Si en todos los elementos integrantes de nuestra vocación tenemos que
volver los ojos a nuestra Santa Madre para encontrar su definición y
descubrir los cauces más adecuados para vivirlos, con mucha más razón
vale esto en el campo de la oración, centro y eje de la existencia y
del carisma teresiano y, por ello, elemento medular de nuestra
existencia en la Iglesia.
La oración es indudablemente la palabra de nuestra Madre. Sin ella no
se explica ni su persona ni su mensaje. No se explica el Carmelo hoy.
Por eso, el estudio de la oración teresiana, a la vez que nos brinda el
acceso a toda su vida y doctrina, nos abre a la comprensión más
radical de nuestra vocación.
Es también la palabra - antes vivencia o palabra vivida- que el hombre
moderno tiene derecho a esperar de nosotros que, por Teresa y en ella,
hemos pasado a la conciencia de la Iglesia como Orden particularmente
vinculada a la oración, comunidad orante.
Concurren en la Santa Madre todos los elementos que constituyen a
alguien maestro calificado de oración: experiencia
copiosa, abundante; inteligencia
profunda de la gracia que Dios le concede; poder de comunicación,
capacidad para traducir en palabras su experiencia. Con extrema
precisión escribe: "Porque una merced es dar el Señor la
merced, y otra es entender qué merced es y qué gracia; otra
es saber decirla y dar a entender cómo es" (V 17, 5; cf. V 12, 6;
23, 11; 30, 4). Tres gracias místicas que hacen a Teresa maestra de
oración. A la vez que señalan los capítulos que comprende el estudio
de la oración teresiana: experiencia, doctrina, pedagogía.
1. - EXPERIENCIA TERESIANA DE LA ORACIÓN
Todos sabemos que el acceso a la experiencia de la Santa Madre es paso
obligado para comprender su palabra, su mensaje. Y esto porque la
experiencia es la fuente de
sus saberes. Porque en su experiencia ha visto ella los elementos
fundamentales de la vida cristiana; la ha pensado y la ha reflexionado
para alumbrar esas líneas sobre las que avanza la Historia de
salvación, de relación amistosa con Dios de cada uno.
Unas palabras siquiera para situarla, presentación esquemática que nos
ayude a entrar en su palabra y mensaje.
Pueden señalarse tres períodos en la historia de la oración
teresiana: primer período,
de oración fácil y espontánea. Teresa se encuentra entre sus manos
con la oración (cf. V. 1).
Segundo período, de oración difícil, dura
que va desde la crisis de la adolescencia -a raíz de la muerte de su
madre- hasta la conversión definitiva acontecida en 1554 (V 9). La
dificultad que experimenta tiene una doble fuente: por un lado, su
incapacidad para discurrir así como la insubordinación de la
imaginación (V 4, 8. 9; 9, 4); por otra parte, su resistencia a entrar
por el camino del amor totalitario, la incongruencia de la vida. Nos
dice de este tiempo que "parece que quería concertar estos dos
contrarios -tan enemigo uno de otro - como es vida espiritual y
contentos, y gustos y pasatiempos sensuales" (V 7, 17). Más
escueta e incisivamente: "tener oración, mas vivir
a mi placer" (V 13, 6). Un auténtico drama situado en el interior
de Teresa que le hace vivir tensa entre Dios y las criaturas. Confiesa
"que no sé cómo un mes la pude sufrir, cuanto más tantos
años" (V 8, 2).
Durante un año o algo más optó por dejar la oración (V 7, 11; 19,
5). Califica después este abandono: "fue la mayor tentación que
tuve" (V 7, 11), "el peligro más peligroso" (V 19,10).
Sufrió el mayor bache moral: "El tiempo que estuve sin ella
era mucho más perdida mi vida" (V 19,11). "La
verdadera caída es dejar la oración" (V 15, 3).
Tercer período, con el ingreso en la vida
mística se inicia el tercer período, ascendente ya, sin retroceso.
