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Dámaso Zuazua, ocd, Secretario

Encuentro de los Animadores de las Misiones
Casa de Espiritualidad OCD de Amorebieta-Larrea, Provincia de Navarra, España
( Del 26 de febrero al 1 de marzo del 2007)

I n t r o d u c c i ó n


Larrea: Casa de Epiritualidad

 

Dámaso Zuazua, ocd,

Secretario General de las Misiones

 

 

 Este Encuentro de los animadores o celadores misionales había sido pensado y preparado para las Provincias europeas. Para el próximo septiembre está en programa otro Encuentro similar para Oriente y Extremo Oriente en Mangalore, India. El Secretariado de Misiones colaborará con sumo gusto en la preparación de otros Encuentros zonales, regionales, nacionales o provinciales, si las circunscripciones lo desean.

Ahora la idea inicial se ha extendido también a las tres Provincias de la América Septentrional. El P. General podrá explicar esta justificada extensión. El objetivo del Encuentro Occidental -más que europeo- de nuestros Celadores Misionales tiene como finalidad reactivar la conciencia misional del Carmelo. Dada por supuesta en muchos casos, aceptada como componente de la configuración carmelitana, pero sin llegar a una verificación crítica y despierta, la conciencia misional del Carmelo en muchos casos parece vivir adormecida. En cualquier caso, confesemos que en muchas ocasiones, en muchos contextos, se manifiesta lánguida. La Misión, la conciencia misionera del Carmelita, el compromiso misional entre nosotros, )es un factor dinamizante de nuestra vocación, de nuestra acción pastoral?

Es verdad que un adormilado subconsciente de lo misional aflora como un vago reflejo ocasional: con motivo de la celebración del DOMUND, del Día Misional Carmelitano, de nuestra participación esporádica, sin excesiva vinculación personal, en alguna ONG, en alguna campaña concreta, ... En la mayoría de los casos pervive una soñolienta reacción ante cuanto debiera ser uno de los factores más estimulantes de nuestro ser de carmelitas. En muchos casos todo parece limitarse a una cierta simpatía, a una aprobación, sin mayor compromiso personal.

Por eso se ha pensado en este Encuentro. Servirá para recordar principios sabidos, pero sin concreción en nuestro actuar. La reflexión y la información recíproca pueden despertar un impulso de valoración más efectiva de la entrega de nuestros misioneros, de mayor solidaridad con sus necesidades, de una organización más comprometida y participativa. Este Encuentro de los Celadores se reune abierto a la esperanza, como reafirmación de nuestra propia convicción, como oxigenación de la vocación misional de nuestras comunidades.

 

I.- Nuestra responsabilidad misional

 

El oficio de procurador de las Misiones existe en la Orden desde el Capítulo General de 1605. La elección recayó entonces sobre el P. Pedro de la Madre de Dios[1], el bilbilitano padre de la Congregación de Italia (1565-1612)[2]. Las Constituciones emanadas en ese Capítulo son también las primeras de la Orden en hablar de las Misiones. Incluyen, en primer lugar, un capítulo para hablar "de conventu Missionum" que exista en Roma y sea "como un seminario a donde, con la venia del Prepósito, convengan los religiosos que partirán para sembrar el Evangelio entre los infieles"[3]. Los futuros misioneros se han de preparar en él con el aprendizaje de las lenguas, con la doctrina de las controversias para refutar los errores y componer las costumbres de los infieles. Fuera de Roma, con la venia del Definitorio, se podrán fundar otros conventos Aextra et prope Romam@[4] y con la misma finalidad también en otros lugares[5]. Es la base jurídica para la creación de nuestros seminarios de Misiones, como los que existieron en Lovaina, en Malta, en Goa, en Meulun (Francia), en Berdychev, estos dos últimos de bastante efímera duración, ....

En otra parte se determina que el Procurador de Misiones venga elegido tras el Procurador General y antes del prior del noviciado[6]. El cap. 14 determina los oficios del Procurador General y del Procurador de las Misiones. A este último compete obtener los breves y cartas de los príncipes y otros asuntos materiales, mantener contacto con los que viajan por motivos misionales[7]. Este es el primer rastro misional en nuestra legislación.

