El oficio de procurador de las Misiones
existe en la Orden desde el Capítulo General
de 1605. La elección recayó entonces sobre
el P. Pedro de la Madre de Dios,
el bilbilitano padre de la Congregación de
Italia (1565-1612).
Las Constituciones emanadas en ese Capítulo
son también las primeras de la Orden en
hablar de las Misiones. Incluyen, en primer
lugar, un capítulo para hablar
"de conventu
Missionum"
que exista en Roma y sea
"como un
seminario a donde, con la venia del
Prepósito, convengan los religiosos que
partirán para sembrar el Evangelio entre los
infieles".
Los futuros misioneros se han de preparar en
él con el aprendizaje de las lenguas, con la
doctrina de las controversias para refutar
los errores y componer las costumbres de los
infieles. Fuera de Roma, con la venia del
Definitorio, se podrán fundar otros
conventos Aextra et prope Romam@
y con la misma finalidad también en otros
lugares.
Es la base jurídica para la creación de
nuestros seminarios de Misiones, como los
que existieron en Lovaina, en Malta, en Goa,
en Meulun (Francia), en Berdychev, estos dos
últimos de bastante efímera duración, ....
En otra parte se determina que el Procurador
de Misiones venga elegido tras el Procurador
General y antes del prior del noviciado.
El cap. 14 determina los oficios del
Procurador General y del Procurador de las
Misiones. A este último compete obtener los
breves y cartas de los príncipes y otros
asuntos materiales, mantener contacto con
los que viajan por motivos misionales.
Este es el primer rastro misional en nuestra
legislación.
En el pasado se redactaban las
"Instructiones
Missionum".
Recordemos, por ejemplo, las de 1904.
Algo ampliadas con respecto a las
precedentes y aprobadas también por la
Congregación de Propaganda Fide, las emanó
con carácter
"definitivo" el General, P.
Ezequiel del Sagrado Corazón.
Consagran el c. VI al Síndico general de las
Misiones y el c. VII a los Celadores
provinciales.
Otras Instructiones, las del primer
Generalato del P. Guillermo de San Alberto,
se incluyeron en el volumen de las
Instructiones generales de la Orden. El
c. III trata de los aspirantes a las
Misiones.
Se lee en ellas:
"Merecen
toda nuestra admiración y alabanza aquellos
hermanos nuestros, los mejores, que
consumieron y todavía consumen todas sus
fuerzas en tierras de Misión ... No podemos
olvidar que las Misiones constituyen la
parte más selecta de la Orden"
(n1 182).
En realidad, estas Instructiones
reflejan y reproducen varias ideas vertidas
por el General en su Carta Pastoral
"de
Missionibus adiuvandis"
del 1 de marzo de
1929.
Llegando a propuestas concretas, prescribe:
1) que en todos nuestros conventos, de
monjas y frailes, se haga una oración diaria
por las Misiones; 2) que en nuestros
colegios y noviciados se fomente la lectura
de revistas misioneras; 3) que todas
nuestras Provincias, aunque no tengan Misión
propia, envíen su ayuda misional al
secretariado de las Misiones, ....
De las Misiones se trató en el Capítulo
General especial de 1926 (1 de septiembre-7
de octubre). Discutiendo sobre el n. 301 de
las Constituciones, se determina que el
procurador de las Misiones se llame
"secretario"
en adelante.
Cartas pastorales con un contenido misional
las escribieron también otros Generales: el
P. Silverio de Santa Teresa, con motivo del
25 aniversario de la proclamación de Santa
Teresa del Niño Jesús como Patrona de las
Misiones,
el P. Anastasio del Ssmo. Rosario para
conmemorar el III centenario de nuestras
Misiones en la India,
el P. Felipe Sáinz de Baranda, subrayando el
IV centenario de la primera expedición
misionera del Carmelo Teresiano al reino del
Congo en tiempos todavía de la Santa Madre
Teresa de Jesús.
De especial importancia en este dominio de
documentos misionales de la Orden son los
"Statuta"
que publicó el Definitorio General como
fruto de la reunión de los celadores de las
Misiones, convocada por el P. Miguel Ángel
Bátiz de San José y celebrada en Roma del 3
al 7 de marzo de 1970.
En ellos se establece que cada Provincia
tenga su Celador de las Misiones (n1 1).
Igualmente se recuerda que en nuestras
iglesias públicas se celebre, al menos, una
vez al año el Día Misional Carmelitano (n1
10). Se determina también que como mínimo en
cada sexenio haya un encuentro de los
celadores con el secretario general (n1 11).
