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Secretariat of Missions: ocdmis@pcn.net + FAX ++39 06 85443212

      A las hermanas y hermanos del Carmelo,

      A los miembros de la familia carmelitana,

      A las bienhechoras y bienhechores ,

      A cuantas y a cuantos se interesan  por las Misiones Carmelitanas

 

  En esta jornada misional por excelencia, que es la fiesta de Pentecostés, quiero recordar la triple conmemoración misional que celebramos en este año 2004:

1) La primera expedición del Carmelo a Persia (6 de julio).

2) La  fundación del Carmelo femenino en Paris (18 de octubre).

3) La primera fundación también del Carmelo femenino en suelo americano (27 de diciembre). En distintas fechas, pero todo sucedió en 1604. Son tres cuartos centenarios que conviene recordar.

 

 Los tres acontecimientos tienen especial significación. Consagraron definitivamente la misionariedad de la Orden. Fueron tres realizaciones que rompieron moldes, creando una apertura de sus fronteras o cercanías de origen. Supusieron un salto cultural de insospechadas proporciones. No fue sólo el hecho de que las hijas y los hijos de la Madre Santa Teresa se encaminaran a otros destinos que las orillas del Mediterráneo, dirigiéndose a horizontes centroeuropeos y nórdicos, a los pueblos germánicos y eslavos. Fue la inmersión en culturas lejanas, el primer contacto con el Ecumenismo y el Islam, llegando a Oriente, implantando el primer Carmelo de clausura allende el Océano en tierras de América, en Méjico.

 

Me atrevería a afirmar que 1604 ha sido el año más misionero del Carmelo, el de los arranques más atrevidos e innovadores, que han marcado su camino y  han configurado su futuro. En la Orden vivimos de aquella impronta carismática. Y siempre ha sido avanzar, sin concesiones al retroceso.

 

Hay mucho motivo de acción de gracias en este triple cuarto centenario del 2004. Considero una gracia el celebrarlo con conciencia de cuanto significa, porque nos enraiza en la vocación misionera y universal del Carmelo. Ofrezco a continuación unas breves páginas conmemorativas, describiendo los hechos y su alcance histórico.

 

Por esta vez me contento con la evocación histórica. Siendo tan grandiosa y tan estimulante, me parece suficiente. Puede surgir espontáneamente  una  valoración del pasado y una reflexión pertinente de actualidad. Así lo espero.

 

    Con el saludo más fraterno,  

Dámaso Zuazua, ocd,

  Secretario de Misiones

 

Juan-Tadeo (Roldán) de San Eliseo

I

1604 - 6  de  julio -2004

IV  Centenario  de  la expedición  misionera  a  Persia

 

  Como fruto del fermento misionero de la Congregación de Italia, el P. Pedro de la Madre de Dios propuso a Clemente VIII la disposición de la Orden de enviar misioneros carmelitas a Tierra Santa. Pero la respuesta del Papa fue que en la tierra de Jesús no faltaban misioneros. Consideraba que la voluntad misionera del Carmelo podría rendir un mejor servicio en Persia.

 

Con la misión de Persia, confiada a los Carmelitas, Clemente VIII quería responder a la legación del Sha Abbas el Grande (1587-1628), llegada a Roma el 5 de abril de 1501 para proponer al Papado una alianza antiturca. El Sha pedía también sacerdotes para la asistencia de los católicos en Persia. La primera misión de Persia con dos Jesuitas en 1601 no tuvo resultado por la intromisión del virrey de la India en Goa. En 1502 un grupo de Agustinos  españoles con el patronato de Felipe II y con el apoyo económico del arzobispo de Goa, Mons. A. Meneses, se estableció en Isfahan.