En el pasado se redactaban las "Instructiones Missionum". Recordemos, por ejemplo, las de 1904[8]. Algo ampliadas con respecto a las precedentes y aprobadas también por la Congregación de Propaganda Fide, las emanó con carácter "definitivo" el General, P. Ezequiel del Sagrado Corazón[9]. Consagran el c. VI al Síndico general de las Misiones y el c. VII a los Celadores provinciales[10]. Otras Instructiones, las del primer Generalato del P. Guillermo de San Alberto, se incluyeron en el volumen de las Instructiones generales de la Orden. El c. III trata de los aspirantes a las Misiones[11]. Se lee en ellas: "Merecen toda nuestra admiración y alabanza aquellos hermanos nuestros, los mejores, que consumieron y todavía consumen todas sus fuerzas en tierras de Misión ... No podemos olvidar que las Misiones constituyen la parte más selecta de la Orden" (n1 182)[12]. En realidad, estas Instructiones reflejan y reproducen varias ideas vertidas por el General en su Carta Pastoral "de Missionibus adiuvandis" del 1 de marzo de 1929[13]. Llegando a propuestas concretas, prescribe: 1) que en todos nuestros conventos, de monjas y frailes, se haga una oración diaria por las Misiones; 2) que en nuestros colegios y noviciados se fomente la lectura de revistas misioneras; 3) que todas nuestras Provincias, aunque no tengan Misión propia, envíen su ayuda misional al secretariado de las Misiones, ....[14] De las Misiones se trató en el Capítulo General especial de 1926 (1 de septiembre-7 de octubre). Discutiendo sobre el n. 301 de las Constituciones, se determina que el procurador de las Misiones se llame "secretario" en adelante[15].

 

Cartas pastorales con un contenido misional las escribieron también otros Generales: el P. Silverio de Santa Teresa, con motivo del 25 aniversario de la proclamación de Santa Teresa del Niño Jesús como Patrona de las Misiones[16], el P. Anastasio del Ssmo. Rosario para conmemorar el III centenario de nuestras Misiones en la India[17], el P. Felipe Sáinz de Baranda, subrayando el IV centenario de la primera expedición misionera del Carmelo Teresiano al reino del Congo en tiempos todavía de la Santa Madre Teresa de Jesús[18].

De especial importancia en este dominio de documentos misionales de la Orden son los "Statuta" que publicó el Definitorio General como fruto de la reunión de los celadores de las Misiones, convocada por el P. Miguel Ángel Bátiz de San José y celebrada en Roma del 3 al 7 de marzo de 1970[19]. En ellos se establece que cada Provincia tenga su Celador de las Misiones (n1 1). Igualmente se recuerda que en nuestras iglesias públicas se celebre, al menos, una vez al año el Día Misional Carmelitano (n1 10). Se determina también que como mínimo en cada sexenio haya un encuentro de los celadores con el secretario general (n1 11). El grupo fue recibido en audiencia por el Papa Pablo VI, quien -entre otras cosas- les dijo: "Esperamos que el espíritu ardientemente misionero de santa Teresa de Avila -aunque religiosa de clausura- y del otro santo místico, san Juan de la Cruz, de quienes sois hijos, encuentre en vosotros respuestas generosas y en consonancia con las hodiernas exigencias de la adaptación al creciente respiro de acción apostólica en el mundo"[20].

Qué dice hoy nuestra legislación sobre las Misiones? Describiendo los signos del carisma teresiano, con observación oportuna recuerda que con el crecimiento de su experiencia eclesial la Santa Madre Teresa de Jesús se preocupó por los pueblos todavía no evangelizados y por el campo inmenso de las Misiones. Aquí se encuentra la plena manifestación de su espíritu apostólico[21]. La evangelización de los pueblos ha sido siempre una tarea predilecta de la Orden. Fue la Santa Madre, ella misma, quien comunicó a su familia religiosa el fervor misionero y manifestó que sus religiosos se comprometieran en la acción misionera[22].

