En Antioquia de los “paisas”
Es el departamento civil. Departamento laborioso
y productivo. Dicen que los antioqueños son
capaces de producir oro de las piedras.
Antioquia es el cerebro económico de la nación.
En todo caso, los antioqueños son hábiles
negociantes. Los “paisas” tienen palabra fácil,
garbosa, expresiva. Se explican por refranes.
Cada decir en boca del antioqueño es un
condensado de sentencias, vale por un capítulo:
el tal señor “es el perro de todas las bodas”,
la señora “corrió más veloz que la mala
noticia”, el buen hombre “aprendió antes a
hablar que a mamar”, “guerra anunciada soldado
que se salva”, del que quiere curarse en salud
dicen que “primero muerto que bombardeado”, al
que ha perdido el oficio “se le rompió la
cuchara”, ...
Antioquia presenta un geografía de montañas
quebradas, cubiertas de verde y desprovistas de
rocas, con campos de cultivo ordenado, con
arboladas placenteras en zonas de turismo, con
bordes de caminos cuidados con esmero. Entre sus
bellezas naturales impresiona la “Piedra del
Peñol”. Es una sorpresa singular e inesperada.
En un ambiente de verdor surge, de pronto, de la
manera más insólita, un enorme peñón granítico
con un colorido negro en la superficie. Tiene
una altura de 200 m. Con un volumen de 22. 000
metros cúbicos y un perímetro de 770 m.
Pregunten a los geólogos por este extraordinario
menhir natural, de tan excepcionales
proporciones. A través de sus 644 escalones se
sube deportivamente a la cumbre para divisar el
panorama de Guatapé. Este atractivo turístico se
encuentra a 2.137 m. de altitud. Completa el
paisaje un prolongado y serpeante lago, como un
meandro entre islotes.
A la vera de las carreteras abundan por muchas
docenas estatuas y hornacinas de la Virgen del
Carmen, de todos los tamaños, de todos los
estilos. Otra novedad son los recuerdos de San
José como protector del buen camino. En ninguna
parte del mundo he visto al santo patriarca de
Nazareth glorificado en los caminos. Nadie toca,
nadie profana estos expresivos símbolos
religiosos. Con gran respeto, al pasar junto a
ellos los transeúntes rezan y los conductores de
vehículos se santiguan. Debe de ser profunda la
religiosidad de los antioqueños. El mejor ornato
de las casas de campo son sus floreros colgantes
en el exterior. Para evitar toda tentación al
terrorismo una fuerte presencia militar vigila
las rutas.
En resumen, Antioquia es bella, pujante,
grandiosa, organizada, creadora e inventiva.
Su capital Medellín es la única ciudad en
Colombia que puede medirse e, incluso, desafiar
a Bogotá, la capital. Medellín es una metrópoli
de tres millones de habitantes. Su reciente
“metrocable” no es sólo orgullo ciudadano. Es,
sobre todo, una ingeniería puntera e
inteligente. Este funicular aéreo comunica en
pocos minutos la periferia alejada del barrio de
La Comuna con el centro urbano. Así se ha
regenerado sociológicamente una zona deprimida.
En ninguna parte del mundo he visto un metro más
limpio y resplandeciente que en Medellín. Debe
de ser fruto de la educación cívica de la
universidad de la universidad antioqueña.
Con arraigo ancestral la Virgen del Carmen ha
impreso una presencia significativa del Carmelo.
En el barrio de Manrique emerge la imponente
iglesia neogótica de los Carmelitas, visible
desde tantas partes en el declive de la colina.
Templo dedicado a la Inmaculada, es parroquia
extensa desde 1961. Su gran punto de atracción
es también el Señor de las Misericordias. Es
interesante subrayar la pastoral de la “Casa
Teresiana”, que surgió hace diez años a la
sombra del cercano Carmelo de Medellín-La
Mansión. Bajo la dirección del P. John Jairo,
ocd, se organiza la oración litúrgica y la
adoración eucarística durante las 24 horas del
día.