 

Aunque Ludovico von Pastor hable de seis Carmelitas, fueron tres sacerdotes y un hermano no clérigo los que partieron en la primera misión del Carmelo en  Oriente, en Persia. Se llamaban Pablo-Simón (Rivarola) de Jesús, genovés de 28 años, Juan-Tadeo (Roldán) de San Eliseo, calagurritano en España y primer obispo del Carmelo Teresiano, Vicente (Gambart) de San Francisco, valenciano, y  Juan  (Angeli) de la Asunción, hermano no clérigo de la Umbria.  Les acompañaba el militar español, Don Francisco Riodolid de Peralta, que se encontraba en Nápoles y estaba destinado a prestar oportunos servicios militares en la corte del Sha. El 4 de julio la expedición fue recibida por el Papa. El Papa les pidió emitir los tres votos complementarios siguientes: 1) ir a evangelizar a donde les enviaran los superiores, 2) aceptar la muerte por le fe, si fuera necesario, 3) no recibir ni oro, ni plata, ni piedras preciosas. Dos días más tarde, 6 del mismo mes,  partieron del convento de S. María de La  Scala en Roma. Los misioneros llevaban siete breves papales de recomendación para los monarcas y  nuncios de los países que debían atravesar.

 

Hubo que escoger la ruta del camino. Se escogió la más larga en beneficio de la más segura, a través de Alemania,  Bohemia, Polonia, tocando el Báltico en Lituania, Rusia y el Mar Caspio. Había que evitar el Mediterráneo, la Siria y la Mesopotamia, zona de la guerra entre turcos y persas.

 

Llegaron a Cracovia (Polonia) el 25 de agosto. Durante el reinado de Segismundo III Vasa (1587-1632) se había celebrado el sínodo de Brest en 1596. En él se logró la unión de los Rutenos con Roma. La permanencia carmelitana en la capital del reino fue breve por esta vez. Pero bastó para que su reputación permaneciera en la memoria del país. La expedición había sido presentada por el nuncio Claudio Rangone al rey, quien les concedió salvoconducto para Polonia y Lituania y cartas de recomendación para el duque de Moscú y rey de Persia. El 13 de septiembre salieron de Cracovia, vía Luck, a Vilna. De allí debían de proseguir viaje a Moscú y  Persia. Quince meses duró la estancia en suelo polaco.

 

Fue el tiempo suficiente para comenzar un apostolado entre los Rutenos, según las recomendaciones del obispo de Luck. Los Carmelitas entraron en el corazón del problema, sobre todo, en Vilna. Tomaron contacto con dos grandes protagonistas de la Unión y con los Jesuitas  de Polock. Para conocer el compromiso ecuménico de nuestros misioneros es importante leer su correspondencia constante, conservada en nuestro Archivo General de Roma. La “Missio ad Ruthenos”, de la que habla el P. Pablo Simón Rivarola, responsable de la expedición a Persia, comprendía a los moscovitas, a los rutenos, a los griegos cismáticos, a los heréticos. La idea del Padre era fundar un seminario para formar los apóstoles que trabajasen en Moscú, en Serbia, Valaquia, Moldavia y Bulgaria: “Spes itaque conversionis Moscovitarum humano modo loquendo non videtur esse alia quam per Ruthenos...” Era responder a la esperanza de Clemente VIII: “Con vosotros, caros rutenos,  se debe convertir todo el Oriente”. No se descartó la evangelización de los suecos, si Segismundo III conseguía de nuevo la corona de Suecia. Se preveía una misión en el norte de Europa.

 

Debido a este apostolado específico e intenso con los Rutenos en la zona oriental del reino de Polonia, como era la Rusia, y de Moscovia  el 5 de mayo del 1605 el Capítulo General de la Congregación de Italia decidió la fundación de un ”hospicium pro missionariis” en Cracovia. Serviría como punto de apoyo para las misiones carmelitanas del Norte y del Oriente.  Los fundadores fueron Matías (Hurtado de Mendoza) de S. Francisco, Juan del Ss. Sacramento, primer maestro de novicios de Polonia, Alfonso de la Madre de Dios y Fr. Santiago de S. Bartolomé: tres españoles y un napolitano.