Descendiendo a un plan más concreto, se determina que se adopten oportunas iniciativas para que florezca y crezca entre nosotros la vocación misional[23]. Y en este campo leemos esta propuesta: "Para favorecer la fraterna cooperación y comunión de los misioneros, siguiendo las normas dadas por el Definitorio, promuévanse reuniones interregionales o de una zona determinada para las Misiones"[24]. Provincias y comunidades, todas están llamadas a poner "sumo empeño en ofrecer la generosa colaboración, incluso económica, de sus propios bienes a la obra misional"[25].

El perfil del celador viene descrito en estos términos: "En todas las Provincias y Semiprovincias se nombre el Celador de Misiones ... Su papel es, bajo la dirección del Provincial, el de favorecer la unión entre las Provincias y las Misiones, promover el espíritu misional y procurar colaboradores y medios para las Misiones"[26]. En el lenguaje actual diríamos que se trata del animador misional de la Provincia.

Una ocasión providencial para repensar nuestra vocación y nuestra tradición misional en el Carmelo han sido los recientes Congresos Misionales Mundiales. En cada uno de ellos se han formulado propuestas concretas para incentivar nuestra conciencia misionera y nuestra participación en la vida misional de la Orden.

 

En el de Nairobi (1994) se elaboraron las siguientes propuestas: 1) Fomentar una fidelidad madura a la dimensión misionera de nuestro carisma carmelitano-teresiano. 2) Considerar los nuevos horizontes de la Misión, a partir de su aspecto profético y de diálogo con las culturas, a la luz del magisterio de la Iglesia, para encontrar caminos que lleven a una auténtica inculturación del Evangelio. 3) No olvidar la relación que existe entre evangelización, promoción humana, desarrollo, liberación en vistas a un compromiso por la justicia. 4) Hacer una opción preferencial por los pobres a la luz del Evangelio. 5) Emprender un trabajo misionero a partir de la identidad carmelitano-teresiana, con el testimonio de comunidades fraternas y orantes también en territorios de Misión. 6) Tratar de mantener siempre en nuestras Misiones alguna obra más directamente relacionada con la pastoral de la espiritualidad. 7) Alimentar y difundir una espiritualidad misionera a partir de una experiencia de Dios en la realidad y de un compromiso por una fe, esperanza y caridad[27].

Con una posible anemia misional entre nosotros no se consigue fácilmente que estos pronunciamientos generen el esperado efecto a nivel de masa general. Pero permanecen siempre puntos de referencia de una reflexión y de una voluntad en la conciencia carmelitana.

Cuatro años más tarde (1998) se celebró el II Congreso Misional Mundial OCD en Ecuador, América Latina. También aquí se elaboró una lista de conclusiones operativas. Sus titulares principales son: 1) La inculturación. 2) La evangelización de los evangelizadores. 3) La formación de nuestros religiosos. 4) Cómo afrontar los desafío misionales. 5) Las prioridades en nuestro trabajo misionero. 5) La remoción de ciertos obstáculos. 6) El camino de una progresiva autonomía. Este apartado se cerraba con la propuesta de que la Secretaría general de Misione y las conferencias regionales de provincias hicieran un seguimiento y evaluación del cumplimiento de estas determinaciones[28].

Otro momento de reflexión misional fue el Coloquio Internacional de las Misiones Carmelitanas en enero del 2002 en esta misma Casa de Espiritualidad de Amorebieta.. Lo presidió el General de la Orden, P. Camilo Maccise. El tema desarrollado fue "Herencia histórica y dinamismo evangelizador". Las Actas están publicadas[29].

Nuestras revistas misionales "La Obra Máxima" (San Sebastián) en español e "Il Carmelo e le sue Missioni" (Morena) en italiano han contribuido a la información perseverante y al mantenimiento de nuestra llama misionera. Lo mismo podemos decir de otros boletines provinciales o regionales, como "Avanzadilla" (Madrid), "ISAMIS" (Sucumbíos), "Tumaco" (Colombia), "Amicizia missionaria" (Arenzano), "Hilfe für Indien" (Graz), "teranga" (Montpellier), "Discalced Carmelite Missions" (Oakville, CA USA). Aunque circunscritos en su contenido a una Misión concreta, mantienen y difunden una saludable motivación misional.