El grupo fue recibido en audiencia por el
Papa Pablo VI, quien -entre otras cosas- les
dijo:
"Esperamos que el espíritu
ardientemente misionero de santa Teresa de
Avila -aunque religiosa de clausura- y del
otro santo místico, san Juan de la Cruz, de
quienes sois hijos, encuentre en vosotros
respuestas generosas y en consonancia con
las hodiernas exigencias de la adaptación al
creciente respiro de acción apostólica en el
mundo".
Qué dice hoy nuestra legislación sobre las
Misiones? Describiendo los signos del
carisma teresiano, con observación oportuna
recuerda que con el crecimiento de su
experiencia eclesial la Santa Madre Teresa
de Jesús se preocupó por los pueblos todavía
no evangelizados y por el campo inmenso de
las Misiones. Aquí se encuentra la plena
manifestación de su espíritu apostólico.
La evangelización de los pueblos ha sido
siempre una tarea predilecta de la Orden.
Fue la Santa Madre, ella misma, quien
comunicó a su familia religiosa el fervor
misionero y manifestó que sus religiosos se
comprometieran en la acción misionera.
Descendiendo a un plan más concreto, se
determina que se adopten oportunas
iniciativas para que florezca y crezca entre
nosotros la vocación misional.
Y en este campo leemos esta propuesta:
"Para
favorecer la fraterna cooperación y comunión
de los misioneros, siguiendo las normas
dadas por el Definitorio, promuévanse
reuniones interregionales o de una zona
determinada para las Misiones".
Provincias y comunidades, todas están
llamadas a poner
"sumo empeño en ofrecer la
generosa colaboración, incluso económica, de
sus propios bienes a la obra misional".
El perfil del celador viene descrito en
estos términos:
"En todas las Provincias y
Semiprovincias se nombre el Celador de
Misiones ... Su papel es, bajo la dirección
del Provincial, el de favorecer la unión
entre las Provincias y las Misiones,
promover el espíritu misional y procurar
colaboradores y medios para las Misiones".
En el lenguaje actual diríamos que se trata
del animador misional de la Provincia.
Una ocasión providencial para repensar
nuestra vocación y nuestra tradición
misional en el Carmelo han sido los
recientes Congresos Misionales Mundiales.
En cada uno de ellos se han formulado
propuestas concretas para incentivar nuestra
conciencia misionera y nuestra participación
en la vida misional de la Orden.
En el de Nairobi (1994) se
elaboraron
las
siguientes propuestas: 1) Fomentar una
fidelidad madura a la dimensión misionera de
nuestro carisma carmelitano-teresiano. 2)
Considerar los nuevos horizontes de la
Misión, a partir de su aspecto profético y
de diálogo con las culturas, a la luz del
magisterio de la Iglesia, para encontrar
caminos que lleven a una auténtica
inculturación del Evangelio. 3) No olvidar
la relación que existe entre evangelización,
promoción humana, desarrollo, liberación en
vistas a un compromiso por la justicia. 4)
Hacer una opción preferencial por los pobres
a la luz del Evangelio. 5) Emprender un
trabajo misionero a partir de la identidad
carmelitano-teresiana, con el testimonio de
comunidades fraternas y orantes también en
territorios de Misión. 6) Tratar de mantener
siempre en nuestras Misiones alguna obra más
directamente relacionada con la pastoral de
la espiritualidad. 7) Alimentar y difundir
una espiritualidad misionera a partir de una
experiencia de Dios en la realidad y de un
compromiso por una fe, esperanza y caridad.
Con una posible anemia misional entre
nosotros no se consigue fácilmente que estos
pronunciamientos generen el esperado efecto
a nivel de masa general. Pero permanecen
siempre puntos de referencia de una
reflexión y de una voluntad en la conciencia
carmelitana.
Cuatro años más tarde (1998) se celebró el
II Congreso Misional Mundial OCD en
Ecuador, América Latina. También aquí se
elaboró una lista de conclusiones
operativas. Sus titulares principales son:
1) La inculturación. 2) La evangelización de
los evangelizadores. 3) La formación de
nuestros religiosos. 4) Cómo afrontar los
desafío misionales. 5) Las prioridades en
nuestro trabajo misionero. 5) La remoción de
ciertos obstáculos. 6) El camino de una
progresiva autonomía. Este apartado se
cerraba con la propuesta de que la
Secretaría general de Misione y las
conferencias regionales de provincias
hicieran un seguimiento y evaluación del
cumplimiento de estas determinaciones.
Otro momento de reflexión misional fue el
Coloquio Internacional de las Misiones
Carmelitanas en enero del 2002 en esta misma
Casa de Espiritualidad de Amorebieta.. Lo
presidió el General de la Orden, P. Camilo
Maccise. El tema desarrollado fue
"Herencia histórica y dinamismo
evangelizador".