 

A su paso por Tartaria el H. Juan y el solado Riodolid  sucumbieron a los sufrimientos del frío y otras penalidades. Los tres supervivientes llegaron a Isfahan el 2 de diciembre de 1607, tras tres años y medio de viaje, con avances y retrocesos. Tras la muerte de Clemente VIII (5.3.1605) y del breve pontificado de León XI (1-21.04.1605), reinaba en la Iglesia Pablo V, que les renovó las credenciales a presentar en la capital persa de aquel tiempo. Superaron las primera dificultades de instalación, incluso con las ofertas recibidas del Sha.

 

En Persia trabajaron en las casas de Isfahan (1607-1749), de Hormuz (1612-1622), de Shiraz (1623-1738), de Giulfa (1691-1752), de Kharg (1753-1766), de Bandar Abbas (11688-1775), de Bushire (1688-1755) y de Hamadan (1720-1752). Su campo de trabajo fue la asistencia y la conversión de los armenios, caldeos u otros herejes o cismáticos. Entre las conversiones la más notoria fue la del sir anglicano Robert Sherley, que el 2 de febrero del 1608 fue acogido en la Iglesia católica y esposó a  la grande dama Sampsonia Amazonitios, que recibió el nombre de Teresa en el bautismo. Fue un motivo para que el Sha apreciara más a los Carmelitas en su reino. El 14 abril de 1624 recibieron la autorización para traducir el misal al árabe. Pudieron hacer lo mismo con  la traducción al turco el 30 de junio de 1627.

 

Hacia 1640 comenzaron el apostolado en la conversión de los “mandeos” o cristianos de S. Juan Bautista. Continuaron siempre el apostolado con los jacobitas y armenios, pudiendo celebrar la misa en su lengua.  Se ocuparon también de los asirios de Azerbaiyán. La dificultad de las conversiones entre musulmanes la solventaron ocupándose de bautizar a niños neonatos moribundos. El número de la “massa candida” fue en aumento. La  práctica  perduró, incluso, tras la escrupulosa consulta a la S. Congregación de Propaganda Fide, que el 13 de febrero de 1658 respondió afirmativamente. También el célebre misionero jesuita Alejandro Rhodes practicó esta pastoral, escribiendo complacido el 20 de mayo de 1659 a su hermano la felicidad que sentía en “mandar tantos angelitos al cielo”.

 

Debido al trabajo de evangelización de los Carmelitas el 12 de octubre de 1632 la Santa Sede instituía la diócesis de Isfahan. Pero ya el 6 de septiembre del mismo año había elegido al obispo en la persona del P. Juan Tadeo de S. Eliseo. La consagración episcopal tuvo lugar el 18 de septiembre en Roma.  No llegó a regresar a su diócesis, porque encontrándose en España para embarcar en Lisboa, falleció en Lleida el 5 de septiembre del año siguiente. Fue el primer obispo del Carmelo Descalzo.

 

Debido a la Misión de Persia la Orden traspasó los Alpes. Llegando a la Europa Central y Oriental, fundó el primer convento en Polonia. Inauguró su trabajo entre los eslavos. Por esta Misión llegó también al vastísimo mundo del Oriente. Tuvo su primer contacto con el Ecumenismo, debido al apostolado entre los rutenos, y  su primera experiencia con el Islam. Por eso es un Centenario que nos conduce “a las primicias del espíritu”.

 

 

Bibliografía esencial:

 

1)  Bertholde–Ignace de Ste Anne, Histoire de l’établissement de la Misión de Perse. Bruxelles-Paris [1885], 372 pp.

2)  Florencio del Niño Jesús, ¡A Persia! Biblioteca Carmelitano-Teresiana de Misiones II. Pamplona 1929, 167 pp.

3)  Id., En Persia Pamplona 1930, 144 pp.

4)  [Chich Herbert], A Chronicle of the Carmelites in Persia and the papal Mission of the XVIIth and XVIIIthe Century.  2 vol.  Eyre a. Spottiswoode. London 1939.