Punto de partida, 1554 año de la conversión definitiva. Comienza a
quitar ocasiones y a darse más a la oración y Dios se vuelca
materialmente sobre ella. Ha señalado reiteradamente esta conexión:
"Pues comenzando a quitar ocasiones y a darme más a la oración,
comenzó el Señor a hacerme las mercedes, como quien deseaba ... que yo
las quisiese recibir" (V 23, 2; cf. V 19, 7; 9, 9 y 10). Una
lectura atenta de la oración mística, en todas sus formas y
manifestaciones, nos llevaría a descubrir que, más allá y por encima
de los fenómenos y repercusiones psicosomáticas, la oración mística
es una comunicación de Dios, comunicación personal al hombre, y que
éste "experimenta", cada vez a niveles de mayor interioridad,
hasta llegar a la comunión personal. En la oración mística resalta
con trazo firme que la oración para Teresa es "trato de Persona a
persona", "trato de amistad". Que Dios es más agente en
la oración que la persona. En la amistad se absolutizan las personas,
los amigos. Todo lo demás pasa inevitablemente a segundo plano.
Con esto entramos en el "modo" de oración que vivió Teresa
desde sus primeros pasos en su "trato" con Dios. Unas
palabras.
2. - MODO DE ORACIÓN DE TERESA
Pocos pero muy precisos y preciosos testimonios tenemos del
"modo" o "manera" de orar de Teresa: "Procuraba
lo más que podía traer a Jesucristo..., dentro de mí
presente (V 4, 8). "Tenía este modo de oración ...:
procuraba representar a Cristo dentro de mi" (V 9, 4). Este modo de
orar cobra un realismo extraordinario en el momento de la comunión
eucarística. Hablando de sí misma en tercera persona confiesa:
"Entrábase con él" (C 34, 8). Orar: atención a la Persona,
y esto dentro, que es el espacio del encuentro personal. Orar: estar con
él, "traer presente" o "representar", es decir,
revivir, reactualizar su presencia. "Estábame allí ... con
él" (V 9, 4). Conectar con la Persona. Cuando traduzca su
experiencia a mensaje no tendrá más que cambiar el sujeto: "Se
esté allí con él" (V 13, 22). De este modo de proceder en la
oración -"oración de recogimiento" la llamará más tarde-
afirmará en Camino: "nunca supe qué cosa era rezar con
satisfacción hasta que el Señor me enseñó este modo" (C 29, 7).
Se erigirá en apóstol infatigable, convencida con el convencimiento
que arranca y se alimenta de una larga y rica experiencia. Lo
sistematizará en Camino 26-29.
La experiencia propia de la oración le llevó a la adecuación de
oración-perfección. Por ser "trato de amistad" la oración
compromete la vida entera. La oración-amistad es totalitaria y
absorbente. Orar es optar por Dios como amigo. Apunta la explicación de
su crisis y la clave de solución cuando escribe: "Si os pagara
algo del amor que me comenzasteis a mostrar, no le pudiera yo emplear en
nadie sino en Vos, y con esto se remediaba todo" (V 4, 3).
Orar es "querer ser siervos del amor" y "seguir por el
camino de la oración al que tanto nos amó" (V 11, 1). Vivir para
otro, el Amigo: "Puesto ya en tan alto grado como es querer tratar
a solas con Dios y dejar los pasatiempos del mundo ... guíe su Majestad
por donde quisiere: ya no somos nuestros, sino suyos" (V
11, 13). La vida sigue la suerte de la oración. Y la oración sigue la
suerte de la vida. Somos lo que es nuestra oración, es decir, lo que es
nuestra amistad con Dios. Porque orar es "tratar de amistad",
realizar y profundizar las relaciones amistosas con Dios.
3.- MENSAJE TERESIANO DE LA ORACIÓN
De su experiencia oracional Teresa ha pasado a la proclamación de su
mensaje. Orar es "tratar de amistad, estando muchas veces tratando
a solas con quien sabemos nos ama" (V 8, 5). Aparte de las enormes
resonancias bíblicas de esta definición teresiana, de la
"revolución" que supone en la historia de la espiritualidad,
quisiéramos ahora llamar la atención únicamente sobre algo, por lo
demás, patente: a saber, que todo el peso de la concepción teresiana
de la oración recae sobre las personas, que aquí y ahora, viven
vueltos el uno al otro, en trato de amistad. Señala la definición que
orar es alcanzar la Persona desde la persona: acogida y donación,
escucha y pronunciamiento. "Trato".
