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REGLA
"PRIMITIVA" DE LA ORDEN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA DEL MONTE CARMELO
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REGLA
"PRIMITIVA" DADA POR SAN ALBERTO, PATRIARCA DE JERUSALEN,
2. En distintas ocasiones y de muchas maneras (cf Hb 1,1) los
santos Padres dejaron establecido el modo cómo cada uno (sea cual
fuere su estado o el género de vida religiosa que abrazó) ha de
vivir "en obsequio" de Jesucristo (cf 2Co 10,5),
sirviéndole lealmente con corazón puro y buena conciencia (cf 1Tm
1,5). Pero, como nos pedís que os demos una fórmula de vida adecuada
a vuestro proyecto común, para guardarla obligatoriamente en lo
sucesivo: Prior
y vínculos sagrados 3.
Disponemos, en primer lugar, que tengáis a uno de vosotros como prior;
el cual será elegido para el cargo por unanimidad o, al menos, por
acuerdo de la mayoría más grave. A él prometerá obediencia cada
uno de los demás y tratará de cumplirla de veras con las obras (cf
Jn 3,18), acompañando ese compromiso con los de castidad y renuncia a
la propiedad. Lugares
para vuestra residencia 4.
Podréis estableceros en los desiertos o en otros lugares que se os
donaren y sean del todo idóneos para la observancia de vuestra vida
religiosa, según lo juzguen conveniente el prior y los hermanos. Celdas
de los hermanos 5.
Además, en vista de la situación del lugar escogido para residencia,
tenga cada uno de vosotros celda individual y separada, que le habrá
asignado el prior mismo, con la anuencia de los otros hermanos o de
los más graves. Mesa
común 6.
Haced esto, sin embargo, de manera que toméis en un refectorio común
los alimentos que os repartieren, mientras escucháis juntos algún
fragmento de la Sagrada Escritura, cuando pueda efectuarse sin
dificultad. Autoridad
del prior 7.
A ningún hermano le estará permitido, sin la licencia del prior que
hubiere por entonces, mudarse de celda asignada, ni intercambiarla por
otra.
La celda del prior estará a la entrada del lugar de residencia,
para que sea él quien primero reciba a los visitantes, y disponga
luego, a discreción, cuanto se haya de hacer. Oración
continua 8.
Permanezca cada uno en su celda, o en las proximidades, meditando día
y noche la ley del Señor (cfr 1P 4,7), a no ser que se halle
justificadamente ocupado en otros quehaceres. Liturgia
de las horas 9.
Los que saben rezar las horas canónicas con los clérigos, las
recitarán conforme a las disposiciones de los santos Padres y a la
costumbre legítima de la Iglesia. Los que no sepan, dirán
veinticinco padrenuestros por maitines, excepto los domingos y
solemnidades, en cuyo oficio de vigilia mandamos duplicar ese número,
de manera que se repita la oración dominical cincuenta veces. Se
dirán siete padrenuestros en las laudes de la mañana, así como en
las restantes horas, menos vísperas, en que deben rezarse quince. Renuncia
a la propiedad y comunidad de bienes 10.
Ningún hermano considerará nada como suyo propio. Tenedlo todo en
común (cf Hch 4,32; 2,44). El prior, por medio del hermano que haya
designado para ese oficio, distribuirá a cada uno cuanto le haga
falta (cf Hch 4,35), atendiendo a la edad y a las necesidades
personales. Lícita
posesión de algunos bienes en común 11.
Se os autoriza la posesión de asnos o mulos, en la medida de lo
preciso, así como la cría de algunos animales o aves. Oratorio
para el culto divino 12.
Construid, si ello es posible sin mayor incomodidad, en medio de las
celdas el oratorio, donde habéis de reuniros cada mañana para
participar en la celebración de la misa, cuando resulte fácil en la
práctica. Colación
de tema espiritual y corrección fraterna 13.
Asimismo los domingos u otros días, si fuere menester, tened juntos
una colación sobre la observancia en la vida común y la salvación
de las almas. En este encuentro se corregirán también con caridad
las faltas y culpas de los hermanos, de haberlas en alguno. Ayuno 14.
Guardad ayuno todos los días, menos los domingos, desde la fiesta de
la Exaltación de la Santa Cruz hasta el día de la Resurrección del
Señor, a no ser que la enfermedad o debilidad física u otra causa
razonable aconseje su dispensa, pues la necesidad no está sujeta a
ley. Abstinencia 15.
Observad la abstinencia de carne, a menos que la toméis como remedio
en caso de enfermedad o debilidad. Y ya que, debido a los viajes,
tenéis que mendigar a menudo vuestro sustento, fuera de casa podréis
comer legumbres preparadas con carne, a fin de ahorrar molestias a
quien os dé hospedaje. Pero queda autorizada la comida de carne en
las travesías. Armas
para el combate espiritual 16.