5)  Carlos Alonso, OSA,  Los mandeos y las misiones católicas en la primera mitad del s. XVII. Orientalia Cristiana Analecta 179. Roma 1967, 263 pp.

6)  Id., Clemente VIII y la fundación de las Misiones  católicas en Persia, in La ciudad de Dios  71 (1958) 196-240.       

7)  Annibale Bugnini, La Chiesa in Iran. I Carmelitani (1604-1775). Edizioni Vincenziane. Roma 1981,  pp. 137-153.

 

 

II

1604  -  Paris,  18  de octubre  -  2004

IV  Centenario de  las  Carmelitas  Descalzas  

Beata María de la Encarnación

 

Con motivo de este aniversario de la introducción de la Reforma Teresiana en Francia la Orden Carmelitana nos invita a celebrar el alcance misionero de este acontecimiento. Es el eco de las palabras de la propia santa Teresa de Jesús, cuya acción se enraiza en un profundo sentimiento de compasión por los males de Francia, sacudida por las guerras de religión: “En este tiempo vinieron a  mi noticia  los daños de Francia y el estrago que habían hecho estos luteranos, y cuánto iba en crecimiento esta desventurada secta... Paréceme que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí se perdían” (C 1, 1).

 

Esta angustia apostólica de la Madre la asumieron enteramente los principales protagonistas de la fundación de 1604 y la condividieron a la luz de las siguientes orientaciones generales.

 

1)  El ideal misionero del Carmelo Teresiano

 

Renovando la Orden del Carmen, santa Teresa de Jesús la impregnó de un espíritu apostólico y misionero, como nunca antes se había conocido en el Carmelo. Con una expresión  feliz el Concilio Vaticano II nos lo ha recordado que toda Iglesia es misionera. Con  mayor razón la vida consagrada es misionera en todos sus componentes, porque se coloca en el mismo corazón de la Iglesia de la que es la realidad más substancial. Refleja la imagen de las relaciones intra-trinitarias que unen entre ellas las tres Personas divinas, envolviéndolas en un don mutuo incesante, fuente de comunión eclesial intensa.

 

La exhortación apostólica Vita consecrata insiste mucho en este sentido. La comunión es una “misión”, porque cada persona es enviada hacia las otras. La misión, en cuanto a ellas, debe convertirse en fuente de comunión. Cada bautizado está comprometido en este “va-y-viene místico”. La misión se encuentra inscrita en el corazón mismo de la Iglesia. Es comunión que se convierte en estímulo en el don de sí y del encuentro del prójimo. Esta insistencia nueva, esta nueva orientación sobre la vida consagrada reflejan perfectamente les intuiciones misioneras de santa Teresa, que están al origen de su carisma.  

 

2)  El espíritu misionero de los fundadores franceses

 

Una laica, Bárbara Acarie (futura Beata María de la Encarnación) y un laico, Juan de Brétigny de Quintanadueñas, son los introductores de la Reforma Teresiana en Francia. Los dos supieron percibir las necesidades y las esperanzas de la Iglesia de Francia en el dintel de una era de renovación. La historia muestra que fue el hogar particular de “Madame Acarie” de donde partieron las primeras iniciativas que marcaron la Reforma Católica en Francia.

 

Con la primera traducción en francés de la Obras de santa Teresa (1601) Juan de Brétigny llegó al mundo de las almas. Misionero convencido, arrastró con él a todos sus compatriotas a un continente nuevo. Respondiendo a una sede espiritual intensa, hizo posible una verdadera “invasión mística”, de la que el s. XVII francés será el teatro privilegiado, como antes había sido el siglo de oro español en el s. XVI.

 

Misioneros de verdad, Bárbara y Juan lo fueron en la medida en que ayudaron a la Iglesia de Francia a renovarse en profundidad. Tras las guerras de religión, sobrepasando prejuicios nacionalistas, comprendieron que España era el modelo de lo que Francia tenía que construir. El Carmelo Reformado les pareció como uno de los mejores antídotos mejores contra la herejía protestante.