     En la Orden no han faltado directivas, motivaciones, sugerencias. La carencia está, tal vez, en la difusión y, sobre todo, en la receptividad de la base. Pero debiéramos ser nosotros los primeros interesados en conocer todos estos recursos para involucrar mejor a los hermanos de nuestras Provincias en la conciencia misional del Carmelo.

 

II.- Animación misionera

 

Esta es la tarea que nos incumbe. En el pasado se hablaba de propaganda misionera, de propagación misional. Hoy tenemos otra sensibilidad, la apologética nos ruboriza. Preferimos hablar de animación misionera. Qué significa, en realidad, este término? Es una expresión que no aparece en los textos conciliares. En el decreto Ad gentes se recuerda sólo que el Espíritu Santo es el "alma" (anima) de la Iglesia, que el Espíritu infunde el mismo "espíritu" (animum) que infundió sobre Cristo[30]. Pero la denominación de animación misionera se manifiesta en la doctrina que sigue al Concilio y en la praxis derivada. La Congregación para la Evangelización de los Pueblos creó el 31 de mayo de 1974 un Centro Internacional de Animación Misionera en Roma. Hoy se imparten en muchas partes del mundo cursos de formación para animadores misionales.

Animación misionera es un ministerio eclesial. Deriva de cuanto se lee en el Decreto Ad gentes: "Para que todos los fieles conozcan claramente la condición actual de la Iglesia en el mundo, preséntense las informaciones de carácter misional, empleando los medios modernos de comunicación social, de tal modo que, sintiendo como propia la actividad misionera, abran el corazón a las necesidades extremas y profundas de los hombres y puedan venir en su ayuda"[31].

Es un ministerio oportuno y necesario. Hay que despertar a la comunidad, hay que motivarla con mucha información, con renovados incentivos, a ser posible, con creatividad, con originalidad. Una comunidad cristiana o religiosa que no trabaje en abrirse padece "el síndrome de Jerusalén". Como en los tiempos de los Hechos de los Apóstoles, queda instalada, anquilosada, con incapacidad de acoger a nuevos hermanos, de reconocer nuevas fronteras. Se siente sobrecogida o sobrepasada por la tarea evangelizadora en el entorno, de tal modo que le impide ver el horizonte universal de la Iglesia y de la Misión. Ya la Evangelii nuntiandi recuerda el doble frente, en ningún modo excluyente, del primer anuncio y del anuncio a "la multitud de personas" prácticamente descristianizadas de nuestro días, de los no creyentes y de los no practicantes[32].

Años más tarde Juan Pablo II se expresaba en estos términos: "No se pueden delimitar los confines entre la cura pastoral de los fieles, nueva evangelización y actividad misionera específica, y no se puede pensar en crear barreras ... Es de notar una real y creciente interdependencia entre las varias actividades salvíficas de la Iglesia: la una influye en la otra, la estimula y la ayuda"[33]. Misión "ad extra" y "ad intra" son complementarias, nunca excluyentes como dilema.

El mismo Juan Pablo II recuerda que la animación misionera "debe ser incluida como elemento principal de la pastoral ordinaria de parroquias, asociaciones y grupos, especialmente juveniles, ... porque el tema misionero puede ser de gran ayuda, explicita el contenido principal de la animación misionera"[34]. Confesemos que aún tenemos trabajo de sensibilización para que este principio se acepte y se practique como fruto de una convicción en nuestro apostolado y en nuestra pastoral. En la misma encíclica el Papa configura los objetivos principales de la animación: "informar y formar al pueblo de Dios para la misión universal de la Iglesia, suscitar vocaciones "ad gentes" y cooperación a la evangelización, evitando presentar una imagen reductiva de la actividad misionera ..."[35]

 

