
Masshaltung) en el desempeño de su oficio, es decir, la discreción. "Quien debe
guiar almas necesita mucho de ella ( de la discreción ) . . . y no debe obrar
arbitrariamente"
Esta manera de hablar tan sincera quizás era la que se debía usar en un tiempo tan
difícil para la Iglesia, y especialmente para la vida religiosa en Alemania. Edith la usa
delicadamente, preocupada como siempre por ver la perfección en el pensamiento y en las
acciones de los demás. Por lo demás, si se trata de la verdad, no se deja sugestionar
por nada. Sus relaciones con la Madre Teresa Remata eran buenas, a pesar de la diferencia
de cultura y de carácter de las dos mujeres. Para Edith, la Priora era como una
mamá.
El 21 de abril de 1938, que en ese año fue Viernes Santo, sor Teresa Benedicta emitió
sus votos perpetuos. Era en verdad la Esposa del Cordero enclavada en la cruz de Cristo,
estrechamente unida a sus sufrimientos. Pero "El con su muerte y su cruz nos
conducirá a la gloria de la resurrección" (Sciencia crucis, 207). Y a la
contemplación del divino Crucificado asoció a María Santísima. De pie, junto a la
cruz, la veía como prototipo de todos los que se unen al Redentor: ella que nos ha
precedido en el camino de la entrega total al Señor, y que es nuestra guía.
En 1938 las medidas antisemíticas del nacionalsocialismo asumen
proporciones espantosas. Edith no disimulaba que estaba poniendo en peligro su comunidad
con su sola presencia. ¿Qué hacer? ¿Refugiarse en Israel? También este pensamiento se
le pone delante. Pero únicamente después de la noche del 9 de noviembre, cuando las
manos asesinas incendiaron todas las sinagogas de Alemania, se le presentó como
indispensable un traslado suyo al Exterior. En la noche de san Silvestre. un amigo fiel
del Carmelo la llevó en su automóvil al otro lado de la frontera con Holanda, al Carmelo
de Echt. Algunos días antes, sor Teresa Benedicta había escrito en una carta:
"Tengo que decirle que...hoy conozco mucho mejor lo que significa estar desposada con
Cristo en el signo de la cruz. Pero jamás podrá comprenderse a fondo, pues es un
misterio".
En el misterio de la Cruz
Fue doloroso desprenderse de su amada familia religiosa. "Pero estaba
convencida de que ésta era la voluntad de Dios y de esta manera podía evitarles males
mayores". Así escribía Edith desde Echt. Hacia finales del mismo año 1939
manifestaba su gratitud por haber encontrado un puerto seguro de paz. Pero sin
embargo
"Está en mí siempre vivo el pensamiento de que en este mundo no tenemos
morada permanente. No deseo otra cosa sino que se cumpla en mí la voluntad de Dios. De El
depende que me quede aquí el tiempo que quiera, y lo que acaecerá después... No tengo
por qué preocuparme, sino orar mucho para permanecer fiel en cualquier situación".
Oración y fidelidad a su propia vocación: ésta era la disposición de sor Teresa
Benedicta frente a la posible deportación y a la muerte. A medida que recibía noticias
alarmantes de Alemania, iba tomando fuerza poco a poco su intuición del martirio, hasta
convertirse en preparación convencida. Ya desde el ultimo año que pasó en Colonia se
había sentido en profunda armonía con la reina Ester del Antiguo Testamento, esa mujer
fuerte, valerosa, dispuesta a ofrecer su propia vida por la salvación de su pueblo. Ahora
Edith puede decir:
"Estoy segura de que el Señor ha aceptado mi vida por todos. . . Ester había
sido escogida de entre su pueblo precisamente para interceder ante el rey por ese mismo
pueblo suyo. Yo soy una pequeha Ester pobre e impotente, pero el Rey que me ha escogido es
infinitamente grande y misericordioso. Y éste es un gran consuelo".