Cuando en Camino se pregunte directamente "en qué
consiste la oración mental" (C 22, tit.), no retomará la
definición dada en Vida, pero dirá reveladoramente al final
del capítulo: "Esta es oración mental ... entender estas
verdades". Una lectura atenta del capítulo nos descubrirá que
"estas verdades" no tienen un significado abstracto. Son
"las verdades" de Dios y del hombre, del "quien" de
Dios y del "quien del hombre. Descubrimiento encaminado al
encuentro existencial, a "conformar mi condición con la suya"
(ib., 7).
Toda la atención del orante la quiere Teresa centrada en la Persona
divina. "Mirar" a la Persona. "No os pido más que le
miréis" (C 26, 3); "Acallado el entendimiento, mire que le
mira" (V 13, 22). No importa lo que se le dice, ni cómo se le
dice. Interesa el "estar con él". El acto de presencia.
Atención a la Persona, decíamos. Con una matización muy teresiana:
atención al amor que Dios nos tiene. Entra como elemento en la
definición: "con quien sabemos nos ama". Cuidadosamente
notará Teresa que la primera lección de Cristo, Maestro de
oración, es el amor que nos tiene: "En la primera [palabra del
paternoster] entenderéis luego el amor que os tiene" (C 26, 11).
Saberse amado. Es punto de partida para una respuesta de amor:
"Amor saca amor" (V 22, 14). Por eso, en todo hay que mirar el
amor que Dios nos tiene: "lo que más os despierte a amar eso
haced" (4 M 1, 7).
Encuentro en el amor, la oración. Y encuentro en la verdad: la verdad
de Dios y la verdad nuestra. En la oración se nos desvela Dios, nos
muestra su verdad: que nos ama, que nos da. Dios es amigo de dar.
"No se cansa de dar", y "sin tasa". "Anda
buscando tener a quién dar". Es el Dios que Teresa ha descubierto
en la oración. El conocimiento de alguien -también de Dios- sólo se
logra por el trato amistoso con él.
Y también el descubrimiento de nosotros mismos. Orar es
"entrar" dentro de nosotros. "Conocernos": nuestra
riqueza. Y nuestra miseria, nuestro estado moral. Somos un "palacio
todo de un diamante o muy puro cristal~. "Nuestra gran
capacidad", "dignidad", "hermosura". Son las
primeras palabras que Teresa nos brinda al iniciar las Moradas.
"Podemos tener conversación no menos que con Dios" (1 M 1,
6).
También nos descubre la oración nuestra situación moral. De si nos
dice que "en la oración veía ... el ruin camino que llevaba"
(V 19, 12); "en la oración entendía más mis faltas" (V 7,
17).
Por ser encuentro personal, la oración es también encuentro
transformante. La oración genera hombres nuevos. "Tratar de
amistad" significa robustecer y consolidar la amistad. Es la tesis
que defiende la Santa Madre en todas sus obras. VIDA defiende
la tesis de que la oración es transformante. Y para probar esta
afirmación cuenta su vida, que es fruto de la oración. La estructura
interna de la obra responde a esta tesis. CAMINO vuelve sobre
lo mismo: la Oración, camino de perfección. Y MORADAS
presenta la oración como movimiento de interiorización, de
acercamiento al centro de nosotros mismos donde nos vive Dios.
Profundizar las relaciones con él.
La mejor oración será siempre aquélla que más renueve la vida:
"Yo no desearía otra oración sino la que me hiciese crecer las
virtudes". "¡Oh!, que ésta es la verdadera oración y no
unos gustos para nuestro gusto no más" (Cta. al P. Gracián, 23.
10.76; 133, 8). Por eso, a la vida hay que atender para el
discernimiento de la verdadera oración. También cuando se trata de la
oración mística: "En los efectos y obras de después se conocen
estas verdades de oración, que no hay mejor crisol para probarse"
(4 M 2, 8; cf. 6 M 8, 10; CC 53, 16). Concretamente a la vida hay que
atender para discernir la verdad de la oración: "Vuestro entender,
hijas, si estáis aprovechadas, será en si entendiere cada una es la
más ruin de todas (...) y no en la que tiene más gustos en la oración
y arrobamientos, o visiones o mercedes que hace el Señor ..., que hemos
de aguardar al otro mundo para ver su valor" (C 18, 7).