A la extensa finca de Monticelo en El Poblado se
trasladó en 1952 el seminario carmelitano de
Sonsón. Hoy es la sede del aspirantado
carmelitano. En este año suman 20 en este año:
17 jóvenes para Colombia y tres voluntarios para
el Ecuador. Funciona una casa de espiritualidad.
Con edificios de nueva construcción se ha
llegado a crear la “Hospedería Monticelo”, con
asistencia espiritual a los turistas o
congresistas de convenciones. A 42 km. de
Medellín, en La Ceja –el Vaticano de Antioquia
por sus muchas casas religiosas- un joven
carmelita colombiano, Andrés Jaramillo, inicia
una seria experiencia contemplativa en gran
comunión con el obispo y con seguidores
comprometidos.
Medellín tiene su propio Carmelo desde 1791. Es
el mencionado monasterio de La Mansión. En el
pasado ha dado origen a cuatro fundaciones.
Sólido y elegante edificio, está poblado de
juventud. En Antioquia también tenemos el
Carmelo de Girardota, tras el traslado en 1991
de su lugar de origen en el Poblado (1900), La
Ceja (1912) (¿cuántos Carmelos en el mundo
tendrán seis rostros jóvenes de velo blanco?), y
La Estrella (1959). En todos los monasterios he
encontrado un surtidor de vivacidad, debido a
tantas vocaciones jóvenes en este tiempo. La
Asociación de las Carmelitas de Colombia afronta
en este momento la fundación simultánea de dos
nuevos monasterios, en Cartagena y en Garagoa.
¡Por fin, Sonsón!
Esta población se encuentra en el corazón de
Antioquia, a 110 km. de Medellín. Desde mi
niñez, desde el lejano 1945, su nombre me es
familiar. Mi primer hermano Carmelita, tras
terminar su carrera sacerdotal en España, fue
destinado a Sonsón. Aquí fue director del
seminario carmelitano. Más tarde, en 1969,
regresó como primer párroco. Sobre todo en el
primer período nos impresionaban las cartas que
escribía relatando una realidad tan distinta
para los ibéricos de aquellos tiempos de la
segunda guerra mundial.
La
ruta de Medellín a Sonsón es zigzagueante. Quien
contó las curvas asegura que son más de 1. 000
virajes. El encanto del paisaje es de lo más
vistoso que haya visto en mi vida. Variado y
reposante, en todo el recorrido aparece un
horizonte de montañas, de lomas, de praderas
verdísimas.
“Sonsón te saluda”, proclama el arco de entrada.
Entremos con respeto. En un tiempo fue capital
de su propio departamento, tuvo banco propio, es
patria de tantos próceres. No le han faltado
posibilidad de convertirse en una nueva Villa de
Leyva, si hubiera conservado mejor el patrimonio
de sus muchas viviendas coloniales. Tuvo una
catedral renombrada, renovada en estilo moderno
tras el derrumbe por el seísmo de 1962. No tiene
tren, no tiene acceso a una ruta nacional
importante. Las montañas son su belleza y su
límite. Ciudad venida a menos. Tiene 40. 000
habitantes, los mismos que los tenía hace 50
años.
¿Vamos a cantar la elegía de Sonsón? No. Sonsón
conserva todavía mucho encanto. Fijémonos en
cuanto tiene de entrañable, de duradero. Son,
ante todo, los sonsoñenos y las sonsoneñas, sus
gentes: ciudadanos o campesinos, con su acogida,
con su trato exquisito. Cada sábado descienden
de las veredas a caballo los campesinos al
mercado general. Aprovechan la venida para sus
gestiones y compras. La plaza y las calles
reviven una animación inusitada, alegre y
bullanguera. La fiesta civil más importante es
la celebración del maíz.
Un parámetro que no ha perdido vigor en este
lugar es el Carmen, cuanto se refiere a la
Virgen del Carmen, a la iglesia del Carmen, a
los carmelitas. En Sonsón y alrededores la
Virgen del Carmen es religiosidad vivida, ardor,
folklore, fiesta, patriotismo, inspiración,
iniciativa. El Carmen es moneda que no se gasta.