Era un pensamiento que no la abandonaba nunca. En 1941, para el onomástico de la
Priora, Madre Antonia, compuso una poesía titulada Diálogo nocturno, en la que el
protagonista era la reina Ester. En el momento trágico, Ester se acerca al soberano para
implorar la salvación de su pueblo. Sumergida en una experiencía extática nocturna, se
le aparece "un monte desnudo, y en el monte una cruz, y en la cruz estaba enclavado
Alguien que sangraba por mil llagas. Y nosotros fuimos asaltados por la sed de saciarnos
todos de salvación de la fuente que brotaba de esas llagas". Pero de repente
desaparece la cruz. Su mirada se fija en una "luz dulce, beatificante, salida de las
llagas de ese Hombre que acababa de morir alli en esa cruz...El mismo era la Luz, la
eterna Luz, esperada desde hacía mucho tiempo: resplandor del Padre, salvación del
pueblo". Ester encarnaba la particular religiosidad de sor Teresa Benedicta, para
quien ella no era ya la figura bíblica ligada al Antiguo Testamento. Como éste continúa
en el Nuevo, así también Ester, a través de la visión nocturna de Cristo Crucificado y
de Cristo Luz, penetra en el nuevo, en el signo de la experiencía de la cruz. Lo mismo
acaece en Edith. Ofrece su vida por el pueblo hebreo y su ofrenda es aceptada, no como la
de una mujer hebrea, sino porque está iluminada por la fe en el inmenso valor redentivo
del sacrificio de Cristo, porque está sumergida en el misterio de la Cruz y sostenida por
la luz de la resurrección.
La cruz constituye el centro de toda la vida espiritual de Edith. Pero de manera
especial cuando se encarniza la persecución contra los hebreos, en el Carmelo se sitúa
incondicionalmente al pie de la cruz. E1 domingo de pasión de 1939 pidió licencía para
ofrecerse como "víctima de expiación al Sagrado Corazón de Jesús por la verdadera
paz". E19 de junio escribía su testamento, que termina con estas palabras: "Desde
ahora acepto la muerte que Dios me tiene reservada con perfecta sumisión a su santísima
voluntad y con alegria. Ruego al Sehor que reciba mi vida y mi muerte pare su honor y
alabanza. . . como expiación por la incredulidad del pueblo hebreo".
En los escritos de estos últimos años predomina también el tema de la cruz revelando
en ella un profundísimo anhelo de ensimismarse en Cristo crucificado, de ser con El y en
El víctima de expiación. Nacen sus meditaciónes para la renovación de los votos: Las
bodas del Cordero (1939 ), Ave Cruz (1940 ) y su estudio sobre la idea
inspiradora de la vida y obra de san Juan de la Cruz, para la que escoge el título de Scientia
crucis.
A1 cabo de tres años de permanencia en Echt, sor Teresa Benedicta tenía que ser
incorporada al nuevo Carmelo. Pero los superiores no se decidían... Los motivos no eran
muy claros. ¿Incertidumbre? ¿Sentimientos inconscientes de rechazo a una
"extranjera"? ¿Había suficiente conveniencía como para dar este paso? Edith
se abandonó confiada en las manos de los superiores. "Estoy contenta en cualquier
caso". Pero no podía menos de decir a su Priora: "Una scientia crucis se
puede adquirir solamente si se tiene la gracia de probar hasta el fondo la cruz. De esto
he estado convencida desde el primer momento, y he dicho en mi corazón: Ave Cruz, spes
unica!".
Mientras escribía esta cuartilla, Edith pensaba también en su hermana Rosa, llegada a
Echt, después de muchas travesías. Los superiores habían rechazado su petición de
quedarse en el Carmelo como hermana externa. También la incertidumbre con respecto a
Rosa, fuertemente sentida por sor Teresa Benedicta, la confirma en su silenciosa pero
decidida orientación únicamente hacia la Cruz:
"Como Jesus, en el abandono antes de su muerte, se entregó en las manos del
invisible e incomprensible Dios, así tiene que hacer también el alma, arrojándose a
ciegas en el oscuro total de la fe, que es el único camino hacia el Dios
incomprensible" .
Edith escribía estas palabras en su ensayo más original, titulado "Scientia
crucis". Había emprendido este trabajo ante la invitación de los superiores con
ocasión del IV Centenario del nacimiento de San Juan de la Cruz. Se quiso denominar a la
obra, que quedó inconclusa, un modelo de estudio fenomenológico-teológico de la
mística, surgido de una situación interior, espiritual y humana, de sufrimiento, que
expresa su más elevada dedicación espiritual (Hingabe) al ideal de la Orden" y aparece
también como "el desapego definitivo de la vida y la elevación por encima del
finito, en la sublimación de cualquier otro padecimiento humano" (Post-scriptum de
L.Gelber, ed. alemana, 295).