No es fácil definir la animación misionera. Incluye una multitud de ideas, de sentimientos, de principios, de convicciones. El campo de la animación misionera abarca cuanto abarca la fe. Es como el alma en el cuerpo, el primer movente de la acción pastoral que provoca y sostiene su desarrollo. Animación significa comunicar vida y espíritu. Por lo tanto, animación misionera es una acción pastoral para crear conciencia misionera en las personas, en las instituciones, en nuestras comunidades. El Concilio nos recuerda que la vitalidad y la madurez cristiana se manifiesta en el espíritu y en la responsabilidad misionera universal de cada Iglesia que presenta "su contribución en beneficio de toda la Iglesia"[36].

 

En la primera circular anunciando este Encuentro escribía yo que el animador misional no es un limosnero. Actúa, reacciona, gestiona, se concierta con criterios teológicos, eclesiales, misioneros, carmelitanos. El animador misional provoca, acentúa, estimula, subraya, favorece o facilita la conversión misional, ayudando a las comunidades a considerar la Misión ad gentes como horizonte constante y privilegiado. Despierta el compromiso.

Entre los fines concretos de la animación misionera, yo señalaría:

- infundir, propagar, crear, provocar mentalidad misional con la información, con motivaciones renovadas,

- suscitar la cooperación espiritual y material,

- promover y estimular las vocaciones misioneras, sin descuidar las laicales para la Misión,

- coordinar, facilitar la relación de nuestro ambiente con la Misión.

La animación misionera presenta en nuestros días una necesidad añadida. Pablo VI nos advirtió de la importancia de adaptar nuestra cultura, nuestra sensibilidad, nuestro vocabulario[37]. Tiene que responder a la terminología que presentan hoy los nuevos conceptos teológicos, la nueva formulación del lenguaje[38], los componentes directos o indirectos de la Misión, como son la inculturación, el diálogo interreligioso, el fenómeno de la globalización. El mismo Papa Montini decía en su aludido discurso a nuestros celadores provinciales: "Hace falta que el lenguaje sea adaptado a los tiempos, que la gente lo pueda acoger. Es lo que estáis haciendo" [39].

Como animadores, es deber nuestro estar al corriente, bien formados en estos ámbitos, con nuevo lenguaje, enriquecidos con los nuevos conceptos, con nueva técnica y terminología para que la comunicación se realice con términos de actualidad, según la sensibilidad cultural y religiosa de nuestros días. Por eso, con feliz expresión, Juan Pablo II nos proponía ser "centinelas de la mañana"[40]. Hay que ser conscientes de necesitar un renovado conocimiento para la nueva y eficaz animación misionera.

 

Conclusión

 

El tema central de nuestro Encuentro es: "La Misión Carmelitana en la era de la globalización y de la nueva evangelización". Nuestro servicio evangelizador actualmente se contextualiza en estos dos componentes principales: la nueva evangelización y la globalización. No son realidades que han surgido por generación espontánea. Por eso en este Encuentro se ofrecerá una iluminación histórica de nuestras raíces misionales que se fundan en el carisma que hemos prometido vivir en la Iglesia. Igualmente se impone una aclaración de las nuevas connotaciones sociológico-religiosas en que se desarrolla hoy la actividad misional. Del mismo modo también se ofrecerá una visión general del estado actual de la Misionología con los acentos característicos del momento en la teología y en la pastoral. Así nos actualizamos con el vocabulario y, tal vez, con los conceptos innovadores y comunicativos del presente.

Como Encuentro de los animadores provinciales de las Misiones, el diálogo formal y espontáneo tendrá en estos días un espacio de privilegio: información recíproca, intercambio de experiencias, posibles iniciativas comunes, ... Este es el campo de juego para adquirir, primero nosotros, una mayor convicción de la necesidad urgente de nuestra tarea. Así podremos transmitirla en nuestro entorno para que el Carmelo permanezca misionero y se convierta en más misionero.