 

La “misión” comienza siempre por la actitud de convertirnos, de darnos los medios de un nuevo comienzo  con Cristo.  

 

  3)   El  espíritu  misionero  de  las Madres  fundadoras  españolas  

 

Hacía falta audacia apostólica para franquear los Pirineos en 1604 y tentar “la aventura francesa”. Las crónicas refieren que las fundadoras españolas venían preparadas al martirio, blandiendo crucifijo y rosarios al exterior de la carroza durante una buena parte del trayecto francés hasta París. En una carta del 8 de marzo de 1605 Ana de Jesús escribe relatando la llegada a París: “Casi todos los habitantes de estos pueblos eran herejes; se dejaba ver bien, del resto, en sus caras porque tenían en verdad figuras de condenados”. Trascendiendo los calificativos y las expresiones,  Francia era la tierra de todos los peligros para las seis Carmelitas españolas. La fundación de París interviene en plena crisis política y económica (1603-1604) entre los reinos de los reyes muy católico y cristianísimo.

 

Los Carmelos fundados por la Madre fueron siempre hogares de mística “martirial”. Las hijas de Teresa representaban en las recreaciones  escenas de martirio. En su ardor apostólico las Hermanas  consideraban a Francia al mismo nivel que al Congo o Nueva España: una tierra de misión.

 

En 1588 la propia hermana del P. Gracián, Juliana de la Madre de Dios, carmelita en Sevilla, escribía al señor de Brétigny: “Plazca a su Divina Majestad de escuchar lo que le pido para ese país de Francia y de satisfacer el deseo de verme allí (...) Espero que  me haré buena y que mereceré  con mayor razón de llamarme francesa, habiendo renunciado ya al nombre de Castellana. No deseo mayor felicidad que sufrir por Jesucristo y derramar mi sangre por la santa fe, incluso si tuviera mil vidas (...) Todas estamos decididas a ser francesas (...). ¿Quién no quisiera morir en Francia por amor de Dios?”

 

En el espíritu de las Madres españolas Francia es el lugar soñado para desarrollar el ideal misionero de la Madre Teresa, mientras que España comienza a ser víctima de su proteccionismo. La primera generación teresiana se va apagando. Los Carmelitas Descalzos, que gobiernan a las Monjas, tienden a endurecerse. Durante 20 años la M. María de San José –íntima de santa Teresa- ha venido aprendiendo el francés con la esperanza de poder realizar el proyecto fundador del señor Brétigny, su gran amigo. Incluso antes de salir para Francia (en realidad fueron pocas las que partieron físicamente) las Carmelitas de España vivían en estado de “misión”.

 

La “misión” es olvido de sí y capacidad de sobrepasar sus propios límites. Es un estado de espíritu permanente, incluso cuando no dejamos el puerto que nos liga.  

 

4)  Juan  de  Brétigny  y  las  misiones  carmelitanas

 

El primer traductor francés de santa Teresa tiene muchos méritos adquiridos en el Carmel, aunque nunca haya salido de la sombra. El conoció a santa Teresa antes que cualquier otro francés; él comprendió la dimensión misionera del Carmel. Durante 45 años (1585-1630) Brétigny puso todo por obra para enviar monjas Carmelitas al Congo. Es inimaginable la suma de trabajos que sufrió y que permanecieron sin fruto. Trabajó por llevar el Carmelo a París (1604) y a Bruselas (1607) para que un día salieran de aquí las Carmelitas, con la misma llama de Teresa, con destino al reino del Congo.

 

Brétigny murió en 1634. Su acción, aunque infructuosa, no fue en vano. El prendió un fuego que ardió y dejó rescoldo. Después, en 1934 (exactamente, tres siglos más tarde), las Carmelitas belgas fundaron el primer Carmelo congoleño.  

Sobreviviendo a fracasos aparentes, la misión produce siempre frutos. Uno es el que siembra; otro recoge el fruto.