Porque encuentro amistoso, la oración está abierta esencialmente a
crecimiento y desarrollo. La oración no es algo hecho. La oración es
una realidad viva, dinámica, en proceso.
Es particularmente importante destacar esta dinamicidad de la oración
para no bloquear, sino positivamente servir a la oración del hombre en
cada etapa del proceso.
La Santa Madre ha hablado del dinamisno de la oración con el grafismo
de las comparaciones: distintas formas de regar el huerto, en la Autobiografía;
distintos niveles de comunicación en la historia de las relaciones
interpersonales entre Dios y el hombre, en Moradas. En ambas
comparaciones se evidencia una progresividad en la definición de los
dos protagonistas: Dios y el hombre. Crece la actividad de Dios y,
consiguiente y paralelamente, crece la "pasividad" del hombre.
En Vida señala la Santa que el "trabajo" del
hortelano (el hombre) es cada vez menor, sin embargo, es mayor el
"fruto". Dios va progresivamente adueñándose del escenario,
hasta dominarlo. En Moradas, al presentar la oración como un
movimiento de interiorización, se evidencian más los niveles en los
que se sitúa ese encuentro: Dios y el hombre se "tratan" a
niveles cada vez más íntimos y profundos (eso significan las distintas
"moradas").
La oración mística es el "campo" por excelencia del
magisterio teresiano. Intenta llenar una laguna existente en los libros
de oración (1 M 2, 7; V 14, 7). 0 sea, decir lo más importante de ese
trato amistoso que queda habitualmente silenciado: lo que Dios obra. El
es el principal agente.
Y con ello conducir al hombre a una actitud de pasividad-activa,
de escucha receptiva. La oración para Teresa es fundamentalmente, desde
el hombre, tiempo de escucha, tiempo de manifestación de Dios.
Epifanía, desvelamiento. A ello apunta la comparación fundamental
sobre la que teje la exposición de Camino: Cristo, Maestro; el
hombre, discípulo. Por ello señala la actitud con que el hombre tiene
que acceder a la cita de la oración cuando escribe: "Pues juntaos
cabe este Maestro muy determinadas a aprender lo que os enseña" (C
26, 11). Dios-Cristo "enseña" en la oración "a
quien se quiere dar a ser enseñado de él en la oración (C 5, 3; cf. 2
M 1, 3; MC 4, 3; V 16, 1; C 28, 3; etc.).
Cuando se sitúa la oración en el encuentro interpersonal, en el amor
mutuo, se da solución radical a un "problema" que ha
capitalizado siempre la praxis de la oración: las distracciones y la
sequedad. Teresa no se cansa de decirnos que las distracciones y la
sequedad no impiden el acto de oración, aunque ciertamente lo hagan
más difícil. La oración no es cuestión sicológica sino teologal. Ha
sido reiterativa en afirmar que el hombre puede "estar" con
Dios "con mil revueltas de cuidados y pensamientos de mundo
..." (V 8, 6). Por eso, ha dicho que "no haga caso de malos
pensamientos" (V 11, 11), "que si no pudieren tener aún un
buen pensamiento ..., que no se maten" (V 22, 11; cf. 2 M 1, 9).
"Así no es bien que por los pensamientos nos turbemos ni se nos
dé nada" (4 M 1, 11; todo este capítulo, a partir del n 7, es
extraordinario).
4. - CRISTO EN LA ORACIÓN TERESIANA
Toda la palabra sobre la oración teresiana tiene que poner de
manifiesto la dimensión cristocéntrica de la misma. Cristo no es un
"tema". Cristo es la presencia obligada, inevitable en todo el
proceso.