Puesto que la vida del hombre en este mundo es tiempo de prueba (cf Jb
7,1), y todo el que se propone vivir como buen cristiano sufre
persecución (cf 2Tm 3,12), y vuestro enemigo, el diablo, como león
rugiente, ronda buscando a quien devorar (cf 1P 5,8), procurad con
toda solicitud poneros las armas que Dios os da para poder resistir a
las estratagemas del diablo (cf Ef 6,11).
Abrochaos el ceñidor de la castidad (cf Ef 6,14). Protegeos
con el peto de piadosas consideraciones, pues escrito está: "El
pensamiento santo te guardará" (Pr 2,11,según los LXX). Por
coraza vestíos la justicia (cf Ef 6,14), a fin de amar al Señor,
vuestro Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las
fuerzas (cf Dt 6,5), y al prójimo como a vosotros mismos.
Tened siempre embrazado el escudo de la fe, que os permitirá
apagar las flechas incendiarias del malo (cf Ef 6,16); pues sin fe es
imposible agradar a Dios (cf Hb 11,6). Tomad por casco la salvación (cf
Ef 6,17), confiando en el único Salvador que libera a su pueblo de
los pecados (cf Mt 1,21).
Que la espada del Espíritu, toda palabra de Dios (cf Ef 6,17),
os pueble colmadamente (cf Col 3,16) los labios y el corazón (cf Rm
10,8). Y cuanto hagáis, realizadlo por la palabra del Señor (cf Col
3,17; 1Co 10,31). Laboriosidad 17.
Empleaos en algún trabajo, para que el diablo os halle siempre
ocupados; no sea que, por culpa de la ociosidad, descubra el maligno
brecha por donde penetrar en vuestras almas. Tenéis a propósito la
enseñanza, así como el ejemplo del apóstol san Pablo, por el que
hablaba Cristo (cf 2Co 13,3), y al que Dios nombró pregonero y
maestro para predicar a los paganos la fe y la verdad (cf 1Tm 2,7). Si
lo seguís, imposible equivocaros. Escribe él: "No vivimos entre
vosotros sin trabajar, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche,
a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho
para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar. Cuando
vivimos con vosotros, os lo mandamos: 'El que no trabaja, que no coma'.
Porque nos hemos enterado de que algunos viven sin trabajar, muy
ocupados en no hacer nada. Pues a esos les mandamos y recomendamos,
por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse
el pan" (cf 2Ts 3,7-12). Este es un buen camino de santidad: ¡a
recorrerlo! (cf Is 30,21). Práctica
del silencio 18.
Valora el Apóstol el silencio, por el hecho de imponerlo en el
trabajo (cf 2Ts 3,12). Y como afirma el Profeta: Obra de la justicia
es el silencio (cf Is 32,17). Y en otro lugar: "Vuestra fuerza
estriba en callar y confiar" (Is 30,15). Por tanto, ordenamos que
guardéis silencio desde la terminación de completas hasta después
del rezo de prima del día siguiente. Fuera de este tiempo, aunque la
práctica del silencio no sea tan estricta, evitad cuidadosamente la
charlatanería; pues, como enseña la Escritura y lo abona la
experiencia: "En el mucho hablar no faltará pecado" (Pr
10,199. Y: "Quien suelta los labios, marcha a la ruina" (Pr
13,3). Y también: "El locuaz se hace odioso" (Si 20,8). El
Señor, a su vez, advierte en el Evangelio: "De toda palabra
ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del
juicio" (Mt 12,36). Por consiguiente, que cada uno haga balanza y
pesas para sus palabras, y puerta y cerrojo para su boca (no sea que
resbale a causa de la lengua y caiga, y su caída resulte mortal sin
remedio) (cf Si 28,29-30), vigilando su proceder, conforme al aviso
del Profeta, a fin de que no se le vaya la lengua (cf Sal 38,2). Que
cada cual se afane con todos sus cinco sentidos por guardar el
silencio, obra de la justicia (cf Is 32,17). Humilde
servicio de autoridad 19.
Tú, hermano Brocardo, y cualquiera que te suceda en el cargo de prior,
recordad siempre y poned puntualmente por obra la máxima del Señor
en el Evangelio: "El que quiera ser grande entre vosotros, que
sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que
sea vuestro esclavo" (Mt 20,26-27; cf Mc 10,43-44). Obediencia
obsequiosa al prior 20.
Por vuestra parte, los demás hermanos, tratad con deferencia y
humildad a vuestro prior, fijándoos, más que en su persona, en la de
Cristo, que os lo puso como superior, y que afirma a propósito de los
pastores de la Iglesia: "Quien a vosotros os escucha, a mí me
escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza" (Lc
10,16). Hacedlo así, para que no os condenen en el juicio por
menosprecio de la autoridad; antes bien, os recompensen con la vida
eterna, en pago de vuestra obediencia. Conclusión 21. En las breves páginas de este escrito os
dictamos la norma de vida, a la que habéis de ajustar vuestra
conducta. Si alguno rebasare el estricto cumplimiento de la misma, el
Señor, a su vuelta, se lo retribuirá. Procédase, sin embargo, con
discreción, ya que ella atempera la práctica de las virtudes. |


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25 ago 2007 by
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