Las Actas están publicadas.
Nuestras revistas misionales
"La Obra Máxima"
(San Sebastián) en español e
"Il Carmelo e le sue Missioni"
(Morena) en italiano han contribuido a la
información perseverante y al mantenimiento
de nuestra llama misionera. Lo mismo podemos
decir de otros boletines provinciales o
regionales, como
"Avanzadilla"
(Madrid),
"ISAMIS"
(Sucumbíos),
"Tumaco"
(Colombia),
"Amicizia missionaria"
(Arenzano),
"Hilfe für Indien"
(Graz),
"teranga"
(Montpellier),
"Discalced Carmelite Missions"
(Oakville, CA USA). Aunque circunscritos en
su contenido a una Misión concreta,
mantienen y difunden una saludable
motivación misional.
En la Orden no han faltado directivas,
motivaciones, sugerencias. La carencia está,
tal vez, en la difusión y, sobre todo, en la
receptividad de la base. Pero debiéramos ser
nosotros los primeros interesados en conocer
todos estos recursos para involucrar mejor a
los hermanos de nuestras Provincias en la
conciencia misional del Carmelo.
II.- Animación misionera
Esta es la tarea que nos incumbe. En el
pasado se hablaba de propaganda misionera,
de propagación misional. Hoy tenemos otra
sensibilidad, la apologética nos ruboriza.
Preferimos hablar de animación misionera. Qué significa, en realidad, este término?
Es una expresión que no aparece en los
textos conciliares. En el decreto Ad
gentes se recuerda sólo que el Espíritu
Santo es el
"alma"
(anima) de la
Iglesia, que el Espíritu infunde el mismo
"espíritu"
(animum) que infundió
sobre Cristo.
Pero la denominación de animación misionera
se manifiesta en la doctrina que sigue al
Concilio y en la praxis derivada. La
Congregación para la Evangelización de los
Pueblos creó el 31 de mayo de 1974 un Centro
Internacional de Animación Misionera en
Roma. Hoy se imparten en muchas
partes del mundo cursos de formación para
animadores misionales.
Animación misionera es un ministerio
eclesial. Deriva de cuanto se lee en el
Decreto Ad gentes:
"Para que todos
los fieles conozcan claramente la condición
actual de la Iglesia en el mundo,
preséntense las informaciones de carácter
misional, empleando los medios modernos de
comunicación social, de tal modo que,
sintiendo como propia la actividad
misionera, abran el corazón a las
necesidades extremas y profundas de los
hombres y puedan venir en su ayuda".
Es un ministerio oportuno y necesario. Hay
que despertar a la comunidad, hay que
motivarla con mucha información, con
renovados incentivos, a ser posible, con
creatividad, con originalidad. Una comunidad
cristiana o religiosa que no trabaje en
abrirse padece
"el síndrome de Jerusalén".
Como en los tiempos de los Hechos de los
Apóstoles, queda instalada, anquilosada,
con incapacidad de acoger a nuevos hermanos,
de reconocer nuevas fronteras. Se siente
sobrecogida o sobrepasada por la tarea
evangelizadora en el entorno, de tal modo
que le impide ver el horizonte universal de
la Iglesia y de la Misión. Ya la
Evangelii nuntiandi recuerda el doble
frente, en ningún modo excluyente, del
primer anuncio y del anuncio a
"la multitud
de personas"
prácticamente descristianizadas
de nuestro días, de los no creyentes y de
los no practicantes.
Años más tarde Juan Pablo II se expresaba en
estos términos:
"No se pueden delimitar los
confines entre la cura pastoral de los
fieles, nueva evangelización y actividad
misionera específica, y no se puede pensar
en crear barreras ... Es de notar una real y
creciente interdependencia entre las varias
actividades salvíficas de la Iglesia: la una
influye en la otra, la estimula y la ayuda".
Misión
"ad extra" y
"ad intra" son
complementarias, nunca excluyentes como
dilema.
El mismo Juan Pablo II recuerda que la
animación misionera
"debe ser incluida como
elemento principal de la pastoral ordinaria
de parroquias, asociaciones y grupos,
especialmente juveniles, ... porque el tema
misionero puede ser de gran ayuda, explicita
el contenido principal de la animación
misionera".
Confesemos que aún tenemos trabajo de
sensibilización para que este principio se
acepte y se practique como fruto de una
convicción en nuestro apostolado y en
nuestra pastoral. En la misma encíclica el
Papa configura los objetivos principales de
la animación:
"informar y formar al pueblo
de Dios para la misión universal de la
Iglesia, suscitar vocaciones
"ad gentes" y cooperación a la evangelización, evitando
presentar una imagen reductiva de la
actividad misionera ..."