Sonsón tiene un cementerio casi monumental; en
todo caso, acogedor y recogido. A 2. 450 m. de
altitud, goza de un clima fresco y saludable. La
plaza mayor se presenta abierta y colorida, con
varias casonas luciendo sus balconadas. Los
patios interiores de algunas moradas en nada son
inferiores en belleza, armonía, ornamentación a
los celebrados patios andaluces. Las calles
angostas, asfaltadas o empedradas, suben y bajan
por el casco urbano.
Entre los museos destaco “La casa de los
abuelos”. Es una óptima presentación del pasado
histórico en sus múltiples facetas, avaladas con
incontables fotografías, con tantos instrumentos
de la técnica, del hogar, del campo de los que
se sirvieron sus antepasados. Tiene alto valor
etnográfico y arqueológico-histórico.
La fundación carmelitana tiene sabor de solera.
Es el segundo convento de los Carmelitas en
Colombia, simultáneo al de Frontino en 1914,
tras la primera implantación en Villa de Leyva
(1911). Una crónica de los primeros tiempos
describe a Sonsón como la ciudad más católica y
fervorosa de Antioquia, donde “son más las
comuniones diarias de los hombres que de las
mujeres...”
La iglesia del Carmen es de estilo neogótico, de
inspiración ibérica. Se presenta luminosa y bien
restaurada. En 1938 se levantó la aguja de la
torre. El retablo mayor es de madera dorada en
sus molduras. La talla de la Virgen del Carmen,
coronada canónicamente en 1951, parece obra de
Font, el célebre escultor catalán.
El predio carmelitano se encuentra en la zona
más pobre, llamada “La Calzada”. Tiene un
armonioso y floreado patio interior. El antiguo
colegio de aspirantes (1941), convertido en 1954
en colegio mayor carmelitano, es hoy un hogar
para jóvenes campesinas. El centro está dirigido
por las Carmelitas Teresas de San José. Los
cuatro componentes actuales de la comunidad son
José René Sierra, William Bustamante, Humberto
Lázaro Henao, y el diácono –próximo sacerdote-
Richard Bayona. Ellos se reparten la atención
pastoral a los 15. 000 parroquianos. Comienzan
la jornada a los pies de la Virgen del Carmen,
con el canto común de Laudes en fervorosa
compañía de las seis Misioneras de Santa
Teresita. Algunos fieles, arropados en sus
“ponchos”, participan con ellos en esta alabanza
matinal.
El
trabajo pastoral incluye varias obras sociales.
El fruto de la aportación de los peregrinos en
las fiestas del Carmen ha logrado levantar 32
viviendas sociales para familias necesitadas,
creando el barrio de “El Carmen”. Desde la
parroquia se atiende a 20 veredas, entre muy
alejadas o más cercanas, accesibles en coche,
caballo o a pie. Es un vastísima zona de
evangelización campesina, desde los niños de las
escuelitas rurales hasta la misión de adultos.
Las veredas se visitan periódicamente, en turnos
dominicales establecidos.
Una iniciativa original es la “Casa Taller”, que
rescata del peligro de la calle a las mujeres y
acoge a niños de madres solteras o abandonadas.
Esta obra parroquial está dirigida por las
Misioneras de Santa Teresita, Congregación
colombiana fundada en 1929 por Mons. Miguel
Ángel Builes en Santa Rosa de Osos.
En el mes de diciembre un escuadrón de más de
100 agentes de evangelización, entre sacerdotes,
religiosos/as, catequistas, laicos, … han
participado en la “misión” de Sonsón y sus
aledaños, con visitas a las veredas más
alejadas. Obra social de la parroquia es también
“El Ropero”, que ofrece prendas de vestir a
precios módicos. El H° Humberto Lázaro Henao
desarrolla su propio apostolado de asistencia a
los pobres con carisma del todo personal. ¿En
qué se distinguiría San Martín de Porres de este
buen Hermano Carmelita?
Visto y considerado todo, Sonsón en Antioquia de
Colombia es una realidad misional del Carmelo
Latinoamericano.