Su oración estuvo siempre centrada en Cristo, de comienzo a fin (cf. V
4, 8; 9, 4). Cristo HOMBRE (ib., 6). Nos habla en su "costumbre de
holgarse con este Señor" (V 22, 4), que "había sido tan
devota toda mi vida de Cristo" (ib.). Y aconsejará a los
principiantes que "pueden representarse delante de Cristo y
acostumbrarse a enamorarse mucho de su sagrada Humanidad y traerle
siempre presente" (V 12, 2), dando "por aprovechado" a
"quien trabajare por traer consigo esta preciosa compañía~ (ib.)
a la vez que exhorta a no dejar "muchas veces la Pasión y vida de
Cristo, que es adonde nos ha venido y viene todo bien" (V 13, 13).
La oración mística viene a confirmar esta dirección cristocéntrica
de la oración teresiana (6 M 8, 1). Por eso Teresa entra en la disputa
de la presencia de la Humanidad de Cristo en todo el proceso
espiritual con la fuerza y el convencimiento de su experiencia,
sentenciando que es camino y puerta para todo bien, y que "no
quiero ningún bien, sino adquirido por quien nos vinieron todos los
bienes" (6 M 7, 15).
La orientación cristológica de la oración teresiana vino
definitivamente potenciada por un hecho decisivo: Cristo se le presentó
como el "libro vivo" o "verdadero" en el que aprende
"todo lo que hay que saber y hacer" (V 26, 6). Una serie de
gracias místicas (visiones, hablas, etc.) que tiene a Cristo como
objeto profundizan esta línea. Cristo le introduce en el matrimonio
espiritual y en el misterio trinitario (7 M 1, 7; 2, 1).
Desde el "poned los ojos en Cristo" (1 M 2, 11) hasta el
"aparecimiento" del "Señor en este centro del alma"
(7 M 2, 3), corre la oración como un desvelamiento de Dios y del hombre
en Cristo, encuentro cristificante: "Juntos andemos ..." (C
26, 6).
5. - PEDAGOGÍA TERESIANA DE LA ORACION
La oración se sabe desde la praxis. Por eso, la preocupación íntima
de Teresa es enseñar a orar, disponer y concertar las piezas para hacer
al orante.
Es un don la oración. Pero concedido a un hombre libre. Quiere_ esto
decir que, como toda semilla, la oración precisa una tierra y unos
cuidados para su desarrollo y culminación.
Camino es el libro por excelencia de la oración teresiana. El
esquema interno de la obra manifiesta la intención de la autora. Se
detiene en la exposición de las "cosas necesarias" que han de
tener los que "pretenden llevar camino de oración". Ella sabe
las prisas de sus lectoras porque les hable de la oración.. Y retrasa
una y otra vez la exposición directa (cf. C 16, 1; 17, l; 20, 1; 21, 1)
.
Es categórica: no podrá ser nadie contemplativa sin estas cosas, que
son caridad, desasimiento y humildad. Quien pensare lo es está muy
equivocado. Por el contrario, quien las viviere "estará muy
adelante en el servicio de Señor", aunque no sea muy
contemplativo, es decir, aunque su oración como tal sea pobre, no
alcance las oraciones místicas.
¿ Cómo podríamos presentar la pedagogía de la Santa Madre? Creemos
que podemos decir que para ella enseñar a orar es enseñar a vivir. O
sencillamente a ser. No se trata de enseñar una técnica -o no
propiamente y menos principalmente una técnica - sino de recrear al
hombre por dentro. Hacer al orante, cuidar la persona que ora. Con este
planteamiento Teresa se muestra extremadamente consecuente y lógica con
su definición de oración: "trato de amistad", una opción
radical y totalitaria por Dios. De este modo las tres "cosas
necesarias" apuntan directamente a promover unas actitudes que, a
la vez que se oponen radicalmente al hombre de pecado, no amigo de Dios,
definen al hombre nuevo, al amigo de Dios:
egocentrismocaridad virginidad
posesión desasimiento pobreza
soberbia humildad obediencia
Podríamos enunciar con palabras de la misma santa la meta que persigue
con su pedagogía: "No os extrañaréis de lo mucho que he puesto
en este libro para que procuréis esta libertad" (C 19, 4).
Libertad que es donación totalitaria: "Porque todo lo que os he
avisado en este libro va dirigido a este punto de darnos del todo al
Criador y poner nuestra voluntad en la suya" (C 32, 9; cf. 2~,12).