No es fácil definir la animación misionera.
Incluye una multitud de ideas, de
sentimientos, de principios, de
convicciones. El campo de la animación
misionera abarca cuanto abarca la fe. Es
como el alma en el cuerpo, el primer movente
de la acción pastoral que provoca y sostiene
su desarrollo. Animación significa comunicar
vida y espíritu. Por lo tanto, animación
misionera es una acción pastoral para crear
conciencia misionera en las personas, en las
instituciones, en nuestras comunidades. El
Concilio nos recuerda que la vitalidad y la
madurez cristiana se manifiesta en el
espíritu y en la responsabilidad misionera
universal de cada Iglesia que presenta
"su
contribución en beneficio de toda la
Iglesia".
En la primera circular anunciando este
Encuentro escribía yo que el animador
misional no es un limosnero. Actúa,
reacciona, gestiona, se concierta con
criterios teológicos, eclesiales,
misioneros, carmelitanos. El animador
misional provoca, acentúa, estimula,
subraya, favorece o facilita la conversión
misional, ayudando a las comunidades a
considerar la Misión ad gentes como
horizonte constante y privilegiado.
Despierta el compromiso.
Entre los fines concretos de la animación
misionera, yo señalaría:
- infundir, propagar, crear, provocar
mentalidad misional con la información, con
motivaciones renovadas,
- suscitar la cooperación espiritual y
material,
- promover y estimular las vocaciones
misioneras, sin descuidar las laicales para
la Misión,
- coordinar, facilitar la relación de
nuestro ambiente con la Misión.
La animación misionera presenta en nuestros
días una necesidad añadida. Pablo VI nos
advirtió de la importancia de adaptar
nuestra cultura, nuestra sensibilidad,
nuestro vocabulario.
Tiene que responder a la terminología que
presentan hoy los nuevos conceptos
teológicos, la nueva formulación del
lenguaje,
los componentes directos o indirectos de la
Misión, como son la inculturación, el
diálogo interreligioso, el fenómeno de la
globalización. El mismo Papa Montini decía
en su aludido discurso a nuestros celadores
provinciales:
"Hace falta que el lenguaje
sea adaptado a los tiempos, que la gente lo
pueda acoger. Es lo que estáis haciendo"
.
Como animadores, es deber nuestro estar al
corriente, bien formados en estos ámbitos,
con nuevo lenguaje, enriquecidos con los
nuevos conceptos, con nueva técnica y
terminología para que la comunicación se
realice con términos de actualidad, según la
sensibilidad cultural y religiosa de
nuestros días. Por eso, con feliz expresión,
Juan Pablo II nos proponía ser
"centinelas
de la mañana".
Hay que ser conscientes de necesitar un
renovado conocimiento para la nueva y eficaz
animación misionera.
Conclusión
El tema central de nuestro Encuentro es:
"La Misión Carmelitana en la era de la
globalización y de la nueva evangelización".
Nuestro servicio evangelizador actualmente
se contextualiza en estos dos componentes
principales: la nueva evangelización y la
globalización. No son realidades que han
surgido por generación espontánea. Por eso
en este Encuentro se ofrecerá una
iluminación histórica de nuestras raíces
misionales que se fundan en el carisma que
hemos prometido vivir en la Iglesia.
Igualmente se impone una aclaración de las
nuevas connotaciones sociológico-religiosas
en que se desarrolla hoy la actividad
misional. Del mismo modo también se ofrecerá
una visión general del estado actual de la
Misionología con los acentos característicos
del momento en la teología y en la pastoral.
Así nos actualizamos con el vocabulario y,
tal vez, con los conceptos innovadores y
comunicativos del presente.
Como Encuentro de los animadores
provinciales de las Misiones, el diálogo
formal y espontáneo tendrá en estos días un
espacio de privilegio: información recíproca,
intercambio de experiencias, posibles
iniciativas comunes, ... Este es el campo de
juego para adquirir, primero nosotros, una
mayor convicción de la necesidad urgente de
nuestra tarea. Así podremos transmitirla en
nuestro entorno para que el Carmelo
permanezca misionero y se convierta en más
misionero.
Llegando a la palabra final, quiero recordar
la observación del P. General en su
Informe al Definitorio Extraordinario de
Chile en septiembre del 2005:
"El fervor
misionero en la Orden es medida de su fervor
íntimo ... El espíritu de nuestra santa
madre Teresa no permite el replegamiento
aislador. Por ello, creo que en la formación,
es decir, en la comunicación de nuestra
vocación el espíritu misionero debe ocupar
un lugar más central y ferviente".