Segun Edith, se tiene "una teología de la cruz que mana de la experiencia
íntima" de San Pablo (Cfr. Scientia crucis, 37) y se trata en ella de
"una verdad viva, real y activa, en la que entrevé "la norma de vida de los
Carmelitas Descalzos". Descubre en San Juan de la Cruz un auténtico mensaje
concentrado en el "verbo sobre la Cruz...que invade a todos los que se abren a su
acción". Y. a pesar de todo, "la cruz no es en sí misma fin. Ella se corta en
la altura, y hace una invitación a la altura. . . símbolo triunfal con el que Cristo
toca a la puerta del cielo y la abre de par en par. Entonces brotan todos los haces de la
luz divina, sumergiendo a todos los que van en pos del Crucificado" (ibid.38-39).
Pero para llegar allí es preciso
"pasar con El por la muerte de cruz crucificando como El la propia naturaleza
con una vida de mortificación y de renuncia, abandonándose en una crucifixión llena de
dolor y que desembocará en la muerte como Dios disponga y permita. Cuanto más perfecta
sea tal crucifixión activa y pasiva, tanto más intensa resultará su unión con el
Crucificado y tanto más rica su participación en la vida divina" (ibid.53).
Sobre esta base se construye el camino hacia la experiencia mística, estudiado por
Edith recurriendo a conceptos modernos de la filosofía de la persona, pero elaborados a
la luz de la metafísica cristiana. El Dios trascendente puede revelarse al alma como
Persona que se comunica con infinito amor, tocándola en lo más intimo de su ser. Pero
también con su acción poderosa "de inserirse en el destino de las almas",
obrando ''el renacer del hombre bajo la acción de su gracia santificante", Dios se
revela. Cómo? En la noche de la fe como Tiniebla Divina. Los caminos del conocimiento
de Dios, a los que dedica un breve estudio sobre la teología simbó1ica del
Pseudo-Dionisio, recorren el camino de la theologia negationis o de la
experiencia mística de la oscuridad. Para Edith, Dios tampoco se ha revelado más que
en la "impenetrabilidad de sus msterios", acogida en actitud de fe, de esperanza
y de amor. "Lo que nosotros creemos que vemos es solamente un reflejo fugaz de lo que
el misterio divino oculta hasta el día de la claridad futura. Esta fe en la historia
secreta debe confortarnos", escribía en 1941 en una carta (carta 283), debe
procurarnos la paz.
No hay duda de que sor Teresa Benedicta vivió sus últimos meses la noche de la fe,
guiada por San Juan de la Cruz. Al contemplar la vida del místico Doctor del Carmelo que
se sumerge en sus padecimientos de la última etapa, descubrió en su muerte la sublime
conformidad con Cristo "alcanzada en la cumbre del Gó1gota" (Scientia Crucis,
45). Pocos meses después de haber escrito estas líneas, también ella llegaba a la
última estación de su via-crucis. Arrancada de su monasterio, camino al encuentro de la
Cruz del Gó1gota de Auschwitz.
Desde enero de 1942 se daba cuenta de que su presencia en el Carmelo de Echt podía
acarrear consecuencias desagradables para la comunidad. Holanda estaba ocupada por
Alemania, y a través de una sutilísima red se multiplicaban los centros de las SS. Tanto
Edith como Rosa fueron llamadas a Maastricht y tuvieron que dar informaciones por su
propia cuenta. Se les exige también que lleven en el vestido la estrella amarilla, señal
de que eran judías. Sor Teresa Benedicta trató por todos los medios posibles de
encontrar una visa para Suiza para poder refugiarse en el Carmelo de Le Paquier. Pero la
respuesta esperada no llega. ¿Qué hacer? ¿Esperar para tener por lo menos los
documentos? ?Y marchar después?
Aqui hay que pensar en que el Carmelo de Echt, situado en una pequeña ciudad
holandesa, conocía muy poco de la triste realidad polític a y antisemítica del momento.
Para salir, Edith hubiera tenido que dejar el país vestida de hábito religioso, sin un
franco en el bolsillo, con la estrella judía sobre su pecho, y de este modo atravesar
toda Alemania, expuesta a continuos peligros. Nadía la hubiera acompañado pare ayudarla
y defenderla. Quizás se hubiera encontrado un camino para abandonar Holanda
clandestinamente, vestida de seglar en medio de su rectitud, de su sinceridad y verdad
absoluta en todo, no se sentía inclinada a huir. Más aún, no había que excluir en
Edith una misteriosa intuición de que el plan divino con respecto a ella estaba a punto
de realizarse. En efecto, la hora del sacrificio efectivo se acercaba.