 

5)  El viaje a España (26-IX-1603  /  15-X-1604: un testimonio  misional  

 

Varios actores de la fundación de 1604 (Louis Jourdain, Jean Navet, Ana de Jesús) nos han dejado relatos de la expedición de los franceses que vinieron a España para conducir las Carmelitas a Francia. Es una verdadera epopeya misionera, digna de una novela picaresca y repleta de humor. Este IV Centenario podría ser la ocasión para sumergirnos en esas sabrosas páginas que son de las más significativas  de los anales misioneros del Carmelo.  

 

6)  Alcance misionero de la fundación de 1604: la posteridad espiritual

 

El árbol de la filiación de los Carmelos manifiesta de manera clara que la fundación de Paris está al origen (directo o indirecto) de casi todos los restantes monasterios carmelitanos del mundo, si excluimos los  que  proceden de la península ibérica. Fruto de un auténtico espíritu misionero teresiano, el Carmelo francés se convertirá  a su vez en misionero, aceptando el desafío de la inculturación cuando se ha propagado por el mundo.

 

No hay más que una misión: la de Cristo que se encarna en cada cultura, en cada genio nacional. Después el fruto de una misión es todavía el espíritu misionero que se lleva más allá de las nuevas fronteras. Y será así hasta el final de los tiempos.

 

  **************

 

Cuatro siglos separan el año 1604 del 2004. La misión permanece siempre una urgencia en la gran tradición de los apóstoles de Cristo, de san Elías y de santa Teresa de Jesús.

 

Para  saber  más:

 

Chroniques de l’Ordre des Carmélites, t. 1, Troyes 1846, pp. 43-116. Relato detallado del viaje a España y de España a Francia (1603-1604).  

La  revista Carmel  112 (Venasque, 2004/2). Número especial consagrado al IV Centenario de la introducción de las Carmelitas Descalzas en Francia.  

Página de internet sobre el Carmelo francés, parte histórica:

http://www.carmel.asso.fr./histoire/histoire.shtml 

 

 

III

 IV Centenario del primer Carmelo de América

1604  -Puebla de los Angeles (Méjico) - 2004

 

 

Todo comenzó con un movimiento laical. El Tesoro escondido en el Monte Carmelo Mexicano del P. Agustín de la Madre de Dios, obra inédita hasta 1986, refiere pintorescos pormenores. Las iniciadoras fueron un grupo de pías andaluzas, viudas y doncellas, arribadas por motivos familiares u otros a tierras de Méjico. Por su atracción a la oración y a la soledad, Ana Núñez aparece como la mente directora del grupo. Había nacido en Gibraleón. Llegó a Veracruz con su hermana Beatriz al quedar huérfanas en patria. Fallecido el  hacendado hermano Pedro, Ana se dio a una vida de recogimiento y Beatriz contrajo matrimonio. Elvira Suárez, dama sevillana que vino a Méjico, enviudó al poco tiempo. Así se unió a la vida de piedad de Ana Núñez. Pronto se les juntó otra sevillana, Juana Fajardo.

 

Las tres piadosas andaluzas vivieron primero en el hogar de Beatriz Núñez. Desde 1593 tuvieron su casa aparte. Bajo la dirección del P. Alonso Ruiz, SJ, determinaron vivir en clausura religiosa y emitieron el voto de castidad en manos del vicario del obispo. Su casa fue convertida en Recogimiento por el obispo de Puebla en 1596. Allí ingresó también  María de Vides, sobrina del director P. Alonso.

 

Por  razones climáticas en 1601 la casa se trasladó a Puebla. Entre tanto llegaron las Obras de Santa Teresa a  manos  de las recogidas. Las había traído de España un franciscano, comisario de la Inquisición. La lectura asidua y comentada de estos Escritos fue configurando a la comunidad de laicas piadosas hacia la formación de una comunidad carmelitana. El carmelita Pedro de los Apóstoles, que había convivido con San Juan de la Cruz en España, fue el confesor y el iniciador en las enseñanzas de la comunidad teresiana.