Llegando a la palabra final, quiero recordar la observación del P. General en su Informe al Definitorio Extraordinario de Chile en septiembre del 2005: "El fervor misionero en la Orden es medida de su fervor íntimo ... El espíritu de nuestra santa madre Teresa no permite el replegamiento aislador. Por ello, creo que en la formación, es decir, en la comunicación de nuestra vocación el espíritu misionero debe ocupar un lugar más central y ferviente"[41].

 



[1]      Acta Capituli Generalis OCD Congregationis S. Eliae, I (1605-1641). Roma 1990, p. 50.

[2]      Julián Fuertes Marcuelo, P. Pedro de la M. de D. - Una vida al servicio de la Iglesia. El Cairo 1990, 109 pp.

[3]      Constituciones Carmelitarum Discalceatorum Congregationis S. Eliae latae. Transcripsit, introductione notisque ornavit P. Ioannes Marcus Strina. Ianuae 1968, cap. 17, p. 103.

[4]      Acta Capituli Generalis..., p. 12

[5]       ibid.

[6]       ibid., cap. 9, p. 122.

[7]       ibid., cap.14, p. 139.

[8]      Typ. Iuvenum Opificium a S. Joseph, Roma 1904, 64 pp.

[9]      Typis Polyglottis Vaticanis, Romae 1913.

[10]      ibid., pp. 23-26.

[11]      Roma 1932, pp. 48-56.

[12]      ibid., p. 50.

[13]     Analecta OCD IV (1929) 31-35.

[14]      ibid., p. 34.

[15]     "Primum discussio orta est de ipso nomine. Et decisum est ut, ad confusionem vitandam et ad exemplum aliorum ordinum, non procurator sed secretarius pro missionibus O.N. vocaretur ..." Acta Capituli Generalis OCD, V (1901-1961), Roma 1996, p. 176.

[16]     Il Carmelo e le sue Missioni LI (1952), pp. 195-199; LII (1953), pp. 24-25, 49-50, 68-70, 94-96, 116-118, 143-146, 167-169, 190-193. Cfr. Valentín de la Cruz, Fray Silverio de Sta. Teresa. Burgos 1962, p. 201-202;

[17]      Acta OCD I (1956) 55-64.

[18]      Ibid, 27 (1982) 149-152.

[19]     Acta OCD 12-15 (1967-1970) 174-184.

[20]     ibid., p. 107.

[21]     Constituciones y Normas aplicativas de los Hemanos Descalzos de la Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo. Roma 1987, cap. I, n1 7, p. 33.

[22]     ibid., cap. VI, n1 94, p. 68.

[23]     Normas aplicativas de las Constituciones. Roma 1987 , cap. V, n1 58, p. 145.

[24]     ibid., n1 61, p. 146.

[25]     ibid., n1 65, p. 147.

[26]     ibid., n1 64, p. 147.

[27]     SIC, vol. 27 (1994), n1 2, pp. 92-96.

[28]     SIC, vol. 31 (1998), n1 1, pp.87-92.

[29]     Monte Carmelo 110 (Burgos 2002) 854 pp.

[30]     AG 4.

[31]     AG 36.

[32]     EN 52, 55 y 56.

[33]     RsM 34.

[34]     ibid., 83.

[35]     ibid.

[36]     AG 6. La RsM de Juan Pablo II recalca la misma idea de que la misionariedad es "signo de madurez en la fe y de una vida cristiana que presenta frutos" (n. 77).

[37]     EN 63.

[38]     "Nel secolo XX si è attuata quella che viene definita la svolta linguistica della cultura. Essa ha una portata epocale ... Le sue regole erano quelle etiche della sincerità e della verità. Oggi sappiamo che il linguaggio è molto di più. Le parole riflettono il soggetto e le sue esperienze. L'uomo non può fare a meno di formulare interiormente l'esperienza, per viverla consapevolmente. Per questo il linguaggio condiziona e modella il devenire stesso del uomo ..." (Carlo Molari, Esperienza personale di fede nella maturità. Cassano Valcuvia 2005, p. 15.

[39]     Acta OCD 12-15, p. 107.

[40]      NMI 9.

[41]     Acta OCD 50 (2005), p. 70.

 
 

     
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