La causa para que estallaran el odio y el plan de exterminio de los hebreos holandeses,
vino a ser la carta pastoral del Arzobispo Jong de Utrecht, leída el 26 de julio de 1942
en todas las iglesias de Holanda. Contenía ella la protesta de la Iglesia contra la
deportación de los hebreos. La respuesta de las SS fue inmediata. Los hebreos bautizados,
sacerdotes y religiosas de origen hebreo, fueron arrestados y deportados a campos de
concentración. Entre ellos estaban Edith y Rosa. Dos oficiales alemanes de las SS
llegaron al monasterio de Echt. Sor Teresa Benedicta fue obligada a abandonar el convento
en el termino de cinco minutos. A la puerta, la esparaba Rosa. Sor Teresa Benedicta le
tomó la mano y le dijo: "ven, vayamos por nuestro pueblo". Se entiende, el
pueblo judío.
En la noche entre el 2 y el 3 de agosto, llegaban al campo de concentración de
Amersfort. Luego, en la noche ente el 3 y el 4 de agosto, los presos hebreos
con muchos otros fueron trasladados al campo de Westerbork, situado en una zona
completamente deshabitada al norte de Holanda. Edith logró todavía enviar una cuartilla
a la Priora del Carmelo de Echt que confió a la madre de una religiosa, que llegó hasta
el campo con las maletas de la hija. La fecha es del 6 de agosto. Contiene una brevísima
petición de que le envíen medias de lana y dos mantas, y para Rosa, ropa de lana. Es
importante la nota: "Mañana partirá un transporte (Silesía o Checoslovaquia? )
" . En un estudio grafológico se caracteriza el ritmo gráfico de esta última
cartita, el que revela dos aspectos:
"por una parte, un continuo decaer del impulso en progresiva flexión, y por
otra una recuperación continua, hasta el punto de que, a pesar de todo presenta siempre
el carácter de los demás diagramas, como una fisionomía indestructible. El grafólogo
acostumbrado a leer la onda gráfica nota aquí un padecimiento indecible y al mismo
tiempo una base de poder y dinamismo que manifiesta a pesar de todo". (N. Palaferri,
Análisis de las grafíasde la beata Edith Stein, dactilografiado, Urbino 1988, 4).
El análisis viene a confirmar los testimonios recogidos acerca de Edith durante los
cinco últimos días que pasó en el campo de concentración. Había aceptado
voluntariamente su propio destino y lo había vivido haste el fondo, ofreciéndose como
víctima por su pueblo hebreo. En su breve escrito Das mystische Sühneleiden (Expiación
mística) había rubrayado:
"E1 Salvador no está sólo en la Cruz...Todo hombe que en el tracurso de los
tiempos soportó con paciencia un destino duro pensando en los padecimientos del Salvador
y que asumió sobre sí voluntariamente una vocación expiatoria, ha contribuído con esto
a aligerar la carga enorme de los pecados de la humanidad y ha ayudado al Señor a llevar
su peso. Más aún, Cristo, la Cabeza, realiza la obra redentora a través de aquellos
miembros de su Cuerpo Místico, que se le unen en alma y cuerpo para su obra de salvación
. . . E1 sufrimiento reparador, aceptado voluntariamente, es lo que en realidad una más
con el Senor".
Con esta convicción Edith Stein quiso llevar valerosamente y con fuerza
extraordinariía hastae el final su misión en la Iglesia. Hoy no hay duda de que
las hermanas Stein, poco después de su llegada a Auschwitz-Birkenau fueron asesinadas en
la cámara de gas. Edith tenía 51 años, Rosa 59. Un testigo ocular, Luis Schlütter, que
poco antes de salir de Westerbork intercambió algunas palabras con Edith, refiere este
testimonio suyo: "Cualquier cosa que pueda acaecer, estoy preparada para todo.
Jesús está también aquí en medio de nosotros". Y Jesús tenía que estar entre
los pobres judíos que, con el espasmo del terrible tóxico, terminaron su vida encerrados
en el subterráneo de la "casa blanca" de Auschwitz. "Una muerte sufrida
con magnanimidad, con el sello de un testimonio cruento sin igual" (Edwige Conrad
Martius, en Relatio et vota, 141).
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