 

Fue larga la tramitación de los breves pontificios de fundación canónica. En un documento del Archivo Vaticano se habla de la instancia presentada por el arzobispo electo de México y del presidente del Consejo de Indias al General de la Orden para la fundación de un Carmelo en la ciudad de México. El 29 de mayo del 1601 la Congregación de Obispos y Regulares decidía: “Scribatur ad mentem Smi.” ¿Cuál era la mente del Papa? En carta de esta Congregación Romana al General Francisco de la Madre de Dios se decía que no se mandaran monjas a Méjico, porque  “non convenía en modo alguno exponer las monjas al peligro de la navegación y del largo viaje, de donde podían nacer escándalos y desórdenes de gran consecuencia”. Se facultaba al General para que respondiese, si fuera necesario incluso con censuras, si las instancias se repetían pidiendo monjas de España para cualquier parte de las Indias.

 

Así la primera fundación de Carmelitas Descalzas en suelo americano no se hizo con fundadoras provenientes de la península  ibérica.  Nació carismáticamente de la evolución teresiana del grupo de laicas que vivían la vida comunitaria en su casa de Puebla. El Papa Clemente VIII concedió la bula de erección el 5 de julio del 1602. Por el retraso de correos y por otros motivos su ejecución tuvo lugar sólo el 27 de diciembre del 1604. “Fue toda la ciudad -escribe el Tesoro escondido...- en forma de cabildo, con el señor obispo” (p. 312). Las cinco perseverantes aspirantes recibieron el hábito.  Predicó en la ceremonia el prior del Carmen, Pedro de los Apóstoles. “Fueron -escribe  todavía el Tesoro escondido- las primeras Carmelitas que la América gozó...”

 

Hicieron la profesión en el día de los Santos Inocentes del año siguiente. Entraron dos jóvenes más. El monasterio prosiguió su vida con el ingreso de nuevas vocaciones. Era priora la M. Ana Núñez de Jesús y supriora la M. Elvira Suárez de San José. María de Vides de la Presentación fungía de tornera y la M. Juana Fajardo de San Pablo quedó como maestra de novicias.

 

Con las leyes persecutorias del país el monasterio conoció exilios y supresiones temporales. Pero durante los 400 años de existencia de este primer monasterio en suelo americano han perseverado en él 198 Carmelitas. Después de las cinco fundadoras españolas la mayoría de las vocaciones han provenido en su mayoría del mismo arzobispado de Puebla. La comunidad ha tenido la fortuna de conservar hasta la actualidad su documentación histórica. Ha logrado también recuperar parte del monasterio inicial, objetivo que no obtenido  ningún otro Carmelo del país.

 

En 1970 se logró restaurar el edificio, restituyéndole en lo posible su aspecto primitivo. El histórico monasterio de Puebla fundó el de Guadalajara en 1695. En 1748 dio origen al segundo Carmelo, el de la Soledad, en la misma ciudad de Puebla. En 1851 participó en el nacimiento de la comunidad de Orizaba. Puebla ha participado incluso fuera de sus fronteras nacionales en la expansión del Carmelo, porque en 1984 se fundó con su ayuda el monasterio de Santa Cruz, hoy en Cobán (Guatemala). Ha producido una germinación nueva por siglo de existencia.

 

La crónica de Tesoro escondido... es pródiga en relatar la vida de varias religiosas que se han distinguido por su elevada santidad en este convento, sobresaliendo el nombre de la M. Isabel Bonilla de la Encarnación (1594-1633). Todo el Carmelo de América, la del Norte y la del Sur y la insular, celebra con alegría el IV centenario de la primera implantación de la vida teresiana de clausura en el Continente. En definitiva,  el año 2004 es el  IV Centenario del Carmelo femenino en el Nuevo Mundo.

     
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Updated 04 giu 2004  by OCD General House
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