Es la primera palabra con que empieza el tratadillo de la oración: Si
no nos damos del todo no se nos dará el tesoro de la oración ( V 11,
1-4).
Una presentación de cada una de esas "cosas necesarias"
desborda con mucho nuestro intento presente. Pero cabría decir
sencillamente: por la llamada a la caridad Teresa quiere que el
hombre aprenda a tratar con su hermano, a ser amigo, a abrirse a los
demás para poder sacar adelante su "trato" con Dios; por el desasimiento
de todo lo criado o libertad, la Maestra de oración nos
exhorta a romper amarras, a superar el "apetito" posesivo, a
liberarse de todo; por la humildad nos enseña a dejar a Dios
el protagonismo de nuestra vida, a dejarnos conducir por él, no
queriendo imponerle, ni siquiera "aconsejarle", el camino por
donde nos ha de llevar.
Junto con estas "cosas necesarias" la Santa Madre nos ha
hablado con insistencia de la "determinada determinación".
Es una pieza clave de su pedagogía. Determinada determinación contra
los miedos de fuera, contra ciertos teólogos que dicen "que no es
menester oración mental " y también contra las indolencias y los
cansancios de dentro, resistencias a entrar por el camino del amor,
porque "somos caros y tan tardíos de darnos del todo a Dios"
(V 11, 1), "francos de presto y después tan escasos" (C 32, 8
).
¿ Que entiende la Santa Madre por la "determinada
determinación"? Un movimiento de todo el ser por el que nos
liberamos de nosotros mismos y nos convertimos a él. Determinarse es
convertirse a él. Es decir, implica una postura de amor limpio, amor
gratuito. Ya a los principiantes en el camino de la oración les brinda
esta consigna: "El intento de quien comienza no ha de ser
contentarse a si, sino a él" (V 11, 10).
Y esto se traduce concretamente en soportar con ánimo varonil, sin
dramatismos egoístas la cruz de la sequedad, la oración difícil.
Personalizando -a lo que tan dada es la Santa"determinarse" es
"ayudar a llevar la cruz de Cristo", "no dejarle caer con
la cruz" . Así responde a una pregunta tremenda con la que define
la oración de los principiantes: "¿Qué hará aquí el que ve que
en muchos días no hay sino sequedad, y disgusto y desabor, y tan mala
gana para venir a sacar el agua...?". Responde: "Alegrarse y
consolarse ... pues ve [Dios] que sin pagarle nada tiene tan gran
cuidado de lo que le encomendó; y ayúdele a llevar la cruz .
. .; y así se determine . . . no dejar a Cristo caer con la cruz"
( V 11, 11). Capítulos más adelante volverá a decirles: "Es gran
negoción comenzar las almas oración comenzándose a desasir de todo
género de contentos y entrar determinadas a sólo ayudar a llevar la
cruz a Cristo, como buenos caballeros que sin sueldo quieren servir a su
Rey" (15, 11). Aconsejará a sus monjas esta postura de amor
limpio: "Tomad, hijas, de aquella cruz; no se os dé nada de que os
atropellen los judíos, porque él no vaya con tanto trabajo"
(C 26, 7). Será la empresa, lo únicamente sustantivo; lo
demás es accidental. "Abrazaos con la cruz que vuestro Esposo
llevó sobre sí y entended que ésta ha de ser vuestra empresa ... Lo
demás como cosa accesoria" (2 M 1, 7).
La determinada determinación debe ser radical (VII, 1-4), irrevocable
(C 20, 2; 23, 1-2), perseverante (2 M 1, 5). En general,
diríamos que debe poner al hombre en línea con Dios: para que dure la
amistad y sea verdadero el amor, tienen que encontrarse las condiciones
(V 8, 5).
Dios sólo atiende a esta determinación (VII, 16; 12, 3; 3 M 1, 7; 4 M
1, 7).
Junto a estos presupuesto o premisas de la oración, que bien podríamos
llamar teologales, exigencias intrínsecas de la oración-amistad,
Teresa insiste en otros elementos no menos importantes. Los llamaríamos
presupuestos sicológicos. Entre éstos destaca la soledad.
Entra como elemento integrante en la definición de la oración:
"tratar a solas". La amistad -y la oración es una
"vuelta a lo divino de la amistad humana"- busca el marco de
la soledad, y crea la soledad. Toda oración es en verdad, radicalmente
siempre a solas.
Educarnos a la soledad: necesaria para tener orante, para ser persona.
Necesaria para posar experiencias y descubrir aspectos de la realidad
que se nos escapan. Necesaria para el desarrollo de otras dimensiones
del ser. La soledad es para "oírle", para bajar a niveles de
nuestro "yo" que se nos escapan y que no explotamos porque
desconocemos. La soledad es para saber con quién estamos. Soledad
poblada: "Pues estáis sola, buscad compañía ...¿ y que mejor
compañía que la del mismo Maestro que enseñó la oración que vais a
rezar?" (C 26, 1). Oración a solas: no es huir de nadie sino ir
hacia Alguien. No es ausencia sino presencia.
La conexión entre oración y soledad es tan íntima que Teresa la
convierte en nota de discernimiento oracional: "anda continuo el
deseo de soledad en las almas que de veras aman a Dios" (F 5, 15).
El crecimiento en la oración se constata como crecimiento del deseo de
soledad. Soledad material: de ésta dice que
"acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración" (C 4,
9). Se remite a la práctica y a la enseñanza de Jesús: "ya
sabéis que manda su Majestad que sea a solas, que así lo hacia él
siempre que oraba" (C 24, 4).
Soledad espiritual: soledad de "amores" y presencias
que vician en raíz el encuentro con él. Soledad espiritual es
atención fuerte, gravitación amorosa en torno al Amigo. Presencia de
todo el ser a él. Que culmina en "no salir de aquel centro".
"Lo esencial" y "lo mejor" del hombre "siempre
está con él". Soledad espiritual es interiorización (7 M 1, 11;
2, 5).
Habla también la Santa Madre de "tratar con personas que tratan de
lo mismo':. "Oración compartida" (V 7, 20-22; C 20, 4). El
trato amistoso con quienes son orantes - los primeros los miembros de la
propia comunidad - salvaguarda y potencia la propia oración, educa a la
oración.
Nos habla la Santa de un grupo heterogéneo (V 16, 7) y de una
comunidad orante estable que "trata" de oración y que no ha
de disimular ante extraños su identidad (C 20, 4-6).
Asigna al grupo un valor extraordinario en la promoción,
mantenimiento y exigencia de la oración. "Está el todo" (V
23, 11), tratar con amigos de Dios, es decir, con orantes.
"Grandísima cosa es tratar con los que tratan de esto" (2 M
1, 6). Se goza Teresa con el proceder de las hermanas: "A veces me
es particular gozo cuando, estando juntas, las veo a estas hermanas
tenerle tan grande interior, que la que más puede, más alabanzas da a
nuestro Señor~' (6 M 6, 11).
Con esto está en conexión la importancia que concede al "maestro
de oración". Está convencida que sin él - "maestro sabio y
experimentado" - casi será imposible sacar adelante la propia
oración. Se quejó de no tenerlos, al menos tan buenos como quisiera.
Su magisterio busca suplir en alguna manera esta posible escasez.
Conclusión. - La oración define y abarca toda
la vida espiritual, según Teresa. Preguntarse por ella es preguntarse
por lo que nos caracteriza e identifica en la comunidad eclesial.
C U E S T I O N A R I O
A la luz de la experiencia teresiana sobre las dificultades
personales en la oración,
1ª ¿cuáles ha experimentado más vivamente en la suya?
Y teniendo en cuenta su "modo de proceder en la oración" y
que nos propone más detalladamente en Camino 26-29,
2ª ¿cómo y hasta dónde le ha servido en su propia
oración?
Sabiendo que la oración, "el trato de amistad con Dios",
es algo vivo, en permanente proceso,
3ª ¿qué rasgo de la oración, en sus distintas etapas,
juzga más luminoso hoy para discernir la suya?
En la pedagogía de la oración que particularmente en Camino nos
ofrece la Santa Madre,
4ª ¿qué importancia le da al planteamiento teresiano
de educarse para la relación fraterna, en la libertad y en la verdad?
5ª
¿qué le parece más original de la pedagogía
teresiana? ¿y por qué? |